Papelitos de colores en contra de la violencia machista

Papelitos de colores en contra de la violencia machista
26 febrero, 2021 por Redacción La tinta

Esta semana, el gobernador de Córdoba Juan Schiaretti anunció una partida de 600 millones de pesos a programas de asistencia a personas en situación de violencias. Luego del brutal femicidio de Ivana Módica, la Ministra de la Mujer Claudia Martínez reconoció que hay un “brote de femicidios”. Las organizaciones de mujeres se movilizaron para pedir justicia y medidas de prevención reales y efectivas. El presupuesto es importante, pero el trabajo real contra la violencia de géneros excede lo monetario y afecta las raíces más profundas de nuestra sociedad y nos involucra a todes. ¿Y dónde están los varones?

Por Redacción La tinta

En lo que va del año, en Córdoba, se sucedieron 7 femicidios y la muerte “dudosa” de 2 mujeres. En el país, la cifra es alarmante y el femicidio de Úrsula destapó de nuevo la trama del machismo imbricado en los tejidos hondos de nuestra sociedad. Hace tres días, nos estremecimos con la muerte de Guadalupe Curual, una joven de 21 años en Villa La Angostura, que fue asesinada por su ex pareja en una plaza en frente de decenas de personas, luego de perseguirla hasta allí. La espectacularidad del acto nos muestra su lado aleccionador: nadie puede frenarlos, nos quieren ver muertas.

En la mayoría de estos hechos, el femicida era un varón pareja o ex pareja, y lo sorprendente es que también tenían varias denuncias y medidas de restricción, pero nada los detuvo. Las únicas herramientas que tenemos para defendernos de la violencia machista no fueron suficientes. Repetimos, las únicas. En el año 2019, Córdoba fue testigo de otro femicidio con las mismas características: Giuliana Silva, de 19 años, fue asesinada a balazos por su ex pareja y padre de su hijo pequeño. No llegó a presionar el botón antipánico que se le había otorgado.

En ese momento, organizaciones sociales que acompañaban a la familia de Giuliana y su propio padre se reunieron con la Ministra de la Mujer Claudia Martínez, quien se comprometió a trabajar mancomunadamente con quienes habitan cotidianamente los territorios, para la prevención de estos hechos. De nuevo, papelitos de colores.

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(Imagen: Eloísa Molina para La tinta)

Estar donde suceden los hechos

Una de las críticas más recurrentes a la política de géneros provincial, aunque se puede reconocer el gran avance que implicó la creación del Polo de la Mujer, es la falta de cercanía de la institución con los barrios de Córdoba capital, ni qué hablar con otras ciudades y pueblos de la provincia. Para esto, el gobierno comenzó a inaugurar Puntos Mujer y así generar en las poblaciones acompañamiento frente a situaciones de violencias, los cuales funcionan en coordinación con las unidades judiciales y comisarías en donde se receptan las denuncias.

La realidad es que estos lugares distan mucho de ser efectivos: se repiten las mismas condiciones laborales que en el Polo de la Mujer, denunciado tantas veces por la explotación y precarización, y la carencia de personal suficiente para la atención que se le demanda. Quienes habitan fuera de la capital, cuando necesitan asesorarse y denunciar, se chocan con lugares donde no existe personal capacitado para evaluar el riesgo de la persona que denuncia ni contenerla ni acompañarla. En la mayoría de los casos, logran que la persona desista y vuelva a la situación de violencias.

En esta línea, en el día de ayer, las trabajadoras del Polo de la Mujer expresaron en un comunicado: «Nos duelen los femicidios y estamos cansadas de que el Ministerio de la Mujer sea una herramienta de la gestión de Schiaretti que no ofrece soluciones suficientes para quienes atraviesan situaciones de violencia».

Denucian que el Ministerio «ha desarmado los equipos de delitos contra la integridad sexual, ha quitado el acompañamiento a mediano plazo a las mujeres, derivando a obras sociales, prepagas y dispensarios». Siguen alertando que trabajan en condiciones cada vez de mayor precariedad, atendiendo un caso tras el otro, con personal insuficiente, salarios muy bajos y sin acceder, en muchos casos, a derechos básicos como obra social y licencias.

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“Acompañé a una abuela a denunciar el abuso sexual hacia su nieta en el Juzgado de Violencia Familiar de Alta Gracia y nos dijeron que no nos podían tomar la denuncia, que ahí no correspondía. Pero no explicaron cómo ni dónde y nos cerraron la puerta en la cara”, comentó una compañera organizada de una red feminista de Alta Gracia.

La Ley Micaela, que debería capacitar al personal judicial y policial en cuestiones de géneros, es meramente un papel que exhiben les trabajadores. No hay una profundización real de la prevención y atención en violencias. Las organizaciones sociales, las mujeres y disidencias organizadas y no organizadas han exigido hasta cansarse que la provincia articule con ellas para la prevención real, y esto nunca sucede.

“12 horas después de haber llegado al Polo de la Mujer, luego de escaparme de mi casa con mis dos niñes, con lo puesto, logré ser atendida y conseguí tres días de alojamiento en un hotel. No sé qué hacer cuando se acaben, no tengo a dónde ir, ni ropa, ni siquiera los documentos, él tiene todo”, nos cuenta una compañera del barrio San Vicente.

El entramado del sistema judicial también aporta a esta desidia frente a la que nos encontramos quienes queremos salirnos de la situación de violencias. Pareciera que, para saber en dónde hacer una denuncia, tenemos que hacer un curso de formación, los relatos de las personas que denuncian demuestran que en las comisarías y unidades judiciales, principalmente fuera de la capital provincial, las pasean de un lugar a otro y no reciben su denuncia.

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(Imagen: La tinta)

Un llamado a los varones

La plata ayuda, no vamos a negarlo. Es necesario que se aumente el presupuesto para los subsidios que permiten acompañar el proceso que se da luego de la huida de la violencia. Un hogar nuevo, si no se puede volver al anterior, un apoyo económico mientras nos rearmamos para encarar nuevamente la vida. Pero eso no alcanza. Eso no modifica la estructura que nos expulsa, nos violenta y nos mata.

Los femicidas y violentos andan sueltos, la sociedad da vuelta la cara, el Estado no se hace responsable por ellos. ¿Hacia dónde corremos? No hay salida. La medida más extrema de protección que tenemos, el botón antipánico o las tobilleras tampoco alcanzan, como lo demostró el femicidio de Giuliana.

Necesitamos que el Estado se arremangue y trabaje seriamente en la prevención, principalmente con los varones. Necesitamos que los varones también se arremanguen y discutan sus privilegios y sus violencias. En el fulbito, en el asado, en el grupo de WhatsApp. Hablen, condenen actitudes violentas, háganse cargo.

Dejen de vendernos papelitos de colores. No nos digan que el patriarcado se acabó. Nos están matando, poco a poco. Nos están aleccionando, quieren que nos callemos. Pero acá estamos, mujeres y disidencias, gritando bien fuerte que vamos a resistir.

*Por Redacción La tinta.

Palabras claves: Claudia Martínez, cordoba, Ministerio de la Mujer

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