El genocidio negado: memorias de la crueldad

El genocidio negado: memorias de la crueldad
25 abril, 2022 por Redacción La tinta

Por Facundo Sinatra Soukoyan y Luciano Colla para Revista Livertá

La historia está repleta de sucesos que, a simple vista, pueden parecer intrascendentes. Ocurren diariamente, semana a semana y en cada rincón del mundo. Acontecimientos que, muchas veces, se presentan banales, pero que tal vez, años o décadas después, son el desencadenante de transformaciones turbulentas que marcan a fuego el destino de los pueblos. Ningún hecho de enorme magnitud se origina de un día para el otro. Existen señales que los anuncian, decisiones que los encausan y acciones que mueven hilos para engranar esos futuros procesos. Así, solo de esta forma, se puede llegar a comprender por qué ocurren y dónde están sus génesis. Al igual que tantos otros, el genocidio armenio está lejos de escapar de esta estructura.

El sábado 24 de abril de 1915, una orden desataba una serie de eventos que terminarían por culminar en una de las masacres más grandes de la historia. Ese día, 250 armenios, entre intelectuales y políticos, serían secuestrados. Mientras el Gobierno de los Jóvenes Turcos hablaba del peligro armenio, se daba comienzo a una deportación masiva de una enorme cantidad de familias que serían arrastradas al exilio obligado, condenadas a atravesar el desierto a solas, libradas a su destino. A la muerte. Todo, bajo la excusa de la seguridad nacional. Sus pertenencias serían robadas y los bienes de la comunidad, arrasados. Una red de 25 campos de concentración sería el destino de quienes no lograrían huir y cientos de fosas comunes, la tumba de otros miles. Un millón y medio de personas asesinadas será la cifra de una brutal cacería que duró de 1915 a 1923.

Pero ¿en qué contexto se pudo originar un genocidio de tal magnitud? ¿Qué ocurrió ese 24 de abril de 1915? ¿Hacia dónde marcharon esas familias a lo largo del desierto sirio? Charlamos con el profesor y licenciado en sociología, Gabriel Sivinian, para intentar comprender algunos de los motivos de esta barbarie. Un infierno a la vista del mundo entero. Un genocidio que, aún hoy, más de un siglo después, sigue siendo negado una y otra vez.

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(Imagen: Revista Livertá. Familias armenias siendo desterradas en vagones de transporte de ganado. Anatolia, 30 de octubre de 1915)

—¿Cuál es el contexto que termina desembocando en el 24 de abril de 1915 en el Imperio Otomano?

—Para entender los hechos, primero, se tiene que caracterizar la etapa en la cual sucede el genocidio. Esta es la etapa del imperialismo, la fase imperialista del capitalismo, lo que fue el proceso de avance de las potencias europeas sobre las distintas regiones del mundo, con Asia y África en particular. Estos embates irán golpeando sistemáticamente en el transcurso del siglo XIX y al Imperio Otomano, fundamentalmente, en la segunda parte. Allí perderá de a poco su presencia en Europa y en África, y se irá recluyendo a la parte asiática. En el curso de estos tiempos, en el Imperio Otomano habrá un claro retroceso y una disolución de lo que había sido un imperio tricontinental en el cenit de su poderío en el siglo XVII. Esto es importante porque será, para ese momento, cuando define sus alianzas y entra en la Primera Guerra Mundial. Es así que, ante las pérdidas territoriales continuas, la dirigencia turca plantea, en términos estratégicos, construir una República de Turquía en la meseta de Anatolia.

Lo que le queda al Imperio Otomano en el inicio de la Guerra de 1914 son, básicamente, las posesiones asiáticas de lo que se llama el Oriente Árabe, una extensión hacia la península arábiga y Anatolia. Entonces, deciden crear una república sobre ese territorio, sobre Anatolia, bajo el lema: «Turquía para los turcos». Además, tras la pérdida en África y en Europa, se proyectan hacia Asia central, que es el origen de estos pueblos túrquicos.

En ese contexto, estaban las minorías no turcas del Imperio Otomano, entre las cuales la armenia era muy importante. No era la única, también estaban en Anatolia los asirios, los griegos o los propios kurdos.

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(Imagen: Revista Livertá)

—¿Y qué sucede, entonces, el 24 de abril?

—Ese día, se pone en marcha un plan. En realidad, será la fecha formal de inicio, porque sabemos que un genocidio no empieza un día en particular. Esa madrugada en Estambul, van a ser capturados 250 líderes de la comunidad armenia: sacerdotes, docentes, grandes comerciantes, directivos económicos, intelectuales, poetas, periodistas. Serán encarcelados y, en algunos casos, trasladados hacia el interior de la meseta anatolia. En definitiva, ejecutados.

Hay un descabezamiento de la dirigencia comunitaria armenia y, de alguna manera, esto se toma como fecha de inicio. Como decía, un genocidio no empieza un día. Siempre hay un proceso de acumulación genocida que, en este caso, uno pueda rastrear, por lo menos, desde fines del siglo XIX. Pero, como luego de ese día comienzan ya decididamente un plan de exterminio sistemático, se la toma como una fecha simbólica.

—Se calcula que hay un millón y medio de armenios asesinados y muchos que sobreviven escapando. ¿Cómo son esas rutas, esos recorridos, hacia dónde van estos sobrevivientes del genocidio? Porque, de alguna forma, son los que van a regar la noticia de lo que estaba sucediendo.

La enorme mayoría, como la técnica de exterminio más importante fue el destierro, la deportación y «traslados», es expulsada hacia los desiertos. Básicamente, hacia el de Dier ez-Zor, en Siria. La mayoría de los sobrevivientes tienen una ruta bastante similar, por lo menos los que llegan al mundo occidental y a nuestras latitudes. Pasan por los que hoy en día son los países árabes, que, en aquel momento, todavía pertenecían al Imperio Otomano, aunque estaban en proceso de lucha por su independencia. Lamentablemente, esos territorios luego cayeron en manos francesas e inglesas, y se terminarán independizando ya sobre la Segunda Guerra Mundial.

La mayoría de quienes llegan a nuestras latitudes van por Líbano, por Siria, donde, hoy en día, todavía viven comunidades muy importantes. Luego, se van a embarcar por el Mediterráneo. Un periplo bastante similar con algunas comunidades que se van formando en los distintos puertos de la zona, básicamente, en Grecia o en Francia. Los que deciden venir a América, o a los que, finalmente, el destino los trajo hacia América, son los que terminan instalándose aquí. Pero la gran mayoría tiene esta misma ruta y la puerta hacia estos continentes fueron los países árabes. No solo como puerta de salida, sino que también han sido cobijados. Hoy todavía sus descendientes viven entre los pueblos árabes.

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(Imagen: Revista Livertá. Familias marchando en el desierto de Siria)

—Los armenios que fueron conformando la diáspora en Francia, Estados Unidos e inclusive en el Río de la Plata, ¿cómo se fueron afincando? ¿Cómo lo vivió esa primera generación que llegó y cómo fue transformándose con el tiempo la colectividad?

—Ahí hay un proceso que es lógico de todas las corrientes migratorias, pero que, por otra parte, tiene un elemento distintivo. En este caso, es justamente el crimen genocida que los expulsa. Van a llegar a otras tierras y van a insertarse en otras sociedades absolutamente desconocidas para ellos, desde una situación, en la enorme mayoría de los casos, abrumadora, de penuria material, de relegamiento económico. Hay toda una primera etapa que tiene que ver con asentarse, con organizarse tanto individual como comunitariamente, en familia. De aprovechar también el proceso expansivo y el desarrollo capitalista en nuestras sociedades y, a partir de su trabajo, de alguna manera, protagonizar una movilidad social ascendente. Eso se da en términos sociales.

A su vez, van a cargar con el trauma de la tragedia de la cual fueron víctimas como sobrevivientes y con los cientos de miles que quedaron en el camino en las distintas comunidades: los asesinados, los desterrados, el millón y medio de armenios.

Se da ese proceso en la primera etapa. Hay un tiempo de consolidación de la comunidad, pero una comunidad que recuerda hacia adentro. Una comunidad que, obviamente, mantiene, a través de la tradición oral de los relatos y de las narraciones, la tragedia que habían padecido, de la cual -insisto- eran sobrevivientes. Pero no hay una proyección hacia el resto de la sociedad. En paralelo, se está dando este proceso de movilidad social ascendente.

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(Imagen: Revista Livertá. Mujeres expulsadas en el Cáucaso)

—Hay una supuesta frase de Hitler en 1939 en la que, haciendo referencia a los planes para invadir Polonia, se pregunta quién recuerda hoy el genocidio a los armenios. ¿Cómo se entiende esto?

—La frase no se sabe si es verídica, aunque sí verosímil. Tranquilamente Hitler pudo haber dicho eso. Hay elementos en común entre los crímenes del nazismo y de los Jóvenes Turcos. De hecho, el Imperio Otomano define sus alianzas cuando entra a la Primera Guerra Mundial y, además del austrohúngaro, su aliado fundamental fue el Imperio alemán. Hubo oficialidad alemana directamente involucrada en los crímenes de genocidio. Hay testimonios y hay documentación que involucra a altos mandos alemanes que, en cuanto aliados, definían las políticas de ambos imperios en el frente de guerra y en las de los traslados hacia el desierto. Están involucrados.

Esos oficiales, obviamente, nunca fueron juzgados ni mucho menos y, en algunos casos, formaron parte de las filas del nazismo. Así que, desde ese lugar, hay un paralelismo. Es una construcción que la propia comunidad armenia, a través de sus intelectuales en Occidente, fue articulando respecto a establecer las equivalencias que tienen todos los crímenes genocidas. O sea, todos estos crímenes reconocen sus singularidades, pero también hay procesos y hay características que son comunes. Entonces, hubo una búsqueda específica de asociar la criminalidad de los Jóvenes Turcos con la criminalidad del nazismo. Y esa frase resuena en ese contexto.

Nosotros, aquí, desde el sur de América, establecemos paralelismos entre el crimen genocida que padece el pueblo armenio con tantos otros genocidios que, lamentablemente, se han dado tanto antes como después. Así que esa frase -insisto- es verosímil y tiene que ver con una construcción que se ha hecho en función de establecer estos paralelismos.

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(Imagen: Revista Livertá. Ejército turco reuniendo a la población armenia de Trabizonda antes del destierro. 29 de julio de 1916)

—¿Por qué se habla de un genocidio negado? ¿Negado por quién y en qué situación está este reconocimiento?

—Hablar de un genocidio negado remite a que el Estado que lo planifica, que lo ejecuta y lleva a cabo, finalmente, no lo reconoce. Es obvio que aquellos que administran Estados en los tiempos del proceso genocida no lo hagan, nadie va a aceptar que está cometiendo crímenes de lesa humanidad. Hay una definición del 24 de mayo de 1915 en donde ya se habla de crímenes contra la humanidad. Es una declaración conjunta de Francia, Gran Bretaña y Rusia, que eran por entonces enemigos del Imperio Otomano. Ahora, sí suele ocurrir que, cuando cambian las administraciones estatales y, por otra parte, cuando la correlación de fuerzas en la sociedad y el paso del tiempo van dejando más claro los sucesos históricos, hay Estados que han reconocido sus criminalidades.


En el caso armenio, han pasado más de 100 años y, más allá de las distintas administraciones que ha tenido, el Estado turco no ha reconocido todavía el genocidio constituyente que está en el origen mismo de la República de Turquía. Tiene que ver con un proceso de definición, de expulsión y exterminio de las minorías no turcas de su territorio, de lo que definen como su territorio ancestral, que es una falacia histórica.


Esto nosotros lo podemos ver en el Estado argentino, porque pasó mucho tiempo y aún hay procesos de reivindicación y de reparación histórica en relación con nuestras poblaciones originarias. Tampoco reconoce como genocidio ese crimen en términos oficiales. Es muy difícil que esto suceda, sobre todo cuando la correlación de fuerza de las comunidades que han sido víctimas es desfavorable. En parte, ese es el motivo por el cual se habla de un genocidio negado. Y, a nivel internacional, si bien han habido avances, tampoco es mayoritario, por lo menos, en términos de la manifestación de los distintos Estados. Sí ha habido, en el caso de Naciones Unidas, en la década del 80, una subcomisión que aprobó el informe de un relator especial, Benjamín Whitaker, en donde la Comisión de Derechos Humanos reconoció como tal el crimen de genocidio.

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(Imagen: Revista Livertá)

—Vos participás de una organización comunitaria de la colectividad armenia en la Argentina donde tienen un lema que es: «La causa de los pueblos es una sola». ¿Qué es lo que significa esa síntesis y cuáles son las causas que persiguen los pueblos?

—Vuelvo un poco a la primera respuesta. Si uno caracteriza la etapa en la cual sucede el genocidio armenio, verá que tiene que ver con la avanzada del capitalismo en distintas regiones como Asia y África, y que quienes los llevan a cabo son potencias centrales como Francia, Gran Bretaña, Alemania y luego Estados Unidos. Son muchos los crímenes de lesa humanidad que se han cometido. Y, en ese sentido, la mirada tiene que ser abarcativa. Por supuesto, se debe reivindicar la particularidad, pero también saber que esa particularidad es un eslabón más en una larga cadena de crímenes sobre otros pueblos.

De allí el tema de la solidaridad para con la lucha de esos otros pueblos. Obviamente, reclamando desde la singularidad y entendiendo que, en realidad, las causas estructurales son comunes. Hay un proceso de expropiación de los recursos naturales, de explotación de la fuerza de trabajo, de división internacional de trabajo que nos subordina a todos los pueblos básicamente llamados Tercer Mundo, aunque esa categoría, por esos tiempos, no se utilizaba. Concebir que esta lucha se inscribe en el marco de luchas más amplias, más generales, por erradicar definitivamente toda forma de explotación, toda forma de estigmatización, de segregación institucionalizada hacia nuestros pueblos. Y, en ese sentido, concebir que la lucha es una sola.

La lucha tiene que poner fin a estos regímenes de explotación y, por otra parte, como están motorizados por estas mismas potencias, enfrentar a esas potencias allí donde quiera que estén. Aun en nuestros propios territorios, con sus personeros, porque, lamentablemente, la dependencia de nuestros pueblos no es solamente causa de lo que pueden hacer agentes o factores externos, sino que, en muchos casos, cuentan con complicidades locales. La lucha se concibe en términos generales, más allá de las particularidades que adquiera cada uno.

*Por Facundo Sinatra Soukoyan y Luciano Colla para Revista Livertá / Imagen de portada: Revista Livertá.

Palabras claves: Armenia, genocidio armenio

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«Es cuestión de tiempo hasta que haya empresas involucradas legalmente por su colaboración con Israel»

«Es cuestión de tiempo hasta que haya empresas involucradas legalmente por su colaboración con Israel»
12 febrero, 2025 por Redacción La tinta

Lydia de Leeuw, investigadora del Centro de Investigación sobre Corporaciones Multinacionales, se ha centrado en los últimos meses en la responsabilidad de las empresas en el genocidio contra el pueblo palestino. En esta entrevista, habla de las características de ese trabajo de documentación.

Por El Salto Diario para La tinta

El 17 de diciembre, Frank Barat mantenía esta conversación con Lydia de Leeuw, quien lidera el litigio estratégico de SOMO, el Centro de Investigación sobre Corporaciones Multinacionales, por el que el objetivo es conectar la investigación con el trabajo de cientos de organizaciones de la sociedad civil y juristas. En esta entrevista, De Leeuw presenta las principales conclusiones del informe “Alimentando la injusticia. Explorando las consecuencias legales para los Estados y empresas que participan en el suministro de energía a Israel”. En el informe, se examina cómo el comercio exterior y la inversión en el sector energético de Israel pueden contribuir a las graves violaciones del derecho internacional perpetradas por Israel en el territorio palestino ocupado, incluida Gaza. Considera las obligaciones de los Estados y las responsabilidades de las empresas involucradas en el suministro de energía a Israel.

Esta entrevista forma parte de una serie de diálogos que Frank Barat lleva manteniendo desde octubre de 2023 y que pueden encontrarse en su canal de YouTube subtituladas al castellano por el colectivo Viva Palestina Libre – Subtítulos contra la ocupación, que se encarga, además, de su edición en formato texto para este medio.

Frank Barat: Hola, Lydia. Me alegro de verte. Quería hablar contigo hoy porque SOMO, el Centro de Investigación sobre Corporaciones Multinacionales, la organización para la que trabajas, ha publicado un nuevo informe titulado «Powering Injustice«, que analiza las consecuencias legales para los Estados y las empresas involucradas en el suministro de energía a Israel. Diriges el litigio estratégico de SOMO y, por lo tanto, eres una de las principales personas detrás de este informe. Mi primera pregunta es: este informe se enmarca en torno a dos resoluciones hechas por la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en 2024. ¿Puedes decirme cuáles son exactamente y por qué fueron relevantes para empezar a trabajar en el informe?

Lydia de Leeuw: Sí. Gracias, Frank. De hecho, son dos resoluciones tomadas por la Corte Internacional de Justicia apenas este año. La primera fue en enero de este año, donde la Corte determinó en sus medidas provisionales que era plausible que Israel estuviese cometiendo genocidio en Gaza. Y la relevancia de eso para todo el mundo, para las empresas, para los Estados, para todo el mundo que tenga una conexión, que tenga cualquier forma de influencia, es que ponen sobre aviso que se está desarrollando un genocidio potencial. Eso significa que los terceros Estados tienen una obligación —no es algo que puedan elegir, hacer o dejar de hacer—, es una obligación activa de tomar todas las medidas razonablemente disponibles para prevenir el genocidio en Gaza. De hecho, puede que ya tuvieran el conocimiento o la información necesarios antes de la decisión sobre las medidas preventivas de la CIJ, pero, sin duda, deben tener ese conocimiento e información desde entonces. Y para nosotras, también fue una información relevante ver que ahora tenemos que mirar, todo el mundo tiene que mirar, más allá de los suministros de armamento que van a Israel, más allá de los bienes estrictamente militares. Tenemos que mirar de manera más coherente y holística qué tipos de cadenas de suministro permiten a Israel continuar con este genocidio.

La segunda resolución que creemos que es realmente relevante para el suministro de energía a Israel es la que se hizo en julio de este año, el 19 de julio. Esa fue una opinión consultiva, pero es una opinión muy autorizada del más alto tribunal del sistema de la ONU. Encontró que toda la ocupación, toda la presencia militar de Israel en la Franja de Gaza y Cisjordania, incluyendo Jerusalén Este, es ilegal y debe terminar. Y lo mismo ocurre con la presencia de colonos, es ilegal y hay que acabar con ella. Con respecto a los asentamientos, eso ya se estableció o determinó en la opinión consultiva de 2004 de la Corte Internacional de Justicia, pero lo que la Corte también hizo esta vez fue detallar, muy explícitamente, todas y cada una de las obligaciones que tienen los terceros Estados de garantizar que sus Estados o las entidades dentro de su Estado, como las empresas, como no ofrecer ayuda para mantener esa situación ilegal creada por Israel. Así que, como acabas de decir, es importante para nosotras mirar holísticamente lo que está sucediendo y lo que está permitiendo a Israel, con total impunidad, cometer un genocidio en Gaza.

Frank Barat: Entonces, ¿cómo la energía, o el combustible para producir energía, juega un papel importante en la acción de Israel y en los crímenes de guerra y contra la humanidad en Gaza?

Lydia de Leeuw: Bueno, creo que un hecho clave a tener en cuenta es que Israel es extremadamente dependiente de la importación tanto de petróleo como de combustible. El 98,6% del petróleo de Israel se importa realmente del extranjero. Por tanto, esto nos dice algo acerca de la dependencia que el país tiene de las importaciones para permitir el abastecimiento de combustible de sus aviones, de sus tanques y otros vehículos del ejército que se utilizan en crímenes de guerra y en el genocidio contra el pueblo palestino. Así que uno de los ángulos que hemos analizado es de dónde proviene el petróleo y de dónde provienen los diferentes tipos de combustible, incluyendo el diésel y la gasolina. Y cuáles son las diferentes cadenas de suministro que podemos descubrir, que permiten establecer el vínculo con el ejército.

Luego, el segundo ángulo que examinamos en términos de suministro de energía son los diferentes recursos energéticos que contribuyen a la generación de electricidad en Israel. Y la razón por la que esto es importante es porque la red eléctrica a la que están conectados los asentamientos es la misma que la red eléctrica israelí dentro de las fronteras de 1948. Así que no hay distinción. Si estás exportando carbón a Israel que se utiliza para generar electricidad en una central eléctrica de carbón, ese carbón se va a utilizar para generar electricidad para toda la red. Así que, inevitablemente, va a alimentar una red contaminada por la ilegalidad.

Frank Barat: Y, durante la elaboración del informe, ¿qué países dirías que son los mayores proveedores de Israel, ya sea en armas o en energía?

Lydia de Leeuw: No hemos analizado las armas. Hemos mirado… quiero decir, lo más cercano a las armas sería el combustible para aviones militares porque eso sólo tiene un tipo de uso. Sólo puede ser utilizado por el ejército. La única cadena de suministro que encontramos es la que viene de los EE. UU. Se trata de contratos del Departamento de Defensa de EE. UU., por los cuales las empresas estadounidenses como Valero y Saltchuk Resources están exportando, o transportando, combustible militar a Israel, al ejército israelí. Otras cadenas de suministro desde el extranjero que hemos analizado son, obviamente, las de petróleo, debido a la gran dependencia. Y los principales proveedores de los principales exportadores de petróleo crudo son Azerbaijan, Kazajstán y Gabón. Pero también hay cantidades relativamente menores procedentes de Brasil, Nigeria y la República Democrática del Congo. No sólo nos hemos fijado en cuáles son los países exportadores, sino también cuál es el trayecto. Y ahí vimos que Turquía es un país de tránsito muy importante para el petróleo, por cuyos puertos se exporta el petróleo de Azerbaiyán, y el petróleo kazajo suele pasar por Rusia.

También es importante mencionar el papel de los Estados intermediarios, por así decirlo. Hemos visto diferentes tipos de combustible; diésel, gasolina, etc., que pueden ser utilizados en vehículos militares. Los mayores proveedores son Rusia y EE. UU., y, luego, cantidades mucho más pequeñas vienen también de Brasil, Grecia y Albania. Creo que es importante volver a mencionar el carbón. Esto está ligado a los asentamientos, no tanto al genocidio, y, en este caso, los proveedores son Rusia y Sudáfrica. Es bastante importante. Mucha gente se sorprende cuando escuchan Sudáfrica, debido a los increíbles esfuerzos que están haciendo para tratar de que Israel rinda cuentas por el genocidio. Pero sí, estamos viendo esto en un sentido más amplio. Tenemos que considerar la ocupación ilegal y la campaña genocida de forma holística. Luego, cuando se trata de otras cadenas de suministro de energía que están contribuyendo a la generación de electricidad, las energías renovables con inversiones extranjeras y el gas natural con inversiones extranjeras, también hemos analizado el papel de las empresas extranjeras.

Frank Barat: Entonces, ¿cuáles dirías que son las obligaciones de los Estados, pero también de las empresas, a la hora de suministrar energía a Israel?


Lydia de Leeuw: La obligación de los Estados es una obligación muy seria, especialmente, cuando se trata de la prevención del genocidio, porque el requisito que deben cumplir los Estados es que tomen todas las medidas razonablemente a su alcance para prevenir el genocidio.


Defendemos que, si desde su territorio se exporta petróleo o se exportan combustibles que podrían acabar en manos del ejército, o si empresas bajo su jurisdicción participan en esa cadena de suministro, deben tomar todas las medidas razonablemente disponibles para garantizar que sus cadenas de suministro no están, de hecho, alimentando crímenes de guerra y actos de genocidio. Y si no pueden afirmarlo al 100%, entonces, eso no es hacer tal contribución. Deben tomar medidas para detener esa cadena de suministro. Eso en relación a la prevención del genocidio. Pero, con respecto a la ocupación, de nuevo, de forma holística, la Corte Internacional de Justicia fue muy clara en su opinión consultiva del 19 de julio. Dijo que “los Estados deben abstenerse de hacer tratos económicos o comerciales con Israel, que puedan afianzar su presencia ilegal en el territorio”. Podríamos argumentar que, si van a garantizar el suministro de electricidad a los asentamientos, eso afianzaría la presencia ilegal. Hay otro requisito u obligación establecido por la Corte Internacional de Justicia que dice que “los Estados deben tomar medidas para evitar las relaciones comerciales o de inversión que ayuden al mantenimiento de la situación ilegal creada por Israel en los territorios ocupados”. Entonces, eso significa que los Estados están obligados por el derecho internacional a tomar medidas contra sus empresas para impedir esas relaciones comerciales, esas relaciones económicas, que contribuyen a la presencia ilegal de colonos y militares. Porque debo decir que, en relación con la ocupación ilegal, se trata tanto de los asentamientos como del ejército. Además, el ejército se abastece de combustible por todo Israel y los territorios ocupados. De manera que las estaciones de servicio en las que los jeeps militares y los camiones cisterna pueden repostar están esparcidas por todas partes. También se encuentran en los asentamientos. Están localizadas por todo Israel dentro de las fronteras de 1948. Es una misma reserva, es una red, es un mismo suministro que se está alimentando o, más bien, que las empresas están alimentando.

Las responsabilidades de las empresas… las empresas no se adhieren a los convenios ni a los derechos humanos ni a los instrumentos del derecho internacional, pero las normas y parámetros que se aplican a las empresas, como los Principios Rectores sobre Empresas y Derechos Humanos, y las directrices de la OCDE para empresas multinacionales, obligan a las empresas a actuar con la debida diligencia y, especialmente, en las zonas afectadas por conflictos, tienen que actuar con la debida diligencia, lo que significa que tienen que identificar los riesgos, prevenir y mitigar los riesgos, y poner remedio cuando hayan causado un impacto. Y si no pueden hacer mitigación, si no pueden prevenir impactos perjudiciales y no pueden detenerlo, entonces, deben desvincularse responsablemente de esa relación comercial.

Entonces, yo diría que antes, del 7 de octubre del año pasado, los Estados tendrían que pensárselo muy bien para no contribuir a ninguna violación en el contexto de la ocupación. Pero con el genocidio en curso y la determinación explícita de que tanto los colonos como la presencia militar es ilegal, se vuelve, creo, muy, muy difícil para las empresas tener cualquier participación allí porque está manchada con la ilegalidad vinculada a la ocupación.

Frank Barat: Entonces, ¿cuáles son vuestras conclusiones? ¿Cuáles son las conclusiones de vuestro informe en relación a los Estados y en relación a las empresas? Y mi segunda pregunta sería, ¿pueden las empresas tomar medidas independientemente de los gobiernos? ¿O tienen el deber de actuar independientemente, incluso, si los gobiernos no toman las medidas adecuadas?

Lydia de Leeuw: Bueno, voy a empezar con los Estados. Los Estados tienen la enorme tarea de, como ya he dicho, examinar de forma holística la implicación que las empresas y los empresarios en su jurisdicción tienen en la ayuda al mantenimiento de la ocupación ilegal, los asentamientos, pero también en la contribución a que Israel pueda seguir cometiendo crímenes de guerra y genocidio. Los Estados son los principales titulares de obligaciones. Y creo que lo que debe ocurrir, a nivel nacional, es que estas obligaciones tienen que empezar a cumplirse. La gente protesta, la gente hace lo que puede para presionar a sus Estados, pero también creo que los tribunales tienen que empezar a tomar decisiones sobre si las cadenas de suministro se pueden mantener o si, de hecho, los Estados deben ser obligados a intervenir y tomar ciertas medidas políticas para detener, por ejemplo, las exportaciones de carbón, para detener la exportación de petróleo, para detener las exportaciones de varios combustibles.

Creo que estamos en el nivel que… las palabras sobre el papel son hermosas y estas opiniones consultivas y las medidas provisionales son hermosas, pero ahora se trata de traducir eso en acción y poner a prueba las políticas nacionales. Las empresas no tienen que esperar a que un tribunal les diga: “No pueden hacer esto”. Tienen su propia responsabilidad y se enfrentan a sus propios riesgos legales. Porque, por ejemplo, una empresa como Valero ha sido un proveedor constante de combustible para aviones militares a Israel. Han estado proporcionando ese combustible que se envía casi cada dos meses, creo, con pleno conocimiento de lo que está ocurriendo en Gaza y en Palestina en general. Así que esto plantea cuestiones relativas a la responsabilidad penal individual de los ejecutivos involucrados. Hemos escrito a la empresa y no han respondido a nuestras preguntas. Pero yo diría que es cuestión de tiempo hasta que ciertas empresas se vean involucradas en cuestiones de responsabilidad legal por su participación.

Frank Barat: Traes a colación mi última pregunta: ¿y si no se toman medidas? ¿A qué tipo de repercusiones podrían enfrentarse los gobiernos extranjeros —aunque quizá deberíamos centrarnos más en las empresas— y desde dónde?

Lydia de Leeuw: Voy a hablar muy teóricamente, porque dependerá de la capacidad y la voluntad de los sistemas jurídicos para actuar. Así que va a depender de la legislación que exista en determinados países y de lo que se pueda probar. Pero cuanto más se pueda probar sobre el conocimiento que estas empresas o sus ejecutivos tenían, y cuanto más se pueda probar sobre la naturaleza y la escala de su contribución a la comisión por parte de Israel de crímenes internacionales, crímenes de guerra, genocidio, crímenes contra la humanidad… Cuanto mayor sea la cantidad de pruebas, mayor será la posibilidad de que, en algún momento, los individuos tengan que rendir cuentas. Y realmente estoy pensando en, por ejemplo, empresas como Valero, que están enviando este combustible para aviones militares a Israel como si estuvieran enviando zapatos o calcetines. En ciertas jurisdicciones, las empresas también pueden ser consideradas responsables por su papel en crímenes internacionales. Así, por ejemplo, en los Países Bajos, tenemos una legislación que permitiría procesar a las empresas por su participación en crímenes internacionales. Ese tipo de legislación no existe en todas partes, por lo que debe estudiarse caso por caso.

Y luego creo que, como decirlo… me gustaría llamarlo “futuro idílico”, yo también esperaría y contribuiría con mi granito de arena para poder ver que los ejecutivos también estén en el foco de la Corte Penal Internacional. No hay nada en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional que impida a la Corte perseguir a los actores corporativos, líderes corporativos individuales. Al igual que lo que sucedió después del Holocausto, donde líderes corporativos individuales fueron procesados y condenados por su papel en el genocidio de la Segunda Guerra Mundial. El Estatuto de Roma lo permite, pero, por desgracia, hasta ahora, el enfoque de la Corte Penal Internacional se ha centrado únicamente en el liderazgo militar y político. Pero creo que crímenes de esta envergadura no pueden producirse sin la complicidad de las empresas. Así que me gustaría que, en algún momento en el futuro, eso también se convierta en realidad.

Frank Barat: En realidad, ahora tengo otra pregunta. Supongo que lo que estás diciendo es que vuestro informe, y supongo que el informe de Amnistía Internacional, también son muy útiles porque si se puede demostrar que lo que la empresa está haciendo, si se puede demostrar que saben que está mal y que saben que podrían enfrentarse a consecuencias, este es uno de los aspectos más importantes, ¿verdad?

Lydia de Leeuw: Sí, exactamente. Como has dicho al principio, es difícil saber y ver que lo que estamos haciendo no está salvando vidas en este momento, ¿verdad? Creo que todo lo que todas estamos haciendo es tratar de asegurar que este genocidio se detenga lo antes posible. Cada día que se consiga que este genocidio se pueda detener antes, se salvan vidas. Pero también, el punto que acabas de mencionar. Para el futuro, para la rendición de cuentas, para el ajuste de cuentas, para la búsqueda de los hechos y la verdad, es crucial que sepamos quién sabía qué y quién hizo qué y quién debería haber hecho qué. Lo que siempre hacemos en SOMO cuando investigamos y antes de publicar información es ponernos en contacto con las empresas mencionadas, con todas las empresas nombradas en el informe, y les escribimos una carta indicando lo que hemos encontrado. Pero también exponiendo nuestro análisis sobre ciertas cuestiones. Por ejemplo, cuando publicamos conclusiones sobre la posible responsabilidad legal, se lo planteamos a la empresa y le damos derecho de réplica. También lo hemos hecho con este informe. Sólo hubo una empresa que respondió con una pequeña elaboración de los hechos. Pero, además de garantizar que la investigación que publicamos es objetivamente correcta y está revisada por las personas que escriben sobre ello, también se trata de más tarde poder decir: «Les informamos en las fechas X e Y de tales y tales implicaciones, que estaban implicados en relación con el genocidio o los crímenes de guerra que Israel está cometiendo”. Así que se trata de reunir documentación, de reunir archivos, si no es para la acción legal ahora, para el futuro. Creo que esa es también una de las razones por la que estamos haciendo esto.

Frank Barat: Gracias, Lydia. Ha sido muy esclarecedor y, obviamente, animo a todo el mundo a leer el informe. Y sí, como dices, creo que todas lo estamos haciendo lo mejor que podemos. Todas nos esforzamos al máximo. Quiero decir, no todas, tal vez, pero muchas de nosotras. Y creo que, a pesar de que la situación sobre el terreno es catastrófica, horrible y paralizante, si miramos con perspectiva, no creo que Israel haya estado nunca en una posición tan mala. Nunca hemos tenido a la CIJ, a la CPI, las principales organizaciones de derechos humanos y de ayuda humanitaria publicando informes sobre el apartheid israelí, el genocidio israelí, las órdenes de arresto, un caso de genocidio en la Corte Internacional de Justicia. Por desgracia, no está trayendo acciones directas concretas para salvar vidas en Gaza, pero en el futuro, esperemos, podría permitir cambiar esto.

Lydia de Leeuw: Sí. Y creo que Francesca Albanese, la relatora especial de la ONU, también advirtió que la situación en Cisjordania está ahora en un continuo, que podría… que corre el riesgo de convertirse en un genocidio también. Esto es relevante para, creo, toda Palestina, el trabajo que se está haciendo ahora, pero también… ¿qué quedará del orden jurídico internacional o del sistema legal internacional cuando esto termine? Porque esto es la destrucción paralela del pueblo palestino en Gaza y del orden jurídico que supuestamente fue diseñado para garantizar que nunca más pudiera ocurrir un genocidio. Así que creo que estamos en un momento sin precedentes, un genocidio en directo, con los tribunales emitiendo conclusiones decisivas, mientras el genocidio sigue ocurriendo. Así que el nivel de aviso y el nivel de posibilidad y las obligaciones de los Estados para actuar e intervenir no creo que haya sido nunca más obvio y fuerte. Así que, sí, tenemos que seguir presionando.

*Por El Salto Diario para La tinta / Imagen de portada: A/D.

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Palabras claves: Franja de Gaza, genocidio, Israel, Palestina

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