Guardianas del Cerro y el Agua caminan por Andalgalá

Guardianas del Cerro y el Agua caminan por Andalgalá

Conversamos con Marianela Gamboa, feminista antiextractivista de Catamarca, y con Lourdes, parte del pueblo diaguita, dos Guardianas del Cerro y el Agua. Convocan a abrazar el Aconquija caminando hacia Andalgalá el viernes 23 y sábado 24 de abril, en rechazo a la represión y violencia institucional, por la libertad de les preses y en defensa de los bienes comunes contra la explotación minera. 

Por Anabella Antonelli y Nadya Scherbovsky para La tinta

“Tuve un sueño… Que salimos de los pueblos… Que bajaban las almas y los ancestros del cerro…
Que brotaban los seres de sus vertientes… Todxs juntxs llenamos las rutas llegando a Andalgalá”.
Convocatoria de Mujeres Guardianas del Cerro y el Agua.

“Una va llegando en la ruta a Andalgalá y lo primero que ve es al Aconquija apareciendo, sus cumbres nevadas, que antes eran blancas todo el año y que, desde que la mina empieza a operar y el calentamiento global avanza, cada vez queda menos nieve”, cuenta a La tinta Marianela Gamboa, Feminista Antiextractivista del Sur, integrante del Observatorio Feminista de Catamarca.

En esta ciudad de 20 mil habitantes, convive “mucha energía de lucha y resistencia, con tensiones sociales y fracturas que generó la minera” -sigue Marianela-. “Es un territorio rico, abundante, tiene agua que cae en la vertiente que nace en el Aconquija y confluye con otros ríos formando el río Andalgalá. Hay producción de membrillo, de dulces, de arrope, de licores, de pimentón, de condimentos. En las casas, hay todo tipo de frutales que desbordan de frutos que se aprovechan, porque todas las personas producen”.

Andalgalá es también la primera ciudad de Catamarca que prohibió la megaminería, en septiembre de 2016, mediante una ordenanza municipal y después de décadas de lucha ambiental. Prohibió la minería a cielo abierto, la de minerales nucleares en la cuenca de su río, el uso de cianuro y mercurio, y el uso del agua de río, vertientes o subterránea para la explotación minera. Este hecho sin precedentes fue una barrera para el proyecto Agua Rica de la compañía canadiense Yamana Gold. Así que, recurriendo a las históricas complicidades, en diciembre de 2020, la Corte de Justicia de Catamarca falló a favor de la empresa dejando sin efecto la ordenanza, haciendo de Andalgalá un territorio sacrificable.


La ciudad está a 16 kilómetros del nacimiento del río Minas que es donde se proyecta la instalación de Agua Rica. “En el informe de impacto ambiental de la empresa, ellos mismos dicen que el daño es irreversible, por eso, hay un fallo de la Corte que le da la razón al pueblo de Andalgalá. Agua Rica incumple la Ley de Glaciares, porque hay glaciares en el sector donde va a operar, incumple la Ley de Ambiente y ni hablar del Artículo 41 de la Constitución Nacional, ya casi nadie tiene derecho de vivir en un ambiente sano”, agrega.


La principal violencia que viven les pobladores, para Marianela, es la falta de agua. El inmenso consumo que hacen las minas para la extracción disminuyó los cauces que alimentan las cosechas, los animales, la fauna y la flora del lugar. Las productoras y productores lo sienten fuerte. Además, los puestos laborales mineros son principalmente masculinos, “esto genera que, si antes el trabajo de las fincas era familiar, entre mujeres, varones, abuelos, hijos, ahora hay menos manos y las mujeres no pueden hacerlo solas, no alcanza, entonces, rompe las dinámicas comunitarias y locales”, señala.

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(Imagen: Pucara Pueblos Catamarqueños en Resistencia y Autodeterminación)

Lourdes pertenece a la comunidad diaguita, “un pueblo que resiste desde Salta hasta San Juan, a lo largo de la Cordillera de los Andes, en lo que sería el país colonial actual de Chile y de Argentina”, explica. En conversación con La tinta, cuenta que “en Andalgalá, hay un saqueo y un genocidio, la muerte de la biodiversidad a lo largo de la Cordillera, implica a todas las comunidades indígenas que formamos parte de estas montañas sagradas”.

Denuncia a las compañías mineras por crímenes de lesa humanidad y lesa naturaleza. “Tenemos hermanas que han sido contaminadas con plomo, con cianuro, con un montón de metales pesados que se liberan por la actividad minera que hace 25 años se está implantando en Catamarca y en las provincias aledañas, que forman parte del mismo ecosistema. Tenemos hermanas que son perseguidas por contar lo que sucede en sus territorios, amedrentada por la policía local, por la Gendarmería y la Infantería, que hoy están sitiando Andalgalá y las comunidades indígenas de sus alrededores”, afirma.

Actualmente, hay doce vecines detenides “sin ninguna prueba ni vinculación concreta al hecho que se les imputa, están privados de su libertad sin otro fundamento que su lucha por el agua”, explica Lourdes y continúa: “Las comunidades y las asambleas nos oponemos a esta avanzada extractivista que nos convierte en una zona de sacrificio y nos obliga a emigrar hacia las grandes ciudades ensanchando los cordones de pobreza. Estamos cansadas de que se sacrifiquen a los pueblos para que vivan las empresas y exigimos que hoy se sacrifiquen las empresas para que vivan los pueblos”.

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(Imagen: Pucara Pueblos Catamarqueños en Resistencia y Autodeterminación)

“Estos días fueron intensos, las energías estaban fuertes acá luego de las detenciones de los y las compañeras en Andalgalá, y una de las compañeras que vive en Famatanca, en el Valle Calchaquí en Santa María, soñó a muchas mujeres y pueblos saliendo de los cerros y caminando para Andalgalá”, cuenta Marianela. Decidieron, entonces, materializar la caminata, compartiendo la iniciativa con hermanas de Tafí del Valle y Amaicha, con comunidades indígenas de la comunidad diaguita y con otras compañeras de Belén.

El viernes por la mañana, comienzan a caminar encontrándose el sábado en la entrada de Andalgalá, “para abrazar a nuestro Apu sagrado Aconquija desde los cuatro puntos cardinales, para que se sienta esa presencia y para que sepan que por cada uno de los detenidos, cien hermanos y compañeros vamos a aparecer, porque no hay cárceles que alcancen para meter a todos los que luchamos contra la minería y a quienes nos veremos afectados si este emprendimiento continúa” -expresa Lourdes-. “Caminamos junto a las hermanas de distintas comunidades diaguitas y junto a compañeras de colectivos ambientalistas y artísticos, que venimos trabajando y fortaleciendo nuestra espiritualidad y nuestra conciencia para poder estar juntas y resistir a toda esta avanzada del extractivismo”.

La convocatoria es principalmente para mujeres y disidencias, entendiendo que estamos en Warmi Pachakuti, el tiempo de las mujeres, tiempo del cambio de la energía y la espiritualidad femenina “relacionadas con el cuidado, con la reciprocidad, con el equilibrio y todo esto tiene que volver a su cauce. Las agüitas que fueron vaciadas y desviadas volverán a su cauce. De la misma manera, los pueblos que han sido divididos, las mujeres que han sido rivalizadas por intereses externos, estamos volviendo a nuestro cauce, como las distintas vertientes y los ríos atraviesan los territorios para reunirse en una misma cuenca”.

Marianela comparte que algunas habitan el espacio de Feministas Antiextractivistas del Sur, “un espacio que nace al sentir que, dentro de las asambleas, no había mucho lugar para pensar la vinculación entre la opresión a la tierra y la opresión a nuestros cuerpos. Cuando nos reunimos entre mujeres y disidencias, hay una posibilidad de escuchar y de hablar, de otros tiempos que nos damos para los procesos porque sentimos desde otro lugar las violencias”.

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(Imagen: Feministas Antiextractivistas Del Sur)

“Decimos que somos guardianas porque significa que estamos profundamente arraigadas con nuestras raíces dentro del territorio, conscientes con nuestra mirada hacia el porvenir” -dice Lourdes-. “Somos ancestras de los que vienen, somos el legado que nos dejaron nuestros abuelos. Con la sabiduría y ganas de aprender y caminar, con la experiencia de una lucha que tiene más de 500 años”.

Las mujeres diaguitas ancestras del futuro conformaron la red trasandina para denunciar todos los atropellos que sufren. “Las comunidades indígenas somos invisibles para el Estado. Por eso, nos reunimos, desde el año pasado, para trabajar juntos, soñar, recordar, revalorizar y fortalecer las comunidades diaguitas y como mujeres. También resistir a las distintas violencias porque existe el patriarcado, pero también el colonialismo y uno no se explica sin el otro”, expresa Lourdes.

(Imagen: Feministas Antiextractivistas Del Sur)

Caminarán los territorios juntas, tocando cajas y realizando ceremonias “para que todas las tierras y las aguas sean libres, y para que los pueblos podamos vivir en libertad”. La caravana partirá desde San Miguel de Tucumán, San Fernando del Valle de Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero. Se encontrarán cerca de Belén para caminar juntas hacia Andalgalá, “llevando nuestro abrazo y nuestro apoyo, nuestra solidaridad a los hermanos que están luchando y defendiendo el Apu sagrado, sin el cual no tendríamos vida”, afirma Lourdes, y concluye: “En el poder de las mujeres, está la sanación para reunirnos como pueblos y liberarnos de toda esta colonia que se quiere implantar nuevamente a partir de las empresas de primer mundo, que vienen a saquear nuestros territorios”.

*Por Anabella Antonelli y Nadya Scherbovsky para La tinta / Imagen de portada: Pucara Pueblos Catamarqueños en Resistencia y Autodeterminación.

Palabras claves: Andalgalá, Catamarca, megaminería, Tucumán

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