12 años de guerra en Siria… ¿Y ahora qué?

12 años de guerra en Siria… ¿Y ahora qué?
2 mayo, 2023 por Tercer Mundo

El país se enfrenta a un largo proceso de reconstrucción con el 90% de su población viviendo bajo el umbral de la pobreza, en medio de tensiones y reacomodamientos regionales.

Por Jayro Sánchez para La tinta

La chispa que prendió en Siria aquella “revolución”, reconvertida en contienda civil, se produjo el 6 de marzo de 2011, cuando varios miembros de los servicios de inteligencia sirios detuvieron y torturaron a una quincena de jóvenes en la urbe sureña de Deera por pintar en una pared la popular consigna revolucionaria egipcia “El pueblo quiere la caída del régimen”.

“Algunos dignatarios y líderes tribales de la ciudad muy respetados fueron a visitar al director de la rama de la Inteligencia Política, el general Atef Nayib” para conseguir su liberación, cuenta el activista local Omar al Hariri en una entrevista realizada por periodistas de la agencia EFE. Pero este rechazó sus propuestas con malos modos y los enfureció, por lo que convocaron una protesta multitudinaria en la que se pedían las destituciones del oficial militar y del gobernador de la zona, Faisal Kalzum.

Las autoridades reprimieron la manifestación haciendo uso de la fuerza. Cuatro civiles fueron asesinados a tiros, y este hecho causó una ola de indignación nacional que se extendió hasta lugares como Homs, Banias, Hesekê, Deir Ezzor, Harasta, Yable o Lataquia. Ya no se exigían dimisiones concretas, sino la imposición de reformas democráticas de profundidad.

De la revolución a la guerra

“El estallido de la crisis se debió al malestar de una parte de la población, que fue aprovechado con rapidez por agentes occidentales y regionales para impulsar las revueltas y, más tarde, el conflicto civil, sin preocuparse por los costes que eso tendría”, explica a La tinta el corresponsal internacional español Eugenio García Gascón, que vive en Oriente Medio desde 1991 y ha cubierto muchos de los conflictos que asolan la región.

El régimen respondió a la rebelión con más acciones violentas. El arabista Ignacio Álvarez-Ossorio cuenta en su libro Revolución, sectarismo y yihad (2016) que el líder sirio, Bashar Al Assad “ya conocía la suerte que habían corrido los presidentes de Túnez y Egipto” gracias a la Primavera Árabe, “por lo que era consciente de que los manifestantes no se conformarían con meras reformas superficiales”. Esto llevó a la militarización de la represión.

Y, a medida que esta se intensificaba, se multiplicaron los casos en los que los soldados sirios se negaban a obedecer a sus superiores. Parte de ellos fueron ejecutados de forma sumaria, pero otros muchos se unieron a la oposición.


“En un primer momento, su principal objetivo era defender a los manifestantes y evitar la entrada de las tropas del régimen en las ciudades o barrios rebeldes. Esta posición defensiva apenas duró unos meses, ya que, a partir del verano, golpearon de manera ofensiva a las fuerzas leales al régimen, a las que infligieron severas pérdidas en Yisr al-Shugur, Rastan o Zabadani”, afirma el investigador antes mencionado.


Una oposición fragmentada

“El movimiento opositor a Bashar Al Assad está conformado por grupos muy diversos que van desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, por lo que es muy difícil definirlo en su conjunto”, dice a este medio Omar al-Muqdad, un periodista nacido en Siria que decidió abandonar el país y mudarse a Estados Unidos, en 2012, ante el auge de los enfrentamientos.

También existen organizaciones religiosas moderadas y radicales, así como agrupaciones tribales y étnicas como las que controlan la zona siria de Kurdistán. “Siria se enfrenta a un problema identitario que cada día es más frecuente en todo el mundo. Los movimientos de carácter nacionalista y religioso reaccionan de una manera cada vez más autoritaria y violenta contra la globalización”, razona García Gascón.

El presidente Al Assad decidió utilizar las diferencias que separan a las distintas comunidades del pueblo sirio para mantenerse en el poder. Con este objetivo en mente, incitó sentimientos de hostilidad en los miembros de las minorías chií, alauita, drusa, aleví y cristiana contra los individuos pertenecientes a la confesión musulmana suní.

Los periodistas españoles Javier Espinosa y Mónica García atestiguan en su obra Siria: el país de las almas rotas (2016) que estas tensiones se habían visto trasladadas al millón y medio de desplazados sirios que, hasta febrero de 2022 y según un estudio de la red internacional Protección contra la Explotación y los Abusos Sexuales (PSEA), habían huido al vecino Líbano.

Consideraciones geopolíticas

“El conflicto ha pasado por distintas fases, y decenas de actores locales e internacionales han participado en él, de un modo u otro. Sin embargo, la supervivencia de Al Assad no se habría producido sin sus apoyos internacionales: Irán y Rusia. Esta última entró en la guerra en 2015 a petición de Damasco, y cambió su rumbo al aportar su aviación militar en favor de las fuerzas gubernamentales”, recalca a La tinta el periodista independiente Joan Cabasés Vega, que reside en Beirut.

Por su parte, García Gascón afirma que “la oposición cuenta con el respaldo de Occidente, lo cual se ha demostrado en múltiples ocasiones a lo largo de esta década”.

Poco a poco, la contienda también ha ido adquiriendo tintes geopolíticos a escala regional, con la implicación de países como Israel, Arabia Saudí, Turquía o Irán, y con la actuación en apoyo del gobierno sirio por parte de milicianos chiíes del partido político libanés Hezbollah.

La radicalización religiosa

Tras la militarización de las protestas y la intervención de diversos actores exteriores a lo largo del periodo de tiempo comprendido entre 2012 y 2014, la revuelta sufrió un fuerte proceso de islamización, por el que se dejó de lado el proyecto democrático y secular ideado, en un primer momento, por los grupos opositores.

Algunas organizaciones religiosas radicales comenzaron a cobrar preponderancia sobre el resto de las agrupaciones rebeldes gracias a la financiación proveniente de determinados patrocinadores residentes en el Golfo Pérsico, por lo que muchos de los combatientes de las milicias seculares se unieron a formaciones como la salafista AhrarAl Sham, el Ejército del Islam o el Frente Al Nusra, la rama siria de Al Qaeda.


“En 2014, los conflictos armados en Siria e Irak se intensificaron e incluyeron el éxito yihadista y, especialmente, el ascenso del Estado Islámico (ISIS)”, resume el investigador sueco Aron Lund, en un artículo sobre las guerras civiles siria e iraquí publicado en el Instituto Internacional de Estudios para la Paz en Estocolmo (SIPRI, en sus siglas en inglés).


Gracias al caos provocado por el conflicto, ISIS consiguió hacerse fuerte en el noreste de Siria y el norte de Irak, estableciendo la capital de su nuevo “califato” en la ciudad de Al Raqqa. El resto de las facciones nacionales e internacionales participantes en la contienda se unieron para acabar con la emergente amenaza yihadista, y el fin de las operaciones militares contra ella no se declaró hasta el 6 de diciembre de 2022.

Derrotados, pero no vencidos

Una de las razones por las que este grupo es tan peligroso es por sus eficientes servicios internacionales de reclutamiento y propaganda. “Muchos de los elementos radicales que combatieron bajo la bandera del Estado Islámico en Siria venían de otras partes del mundo. La comunidad internacional quería deshacerse de ellos, y los envió a morir allí”, comenta Al-Muqdad.

El combate sostenido para expulsar a los fundamentalistas del país ha sido duro y largo. A pesar de ello, según Cabasés, no parece haber acabado. “No me atrevería a decir que están vencidos. Las fuerzas kurdas, en cooperación con los actores extranjeros, batallaron contra ellos en su momento de más fortaleza, pero otros militantes provenientes de varios territorios siguen uniéndose a ISIS hoy en día a cambio de retribuciones económicas”, confirma.

“De hecho, en el noroeste de Siria, que es conocido como el último bastión de los rebeldes, tienen presencia varios grupos radicales que están patrocinados por Turquía”, asegura.

¿Una guerra sin fin?

La posición de las distintas facciones enfrentadas en Siria ha cambiado. En 2015, las fuerzas leales a Al Assad solo conseguían mantener su hegemonía en Damasco y una estrecha franja de territorio que se extendía desde Suwayda en el sur hasta Lataquia, en el norte, a lo largo de la frontera con el Líbano y las costas orientales del Mediterráneo.

Por otro lado, los rebeldes tenían el control de Deera, cerca de Jordania, y de Idlib y Alepo, en el noroeste del país. Además, ISIS se había atrincherado en una amplia zona situada entre el norte y el este de la nación, consolidando su situación en Raqqa y Deir Ezzor mientras combatía a las milicias kurdas encajonadas entre las fronteras con Turquía e Irak.

Pero la intervención rusa en favor del presidente sirio, a finales de ese año, provocó un giro inesperado en el desarrollo de los acontecimientos. Las tropas gubernamentales fueron recuperando, poco a poco, el terreno perdido hasta ocupar de nuevo, en la actualidad, el oeste, el centro y casi todo el sur y el norte de Siria.

No obstante, “la injerencia militar de Turquía en su parte noroccidental, y la de Estados Unidos en la zona gobernada por los kurdos al nordeste, han convertido el país en un mosaico que se perpetúa e impide la resolución del conflicto”, dice García Gascón.

Estado Islamico derrota Deir Ezzor la-tinta

El “enroque” del presidente

Todo parece indicar que Bashar Al Assad permanecerá en el poder a corto plazo. “Aunque no es oficial, las autoridades turcas y sirias han mostrado predisposición pública a llegar a algún tipo de acuerdo con el que desencadenar la situación, lo que otorgaría al gobierno damasceno la victoria absoluta y el control -al menos, sobre el papel- de la totalidad del territorio estatal”, explica Cabasés.

El líder sirio llegó al poder en el año 2000, tras la muerte de su padre Hafez y de la mano de la formación política a la que este pertenecía: el Partido Baaz Árabe Socialista. Hafez Al Assad fue un alto cargo militar del país durante la década de 1960, y aprovechó su posición para dar un golpe de Estado mediante el que se hizo con la dirección de la nación, en 1970.


Bashar parecía diferente. Había sido educado en el extranjero y era oftalmólogo. Cuando Hafez falleció y se convocaron nuevas elecciones, la población lo veía como un hombre de ideas reformistas y modernizadoras que llevaría la prosperidad económica a Siria. Nunca podría haber imaginado que había heredado los planteamientos ideológicos y las cualidades políticas que habían sostenido a su padre en la cúpula dirigente siria durante décadas.


Las experiencias de la rebelión y la guerra civil le han desenmascarado como a un hábil, aunque maquiavélico, hombre de Estado que sabe manejar los distintos resortes de la compleja maquinaria política interna nacional.

¿Amigos para siempre?

Aun así, “la resiliencia del régimen ha tenido un coste muy elevado”, dice el académico y activista socialista de origen suizo-sirio Joseph Daher, en su libro Syrie, le martyred’unerévolution (2022).

Al Assad ha sobrevivido gracias al apoyo de sus aliados extranjeros, y es probable que, en el futuro, le exijan algo a cambio. Además, debe afrontar la reconstrucción del país a través del uso de sus malogradas instituciones económicas y financieras.

“Incluso las regiones consideradas leales son cada vez más críticas con Damasco”, declara Daher, antes de afirmar que “los problemas que condujeron al levantamiento siguen presentes” y que “las manifestaciones criticando la catastrófica situación socioeconómica del país se han multiplicado desde 2019”.

Las ruinas de la guerra

El informe Estrategia Humanitaria 2022-2023: Crisis Siria, de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, estima que “agotados por años de conflicto y pobreza, los sirios están en peor situación que en cualquier otro momento desde que comenzó el conflicto en 2011”.

“El 90% de la población vive ahora por debajo del umbral de la pobreza, frente al 80% hace un año, con dos millones de personas que viven en la pobreza extrema. Además, la población civil se sigue enfrentando a una crisis prolongada de protección debido a los mecanismos de control territorial y las disputas por las partes en conflicto”, ratifican los expertos que lo redactaron.

Según los datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en 2021, 2,4 millones de menores de edad sirios no estaban integrados en el sistema educativo obligatorio. Otros 1,6 millones se encontraban en situación de riesgo de abandono escolar, y un 46% de las escuelas del país no se encontraban operativas para su utilización.

El periodista belga Pierre Piccinin da Prata está de acuerdo con esta visión. “La guerra ha empobrecido enormemente a los sirios, y también ha destruido muchas infraestructuras. La mayoría de los colegios y hospitales están en ruinas. La situación es muy mala”, describe a La tinta.

Además, gran parte de la población civil sufre una creciente sensación de inseguridad por la falta de alimentos y de agua potable, así como por los ocasionales combates a pequeña escala,que todavía tienen lugar en las zonas alejadas de los grandes centros urbanos controlados por el gobierno.

Huidos

Por otra parte, la organización humanitaria Amnistía Internacional (AI) publicó un memorando, en 2021, en el que se hablaba sobre la preocupante situación de los y las sirias que se habían refugiado en otros países durante aquellos años de conflicto. “Desde 2011, 6,6 millones de personas han huido de la violencia y la represión en Siria, y han buscado refugio en el extranjero”, aseveran sus autores.


“La inmensa mayoría viven en países vecinos, donde están sometidas a terribles condiciones y discriminación, además de carecer de una situación migratoria regular; otras han huido a Europa. Estas duras condiciones de vida, unidas a la disminución de las hostilidades militares en la mayor parte de Siria, hacen que las personas refugiadas sientan la presión de regresar, con el trasfondo del discurso promovido por el gobierno sirio y sus aliados, que defiende que ya es hora de que las personas refugiadas retornen”, remarcan en el memorando.


Los países donde han acogido a mayor número de refugiados son Líbano, Jordania y Turquía. Sus sistemas económicos y servicios sociales no han podido sostener la desproporcionada carga financiera que representan los desplazados, y ello ha llevado a que los y las ciudadanas originarias de los territorios las discriminen, y a que exijan su expulsión de las zonas en las que permanecen.

Represión

Su regreso no es fácil, y no solo por las penosas condiciones en las que se está desarrollando el proyecto de reconstrucción de la nación árabe, sino porque los leales a Damasco creen que quienes huyeron y no se unieron a las fuerzas gubernamentales son unos cobardes y unos traidores.

El general Jamil Hassan, jefe del Departamento de Inteligencia de la Fuerza Aérea, avisó en una entrevista en el verano de 2018 de que más de tres millones de sirios y sirias eran buscados por el Estado y de que sus antecedentes penales estaban listos. “Una Siria con 10 millones de personas dignas de confianza que obedecen a los gobernantes es mejor que una Siria con 30 millones de vándalos”, añadió.

Alaa, entrevistada por voluntarios de Amnistía Internacional, cuenta que agentes de los servicios de inteligencia las arrestaron a ella y a su hija de 25 años en un paso fronterizo cuando regresaban del Líbano. Las retuvieron durante cinco días, acusándolas de “hablar en contra de Assad en el extranjero”.

Los funcionarios las interrogaron en la misma sala, y ella presenció cómo cometían todo tipo de agresiones contra su hija. “Le quitaron la ropa. La esposaron y la colgaron en la pared. La golpearon. Uno de ellos le metió el pene en la boca. Cuando se quedó inconsciente, le tiraron agua para despertarla de nuevo. Intenté besarles las piernas para que pararan, pero me preguntaron: ‘¿Por qué te fuiste de Siria?’. Me dijeron que era una puta y me acusaron de ser una espía de ISIS”.

Samer denunció ante esta organización humanitaria que también fue detenido al intentar volver a su hogar. Un agente de seguridad le golpeó en los testículos durante uno de los interrogatorios, y le dijo: “Te doy aquí para que no puedas tener hijos que dañen al país, como has hecho tú”.

¿Volverán?

Con esas perspectivas sobre su retorno, muchos de los que huyeron han decidido quedarse donde están. Pero, en el exterior, su vida tampoco es llevadera. Amal, asistida en el Líbano por la ONG Plan International, tiene 11 años. Nació en Siria, pero no recuerda nada sobre ella. Más de la mitad de su vida ha transcurrido en una tienda de campaña en el campo de refugiados de Akkar, y nunca ha ido a la escuela.

“Me quedo en casa todo el día sin hacer nada, jugando con mis cinco hermanas”, asevera con tono de resignación. Su padre murió y, debido a la difícil situación económica por la que pasa la familia, su madre quiere que acepte unirse en matrimonio a un hombre que las pueda mantener. Ella piensa que es demasiado joven. “Yo no quiero casarme. Me gustaría ir al colegio para aprender a enseñar a otros estudiantes. Ser profesora me haría muy feliz”, declara.

Este testimonio parece ofrecer una pequeña muestra de esperanza respecto al futuro del pueblo sirio. Quizá tarde muchos años en volver por completo a su tierra, y puede que pasen aún más hasta que consiga reparar todos los daños materiales y morales causados por la contienda que la ha arrasado, pero es evidente que las jóvenes con sueños, como Amal, son la base de la reconstrucción.

*Por Jayro Sánchez para La tinta / Foto de portada: A/D

Palabras claves: guerra, Medio Oriente, siria

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«Es cuestión de tiempo hasta que haya empresas involucradas legalmente por su colaboración con Israel»

«Es cuestión de tiempo hasta que haya empresas involucradas legalmente por su colaboración con Israel»
12 febrero, 2025 por Redacción La tinta

Lydia de Leeuw, investigadora del Centro de Investigación sobre Corporaciones Multinacionales, se ha centrado en los últimos meses en la responsabilidad de las empresas en el genocidio contra el pueblo palestino. En esta entrevista, habla de las características de ese trabajo de documentación.

Por El Salto Diario para La tinta

El 17 de diciembre, Frank Barat mantenía esta conversación con Lydia de Leeuw, quien lidera el litigio estratégico de SOMO, el Centro de Investigación sobre Corporaciones Multinacionales, por el que el objetivo es conectar la investigación con el trabajo de cientos de organizaciones de la sociedad civil y juristas. En esta entrevista, De Leeuw presenta las principales conclusiones del informe “Alimentando la injusticia. Explorando las consecuencias legales para los Estados y empresas que participan en el suministro de energía a Israel”. En el informe, se examina cómo el comercio exterior y la inversión en el sector energético de Israel pueden contribuir a las graves violaciones del derecho internacional perpetradas por Israel en el territorio palestino ocupado, incluida Gaza. Considera las obligaciones de los Estados y las responsabilidades de las empresas involucradas en el suministro de energía a Israel.

Esta entrevista forma parte de una serie de diálogos que Frank Barat lleva manteniendo desde octubre de 2023 y que pueden encontrarse en su canal de YouTube subtituladas al castellano por el colectivo Viva Palestina Libre – Subtítulos contra la ocupación, que se encarga, además, de su edición en formato texto para este medio.

Frank Barat: Hola, Lydia. Me alegro de verte. Quería hablar contigo hoy porque SOMO, el Centro de Investigación sobre Corporaciones Multinacionales, la organización para la que trabajas, ha publicado un nuevo informe titulado «Powering Injustice«, que analiza las consecuencias legales para los Estados y las empresas involucradas en el suministro de energía a Israel. Diriges el litigio estratégico de SOMO y, por lo tanto, eres una de las principales personas detrás de este informe. Mi primera pregunta es: este informe se enmarca en torno a dos resoluciones hechas por la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en 2024. ¿Puedes decirme cuáles son exactamente y por qué fueron relevantes para empezar a trabajar en el informe?

Lydia de Leeuw: Sí. Gracias, Frank. De hecho, son dos resoluciones tomadas por la Corte Internacional de Justicia apenas este año. La primera fue en enero de este año, donde la Corte determinó en sus medidas provisionales que era plausible que Israel estuviese cometiendo genocidio en Gaza. Y la relevancia de eso para todo el mundo, para las empresas, para los Estados, para todo el mundo que tenga una conexión, que tenga cualquier forma de influencia, es que ponen sobre aviso que se está desarrollando un genocidio potencial. Eso significa que los terceros Estados tienen una obligación —no es algo que puedan elegir, hacer o dejar de hacer—, es una obligación activa de tomar todas las medidas razonablemente disponibles para prevenir el genocidio en Gaza. De hecho, puede que ya tuvieran el conocimiento o la información necesarios antes de la decisión sobre las medidas preventivas de la CIJ, pero, sin duda, deben tener ese conocimiento e información desde entonces. Y para nosotras, también fue una información relevante ver que ahora tenemos que mirar, todo el mundo tiene que mirar, más allá de los suministros de armamento que van a Israel, más allá de los bienes estrictamente militares. Tenemos que mirar de manera más coherente y holística qué tipos de cadenas de suministro permiten a Israel continuar con este genocidio.

La segunda resolución que creemos que es realmente relevante para el suministro de energía a Israel es la que se hizo en julio de este año, el 19 de julio. Esa fue una opinión consultiva, pero es una opinión muy autorizada del más alto tribunal del sistema de la ONU. Encontró que toda la ocupación, toda la presencia militar de Israel en la Franja de Gaza y Cisjordania, incluyendo Jerusalén Este, es ilegal y debe terminar. Y lo mismo ocurre con la presencia de colonos, es ilegal y hay que acabar con ella. Con respecto a los asentamientos, eso ya se estableció o determinó en la opinión consultiva de 2004 de la Corte Internacional de Justicia, pero lo que la Corte también hizo esta vez fue detallar, muy explícitamente, todas y cada una de las obligaciones que tienen los terceros Estados de garantizar que sus Estados o las entidades dentro de su Estado, como las empresas, como no ofrecer ayuda para mantener esa situación ilegal creada por Israel. Así que, como acabas de decir, es importante para nosotras mirar holísticamente lo que está sucediendo y lo que está permitiendo a Israel, con total impunidad, cometer un genocidio en Gaza.

Frank Barat: Entonces, ¿cómo la energía, o el combustible para producir energía, juega un papel importante en la acción de Israel y en los crímenes de guerra y contra la humanidad en Gaza?

Lydia de Leeuw: Bueno, creo que un hecho clave a tener en cuenta es que Israel es extremadamente dependiente de la importación tanto de petróleo como de combustible. El 98,6% del petróleo de Israel se importa realmente del extranjero. Por tanto, esto nos dice algo acerca de la dependencia que el país tiene de las importaciones para permitir el abastecimiento de combustible de sus aviones, de sus tanques y otros vehículos del ejército que se utilizan en crímenes de guerra y en el genocidio contra el pueblo palestino. Así que uno de los ángulos que hemos analizado es de dónde proviene el petróleo y de dónde provienen los diferentes tipos de combustible, incluyendo el diésel y la gasolina. Y cuáles son las diferentes cadenas de suministro que podemos descubrir, que permiten establecer el vínculo con el ejército.

Luego, el segundo ángulo que examinamos en términos de suministro de energía son los diferentes recursos energéticos que contribuyen a la generación de electricidad en Israel. Y la razón por la que esto es importante es porque la red eléctrica a la que están conectados los asentamientos es la misma que la red eléctrica israelí dentro de las fronteras de 1948. Así que no hay distinción. Si estás exportando carbón a Israel que se utiliza para generar electricidad en una central eléctrica de carbón, ese carbón se va a utilizar para generar electricidad para toda la red. Así que, inevitablemente, va a alimentar una red contaminada por la ilegalidad.

Frank Barat: Y, durante la elaboración del informe, ¿qué países dirías que son los mayores proveedores de Israel, ya sea en armas o en energía?

Lydia de Leeuw: No hemos analizado las armas. Hemos mirado… quiero decir, lo más cercano a las armas sería el combustible para aviones militares porque eso sólo tiene un tipo de uso. Sólo puede ser utilizado por el ejército. La única cadena de suministro que encontramos es la que viene de los EE. UU. Se trata de contratos del Departamento de Defensa de EE. UU., por los cuales las empresas estadounidenses como Valero y Saltchuk Resources están exportando, o transportando, combustible militar a Israel, al ejército israelí. Otras cadenas de suministro desde el extranjero que hemos analizado son, obviamente, las de petróleo, debido a la gran dependencia. Y los principales proveedores de los principales exportadores de petróleo crudo son Azerbaijan, Kazajstán y Gabón. Pero también hay cantidades relativamente menores procedentes de Brasil, Nigeria y la República Democrática del Congo. No sólo nos hemos fijado en cuáles son los países exportadores, sino también cuál es el trayecto. Y ahí vimos que Turquía es un país de tránsito muy importante para el petróleo, por cuyos puertos se exporta el petróleo de Azerbaiyán, y el petróleo kazajo suele pasar por Rusia.

También es importante mencionar el papel de los Estados intermediarios, por así decirlo. Hemos visto diferentes tipos de combustible; diésel, gasolina, etc., que pueden ser utilizados en vehículos militares. Los mayores proveedores son Rusia y EE. UU., y, luego, cantidades mucho más pequeñas vienen también de Brasil, Grecia y Albania. Creo que es importante volver a mencionar el carbón. Esto está ligado a los asentamientos, no tanto al genocidio, y, en este caso, los proveedores son Rusia y Sudáfrica. Es bastante importante. Mucha gente se sorprende cuando escuchan Sudáfrica, debido a los increíbles esfuerzos que están haciendo para tratar de que Israel rinda cuentas por el genocidio. Pero sí, estamos viendo esto en un sentido más amplio. Tenemos que considerar la ocupación ilegal y la campaña genocida de forma holística. Luego, cuando se trata de otras cadenas de suministro de energía que están contribuyendo a la generación de electricidad, las energías renovables con inversiones extranjeras y el gas natural con inversiones extranjeras, también hemos analizado el papel de las empresas extranjeras.

Frank Barat: Entonces, ¿cuáles dirías que son las obligaciones de los Estados, pero también de las empresas, a la hora de suministrar energía a Israel?


Lydia de Leeuw: La obligación de los Estados es una obligación muy seria, especialmente, cuando se trata de la prevención del genocidio, porque el requisito que deben cumplir los Estados es que tomen todas las medidas razonablemente a su alcance para prevenir el genocidio.


Defendemos que, si desde su territorio se exporta petróleo o se exportan combustibles que podrían acabar en manos del ejército, o si empresas bajo su jurisdicción participan en esa cadena de suministro, deben tomar todas las medidas razonablemente disponibles para garantizar que sus cadenas de suministro no están, de hecho, alimentando crímenes de guerra y actos de genocidio. Y si no pueden afirmarlo al 100%, entonces, eso no es hacer tal contribución. Deben tomar medidas para detener esa cadena de suministro. Eso en relación a la prevención del genocidio. Pero, con respecto a la ocupación, de nuevo, de forma holística, la Corte Internacional de Justicia fue muy clara en su opinión consultiva del 19 de julio. Dijo que “los Estados deben abstenerse de hacer tratos económicos o comerciales con Israel, que puedan afianzar su presencia ilegal en el territorio”. Podríamos argumentar que, si van a garantizar el suministro de electricidad a los asentamientos, eso afianzaría la presencia ilegal. Hay otro requisito u obligación establecido por la Corte Internacional de Justicia que dice que “los Estados deben tomar medidas para evitar las relaciones comerciales o de inversión que ayuden al mantenimiento de la situación ilegal creada por Israel en los territorios ocupados”. Entonces, eso significa que los Estados están obligados por el derecho internacional a tomar medidas contra sus empresas para impedir esas relaciones comerciales, esas relaciones económicas, que contribuyen a la presencia ilegal de colonos y militares. Porque debo decir que, en relación con la ocupación ilegal, se trata tanto de los asentamientos como del ejército. Además, el ejército se abastece de combustible por todo Israel y los territorios ocupados. De manera que las estaciones de servicio en las que los jeeps militares y los camiones cisterna pueden repostar están esparcidas por todas partes. También se encuentran en los asentamientos. Están localizadas por todo Israel dentro de las fronteras de 1948. Es una misma reserva, es una red, es un mismo suministro que se está alimentando o, más bien, que las empresas están alimentando.

Las responsabilidades de las empresas… las empresas no se adhieren a los convenios ni a los derechos humanos ni a los instrumentos del derecho internacional, pero las normas y parámetros que se aplican a las empresas, como los Principios Rectores sobre Empresas y Derechos Humanos, y las directrices de la OCDE para empresas multinacionales, obligan a las empresas a actuar con la debida diligencia y, especialmente, en las zonas afectadas por conflictos, tienen que actuar con la debida diligencia, lo que significa que tienen que identificar los riesgos, prevenir y mitigar los riesgos, y poner remedio cuando hayan causado un impacto. Y si no pueden hacer mitigación, si no pueden prevenir impactos perjudiciales y no pueden detenerlo, entonces, deben desvincularse responsablemente de esa relación comercial.

Entonces, yo diría que antes, del 7 de octubre del año pasado, los Estados tendrían que pensárselo muy bien para no contribuir a ninguna violación en el contexto de la ocupación. Pero con el genocidio en curso y la determinación explícita de que tanto los colonos como la presencia militar es ilegal, se vuelve, creo, muy, muy difícil para las empresas tener cualquier participación allí porque está manchada con la ilegalidad vinculada a la ocupación.

Frank Barat: Entonces, ¿cuáles son vuestras conclusiones? ¿Cuáles son las conclusiones de vuestro informe en relación a los Estados y en relación a las empresas? Y mi segunda pregunta sería, ¿pueden las empresas tomar medidas independientemente de los gobiernos? ¿O tienen el deber de actuar independientemente, incluso, si los gobiernos no toman las medidas adecuadas?

Lydia de Leeuw: Bueno, voy a empezar con los Estados. Los Estados tienen la enorme tarea de, como ya he dicho, examinar de forma holística la implicación que las empresas y los empresarios en su jurisdicción tienen en la ayuda al mantenimiento de la ocupación ilegal, los asentamientos, pero también en la contribución a que Israel pueda seguir cometiendo crímenes de guerra y genocidio. Los Estados son los principales titulares de obligaciones. Y creo que lo que debe ocurrir, a nivel nacional, es que estas obligaciones tienen que empezar a cumplirse. La gente protesta, la gente hace lo que puede para presionar a sus Estados, pero también creo que los tribunales tienen que empezar a tomar decisiones sobre si las cadenas de suministro se pueden mantener o si, de hecho, los Estados deben ser obligados a intervenir y tomar ciertas medidas políticas para detener, por ejemplo, las exportaciones de carbón, para detener la exportación de petróleo, para detener las exportaciones de varios combustibles.

Creo que estamos en el nivel que… las palabras sobre el papel son hermosas y estas opiniones consultivas y las medidas provisionales son hermosas, pero ahora se trata de traducir eso en acción y poner a prueba las políticas nacionales. Las empresas no tienen que esperar a que un tribunal les diga: “No pueden hacer esto”. Tienen su propia responsabilidad y se enfrentan a sus propios riesgos legales. Porque, por ejemplo, una empresa como Valero ha sido un proveedor constante de combustible para aviones militares a Israel. Han estado proporcionando ese combustible que se envía casi cada dos meses, creo, con pleno conocimiento de lo que está ocurriendo en Gaza y en Palestina en general. Así que esto plantea cuestiones relativas a la responsabilidad penal individual de los ejecutivos involucrados. Hemos escrito a la empresa y no han respondido a nuestras preguntas. Pero yo diría que es cuestión de tiempo hasta que ciertas empresas se vean involucradas en cuestiones de responsabilidad legal por su participación.

Frank Barat: Traes a colación mi última pregunta: ¿y si no se toman medidas? ¿A qué tipo de repercusiones podrían enfrentarse los gobiernos extranjeros —aunque quizá deberíamos centrarnos más en las empresas— y desde dónde?

Lydia de Leeuw: Voy a hablar muy teóricamente, porque dependerá de la capacidad y la voluntad de los sistemas jurídicos para actuar. Así que va a depender de la legislación que exista en determinados países y de lo que se pueda probar. Pero cuanto más se pueda probar sobre el conocimiento que estas empresas o sus ejecutivos tenían, y cuanto más se pueda probar sobre la naturaleza y la escala de su contribución a la comisión por parte de Israel de crímenes internacionales, crímenes de guerra, genocidio, crímenes contra la humanidad… Cuanto mayor sea la cantidad de pruebas, mayor será la posibilidad de que, en algún momento, los individuos tengan que rendir cuentas. Y realmente estoy pensando en, por ejemplo, empresas como Valero, que están enviando este combustible para aviones militares a Israel como si estuvieran enviando zapatos o calcetines. En ciertas jurisdicciones, las empresas también pueden ser consideradas responsables por su papel en crímenes internacionales. Así, por ejemplo, en los Países Bajos, tenemos una legislación que permitiría procesar a las empresas por su participación en crímenes internacionales. Ese tipo de legislación no existe en todas partes, por lo que debe estudiarse caso por caso.

Y luego creo que, como decirlo… me gustaría llamarlo “futuro idílico”, yo también esperaría y contribuiría con mi granito de arena para poder ver que los ejecutivos también estén en el foco de la Corte Penal Internacional. No hay nada en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional que impida a la Corte perseguir a los actores corporativos, líderes corporativos individuales. Al igual que lo que sucedió después del Holocausto, donde líderes corporativos individuales fueron procesados y condenados por su papel en el genocidio de la Segunda Guerra Mundial. El Estatuto de Roma lo permite, pero, por desgracia, hasta ahora, el enfoque de la Corte Penal Internacional se ha centrado únicamente en el liderazgo militar y político. Pero creo que crímenes de esta envergadura no pueden producirse sin la complicidad de las empresas. Así que me gustaría que, en algún momento en el futuro, eso también se convierta en realidad.

Frank Barat: En realidad, ahora tengo otra pregunta. Supongo que lo que estás diciendo es que vuestro informe, y supongo que el informe de Amnistía Internacional, también son muy útiles porque si se puede demostrar que lo que la empresa está haciendo, si se puede demostrar que saben que está mal y que saben que podrían enfrentarse a consecuencias, este es uno de los aspectos más importantes, ¿verdad?

Lydia de Leeuw: Sí, exactamente. Como has dicho al principio, es difícil saber y ver que lo que estamos haciendo no está salvando vidas en este momento, ¿verdad? Creo que todo lo que todas estamos haciendo es tratar de asegurar que este genocidio se detenga lo antes posible. Cada día que se consiga que este genocidio se pueda detener antes, se salvan vidas. Pero también, el punto que acabas de mencionar. Para el futuro, para la rendición de cuentas, para el ajuste de cuentas, para la búsqueda de los hechos y la verdad, es crucial que sepamos quién sabía qué y quién hizo qué y quién debería haber hecho qué. Lo que siempre hacemos en SOMO cuando investigamos y antes de publicar información es ponernos en contacto con las empresas mencionadas, con todas las empresas nombradas en el informe, y les escribimos una carta indicando lo que hemos encontrado. Pero también exponiendo nuestro análisis sobre ciertas cuestiones. Por ejemplo, cuando publicamos conclusiones sobre la posible responsabilidad legal, se lo planteamos a la empresa y le damos derecho de réplica. También lo hemos hecho con este informe. Sólo hubo una empresa que respondió con una pequeña elaboración de los hechos. Pero, además de garantizar que la investigación que publicamos es objetivamente correcta y está revisada por las personas que escriben sobre ello, también se trata de más tarde poder decir: «Les informamos en las fechas X e Y de tales y tales implicaciones, que estaban implicados en relación con el genocidio o los crímenes de guerra que Israel está cometiendo”. Así que se trata de reunir documentación, de reunir archivos, si no es para la acción legal ahora, para el futuro. Creo que esa es también una de las razones por la que estamos haciendo esto.

Frank Barat: Gracias, Lydia. Ha sido muy esclarecedor y, obviamente, animo a todo el mundo a leer el informe. Y sí, como dices, creo que todas lo estamos haciendo lo mejor que podemos. Todas nos esforzamos al máximo. Quiero decir, no todas, tal vez, pero muchas de nosotras. Y creo que, a pesar de que la situación sobre el terreno es catastrófica, horrible y paralizante, si miramos con perspectiva, no creo que Israel haya estado nunca en una posición tan mala. Nunca hemos tenido a la CIJ, a la CPI, las principales organizaciones de derechos humanos y de ayuda humanitaria publicando informes sobre el apartheid israelí, el genocidio israelí, las órdenes de arresto, un caso de genocidio en la Corte Internacional de Justicia. Por desgracia, no está trayendo acciones directas concretas para salvar vidas en Gaza, pero en el futuro, esperemos, podría permitir cambiar esto.

Lydia de Leeuw: Sí. Y creo que Francesca Albanese, la relatora especial de la ONU, también advirtió que la situación en Cisjordania está ahora en un continuo, que podría… que corre el riesgo de convertirse en un genocidio también. Esto es relevante para, creo, toda Palestina, el trabajo que se está haciendo ahora, pero también… ¿qué quedará del orden jurídico internacional o del sistema legal internacional cuando esto termine? Porque esto es la destrucción paralela del pueblo palestino en Gaza y del orden jurídico que supuestamente fue diseñado para garantizar que nunca más pudiera ocurrir un genocidio. Así que creo que estamos en un momento sin precedentes, un genocidio en directo, con los tribunales emitiendo conclusiones decisivas, mientras el genocidio sigue ocurriendo. Así que el nivel de aviso y el nivel de posibilidad y las obligaciones de los Estados para actuar e intervenir no creo que haya sido nunca más obvio y fuerte. Así que, sí, tenemos que seguir presionando.

*Por El Salto Diario para La tinta / Imagen de portada: A/D.

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Palabras claves: Franja de Gaza, genocidio, Israel, Palestina

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