Silvia Rivera Cusicanqui Parte 1: “Un llamado a repolitizar la vida cotidiana”

Silvia Rivera Cusicanqui Parte 1: “Un llamado a repolitizar la vida cotidiana”
27 febrero, 2018 por Redacción La tinta

En La Paz, Bolivia, todos los años Silvia Rivera Cusicanqui, socióloga, historiadora y ensayista integrante del colectivo Ch’ixi, lleva adelante una cátedra libre. «Sociología de la Imagen» se convierte así en un espacio de formación para descolonizar nuestras miradas. Estuvimos un mes compartiendo ese espacio y hacia el final del mismo, la entrevistamos con la intención de seguir comprendiendo nuestros feminismos latinoamericanos.

Por Redacción La tinta

Silvia Rivera Cusicanqui considera que su postura personal la ha colocado en cierto modo, “al costado” de toda la problemática planteada por el feminismo desde la década de 1960. “Digo al costado, no porque no me sienta interpelada por las ideas y esperanzas feministas, sino porque siempre he vivido la identidad femenina desde el interior histórico y político del colonialismo interno, donde la mujeridad se construye también colonizada”, narra Silvia en su libro Violencias (re) encubiertas en Bolivia.

En la entrevista que le realizamos, le preguntamos acerca de esto que ella nombra como una “forma práctica de ser mujer feminista, sin estar militando en grupos feministas”. Ella considera que ha sido, ante todo indianista, pensando que la opresión femenina y la opresión india son homólogas. Silvia nos planteó que hoy, el indianismo está totalmente abocado en un discurso nacionalista de buscar un estado aymara y una nación aymara y que para ella, “el nacionalismo es lo más antifemenino que hay. Es una vocación de poder totalmente centrada en un ethos masculino”. En esta primera entrega de la entrevista que le realizamos, conversamos con ella acerca de los encuentros y desencuentros entre indianismo y feminismo, los modos en que se estructura la violencia de género hoy y los vestigios coloniales que hay allí.

Nos gustaría comprender cómo identificas la presencia del patriarcado en distintos momentos históricos, cómo éste se fue exacerbando o constituyendo cada vez con mayor fuerza hasta la actualidad. Y en paralelo, pensar cómo se estructuró el poder y la supervivencia de las mujeres en estos siglos desde la conquista española.

Como les decía, hay elementos patriarcales en la estructura pre hispánica andina, pero yo creo que atenuado por el paralelismo de género, por el carácter bilateral de la autoridad y la existencia por un lado de panakas y aillus que permitían un espacio autónomo de las mujeres donde además el papel ritual que tenían ellas, era además un papel productivo: es un conocimiento de las recetas, de la chicha, de los tejidos, de las canciones y todo eso como un saber femenino reservado interiormente a las mujeres del cual no tenían conocimiento los varones. Por lo tanto había como una cierta autonomía y las fuentes de poder tenían esa doble naturaleza, el ancestro femenino y el ancestro masculino.

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Foto: Colectivo Manifiesto

Todo eso va a ser trastocado por la invasión, sobre todo la parte ritual, pero debido a la propia ceguera de los colonizadores que enfocaron todas sus herramientas de exacción sobre el varón como jefe de familia, hubo como cierta invisiblidad de las mujeres. El rol de ellas como ritualistas de los márgenes se trasladó al margen del comercio, en tanto el varón estaba desarrollando su actividad en el centro de la comunidad, en el espacio de la producción, la mujer cada vez más tendía a ir a intercambiar fuera de la comunidad. De eso surge toda esa presencia que les impresionaba a los españoles de las mujeres en los tambos. En el siglo XVII hubo un censo y ellos planteaban “esas mujeres qué hacen ahí, deben estar vendiendo sus cuerpos”. O sea, desde la experiencia de ellos en España, la presencia de mujeres en el espacio público sólo podía interpretarse como prostitución en tanto que en realidad, las mujeres fueron claves en el nexo entre la coca y la plata en Potosí y también en el Cuzco.

Entonces a lo largo del siglo XVII, XVIII, esta presencia femenina en las ciudades se estableció como una suerte de tercera república y permitió el surgimiento de ciudades matricentradas donde el papel de estas mujeres era central. Además había un proceso como de aculturación e imitación de las mujeres españolas que terminó generando una sociedad que se podía reproducir a sí misma y que estaba en el intersticio entre la sociedad comunitaria del campo y la sociedad estamental de las ciudades. Esta presencia ha sido persistente. Tu has visto en la rebelión de Tupac Katari, el papel militar, incluso de las mujeres, llegó a ser importante y a lo largo del siglo XIX también. Entonces esos momentos de crisis de la economía exportadora eran momentos de auge del mercado interior y ahí el papel de las mujeres era muy importante. En todo esto, obviamente se ha reproducido el patriarcado porque ha habido una suerte de alianza tácita entre los varones de la sociedad dominada y la sociedad conquistadora.

Entonces, en cada caso ha habido mecanismos como de defensa de todo tipo, pero el destino de las mujeres en las ciudades oscilaba entre el comercio y la servidumbre doméstica. Y ahí ya hay todo un fenómeno de mestizaje asociado a los hijos ilegítimos de mujeres que prestaban servicios en las casas y tenían hijos para el patrón. Entonces todo eso genera una sociedad despreciada por su promiscuidad y todos estos estigmas de género. Pero a la vez, una cierta fortaleza por el carácter colectivo que tenían estas opciones. Esto lo ves ya a principios del siglo XX con la fuerza que tienen los sindicatos de mujeres, tanto de las culinarias como de las vendedoras de los mercados, las lecheras, etcétera que van a constituir los sindicatos más fuertes y perdurables en su adhesión al anarquismo.

Va a llegar al punto en que en un tiempo post guerra del Chaco, las mujeres eran la columna vertebral de la Federación Obrera Local (FOL). La Federación Obrera Femenina (FOF), llegó a ser el principal aglutinante de las y los trabajadores una vez que varios gremios de los varones fueron cooptados por el Estado y por los partidos políticos. Ahí hubo como una cierta tenacidad de las mujeres de mantener su espacio de autonomía al punto que los varones tuvieron, de alguna manera, que plegarse a las luchas de las mujeres.

Todo eso se vino abajo con la Revolución del 52, que entre otras cosas instala la forma moderna del partido y de la sociedad basada en la división de lo público y lo privado y la reclusión femenina en los hogares, a pesar de que había un grupo que se llamaban las Barsolas que no eran más que una suerte de grupo de choque femenino. En realidad las mujeres terminaron siendo muy secundarias en la política hasta los años ochenta o noventa: esta presencia de las mujeres en la política era marginal y lo sigue siendo hasta cierto punto.

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Foto: Colectivo Manifiesto

Cuando vos nombrás la política, ¿a qué te referís? ¿A las formas de hacer política más autónomas?

—Al espacio público en general. Si bien hay una apertura a nuevas formas de trabajo fuera de la casa, son formas que reproducen los roles femeninos tradicionales: enfermeras, educadoras.

Vos nombrabas que en la Revolución del 52, la “higienización” fue una política de estado que apuntó a que la llevaran adelante las mujeres en el ámbito doméstico.

—Eso es una política estatal que viene de la época de la oligarquía de los últimos años, del Servicio Cooperativo Interamericano de Educación del departamento de Estado. Allí se introduce toda una cuestión de que la causa de la pobreza indígena es la mugre. Y además, esto viene a ser como un mercado para los detergentes, jabones y todo esto y tiene como efecto el intento de encerrar a la mujer en el hogar al cuidado de los niños y la limpieza del hogar para separar a las mujeres de las labores productivas. Obviamente que esto no lo logran de completo, porque es importantísima la labor productiva en la agricultura, la mujer es fundamental, pero de todas maneras hay un intento muy serio de instalar, pues, el american way of life generalizado a través de políticas higienistas.

En el artículo “Mujeres y estructuras de poder en los Andes: de la etnohistoria a la política”, vos hacés una historización acerca del papel de la mujer antes de la colonia, y marcás como la sociedad boliviana, es una sociedad que tiene una historia de la mujer habitando los espacios públicos de manera muy fuerte, cuestión que hoy pareciera ha quedado un poco oculta. Teniendo en cuenta esta historia de estas mujeres, nosotras nos preguntamos cómo construir hoy un feminismo “con los pies en la tierra”.


—Yo veo que el terreno de unión es la defensa de la madre tierra. Y el nexo con las luchas territoriales y ambientales sobre todo de indígenas de tierras bajas en Bolivia. Yo creo que ahí está el lugar del nexo más fructífero porque une las reivindicaciones feministas con las luchas más territoriales y ambientales de los pueblos indígenas. De hecho yo creo que en este gobierno van de la mano las agresiones a las comunidades y las agresiones a las mujeres, de la mano de un gran incremento de los femicidios, esto es impresionante.


Las mujeres son las que más están poniendo el cuerpo en las luchas socioambientales, no solamente acá en Bolivia sino en toda América Latina.

—Sí. Y es un nexo fructíferamente fuerte en términos teóricos. Se ha pensado siempre que el cuidado, el alimento, son las cosas del mundo privado, son las cosas de las mujeres y que las mujeres debían salir de eso, salir al mercado del trabajo… eso es un feminismo burgués, de la modernidad. Pero hoy en día, procurar el alimento tiene implicaciones cósmicas. Cuidar de la salud, del cuerpo y de la vida, son cosas de una implicación política mucho más grande a través de este nexo con el tema de la Madre Tierra. Una política de los afectos y del cuidado es hoy una forma de hacer política, es un llamado universal a repolitizar la vida cotidiana.

*Por Redacción La tinta / Fotos: Colectivo Manifiesto.

*Entrevista realizada por Sofía Bensadon y  Débora Cerutti

Palabras claves: Bolivia, feminismo, Silvia Rivera Cusicanqui

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Nacho Levy: «Lo que está mal es que no grites»

Nacho Levy: «Lo que está mal es que no grites»
20 diciembre, 2018 por Ezequiel Luque

Dialogamos con uno de los voceros de La Poderosa para discutir sobre las próximas elecciones, las expectativas del campo popular y la organización de las villas para frenar la avanzada conservadora.

Él es Nacho Levy, tal vez, una de las personas más identificables de la organización social La Poderosa, aunque el mote de vocero no sea algo que le siente muy cómodo. «Me toca ser una de las cuerdas vocales de La Garganta Poderosa, que son muchas», se excusa. Durante casi una década, la organización decidió que todas las personas que integraban el movimiento permanecieran en el anonimato ante los medios de comunicación y se reflejaran a través de un grito colectivo. Y que ese grito colectivo, quienes hablen en nombre de La Garganta, siempre debían ser vecinxs de las villas.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

«Para nosotrxs, fue siempre un resguardo esa identidad colectiva, un resguardo del afuera y un resguardo para adentro. Para adentro, porque, de alguna manera, domaba nuestros propios egos y nos corría de discusiones más mezquinas. Y para afuera, porque no les permitía individualizar el proceso. Una experiencia que nosotrxs aprendimos del recorrido histórico que tiene la lucha en nuestros barrios, donde, muchísimas veces, a emprendimientos y colectivos genuinos se los podía personificar y después eran muy fáciles de derribar (…) Durante un montón de años, lxs vecinxs que tomaban la referencia se expresaban siempre a título colectivo; no íbamos a televisión y, en radio, éramos La Garganta», expresa Nacho desde «La Choza Poderosa», la casa comunitaria que tiene la organización en barrio Yapeyú, en la zona oeste de la ciudad de Córdoba.

En el último tiempo, el crecimiento de las políticas represivas de la gestión Cambiemos obligó a modificar la estrategia comunicacional. El 24 de septiembre de 2016, efectivos de Prefectura Naval Argentina torturaron a Iván y Ezequiel, dos vecinos de la villa 21-24. Esa noche, un grupo de prefectos detuvo y trasladó a los jóvenes a una garita policial para golpearlos. Acto seguido, los llevaron a la vera del riachuelo, donde los obligaron a hacer flexiones de brazos mientras se les tiraban encima, los amenazaron con tirarlos al río esposados y los hicieron correr una carrera de la muerte, en la que les dijeron que iban a matar a quien perdiera.

«Iván y Ezequiel denunciaron las torturas manteniendo el anonimato de espalda a una cámara y la denuncia pasó por inverosímil. Entonces, tenían que dar la cara. Entendíamos, además, que ir a la televisión era ponerse a resguardo», recuerda Nacho. Iván fue a televisión y, al regreso, en las escasas cinco cuadras que tuvo que caminar solo, fue perseguido por Prefectura, de nuevo.


«Ahí, lo que, hasta ese momento, se veía como un gesto de altruismo político hacia afuera porque nadie acaparaba la representación política, se transformó en una interpelación hacia adentro respecto de la responsabilidad que nos cabía por en qué lugar quedaban quienes presentaban las denuncias cuando las amenazas y las respuestas represivas caían sobre eso», aclara.


Sin cambiar la cláusula de que sean vecinxs de los barrios quienes hablen en nombre de La Garganta, la organización decidió empezar a aparecer en espacios comunicacionales en los que antes no aparecían. En ese momento, empieza a llamar la atención en los medios de comunicación la figura de Nacho Levy.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

La Poderosa ante las urgencias de la política electoral

A diferencia de las últimas elecciones nacionales, en los próximos comicios presidenciales, no serán pocas las organizaciones sociales que se metan de lleno en la contienda electoral. La mayoría de los movimientos populares -aún atravesando rupturas internas- dan por hecho que no hay mucho más margen posible que apoyar o formar parte de un frente anti-Macri para poner un freno a las políticas de hambre del gobierno de Cambiemos.

Consultados sobre la opción electoral, desde La Garganta, esbozan que se trata de dos luchas paralelas, la de base y en las urnas, a largo y corto plazo; ambas igual de válidas y en diálogo permanente. «La Poderosa surgió como una plataforma complementaria de cualquier expresión del campo popular que pudiera presentarse desde una estructura partidaria. Nunca jamás nos van a encontrar en la tribuna de la antipolítica demonizando a quienes, por suerte, dan esa batalla del corto plazo«, sostienen desde la organización.

El sentido común poderoso remarca que no da lo mismo quién ocupe el sillón de Rivadavia, debido a que es, tal vez, la variable que más condiciona el marco de posibilidades concretas que tienen las organizaciones de base para poder avanzar en las transformaciones que se intentan impulsar desde los barrios. Sin embargo, reconocen que ya existen diferentes alternativas partidarias que están trabajando para reivindicar las decisiones urgentes del campo popular y que La Poderosa no debe hipotecar el proceso de base que lleva adelante para partidizarse o convertirse en un panfleto de una candidatura.


«A ninguna expresión del campo popular, La Garganta le serviría más como oficina de prensa que pudiendo interpelar y llegar al espectro que llega, sabiendo qué respeto tenemos por las distintas tradiciones del campo popular (…) Hoy, hablamos con todo un arco de la sociedad, que nos cree y escucha, y, tal vez, volviéndote la expresión comunicacional de un llamado partidario, podrías dar cuenta de la demanda de uno de los sectores, pero no serías más efectivo ni siquiera para ese propio sector. El mismo sector que te podría pedir que te partidices no sacaría tanto provecho de esas funciones como sí lo hace del trabajo de territorio y unidad que tiene esta plataforma de comunicación popular».


En este sentido, Levy señala que poner el proceso de La Poderosa a trabajar al ritmo de la dinámica y los tiempos de la democracia representativa y la lógica electoral haría inviable la continuidad del trabajo de base que están realizando. «Tenemos muy en claro los condicionamientos del corto plazo y somos respetuosos de lxs compañerxs que disputan las elecciones. Pero también pedimos el mismo respeto para entender que hay procesos que no pueden ser descabezados, procesos que apuntalan la unidad desde otro lugar y que, desde distintos lugares, se puede ir construyendo un frente mucho más grueso que un armado electoral«, expone.

Es que, para La Garganta, la unidad «no es una foto, es una película» y, a pesar de que sueñan con un gran frente popular que derrote a la derecha como enemigo común, al mismo tiempo, comprenden que entre el peronismo y la izquierda haya diferencias entre sí, distancias que son históricas, legítimas y respetables.

Finalmente, dos sugerencias respecto a las elecciones: por un lado, valorar y cuidar a lxs compañerxs que den el paso electoral; por otro, que la disputa por las urnas no nos haga poner en la lista de enemigos a quienes en realidad deberían estar en el círculo cercano de nuestrxs amigxs.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

La resistencia: creatividad y comunidad

Levy señala que la frase/slogan «El ajuste no cierra sin represión» puede haber sido representativo de los primeros dos años de gobierno de Mauricio Macri, que se caracterizaron por la represión de cualquier expresión que intentara frenar el avance neoliberal y el avasallamiento de derechos. Sin embargo, teniendo en cuenta el pico de hechos que se produjeron en el último año, ya la frase debería ser «La represión no cierra sin represión».

«Este presupuesto es represión, no es ajuste, no hay más nada que ajustar, no hay otro paso para dar para atrás. Patricia Bullrich no es su ministra de Seguridad, es su ministra de Economía. Ellos nos quieren llevar a nosotrxs a escindir la discusión económica de la represión estatal como si fueran dos cosas separadas. Acá de hambre entendemos todxs nosotrxs y entendemos que lo que hace falta es repartirla, es lo único que tenemos que discutir de economía», expone.

No son pocas las organizaciones que se acostumbraron a que la represión implicaba un coste político para el Ejecutivo que ordenaba la acción. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, la demagogia punitiva ha tenido tan buen recibimiento en las capas medias de la sociedad que probablemente sea el caballito de batalla de Cambiemos para las próximas elecciones, emulando la campaña presidencial del fascista Jair Bolsonaro en Brasil.

Ante esto, Nacho afirma que la respuesta es «movilización, creatividad, empoderamiento real, empoderamiento intelectual y unidad».

«Tenemos que aprender de esta ola verde que, de alguna manera, logró una fusión de fuerzas políticas que desde la discusión de clases siempre nos había parecido inviable. Le pasó por arriba a todas esas mezquindades y diferencias. Entonces, al final, se podía. Hay que poner a revisión privilegios que tenemos por nuestra condición de hombres y por nuestra condición de clases. El feminismo instaló muy fuerte la idea de renunciar a tus privilegios para sumarte a la lucha y, desde la condición de clases, hay que poder tomar ese ejemplo. Hay una caterva de aprendizajes que están efervescentes y que me llena de esperanza. Porque es cierto lo de la ola bolsonarista, fundada sobre conceptos de marketing y fascismos, que no tiene nada de banal, pero tampoco nada de sustento. A la larga o a la corta, se cae por su propio peso infrahumano que trae. Y a contraluz de eso, viene una generación que es un lujo. Hay que confiar en los pibes y, hoy más que nunca, hay que confiar en las mujeres, que son las que mantienen en pie de lucha a pesar de todo».

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

Ante el incremento de la represión, el avance conservador sobre derechos ganados históricamente y el ajuste económico, y frente a la precarización de la vida en los barrios y la derechización de los afectos, desde La Garganta, ratifican que la respuesta, hoy más que nunca, es poner al ser humano en el centro de la escena.


«Esa es la estrategia política con la que los barrios históricamente postergados sostuvieron la dignidad humana. Hoy más que nunca, la clase política tiene que mirar a los sectores populares. Los nuevos pobres tienen que aprender de los viejos pobres y tienen que mirar de qué manera la cultura villera viene reivindicando, desde hace muchos años, la dignidad humana. No hay un regocijo de la precariedad, nadie celebra un barrio sin ambulancias, sin tendido eléctrico, lo que reivindicamos es la cultura de la solidaridad, de construir colectivamente a pesar de todo».


«Hay que poder escuchar, darle voz y espacio a las villas. Y, a veces, la mejor manera de comunicar es callarse, correrse, para que hablen los que faltan y que se escuchen, y que ellos decidan qué y cómo. Porque, a veces, hablamos gritando. Y cuando vos podés hablar de la Revolución Francesa con el mismo tono solemne y monocorde con el que hablás de la pobreza, es porque la tenés a la misma distancia. Cuando a vos la mierda te sube por la pierna o se va por la canaleta la sangre de tu hijo, lo que está mal es que no grites«.

* Por Ezequiel Luque para La tinta / Imágenes: Colectivo Manifiesto.

Palabras claves: La Poderosa, medios comunitarios alternativos y populares

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