Sicarios en las sierras de Córdoba: brutal ataque y persecución a comunidad originaria de Candonga

Sicarios en las sierras de Córdoba: brutal ataque y persecución a comunidad originaria de Candonga
24 agosto, 2021 por Ezequiel Luque

La codicia del desarrollo inmobiliario ya llegó a niveles insospechados en Sierras Chicas, donde la comunidad originaria Pluma Blanca soporta, desde hace décadas, intentos de desalojo por parte de la familia Remonda, fundadores del diario La Voz del Interior. En los últimos años, la escalada de violencia por parte de patotas ha ido creciendo cada vez más: robo de animales, ataques con armas de fuego, bombas caseras y hasta denuncias de secuestro y violación a integrantes de la familia que resiste en las tierras que fueron habitadas ancestralmente.

El pasado sábado 21 de agosto, se llevó a cabo una conferencia de prensa en el territorio comechingón Pluma Blanca (Candonga-El Manzano), donde la comunidad pudo relatar todas las violencias que vienen sufriendo por parte de privados que les disputan las tierras que habitan y trabajan ancestralmente.

Del encuentro, participaron organizaciones socioambientales y vecines de Sierras Chicas, brigadas forestales, medios de comunicación y más de una decena de representantes de comunidades originarias de todo el territorio provincial.


La solidaridad ante el horror que está atravesando la Comunidad Pluma Blanca posibilitó un hito político que hace tiempo venía siendo postergado: por un lado, una asamblea entre comunidades indígenas de Córdoba, que durante demasiados años estuvieron distanciadas; y por otro, una articulación directa con organizaciones socioambientales, que se enfrentan ante los intereses espurios del mismo enemigo.


«Llegó la hora que el pueblo-nación comechingón se vuelva a unir. Que dejemos de ser comunidades aisladas y que volvamos a tener esa pureza del alma. Hay mucha bronca e impotencia, y llegó la hora de que seamos lo que callaron nuestros padres y antepasados (…) Esperemos no haber llegado tarde, hermano», expresó Héctor Tulián, de la Comunidad Ktalamochita, uno de los representantes de las comunidades que se hizo presente.

Comechingones-Pluma-Blanca-Candonga9
(Imagen: La tinta)

Patotas y sicarios al servicio del desalojo

Carlos López es el Nawán de la Comunidad Pluma Blanca y, desde que nació, hace 42 años, vive en el monte que rodea el río Chavascate, entre Candonga y El Manzano, en Sierras Chicas. Sus progenitores y abueles residieron y trabajaron la tierra en el mismo territorio, sólo que, con el correr de los años, fueron siendo expulsades hasta quedar las casi 123 hectáreas que Carlos junto a su compañera y sus cuatro hijes intentan defender.

«Sabemos que la lucha viene de hace muchas generaciones, porque la generación anterior a la mía ya venía sufriendo todos estos ataques por parte de gente que quiere quedarse con las tierras que pertenecían y pertenecen a las comunidades indígenas (…) Acá había muchísima gente y se la fue acorralando, obligándola a irse. De la comunidad, formamos parte tres familias, pero las otras dos, tras los hechos de violencia, decidieron trasladarse de lugar», expresó Carlos durante la conferencia de prensa realizada en su hogar.

Actualmente, la tierra ancestral de la Comunidad Pluma Blanca es disputada por Luis Ernesto Remonda, familia que fundó y fue propietaria de La Voz del Interior hasta su fusión con el Grupo Clarín. El nieto del fundador del diario tiene intereses inmobiliarios y vínculos mineros en la zona, y se encuentra en litigio desde hace años. En 2020, recibió un fallo favorable de la Justicia en primera instancia, aunque el desalojo contra la familia López se encuentra en suspenso por el decreto nacional que prohíbe los desalojos durante la pandemia.


Pero la comunidad no recibe solo presiones judiciales. Casi cotidianamente y de manera sistemática, la familia López está expuesta a agresiones y hostigamiento para instarles a dejar sus tierras, situación que se ha ido agravando en la última década.


Amenazas, cortes de alambres y matanza de animales; incendios intencionales; mensajes mafiosos o disparos con armas de fuego a las paredes de la casa. Recientemente, les rociaron con nafta las ventanas de la vivienda y escondieron una molotov casera debajo de la cama de una de las hijas de Carlos.


En 2013, sucedieron hechos todavía más traumáticos. En el marco de los ataques a la familia, Norma, compañera de Carlos, denuncia que fue violada en reiteradas oportunidades por un hombre identificado como Claudio Sequeira. «Venía con armas, con una carabina 22 larga. Me decía que lo mandaba la señora Remonda. Venía, me amenazaba a mí y a los chicos, y me llevaba para el fondo. Así lo hizo hasta el mes de noviembre, cuando decidí denunciarlo”, relató Norma en 2015 al medio Striptease del Poder. Sequeira era en ese momento empleado rural registrado de Luis Remonda, información acreditada en la ANSES.

Llamativamente, el imputado fue representado por el abogado de confianza de la familia Remonda y, tras solo dos años de cárcel, el imputado fue absuelto, liberado y consiguió un trabajo efectivo en la minera de la zona.

Hace apenas unas semanas, el jueves 5 de agosto, encontraron introducidos en una grieta de la pared varios explosivos de fabricación militar. Estaban muy cerca de la salida de una salamandra y una cocina. La propia División de Explosivos de la Policía constató que se trataba de gelamón, un explosivo de uso minero. Casualmente, acusan que la minera de la zona es también uno de los privados interesados en sacar a la comunidad de allí.

Natalia Bilbao, abogada representante de la familia, explicó a La tinta: «Hay múltiples causas, pero las últimas situaciones son parte de una escalada de violencia ya inadmisible. Hemos realizado una nueva denuncia y nos hemos constituido esta semana como querellantes en la fiscalía de Jesús María para que se investiguen estos hechos (…) Esta situación no da para más«. La letrada agregó además que, por el hecho del explosivo, se presentó una denuncia paralela en la Justicia Federal, porque la procedencia del explosivo y el órgano de contralor de ese material son de la órbita nacional.

Comechingones-Pluma-Blanca-Candonga10
(Imagen: La tinta)

Justicia colonial

El conflicto de tierras en Pluma Blanca se genera por una pugna entre un privado que afirma tener el título dominial de las tierras y una comunidad que ejerce posesión efectiva de la tierra desde hace décadas.

Bilbao señala que la sentencia de desalojo contra Pluma Blanca empezó con una representación maliciosa del abogado Aníbal Boero, quien no procuró que se defendieran los derechos campesinos, indígenas y posesorios de la Comunidad, y además dejó vencer los plazos para apelar las sentencias. Incluso, Boero está denunciado por estafa en otra comunidad, por hechos similares. «No fue casual su intervención deficiente en la causa. Es un abogado que se dedica, en cierta manera, a recurrir a familias con predios grandes que buscan regularizar su situación. Y en ese afán, les hace perder el 70 o 90% de su territorio. Es su modus operandi y quedó evidente en la causa penal que tiene la Comunidad Canchira», señaló la abogada.


De todas maneras, más allá de las causas civiles y penales vigentes, Bilbao remarcó la necesidad de corrernos de las instituciones que tienen que ver con la constitución del Estado moderno y hacer valer el derecho indígena, que tiene sustento en convenios internacionales que tienen carácter de ley constitucional.


«Estas cuestiones no se pueden resolver solo con el derecho privado. El Estado reconoce la preexistencia de los pueblos originarios y, si una comunidad es preexistente a la conformación del Estado, sus derechos deben ser respetados previamente, no se puede ir en desmedro de ese reconocimiento», concluyó la representante de la familia López.

* Por Redacción La tinta

Palabras claves: Comechingón, Comunidad Pluma Blanca, pueblos originarios

Compartir:

Organizaciones trabajan en red por la salud sexual y reproductiva de comunidades rurales de Córdoba 

Organizaciones trabajan en red por la salud sexual y reproductiva de comunidades rurales de Córdoba 
26 noviembre, 2024 por Soledad Sgarella

El trabajo del Movimiento Campesino de Córdoba (MCC) es fundamental ―desde hace 25 años― en la lucha por una vida digna en el campo, abarcando aspectos como la tierra, la educación y la salud. En alianza con Católicas por el Derecho a Decidir (CDD), desde 2021, se han potenciado acciones en torno a garantizar los derechos sexuales y reproductivos, especialmente, en zonas rurales invisibilizadas. “Contar con redes ayuda a entender que la salida siempre es colectiva y con organización”, sostiene Camila Recalde, médica y militante del MCC.

Desde hace 25 años, el Movimiento Campesino de Córdoba (MCC) trabaja por el acceso a una vida digna, enfocándose en derechos fundamentales como la salud, la educación y la tierra en las comunidades rurales. La articulación y el trabajo colaborativo con la organización Católicas por el Derecho a Decidir (CDD), a partir del 2021, fortaleció el plan de acción orientado al acceso a derechos sexuales y reproductivos de mujeres y personas del colectivo LGBTQ+ que habitan la ruralidad. En esta nota, integrantes de las organizaciones reflexionan sobre los avances alcanzados y los desafíos que aún persisten en la construcción de un futuro más justo.

Camila Recalde es militante del Movimiento Campesino de Córdoba (MCC) e integrante de los equipos de Salud y Feminismo. En diálogo con La tinta, comparte la experiencia de su organización, que lleva un cuarto de siglo de trabajo territorial en el norte y noroeste de la provincia de Córdoba. La médica destaca que el MCC se ha enfocado en visibilizar a lxs campesinxs y en luchar por el acceso a la tierra y a una vida digna en el campo. Hablar de «vida digna» abarca aspectos fundamentales del desarrollo humano, como la salud, la educación, la producción, el acceso al agua potable, la tierra y el trabajo.


«En todo el recorrido, hemos visibilizado y trabajado sobre el rol de las mujeres en el campo, una multiplicidad de acciones que ahora podemos poner bajo la bandera del feminismo campesino indígena popular, pero que, en aquellos tiempos, ni siquiera hablábamos sobre feminismo”. 


Entre las múltiples iniciativas, destacan las campañas de papanicolau, el acceso a métodos anticonceptivos, jornadas de atención sanitaria, espacios de formación para mujeres, promotoras de salud, promotoras territoriales contra la violencia de género, escuelas populares de género, talleres sobre economía feminista “y muchas otras acciones que, a lo largo de este tiempo, demuestran que la constancia del trabajo organizado genera que las políticas que se piensan o se articulan con el Estado y ONG puedan llegar de manera oportuna a los territorios”. 

Camila hace énfasis en que, desde el MCC, siempre tuvieron en claro que son una organización social y que el Estado es quien debería encargarse de gestionar la política pública para el sector. “Pero como ha sido un sector históricamente invisibilizado, hemos estado ahí para señalarlo, reivindicarlo y no dejar de demandar nunca lo que nos corresponde”, dice la médica y celebra como una victoria del movimiento que exista un programa como Familia Rural Sana, donde se ha podido pensar, construir y sostener conjuntamente políticas públicas de salud para una parte del campesinado cordobés, sabiendo y reconociendo que queda mucho territorio por cubrir.

“Contar con estas redes generadas en el contexto que estamos viviendo ayudan a entender que la salida siempre es colectiva y con organización”, agrega la militante. A lo largo de estos 25 años, explica, el MCC ha ido encontrándose con otros actores que reconocen su trabajo y que apoyan la lucha campesina y la mirada feminista, como CDD.

escuela-rural-movimiento-campesino
Imagen: Diana Hernández para Católicas por el Derecho a Decidir.

Tejer las redes para una vida digna

Ana Morillo, coordinadora del área Salud de Católicas por el Derecho a Decidir, relata que la articulación con el MCC ya tiene varios años, más precisamente, desde el 2021. Con apoyos institucionales, planificación de acciones concretas o encontrándose como activistas feministas y trabajadoras de la salud en la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir ―para la implementación integral de la Ley n.° 27.610 IVE―, ambas organizaciones tienen un trayecto recorrido en conjunto que potencia y fortalece el trabajo.

Morillo destaca una actividad que realizaron en coordinación con la UNC: «Hicimos un mapa de Córdoba plasmando en papel una georeferenciación de servicios y de organizaciones que atendían y acompañaban mujeres que habían decidido interrumpir el embarazo ―u otras cuestiones de salud reproductiva, pero, principalmente, de IVE-ILE―. Marcamos con puntos verdes donde había servicio para la atención. Y, después, decidimos hacer puntos violetas para los lugares donde existían organizaciones que acompañaban… Y ahí, en ese mapa, se vio, hermosamente, cómo las sedes donde había organización de mujeres campesinas del Movimiento daban acompañamiento donde no había verde. Eso fue una foto muy importante para pensar ―aún más― en el fortalecimiento de las organizaciones acompañando a las mujeres y, más que nada, a las mujeres campesinas, mujeres que viven a kilómetros de los servicios de salud y con caminos muy difíciles de transitar”.

En septiembre de 2023, se organizó un encuentro entre el MCC, CDD y la Dirección Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (DNSSR), con la presencia de Valeria Isla, directora en ese momento de dicha repartición. El evento tuvo lugar en la radio comunitaria “Radio Pueblo”, en una de las localidades del norte cordobés, donde también funciona una extensión de la escuela para adultos destinada a la terminalidad de la secundaria, y participaron promotoras de diversas localidades del norte de la provincia ―como Deán Funes, El Tuscal y Mansilla del departamento Ischilín―, así como miembros del MCC de los departamentos de Cruz del Eje, Minas y Traslasierra.

Con la necesidad planteada de seguir articulando esfuerzos para consolidar la garantía de derechos en todos los territorios rurales de Córdoba, el trabajo conjunto entre el MCC y CDD se intensificó durante 2024. Las acciones buscan asegurar el acceso a métodos anticonceptivos, la prevención de enfermedades de transmisión sexual (ETS) y la promoción de la salud sexual y reproductiva en comunidades rurales y barriales que, históricamente, han estado excluidas del sistema de salud pública.

El 2 de noviembre, se llevó a cabo en la sede del MCC en Cruz del Eje ―en el barrio La Rinconada― una campaña de colocación de implantes subdérmicos, producto de la articulación con Católicas por el Derecho a Decidir y la Fundación CIGESAR de Buenos Aires, jornada en la que se colocaron 50 implantes y se ofreció consejería a las mujeres de la zona. También se realizó en Ciénaga del Coro, incluyendo a comunidades cercanas como Tosno, Guasapampa y La Higuera. En total, se colocaron 49 implantes y, además, se ofrecieron consejerías sobre salud sexual y reproductiva a las participantes.

Otra de las campañas tuvo lugar en Cerro Colorado, donde, por cuarto año consecutivo, se realizó una jornada de salud sexual integral que incluyó consejerías, testeos de ETS y la colocación de implantes. Realizada en articulación con el MCC, Redes Cuidadas del Norte, la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y el colectivo de mujeres del norte, se recibieron más de 40 consultas que fueron acompañadas de manera personalizada y se llevó a cabo un taller titulado «Desdibujando violencia», abierto a la comunidad, donde se buscó reflexionar sobre la violencia de género y las herramientas para erradicarla.

Finalmente, a finales de noviembre, se llevará a cabo otra campaña en Los Pozos, que incluirá un taller de prevención y erradicación de la violencia de género, así como un espacio dirigido a las infancias para promover un entorno libre de violencia.

salud-sexual-reproductiva-cienaga-del-coro-fundacion-cigesar
Imagen: Diana Hernández para Católicas por el Derecho a Decidir.

Las promotoras de salud, ese fuerte hilo conector

Jesica Otazua es militante del MCC de la Ciudad de Cruz del Eje. En la ciudad del norte cordobés, existen nueve barrios populares donde la organización trabaja con el equipo de feminismo: «Desde el inicio de las experiencias barriales en el año 2018, nos inclinamos a la formación de promotoras de género y en acompañamiento de IVE/ILE en articulación con los organismos estatales. Actualmente, con la presentación de un proyecto político de desmantelamiento del Estado, los derechos conquistados se fueron achicando y las legislaciones vigentes se relegaron a las voluntades políticas de quienes gestionaban la salud y al acompañamiento de las organizaciones sociales”, historiza. 

Las campañas internas, puestas al servicio de la comunidad, dice Jesica, se vaciaron de contenido cuando los recursos del Estado dejaron de llegar a las comunidades y barrios. “Y ahí es donde nos seguimos organizando para poner parches a la desregulación. Un entramado de redes construidas históricamente desde nuestro movimiento es lo que legitima hoy, un proceso del cual depende el acceso a la salud de nuestras comunidades campesinas y barrios populares”, sostiene Otazua y afirma: “El acceso a los métodos anticonceptivos y a consejerías, en barrios donde el acceso a la información y donde la economía familiar está denunciando la emergencia alimentaria, son inherentes. Y, sin embargo, están siendo recursos que el poder político plantea como un despilfarro, carente de respaldo. El derecho a la anticoncepción gratuita no está siendo rentable para el interés económico”. 

La campaña de Cruz del Eje, asegura Jesica, “dejó en evidencia la importancia de la jornada para una ciudad que cuenta con numerosos centros de salud y un hospital regional a donde no llegan recursos suficientes. Así, entendemos que la organización colectiva es la respuesta en estos tiempos. Apelar a las redes tejidas y a los feminismos como construcción política nos garantiza una vida más digna”.

Ana Morillo señala que, para estas últimas dos campañas de colocación de implantes, se coordinó, por primera vez, con las promotoras: «Ellas se involucraron en la captación de las mujeres, en que llegaran allí… Por ejemplo, en Ciénaga del Coro, las fueron a buscar casa por casa para que estuvieran. Bueno, esto fue una articulación muy fuerte y un hermoso encuentro con las compañeras, para lograr que mujeres y jóvenes de esos barrios llegaran a obtener el método anticonceptivo”.

salud-sexual-reproductiva-mujeres-campesinas
Imagen: Diana Hernández para Católicas por el Derecho a Decidir.

Las promotoras de salud, como Carina Reynoso y Yamila Nieto, tienen un papel fundamental en el acompañamiento y educación de las mujeres en las zonas rurales. Ambas son productoras campesinas y hacen el famoso dulce de leche de cabra que se vende en el local Monte Adentro en la ciudad de Córdoba.


Carina trabaja en la comunidad de Piedrita Blanca, en el departamento Minas. La promotora destaca el impacto que han tenido los servicios médicos del programa Familia Rural Sana: «Los médicos rurales, en nuestras zonas aledañas, son muy importantes, tanto para adolescentes y jóvenes como para mujeres mayores, porque se pudo lograr llegar a los métodos de anticonceptivos, como así también los PAP. También a los controles y al llenado de fichas médicas para que cada niño cuente con su control. Visitamos periódicamente las viviendas y, entre charlas, vamos hablando sobre lo importante que es estar sanos. Comer bien y hacer actividades físicas. Para mí, es una gran oportunidad para que, como comunidad, vivamos mejor en el campo”. 

Yamila, de El Duraznal, cuenta cómo el MCC comenzó a trabajar en salud comunitaria desde principios de los años 2000. «Comenzamos aprendiendo a tomar la presión, a colocar inyecciones, todas esas cosas que hacía por ahí un grupo de médico y enfermero… Y también se empezó a plantear el tema de la salud integral de la mujer y, después, se pudo llevar a cabo venir con algunos de los equipos médicos y hacer PAP. Allá, en los primeros años, se usaba un botiquín comunitario acá, donde se conseguían anticonceptivos y se podían repartir a las mujeres. También otra cosa para decir es que, ahora, se han logrado un montón de cosas, las mujeres de acá, de la zona rural. Las promotoras podemos sacar un turno y, de ahí, dirigirse hacia el hospital Aurelio Crespo y poder hacer el circuito de la mujer, todo en un solo día, así que fueron logros y cosas que se fueron avanzando”, concluye Nieto.

*Por Soledad Sgarella para La tinta / Imágenes: Diana Hernández para Católicas por el Derecho a Decidir.

Suscribite-a-La-tinta

Palabras claves: Católicas por el Derecho a Decidir, Feminismo popular, Movimiento Campesino de Córdoba, mujeres campesinas, Salud Comunitaria, salud sexual y reproductiva

Compartir: