Frente a la avanzada conservadora: imaginaciones y praxis feministas

Frente a la avanzada conservadora: imaginaciones y praxis feministas
18 diciembre, 2020 por Redacción La tinta

En la lucha para legalizar el derecho al aborto en Argentina y en la región, nos encontramos con discursos y estrategias de sectores opositores que nos traen nuevas preguntas: ¿Hablan siempre con un lenguaje teológico? ¿En qué medida apelan a la categoría de Derechos? En esta nota, exploramos cómo los grupos neoconservadores adaptan sus discursos utilizando nociones históricamente acuñadas por los feminismos y movimientos de Derechos Humanos.

Por Cecilia Johnson* y Pascual Scarpino** para La tinta 

En esta última entrega de la serie En nombre del virus, analizamos aquellas ocasiones en las que los actores estudiados hablan una lengua que no les es del todo propia, apelando a estrategias en las calles y en las redes sociales, y leyendo a lxs pensadorxs de la izquierda global. ¿A qué responde ese interés? ¿Qué hay detrás de todo esto y cómo operan? 

¡Matanga! Re-apropiaciones discursivas 

Las nociones sobre Salud y Aborto han sido las de mayor tematización por parte de los grupos neoconservadores en la emergencia sanitaria global que vivimos, y sobre las cuales han gestado una serie de tácticas de ofensiva para su impedimento práctico y simbólico. Al conjunto de narrativas que se anclan en la “defensa de la vida” como discursiva para oponerse al aborto, se le suma la desacreditación de las medidas de protección de los derechos sexuales y (no) reproductivos que cuestionan la relevancia del acceso al aborto en el marco de la crisis sanitaria mundial.

Aquellas posiciones que reconocen la pandemia como un problema de salud pública sostienen que garantizar el aborto en este contexto resulta contradictorio con la intención, por parte de los Estados, de preservar la vida. Por su parte, aquellas posiciones que se han manifestado contra las medidas de Aislamiento Social, en ciertas oportunidades, buscaron apropiarse del discurso feminista. En países como EE.UU., esto fue notable cuando, bajo la consigna “Mi body – My choice” -una versión anglosajona de “Mi cuerpo, mis reglas”-, se produjeron múltiples revueltas contra las medidas preventivas contra la COVID-19.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

En Argentina, el uso de nociones como salud integral parecen constituirse también como arena de disputa y tornarse más opacas en el marco del debate en pandemia. Son también los sectores religiosos conservadores y anti-derechos quienes dicen impulsar “políticas de cuidado de la salud integral” al considerar a las personas por nacer, la madre y el padre. Ejemplo de esto fueron las declaraciones del obispo auxiliar de Buenos Aires, Monseñor Giobando, quien afirmó: “En el mundo, hay cientos de miles de abortos, hagamos una salud integral y salvemos las dos vidas que es lo que siempre estamos anunciando”.

Estos modos de re-apropiación discursiva no son enteramente novedosos y, para autorxs como González, Britos y Caro, esto puede ser nombrado como resemantización regresiva del lenguaje de los derechos. Con el advenimiento de la pandemia global, la apelación a nuevos y renovados imaginarios supuso que distintxs referentxs neoconservadorxs comenzaran una tarea política de intentar vaciar de contenido a distintas categorías conquistadas por los movimientos feministas y de derechos humanos a lo largo del tiempo.

Planificado u oportunismo: el aborto como agenda externa

A partir de los casos de estudio analizados, centrados en los discursos de Chinda Brandolino, Guadalupe Batallán y Agustín Laje, comprendemos que, para estos sectores neoconservadores, las narrativas en torno a la legalización del aborto difieren no sólo en función de su proximidad o distanciamiento con elementos religiosos, sino también a partir de cómo son interpretados los avances actuales en materia de debate y reglamentación de la ILE.

Para Laje o Batallán, el aborto forma parte de una agenda “oportunista”, impuesta y hasta “externa”, y en el caso de Brandolino, tanto el aborto como la vacuna forman parte de un plan eugenésico mayor y que busca dominar a la población cristiana. Cada una de estas posturas amplifica adhesiones de sectores de la sociedad. 

Para Guadalupe Batallán, existen intereses externos sobre la legalización del aborto, que lo asocia con el pago de la deuda externa, por considerar que un objetivo del préstamo se vinculaba a Desarrollo Humano, es decir, a los derechos sexuales y reproductivos. De esa manera, cobra sentido que el aborto en Argentina sea declarado como servicio esencial en el contexto de pandemia.

Cuando Agustín Laje comunica nociones en torno al aborto, también vincula a las fuentes del aborto como un problema importado: cuando sus interlocutorxs son heterogénexs, el aborto es presentado como producto del interés económico internacional que no sería una preocupación sincera del pueblo, sino una agenda extranjera. Cuando se encuentra con público con lógicas académicas, adjudica a las universidades de prestigio en EE.UU. e Inglaterra la responsabilidad de condicionar los horizontes de debate de las Universidades Nacionales de la región.

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(Imagen: Eloísa Molina para La tinta)

En un sentido semejante con Batallán, Laje destaca que existen intereses económicos que inciden en la discusión, argumentando en distintos momentos que instancias internacionales como la Organización Mundial de la Salud y la Organización de Naciones Unidas obligan desde hace décadas a los Estados a implementar leyes que garanticen el aborto. De la misma manera, también insiste en la idea de que ciertas ONG internacionales dedicadas al tema son las que financian, junto con los Estados, a otras organizaciones de la región para llevar a cabo su “plan biopolítico de control de la natalidad humana”. Como contracara a esto, Agustín Laje se presenta como un militante del derecho a la vida independiente, ya que sostiene que puede costear los gastos que le generan sus giras internacionales y publicaciones de libros exclusivamente a partir del financiamiento que le otorgan sus seguidores de manera libre y voluntaria. Sin embargo, podemos sostener que dicha independencia no es tal, ya que públicamente se asocia con partidos políticos libertarios de Argentina.

Por su parte, Chinda Brandolino ha sostenido que la pandemia y la vacuna del COVID-19 tienen un carácter organizado y persiguen un propósito de dominación que tiene proporción mundial, siendo el aborto parte de este plan eugenésico. En sus últimas presentaciones, argumenta sobre el carácter organizado de la pandemia, vinculándola con una guerra biológica, y se apoya en argumentos de Luc Montagner -científico ganador del premio Nobel y representante del movimiento antivacunas- quien sostiene que el virus fue manipulado y que le insertaron secuencias de ADN del VIH.

Para explicar este carácter organizado, Brandolino despliega una narración genealógica donde describe un plan eugenésico que comienza con ideas malthusianas y darwinianas, a las cuales popularmente se las traduce como la supervivencia del más apto en un mundo de recursos limitados. Afirma el uso de fetos abortados en la producción de la vacuna contra el COVID-19, en clara articulación con su posición contraria a los derechos sexuales y no reproductivos. Explica que la vacuna será administrada para controlar el comportamiento de la población y señala que las fuerzas de seguridad en Argentina serán manipuladas mediante la vacuna que tiene en su interior un microchip y que permitirá monitorear a la sociedad.

Brandolino, en particular, nos permite conocer cómo funciona la combinación de un discurso conspiranoico con un discurso moralizante sobre la pandemia y las sexualidades. Así también, y dependiendo del contexto de enunciación, lo presenta desde su posición de médica utilizando terminología científica y apelando a papers y estadísticas, o presenta una genealogía de la dominación que explica el carácter organizado.

¿Entera novedad o total antigüedad?

La polarización entre nuevas y viejas narrativas que producen los sectores conservadores en los tiempos de coronavirus es, en nuestra interpretación, una síntesis poco fecunda para comprender el problema. Al interior de aquel conjunto de sentidos conservadores que se auto-presentan como cerrados sobre sí mismos, coherentes y consistentes, se hallan las claves de lectura históricas y proyectivas. Que son necesarias para desandar, reconstruir y fortalecer una estrategia para rebatir sus discursos que pre-existían a la pandemia, y que se han reactualizado a partir de nuevas tácticas.


Es novedoso que los sectores conservadores buscan la consolidación de una derecha en la región con una imagen joven e intelectual, apelando al uso de las redes sociales y la virtualidad. Existe, a su vez, un notable esfuerzo de refinamiento de los discursos de tipo secular con el objeto de debilitar al sector progresista desde sus propios términos. No sólo se apropian de los argumentos de corte biológico, genético o estadístico, sino que argumentan desde autores críticos de las ciencias sociales, políticas y la filosofía para debatir al “progresismo”.


Diversifican las estrategias comunicacionales en función del público al cual se dirigen: continúan presentes y conviven discursos de corte conspiranoicos, nacionalistas y, por momentos, religiosos o sobrenaturales. Como continuidades, advertimos que la política pro-vida/anti-derechos constituye, salvo algunas excepciones, un eje de consenso para los sectores de derecha en el contexto actual. Ya sea desde discursos libertarios, religiosos, de conspiración o nacionalistas, en general, hay un punto en común que es la oposición al derecho al aborto. Las excepciones son aquellas posiciones liberales que se encuentran a favor del aborto, pero que discursivamente son reconocidos como oposición o, en palabras de Laje, “progresistas disfrazados de libertarios”.

Si bien la pandemia del COVID-19 es identificada como una coyuntura óptima para los sectores progresistas para avanzar con las agendas feministas y LGBTIQ+, es reconocida como oportunidad para los propios sectores anti-derechos para interpretar el malestar y la crisis social, política y económica desde sus propias narrativas. Como vimos, en el nombre del Virus se han dicho múltiples cosas funcionales a la obstaculización sistemática de las políticas sexuales progresistas en general: no sólo contra el aborto, también contra los sectores LGBTIQ+, la educación sexual integral, el derecho a la identidad y el matrimonio igualitario. 

Frente a las transformaciones subjetivas y objetivas a escala mundial, en el contexto de confinamiento, la necesidad de defender lo conquistado y avanzar en nuevas conquistas de derechos, como la aprobación de la Ley de Interrupción Legal del Embarazo en Argentina y los desafíos que ello signifique a posterior siguen siendo una tarea histórica, urgente y, ante todo, colectiva que requiere de nuestras mejores y mayores imaginaciones y prácticas feministas.

*Por Cecilia Johnson* y Pascual Scarpino** para La tinta / Imagen de portada: La tinta.


*Cecilia Johnson: Feminista, Docente de la Facultad de Ciencias Sociales-UNC y becaria postdoc en CIECS-CONICET . Lic. en Trabajo Social y Doctora en Estudios de Género.

**Pascual Scarpino: Marica feminista, Lic. en Trabajo Social y Doctoranda en Estudios de Género, CONICET-UNC. Investigadora de «El Telar: comunidad feminista de pensamiento latinoamericano».

** Los artículos corresponden a la investigación “Hacia el giro lingüístico del derecho a decidir de las mujeres en Latinoamérica y Caribe: resignificando el lenguaje y la incidencia en época de COVID-19”, realizada por la Red Latinoamericana y Caribeña de Católicas por el Derecho a Decidir, con el apoyo del RFSU y su iniciativa L4C.

Palabras claves: Catolicas por el Derecho a Decidir, covid-19, legalización del aborto

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