Permacultura: ante la duda, consulte a la naturaleza

Permacultura: ante la duda, consulte a la naturaleza
4 diciembre, 2020 por Redacción La tinta

Desde hace un par de décadas, la palabra permacultura revolotea dentro de una generación enamorada de la tierra, de los procesos comunitarios y las tecnologías alternativas. En esta serie de artículos, compartiremos mes a mes principios, voces y experiencias de quienes llevan adelante este amplio paradigma que busca rehacer la vida comunitaria sobre el planeta. Con esta primera entrega, introducimos los conceptos básicos y los orígenes de esta ciencia de diseño holística.

Por Marcos Tomasoni y Laura Gallo de Matria Permacultura para La tinta

La Permacultura, para quienes no han abierto las puertas de sus conceptos detallados, se asocia con imágenes de huertos bellos, casas de tierra con estéticas orgánicas, techos vivos, ecoaldeas, energías limpias, gente feliz con las manos embarradas, cosechas abundantes. Pero, ¿qué es concretamente la Permacultura? En su descripción más resumida, debemos decir que la Permacultura es un sistema de diseño territorial holístico, creado en la década del 70 por Bill Mollison y David Holmgren, dos ecólogos, profesor y estudiante australianos, en la búsqueda de una “agricultura permanente”.

Viendo la gran dependencia mundial de la matriz energética no renovable del petróleo (era de descenso energético), la crisis ambiental planetaria debida a su uso y su inminente perspectiva de agotarse, Mollison y Holmgren desarrollan una propuesta de diseño para la transición hacia la era post-industrial, o más aún, hacia la era que sacudiría al mundo al transitar el Pico del Petróleo global. Con este escenario, era proyectable en la academia de fines de los 70 que la cultura occidental moderna, industrial, petrodependiente, no podría seguir reproduciendo sus formas en un futuro cercano y que pasaría en la historia larga de la humanidad como una experiencia que apenas “disfrutaron” unas cuantas generaciones.

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(Imagen: Matria Permacultura)

Mollison y Holmgren se propusieron diseñar la actividad agrícola primero, y la cultura toda después, despetrolándose gradualmente, para desarrollar modelos y prácticas que no se agotasen en el tiempo y que pudiesen extrapolarse hacia un futuro de abundancia. Así, de la unión de “Permanente” + “Agricultura”, hoy más convidada como la “Perma(nente)Cultura”, surge una forma de proyectar la vida pensada en siete generaciones hacia adelante.

Aquella parición devino en un nuevo paradigma de rehacer la vida comunitaria sobre el planeta. Era un momento -y lo sigue siendo- de repensar toda la actividad humana. Aquella sociedad occidental moderna que alertó al ecólogo y su estudiante, la del consumismo y demografía creciente, la del cambio climático, de contaminación ambiental, agotamiento de las cuencas petrolíferas y crisis civilizatoria, hoy, repartiendo sus coletazos dramáticos a todo el globo, y le da fundamentos de certezas al camino permacultural. Entre los abordajes que alimentaron aquellos inicios de la Permacultura, estaba la visión y propuesta de Masanobu Fukuoka (padre de la agricultura natural), la teoría de Sistemas, la agricultura de Yeomans y la matriz de la ecología académica que había iluminado la experiencia de Mollison durante 15 años de trabajar estudiando ecosistemas australianos.

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(Imagen: Matria Permacultura)

Para la permacultura, es tan importante el desarrollo de técnicas de cultivo agroecológico, la construcción natural y las tecnologías alternativas como el bienestar físico, espiritual y emocional de las personas que participen o vivan en ese territorio. La permacultura estudia y acciona desde una mirada sistémica, considerando que las conexiones entre las cosas son tan importantes como las cosas o los elementos mismos. Recuperando la esencia de la naturaleza, se entiende a la vida y sus procesos como una red dinámica de relaciones y no solo como una suma de partes escindibles.

Diseñar, esa es la cuestión. Desde un balcón a un país

Concretamente, Permacultura es diseño. Y el modelo a seguir es la Naturaleza, madre de los modelos abundantes, eficientes, bellos y exitosos en cada rincón del planeta. Quien viene poniendo a punto un diseño milenario de relaciones en cada lugar. En palabras de Stuart B. Hill: “La permacultura trata de valores y visiones, y diseños y sistemas de manejo que se basan en un entendimiento holístico, especialmente en nuestro conocimiento y sabiduría biorregionales y psicológicos. Particularmente, trata de nuestras relaciones con los sistemas de manejo de recursos naturales y su diseño y rediseño para que puedan sostener la salud y el bienestar de todas las generaciones presentes y futuras”.

Para caminar este entramado, las permacultoras y los permacultores nos capacitamos en técnicas de diseño que sistematizaron los co-creadores de la misma y que van ampliando las distintas experiencias en el mundo. David Holmgren, hoy iluminador de las actualizaciones de su creación, desde Melliodora, su proyecto familiar de pequeña escala en Australia, nos convidó 12 principios que estructuran enfoques y actitudes del diseño permacultural.

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(Imagen: Matria Permacultura)

El primero de estos principios de diseño propone “Observar e Interactuar”. Tal vez el más revelador de los enfoques que nos proponemos les permacultores: la dimensión receptora del ser, la que nos proporciona la información necesaria previa al hacer. Y notemos que la acción que nos proponemos está guiada hacia la “inter-acción”. El principio no sugiere “observar y hacer”, sino “observar e interactuar”. En ese cambio de palabra, está el paradigma renovado del hacer occidental moderno. En el “interactuar”, estamos reconociendo que en el medio ya hay relaciones, elementos dialogando, dinámicas propias, ciclos, flujos, entidades materiales, energéticas, sutiles, en un equilibrio dinámico. Es en este equilibrio dinámico en el que vamos a montar, colocar, ensayar los elementos de interés de nuestro proyecto: construcciones, huertos, forestaciones, animales, caminos, estanques, producciones, cercos, emociones, sueños, historias.

En la medida que nuestro entendimiento de la dinámica de la naturaleza sea lo más descriptivo posible (mayor nivel de información), nuestras decisiones de cómo y dónde ubicar y orientar los elementos del diseño tendrán mayores posibilidades de éxito. Éxito que nos interesa en términos de paz, abundancia, saberes liberadores, también de alimentos sanos, hogares confortables, cálidos, bellos, con la posibilidad de hacerlos con nuestras manos. Éxito en las relaciones armoniosas, pedagogías que liberen, arte, ciencia, espiritualidad. En un sentido técnico, tenemos por objetivo la regeneración del ambiente; en un sentido más abarcador, buscamos habitar experiencias sociales de paz.

Al ser el resultado del diálogo con el ambiente y las personas que conformarán el proyecto, el diseño permacultural no tiene un límite definido en su extensión ni en las condiciones del medio. Podemos diseñar desde un balcón hasta una eco-región sobre estos principios y técnicas, existiendo diseños en ecosistemas secos como húmedos; fríos como cálidos; urbanos como rurales.

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(Imagen: Matria Permacultura)

La nutrición de información que la Permacultura valora también es holística. Para obtener esta información de diseño, tenemos en cuenta todas las variables técnicas, aquellas que obtenemos de procesos racionales (caracterización de suelo, pendientes, clima, flora y fauna, aspectos socioculturales, hidrología, otros) como aquellos de fuentes intuitivas, no racionales, no académicas, espirituales, metafísicas (energías sutiles, creencias, saberes populares, sentimientos, emociones, otros).

En cada lugar donde queremos intervenir, hay ciclos anuales de temperaturas, lluvias, vientos, heladas. Hay ciclos estacionales de vegetación, en los suelos, fauna con los que debemos dialogar. Hay ciclos lunares y diarios, movimientos diminutos, microscópicos, sutiles. Hay patrones de formas, ritmos, pendientes. Y en ellos, entrarán los ciclos humanos que regenerarán el espacio: caminos, senderos, residuos sólidos y líquidos, emociones, deseos, frustraciones, expectativas, historias de vida, proyecciones. El diseño permacultural es el encuentro entre todas esas variables y más. Todo este diálogo es lo que dinamiza cada casa, cada patio, cada barrio, cada campo, cada bosque, todo el globo. El desconocimiento de ello es causa de desgaste energético, de deterioro en la biodiversidad, de ciclos de retroalimentación negativa que llevan al sistema a su ineficiencia.

La FLOR DE LA PERMACULTURA. Por dónde empezar

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(Imagen: Flor de la permacultura)

Para avanzar en el camino de construcción de un nuevo y dinámico modo de vida, en relación sana con su entorno y entre sus miembros, la permacultura propone 7 ejes interrelacionados de acción, representados esquemáticamente en lo que Holmgren denominó la Flor de la permacultura.

 

Cada uno de estos pétalos son ámbitos de soporte para la humanidad en la era del descenso energético, es decir, ejes de acción del diseño regenerativo en un momento histórico en que el petróleo comenzará a disminuir año a año, propio del límite físico de su explotación.

Debemos materializar un espacio para producir alimentos, construir hogares y estructuras, transformar nuestros residuos y efluentes en abonos y riego, reciclar materia y energía, sanar nuestras mesas, nuestros cuerpos, nuestras relaciones. Reconstruir equipos que nos nutran de energías libres, educarnos, recorrer, repensar y reconectar nuestras dinámicas materiales, energéticas, espirituales con el todo.

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(Imagen: Flor de las tres éticas)

Más al fondo de las dimensiones de la flor, la Permacultura se propone caminar sobre 3 éticas del diseño, a modo de “límites” sobre los cuales no debemos avanzar. Así, para cumplir con la premisa de una vida en camino hacia la salubridad propia y del todo, nos proponemos I) Cuidar la Tierra, II) Cuidar las personas, III) Distribuir con equidad.

 

La propuesta ética de la Permacultura no se propone como un acuerdo moral (aunque pueda serlo), sino como un límite ecosistémico que, de romperlo, volveríamos a generar sistemas en crisis. Una lectura al revés de esos principios suena evidente: si hacemos “dañando a la Tierra”, “dañando a las personas”, “distribuyendo sin equidad”, nuestros modelos sociales y productivos nos devolverán tensión y escasez, y tendrán altos costos energéticos y materiales para sostenerlos.

Permacultura acá y ahora

A nuestras tierras, esta Ciencia de Diseño Holístico fue traída por los fundadores de la actual EcoVilla GAIA, en Navarro, provincia de Buenos Aires. Fueron aquelles pioneres que ya formaban parte de procesos globales de ecocomunidades, quienes convidaron el primer curso de Diseño Permacultural en el año 1996. Entonces, se formó la primera bandada de seres que comenzaron a sembrar las semillas de la Permacultura en Argentina. La cosecha resultó en nuevas semillas, nuevas ecoaldeas, más experiencias de formaciones, más semillas, y la red se tejió en todo el territorio, proponiéndose hoy como un movimiento regenerativo, en alianza, mezcla y hermandad con organizaciones sociales que cuerpean causas ambientales, agroecológicas, antroposóficas, entre tantas otras.

En este espacio propuesto por La tinta, les iremos convidando mes a mes rostros, voces, experiencias de quienes vienen haciendo Permacultura en nuestro país, en nuestra provincia, a la vuelta de casa. Nos proponemos conocer quienes habitan, le dan forma y sentido a los 7 pétalos que florecen en el cotidiano permacultural.

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(Imagen: Matria Permacultura)

La Permacultura es un lugar donde dialogan todas las técnicas y saberes que comulguen con sus éticas y principios, y esta columna se propone como otro espacio donde encontrarnos. Nosotres daremos esos pasos que abren puertas, voces, imágenes, saberes y les dejamos a ustedes el complemento, la curiosidad, la corazonada, el guiñazo que asiente que por acá crece un monte de abundancia y maravillas.

Por Marcos Tomasoni y Laura Gallo de Matria Permacultura para La tinta / Imagen de portada: Matria Permacultura.

Palabras claves: medio ambiente, Permacultura

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Organizaciones trabajan en red por la salud sexual y reproductiva de comunidades rurales de Córdoba 

Organizaciones trabajan en red por la salud sexual y reproductiva de comunidades rurales de Córdoba 
26 noviembre, 2024 por Soledad Sgarella

El trabajo del Movimiento Campesino de Córdoba (MCC) es fundamental ―desde hace 25 años― en la lucha por una vida digna en el campo, abarcando aspectos como la tierra, la educación y la salud. En alianza con Católicas por el Derecho a Decidir (CDD), desde 2021, se han potenciado acciones en torno a garantizar los derechos sexuales y reproductivos, especialmente, en zonas rurales invisibilizadas. “Contar con redes ayuda a entender que la salida siempre es colectiva y con organización”, sostiene Camila Recalde, médica y militante del MCC.

Desde hace 25 años, el Movimiento Campesino de Córdoba (MCC) trabaja por el acceso a una vida digna, enfocándose en derechos fundamentales como la salud, la educación y la tierra en las comunidades rurales. La articulación y el trabajo colaborativo con la organización Católicas por el Derecho a Decidir (CDD), a partir del 2021, fortaleció el plan de acción orientado al acceso a derechos sexuales y reproductivos de mujeres y personas del colectivo LGBTQ+ que habitan la ruralidad. En esta nota, integrantes de las organizaciones reflexionan sobre los avances alcanzados y los desafíos que aún persisten en la construcción de un futuro más justo.

Camila Recalde es militante del Movimiento Campesino de Córdoba (MCC) e integrante de los equipos de Salud y Feminismo. En diálogo con La tinta, comparte la experiencia de su organización, que lleva un cuarto de siglo de trabajo territorial en el norte y noroeste de la provincia de Córdoba. La médica destaca que el MCC se ha enfocado en visibilizar a lxs campesinxs y en luchar por el acceso a la tierra y a una vida digna en el campo. Hablar de «vida digna» abarca aspectos fundamentales del desarrollo humano, como la salud, la educación, la producción, el acceso al agua potable, la tierra y el trabajo.


«En todo el recorrido, hemos visibilizado y trabajado sobre el rol de las mujeres en el campo, una multiplicidad de acciones que ahora podemos poner bajo la bandera del feminismo campesino indígena popular, pero que, en aquellos tiempos, ni siquiera hablábamos sobre feminismo”. 


Entre las múltiples iniciativas, destacan las campañas de papanicolau, el acceso a métodos anticonceptivos, jornadas de atención sanitaria, espacios de formación para mujeres, promotoras de salud, promotoras territoriales contra la violencia de género, escuelas populares de género, talleres sobre economía feminista “y muchas otras acciones que, a lo largo de este tiempo, demuestran que la constancia del trabajo organizado genera que las políticas que se piensan o se articulan con el Estado y ONG puedan llegar de manera oportuna a los territorios”. 

Camila hace énfasis en que, desde el MCC, siempre tuvieron en claro que son una organización social y que el Estado es quien debería encargarse de gestionar la política pública para el sector. “Pero como ha sido un sector históricamente invisibilizado, hemos estado ahí para señalarlo, reivindicarlo y no dejar de demandar nunca lo que nos corresponde”, dice la médica y celebra como una victoria del movimiento que exista un programa como Familia Rural Sana, donde se ha podido pensar, construir y sostener conjuntamente políticas públicas de salud para una parte del campesinado cordobés, sabiendo y reconociendo que queda mucho territorio por cubrir.

“Contar con estas redes generadas en el contexto que estamos viviendo ayudan a entender que la salida siempre es colectiva y con organización”, agrega la militante. A lo largo de estos 25 años, explica, el MCC ha ido encontrándose con otros actores que reconocen su trabajo y que apoyan la lucha campesina y la mirada feminista, como CDD.

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Imagen: Diana Hernández para Católicas por el Derecho a Decidir.

Tejer las redes para una vida digna

Ana Morillo, coordinadora del área Salud de Católicas por el Derecho a Decidir, relata que la articulación con el MCC ya tiene varios años, más precisamente, desde el 2021. Con apoyos institucionales, planificación de acciones concretas o encontrándose como activistas feministas y trabajadoras de la salud en la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir ―para la implementación integral de la Ley n.° 27.610 IVE―, ambas organizaciones tienen un trayecto recorrido en conjunto que potencia y fortalece el trabajo.

Morillo destaca una actividad que realizaron en coordinación con la UNC: «Hicimos un mapa de Córdoba plasmando en papel una georeferenciación de servicios y de organizaciones que atendían y acompañaban mujeres que habían decidido interrumpir el embarazo ―u otras cuestiones de salud reproductiva, pero, principalmente, de IVE-ILE―. Marcamos con puntos verdes donde había servicio para la atención. Y, después, decidimos hacer puntos violetas para los lugares donde existían organizaciones que acompañaban… Y ahí, en ese mapa, se vio, hermosamente, cómo las sedes donde había organización de mujeres campesinas del Movimiento daban acompañamiento donde no había verde. Eso fue una foto muy importante para pensar ―aún más― en el fortalecimiento de las organizaciones acompañando a las mujeres y, más que nada, a las mujeres campesinas, mujeres que viven a kilómetros de los servicios de salud y con caminos muy difíciles de transitar”.

En septiembre de 2023, se organizó un encuentro entre el MCC, CDD y la Dirección Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (DNSSR), con la presencia de Valeria Isla, directora en ese momento de dicha repartición. El evento tuvo lugar en la radio comunitaria “Radio Pueblo”, en una de las localidades del norte cordobés, donde también funciona una extensión de la escuela para adultos destinada a la terminalidad de la secundaria, y participaron promotoras de diversas localidades del norte de la provincia ―como Deán Funes, El Tuscal y Mansilla del departamento Ischilín―, así como miembros del MCC de los departamentos de Cruz del Eje, Minas y Traslasierra.

Con la necesidad planteada de seguir articulando esfuerzos para consolidar la garantía de derechos en todos los territorios rurales de Córdoba, el trabajo conjunto entre el MCC y CDD se intensificó durante 2024. Las acciones buscan asegurar el acceso a métodos anticonceptivos, la prevención de enfermedades de transmisión sexual (ETS) y la promoción de la salud sexual y reproductiva en comunidades rurales y barriales que, históricamente, han estado excluidas del sistema de salud pública.

El 2 de noviembre, se llevó a cabo en la sede del MCC en Cruz del Eje ―en el barrio La Rinconada― una campaña de colocación de implantes subdérmicos, producto de la articulación con Católicas por el Derecho a Decidir y la Fundación CIGESAR de Buenos Aires, jornada en la que se colocaron 50 implantes y se ofreció consejería a las mujeres de la zona. También se realizó en Ciénaga del Coro, incluyendo a comunidades cercanas como Tosno, Guasapampa y La Higuera. En total, se colocaron 49 implantes y, además, se ofrecieron consejerías sobre salud sexual y reproductiva a las participantes.

Otra de las campañas tuvo lugar en Cerro Colorado, donde, por cuarto año consecutivo, se realizó una jornada de salud sexual integral que incluyó consejerías, testeos de ETS y la colocación de implantes. Realizada en articulación con el MCC, Redes Cuidadas del Norte, la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y el colectivo de mujeres del norte, se recibieron más de 40 consultas que fueron acompañadas de manera personalizada y se llevó a cabo un taller titulado «Desdibujando violencia», abierto a la comunidad, donde se buscó reflexionar sobre la violencia de género y las herramientas para erradicarla.

Finalmente, a finales de noviembre, se llevará a cabo otra campaña en Los Pozos, que incluirá un taller de prevención y erradicación de la violencia de género, así como un espacio dirigido a las infancias para promover un entorno libre de violencia.

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Imagen: Diana Hernández para Católicas por el Derecho a Decidir.

Las promotoras de salud, ese fuerte hilo conector

Jesica Otazua es militante del MCC de la Ciudad de Cruz del Eje. En la ciudad del norte cordobés, existen nueve barrios populares donde la organización trabaja con el equipo de feminismo: «Desde el inicio de las experiencias barriales en el año 2018, nos inclinamos a la formación de promotoras de género y en acompañamiento de IVE/ILE en articulación con los organismos estatales. Actualmente, con la presentación de un proyecto político de desmantelamiento del Estado, los derechos conquistados se fueron achicando y las legislaciones vigentes se relegaron a las voluntades políticas de quienes gestionaban la salud y al acompañamiento de las organizaciones sociales”, historiza. 

Las campañas internas, puestas al servicio de la comunidad, dice Jesica, se vaciaron de contenido cuando los recursos del Estado dejaron de llegar a las comunidades y barrios. “Y ahí es donde nos seguimos organizando para poner parches a la desregulación. Un entramado de redes construidas históricamente desde nuestro movimiento es lo que legitima hoy, un proceso del cual depende el acceso a la salud de nuestras comunidades campesinas y barrios populares”, sostiene Otazua y afirma: “El acceso a los métodos anticonceptivos y a consejerías, en barrios donde el acceso a la información y donde la economía familiar está denunciando la emergencia alimentaria, son inherentes. Y, sin embargo, están siendo recursos que el poder político plantea como un despilfarro, carente de respaldo. El derecho a la anticoncepción gratuita no está siendo rentable para el interés económico”. 

La campaña de Cruz del Eje, asegura Jesica, “dejó en evidencia la importancia de la jornada para una ciudad que cuenta con numerosos centros de salud y un hospital regional a donde no llegan recursos suficientes. Así, entendemos que la organización colectiva es la respuesta en estos tiempos. Apelar a las redes tejidas y a los feminismos como construcción política nos garantiza una vida más digna”.

Ana Morillo señala que, para estas últimas dos campañas de colocación de implantes, se coordinó, por primera vez, con las promotoras: «Ellas se involucraron en la captación de las mujeres, en que llegaran allí… Por ejemplo, en Ciénaga del Coro, las fueron a buscar casa por casa para que estuvieran. Bueno, esto fue una articulación muy fuerte y un hermoso encuentro con las compañeras, para lograr que mujeres y jóvenes de esos barrios llegaran a obtener el método anticonceptivo”.

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Imagen: Diana Hernández para Católicas por el Derecho a Decidir.

Las promotoras de salud, como Carina Reynoso y Yamila Nieto, tienen un papel fundamental en el acompañamiento y educación de las mujeres en las zonas rurales. Ambas son productoras campesinas y hacen el famoso dulce de leche de cabra que se vende en el local Monte Adentro en la ciudad de Córdoba.


Carina trabaja en la comunidad de Piedrita Blanca, en el departamento Minas. La promotora destaca el impacto que han tenido los servicios médicos del programa Familia Rural Sana: «Los médicos rurales, en nuestras zonas aledañas, son muy importantes, tanto para adolescentes y jóvenes como para mujeres mayores, porque se pudo lograr llegar a los métodos de anticonceptivos, como así también los PAP. También a los controles y al llenado de fichas médicas para que cada niño cuente con su control. Visitamos periódicamente las viviendas y, entre charlas, vamos hablando sobre lo importante que es estar sanos. Comer bien y hacer actividades físicas. Para mí, es una gran oportunidad para que, como comunidad, vivamos mejor en el campo”. 

Yamila, de El Duraznal, cuenta cómo el MCC comenzó a trabajar en salud comunitaria desde principios de los años 2000. «Comenzamos aprendiendo a tomar la presión, a colocar inyecciones, todas esas cosas que hacía por ahí un grupo de médico y enfermero… Y también se empezó a plantear el tema de la salud integral de la mujer y, después, se pudo llevar a cabo venir con algunos de los equipos médicos y hacer PAP. Allá, en los primeros años, se usaba un botiquín comunitario acá, donde se conseguían anticonceptivos y se podían repartir a las mujeres. También otra cosa para decir es que, ahora, se han logrado un montón de cosas, las mujeres de acá, de la zona rural. Las promotoras podemos sacar un turno y, de ahí, dirigirse hacia el hospital Aurelio Crespo y poder hacer el circuito de la mujer, todo en un solo día, así que fueron logros y cosas que se fueron avanzando”, concluye Nieto.

*Por Soledad Sgarella para La tinta / Imágenes: Diana Hernández para Católicas por el Derecho a Decidir.

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Palabras claves: Católicas por el Derecho a Decidir, Feminismo popular, Movimiento Campesino de Córdoba, mujeres campesinas, Salud Comunitaria, salud sexual y reproductiva

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