El presente feminista de las mujeres mapuche
Géneros, Resistencia Mapuche

El presente feminista de las mujeres mapuche

Desde sus propios contextos, cosmovisión y sentir, las mujeres mapuche han comenzado a organizarse y discutir acerca de sus derechos y reivindicaciones, inmersas en un contexto de intensa violencia de diversos tipos.

Por Vanesa Vargas Rojas para El Desconcierto

Sumergirse en las visiones de las mujeres mapuche desde una perspectiva feminista no es un asunto sencillo. Por años, la hegemonía de un feminismo occidental ha sido mirado con recelo desde el interior de las comunidades indígenas, que lo consideran poco representativo de sus realidades y cosmovisión.

En distintos momentos, mujeres mapuches han levantado la voz para evidenciar que el discurso del denominado feminismo blanco -que se extiende sobre mujeres profesionales, con posiciones de poder o vinculadas a movimientos políticos tradicionales- sobre derechos de género libera a algunas y enmudece, a la vez, las múltiples violencias que experimentan otras mujeres, adolescentes y niñas indígenas cotidianamente. Muchas de ellas, expuestas a una triple discriminación: de género, clase y etnia.

En medio de un complejo camino por defender y reivindicar su derecho a existir como pueblo, las mujeres mapuche también han sentido la urgencia de hablar acerca de sus propias dolencias, luchas y cuerpos. Se ha despertado en ellas la necesidad profunda de rescatar las luchas disputadas por sus referentes y sobre todo, de denunciar los golpes del capital, que desde unos años viene remeciendo con especial violencia a aquellas que defienden la tierra. 

Así, desde su propia singularidad, contextos y problemáticas, las mujeres indígenas han comenzado a construir su propio camino.

¿Feministas o no? Una lucha híbrida y anticolonial

“Es un tema tan tabú el feminismo dentro de los pueblos originarios”, reflexiona Daniela Catrileo, poeta mapuche y miembro del colectivo mapuche feminista Rangiñtulewfü, que significa “entre lagos” o “entre aguas”. Su opinión es compartida por el resto de las entrevistadas y también hay algunas que se muestran escépticas ante su existencia, muestra de que hoy es un debate abierto.

Millaray Painemal, vicepresidenta de Anamuri y coautora del libro “Mujeres y pueblos originarios. Luchas y resistencias hacia la descolonización” (Pehuén, 2016), señala que no puede reconocer la existencia de un feminismo mapuche como tal.

“Hay algunas mujeres que sí lo asumen, pero no así las organizaciones de las comunidades. Siento que este concepto es occidental y  tiende a la colonización. Personalmente trabajo por los derechos de las mujeres mapuche en el contexto de una lucha más amplia como pueblo, que en la actualidad se encuentra oprimido por un estado capitalista que no reconoce las diferencias culturales y los derechos políticos”, argumenta.

Para Catrileo, en tanto, es visible la existencia de un feminismo entre mujeres mapuche, que surge para recoger la herencia de la memoria y reflexionar sobre sus propias historias . “Desde nuestra experiencia como colectivo, esto es representado por lo champurria, por esta hibridez que nos cruza, una mezcla identitaria”, apunta la poeta.

Actualmente, la identidad de un feminismo antirracista y anticolonial se encuentra en construcción y se enfrenta a un sistema marcado por la dominación de lo que apuntan como el heterowingkapatriarcado, “un monstruo con distintas cabezas”, ejemplifica la antrópologa social Doris Quiñimil, quien milita junto a Catrileo en el colectivo mapuche feminista.

Por ello, sentencia, lo más importante “es ser respetuosas con lo que necesitamos en los distintos territorios”.

El desafío de volverse visibles

Las mujeres mapuche reconocen que han sido opacadas por la historia oficial dominante, pero del mismo modo deben luchar por hacerse escuchar al interior de sus organizaciones, buscando disputar la participación social y política y visibilizando la violencia que les oprime.

El 2016 fue nefasto para las mujeres defensoras de la tierra: las dudas que deja el asesinato de Macarena Valdés, la angustiosa huelga de hambre liderada por la machi Francisca Linconao y el parto engrillada de Lorenza Cayuhan se transformaron en símbolos que agudizaron el deseo de las mujeres por organizarse en torno a estas problemáticas.

El caso de Nicolasa Quintreman, la emblemática activista mapuche cuyo cuerpo fue encontrado flotando en las aguas del embalse artificial de la empresa Ralco, se ha posicionado como un ejemplo cómo se invisibilizan sus luchas. Así lo sostiene Paola Melita, fundadora de la agrupación Lesbofeministas, Antirracistas, Tierra y Territorio.

“Ahí hay una impunidad tremenda, que no se había abordado como corresponde a una mujer líder de su territorio. Y nos dimos cuenta que si hubiera sido hombre, habría sido radicalmente distinto”, opina.

Desde Temuco, donde trabaja hace años junto a la lesbofeminista Victoria Aldunate, Melita apunta que varias lamngen (hermanas) han pasado largos meses en la cárcel sin que nadie proteste por ellas ni conozca sus nombres. Para conocer más sobre estas y otras realidades, ambas mujeres iniciaron un trabajo recopilatorio sobre ataques a defensoras de la tierra y mantienen un activo trabajo de organización en la zona.

Machismo y la violencia intrafamiliar en el mundo mapuche

Para las mujeres mapuche y feministas, no es preciso apuntar al pueblo mapuche como machista, sin previo contexto y diagnóstico de su situación estructural. Contrario a los prejuicios, sostienen, en la cultura del pueblo indígena, el rol de la mujer es respetado -lo que se ejemplifica en la figura de las machis- y destacan la importancia de uno de los principios de su cosmovisión, vinculada a la complementariedad entre hombres y mujeres.

Durante años se ha debatido si el pueblo mapuche fue corrompido por lógicas patriarcales tras el proceso de invasión y colonización pero, más allá de esas reflexiones, sus mujeres también están cruzadas por una violencia transversal a las blancas, champurrias, mestizas y a la disidencia sexual. Es violencia machista, que se expresa a través de abusos de distinto tipo, como las violaciones silenciadas y los golpes, pero que en este caso emerge en un especial contexto.

“Sabemos que estas prácticas están influidas por rotura del tejido social, de las migraciones forzadas, de la esclavización de nuestros cuerpos como nanas y obreros empobrecidos. Este empobrecimiento ha derribado el espíritu comunitario de la complementariedad”, afirma Doris Quiñimil.

La revisión de esta realidad exige de la capacidad del pueblo mapuche de mirarse al espejo, agrega, recordando que existe polémica por la aplicación del Convenio 169 de la OIT en casos de violencia intrafamiliar en el sur. De hecho, una declaración del Sernam en el Diario Austral de Temuco evidenció que, entre el 2011 y 2012, diecisiete hombres mapuche fueron exculpados de las penas por maltrato a las mujeres que eran sus parejas.

Para ello, se invocó la costumbre ancestral que se encuentra presente en el Convenio, lo que significó que los agresores pidieran disculpas públicas y quedaran libres de toda pena.

Al respecto, Quiñimil señaló que “obviamente las mujeres y el pueblo tenemos que estar en contra del mal uso de un instrumento internacional tan importante,que no debiese sobrepasar la convención Belém do Pará“, que sella el compromiso del Estado chileno por prevenir, sancionar y erradicar la violencia de género.

Pese a lo complejo del escenario, algunas advierten un cambio: “Hay círculos de mujeres que se reúnen en Wallmapu y conversan y determinan sanciones internas o conversaciones en torno a la violencia”, sentencia la poeta Daniela Catrileo. Por ahora, los abusos que antes eran naturalizados han comenzado a salir a la luz.

El aborto, una vieja práctica (para todas)

Que las mujeres siempre hemos abortado y lo seguiremos haciendo. Estas son ideas que también resultan familiares para las mujeres mapuche, que al igual que muchas han abortado con la complicidad de otras mujeres apoyándolas en el proceso.

Catrileo resume que “el aborto no es un tema prohibido para el pueblo mapuche. De hecho hay diversas formas de llamar el aborto a través de nuestra lengua. No hay concepción sacra de los cuerpos, eso proviene de una matriz teológica colonial”.

Desde la Red de Mujeres Mapuche, su dirigenta Diva Millapán señala que antes las mujeres indígenas tenían un control de fertilidad preciso y sabían exactamente qué medicinas tomar para no prevenir el embarazo o interrumpirlo. Aunque estas prácticas aún se mantienen en algunas comunidades, en la ciudad, lejos de las machi, las mapuche deben acudir a otros métodos.

“A mí no me hace sentido tanta discusión por algo que siempre ha estado, antes de las llegadas de los hospitales y la medicina tradicional occidental. La religión llegó a imponernos muchas trabas. Tenemos que reencontrarnos con nuestro conocimiento ancestral”, declara.

En confrontación con la culpa, que implica una conquista de la moralidad cristiana con el cuerpo de las mujeres de manera transversal, las mujeres mapuche -identificadas o no como feministas- buscan recuperar el uso del lawen (hierba medicinal) en estas prácticas -de manera responsable y respetando la ritualidad y sabiduría ancestral- como una expresión de resistencia al dominio winka, hetero y patriarcal. Su propia expresión.

*Por Vanesa Vargas Rojas para El Desconcierto. Foto: Agencia Uno.

Redacción La Tinta

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Redacción La Tinta
14 Marzo, 2017

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