Cannabis legal: la historia de las mujeres que buscan “argentinizar la semilla” de marihuana

Cannabis legal: la historia de las mujeres que buscan “argentinizar la semilla” de marihuana
22 abril, 2020 por Redacción La tinta

Charlotte Figi se convirtió en la víctima fatal de coronavirus más joven del estado de Colorado, en Estados Unidos. Tenía 13 años y sufría de Síndrome de Dravet, una versión de epilepsia refractaria. La noticia de su muerte recorrió el mundo: es que la lucha de su familia por darle una mejor calidad de vida impulsó a muchas al uso de cannabis medicinal. De hecho, Charlotte’s Web es el nombre de la única variedad que el Estado argentino hoy permite importar legalmente. En Guerrico, en la provincia de Río Negro, está el predio del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) que cultivará, por primera vez en la historia, cannabis medicinal, amparado por la ley. Dos mujeres fueron las impulsoras de esta iniciativa: Mariana Amorosi, del INTA, y la bióloga Gabriela Calzonari.

Por Emiliana Cortona para LATFEM

Una alameda custodia las dos hectáreas en las que hoy hay yuyos pero que pronto empezarán a albergar la primera plantación de cannabis estatal en Guerrico, en la provincia de Río Negro. Se trata de un predio del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) que cultivará por primera vez en la historia cannabis medicinal, amparado por la ley. Al fondo, pero a unos pocos metros de distancia pasa la ruta 22, esa que une Neuquén Capital con Fiske – Roca.

Mariana Amorosi es contadora y Gabriela Calzonari, Licenciada en Biología. Fueron las ideólogas de esta iniciativa inédita. La primera trabaja en el INTA desde los 21 años. La segunda fundó una ONG que se dedica a fondo a investigar, capacitar y asesorar sobre cannabis medicinal: Ciencia Sativa. Hace algunos años, ellas ni siquiera se conocían entre sí. El año pasado lograron que el Estado les apruebe un proyecto nunca antes realizado en el país: cultivar dos hectáreas de marihuana.

El predio accesible y ese es uno de los obstáculos para que el proyecto continúe avanzando. El Estado debe garantizar que nadie pase con facilidad ni que el cultivo esté en peligro. Es por eso que el jefe de la seccional de Roca y el de Cipolletti fueron al lugar y tomaron nota. Las autoridades locales elevaron un protocolo para poder blindar la plantación cannábica. Ahora resta que el Ministerio de Seguridad lo apruebe.

Mariana y Gabriela no saben la cantidad de plantas que pondrán en estas dos hectáreas. Porque todavía queda mucho por definir: la cantidad de invernaderos que se construirán, el espacio que dejarán entre planta y planta y las dimensiones que ocupará la plantación al aire libre, entre otras cuestiones. Lo que sí saben es que por hectárea se colocan entre 8 y 10 mil plantas. Con esa cantidad pueden cosechar entre 1 y 3 toneladas de flor de cannabis seco, con las que prepararán el primer aceite de cannabis medicinal de un proyecto público en Argentina.

La iniciativa aprobada en 2019 contempla la plantación, cosecha y creación de aceite de cannabis medicinal. Y la particularidad del proyecto, lo que le da la excepcionalidad, es que todo está canalizado a través de organismos públicos. Esa es la diferencia fundamental con un proyecto iniciado en Jujuy, en el que la financiación viene de una empresa privada estadounidense.

Además de Mariana Amorosi, dos personas más del INTA Alto Valle están abocadas al proyecto. Se suman a ese equipo 2 trabajadores de INTA Bariloche y 5 de la ONG Ciencia Sativa. Esas son las 10 personas que estarán a cargo de la plantación en Guerrico de cannabis.

Mariana tiene 36 años y vive en Fiscke Menuco – Roca. Hoy, Gabriela tiene 31 años y está en Bariloche. Por estos días de aislamiento, ambas trabajan desde sus casas. Se escriben todos los días y se ven, a través de la webcam, una vez por semana. “No importa si esto se atrasa un mes. Este proyecto, cueste lo que cueste, lleve el tiempo que lleve, se va a hacer igual”, dice Mariana Amorosi a LATFEM.

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(Imagen: LATFEM)

Cultivar el proyecto

Una década atrás Gabriela Calzonari y Mariana Amorosi recorrían caminos que nunca pensaron que se iban a cruzar. Gabriela plantaba marihuana y luchaba por su legalización. Era parte fundante de la Organización Cannábica de Bariloche. Gabriela escuchó por primera vez hablar de cannabis medicinal de la boca de un profesor de la Universidad del Comahue, en Bariloche, donde por ese entonces estudiaba biología. En España, ya estaban tratando a pacientes con cannabis medicinal y todo demostraba que para los dolores era el mejor tratamiento

Hace diez años Mariana Amorosi peleaba contra su rutina para recibirse de contadora. No había probado marihuana, ni siquiera en formato brownie. En 2017 escuchó por primera vez las palabras “cannabis medicinal”. Una amiga, terapista ocupacional le contó que había muchos y muchas pacientes que habían mejorado con su ingesta. Desde los 21 años que trabaja en el INTA. Desde ese espacio comenzó su interés sobre el tema y su ámbito laboral fue el territorio fértil para la incidencia.

En 2017, cuando el Congreso de la Nación sancionó la Ley 27.350, de Uso Medicinal de la Planta de Cannabis y sus derivados, fue la llave que permitió, para muches, empezar a experimentar con la planta. Gabriela y su ONG se reunieron con Silvia Horne, que en ese momento era diputada nacional. Le llevaron un pedido claro: “Necesitamos empezar a trabajar con el INTA o el CONICET. Necesitamos que nos des una mano”. Gabriela sabía que tenían una pequeña posibilidad de que el Estado empiece a investigar científicamente el cannabis.

Mientras tanto, Mariana venía hablando con su jefe en el INTA. “Necesitamos empezar a investigar el cannabis medicinal”, le decía. Pero él no tenía la suficiente facultad como para autorizar un proyecto de esa magnitud. Ella recuerda, por ese entonces, una persona con Parkinson que tomaba cannabis medicinal y en 5 minutos sus manos dejaron de temblar. “La gente está desesperada. Hay que darle una ayuda y escucharlos”, dice. Tras la sanción de la ley, su jefe le dijo: trabajemos en esto.

Casi como un pliegue del tiempo, Silvia Horne la contactó a Mariana. Le habló de una propuesta, de una ONG que hacía años trabajaba en la temática. Mariana, ya en el cargo de asistente de Planificación Regional del INTA Patagonia Norte, preparó valijas, y viajó a Bariloche. Fue en el predio del INTA que se encontraron para empezar a cranear el proyecto. Fue ahí que Mariana y Gabriela se vieron por primera vez. De distintas formas, venían investigando lo mismo: cómo dar respuesta a una demanda cada vez mayor.

Armaron un grupo de WhatsApp, mailing y hasta incluso trabajaron con videollamadas. Así elaboraron el proyecto. Cada una puso su parte: el INTA sus saberes sobre la redacción y gestión de proyectos. La ONG Ciencia Sativa el conocimiento técnico y científico de la planta de cannabis.

En noviembre de 2019 el ministerio de Salud – en ese entonces secretaría – aprobó el proyecto. Sin saberlo, inauguraron otro nuevo capítulo en el INTA. Por primera vez, el organismo nacional, trabajaría en conjunto, codo a codo, con una ONG en un proyecto histórico e inaugural.

La planta que sana

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció oficialmente la eficacia médica del cannabis y aseguró que no es una sustancia peligrosa y que puede traer importantes beneficios en la salud. En un informe publicado en 2017 la OMS asegura: “hay evidencia preliminar de que puede ser eficaz en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer, cáncer, psicosis, Parkinson y otros”.

No hay estadísticas específicas de la cantidad de personas que consumen cannabis medicinal a nivel mundial. Tampoco a nivel nacional. “Sabemos que, de 10 consultas en el médico, 7 son por cannabis medicinal”, dice Gabriela a LATFEM. Desde la Red de Cannabis y sus usos medicinales de la que la ONG forma parte junto al CONICET y otras organizaciones sociales y científicos, están elaborando una encuesta para justamente relevar el consumo que hay de cannabis medicinal en el país. “Sabemos que hay demanda”, agrega Gabriela.


En Argentina consumir cannabis medicinal sólo está contemplado para aquellas personas que padecen epilepsia refractaria. Se demostró que reduce, en algunos casos, hasta el 80% de las convulsiones. Pero la planta tiene beneficios para muchas otras dolencias que la ley deja afuera: reduce los efectos secundarios de la quimioterapia, ralentiza la progresión del Alzheimer, disminuye la ansiedad, mejora la salud en enfermedades autoinmunes, de hiperactividad /TDAH, de glaucomas, y síndrome de Tourette.


Se cumplieron tres años de la sanción de la ley 27.350 en Argentina que reguló el uso medicinal del cannabis. Recién en septiembre de 2017 se reglamentó pero la realidad es que esta norma colocó a muches en una verdadera trampa: si hoy alguien en Argentina necesita cannabis medicinal está obligade a estar en la clandestinidad. Solo pueden acceder de forma legal las personas que tienen epilepsia refractaria, dinero y unx neurólogue que se lo medique.

Para quienes ejercen la medicina tampoco es fácil: con receta triplicada tiene que hacer muchos y engorrosos trámites por internet y en el Ministerio de Salud. Lxs pacientes después tienen que pedir el aceite a Estados Unidos. El más popular se llama Charlotte Web. Su costo ronda los 500 dólares el frasco y puede tardar hasta 6 meses en llegar. “Todo el mundo está en la ilegalidad con la modificación de la ley de salud, los autocultivadores también quedaron en la clandestinidad”, asegura Gabriela.

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(Imagen: LATFEM)

Madres y padres se emocionan cuando cuentan la primera vez que le dieron gotitas de cannabis medicinal a sus hijxs. “Es un nuevo nene”, “el cannabis medicinal me devolvió el hijo que la medicina había tapado”, se escucha de personas que cultivan cannabis para sus hijxs. La denuncia de un vecino o vecina siempre es un riesgo latente.

“Yo me pongo en el lugar de la mamá que necesita cultivar para que a su nene no le dé más epilepsia. Nosotrxs como Estado tenemos que darle una respuesta a esta gente”, dice Mariana.

Argentinizar la semilla

Importar semillas de cannabis hoy en Argentina es ilegal. Por eso, tienen que esperar la autorización excepcional del Instituto Nacional de Semillas (INASE) y del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA). Además confían que el aislamiento social no retrase los tiempos planificados. Tienen estipulado traer entre 7 y 8 sepas de distintos bancos de semillas, de Colombia, Alemania y Estados Unidos.

Para importar semillas estos Institutos establecen protocolos y estrictas reglas a cumplir. Las semillas deben cumplir su propia cuarentena, que nada tiene que ver con el coronavirus. Este procedimiento se hace con todas las semillas que tengan poder germinativo. Y lo que se busca, es justamente, evitar la importación de las plagas botánicas de otros países.

Con el proyecto intentan, por así decirlo, “argentinizar la semilla”. Es decir, mediante cruza y selección, investigarán mejorar genéticamente la planta y tener una variedad nueva. No solo eso, sino también quieren evaluar como crece la planta con determinadas características agroecológicas y agroclimáticas. En definitiva, buscan ver cómo responde la planta al clima patagónico. Por eso, cultivarán al aire libre y en invernaderos. Y claro, también hacer fitopreparados para que las personas que padecen dolencias y enfermedades puedan acceder de forma pública a este medicamento.

“No sabemos si vamos a empezar toda la etapa junta o si lo vamos a hacer escalonadamente”, explica Gabriela. La idea es que el Estado esté en todas las etapas: desde la plantación hasta la creación de cannabis medicinal. “Llegar a esas personas que necesitan y estar en donde hoy no se llega”, asegura Mariana. Y da un ejemplo: “hay gente que necesita hoy aceite y no cultiva porque no se anima”.

Para trabajar la preparación y distribución del aceite de cannabis van a convocar a hospitales públicos de la provincia de Neuquén y de Río Negro. También a la universidad del Comahue y a la Universidad de Río Negro. Y al PROFASE, el laboratorio público de la provincia de Río Negro. Pero para llegar al aceite primero hay que plantar. Después cosechar, secar y recién ahí preparar el aceite.

La cosecha que nunca se acaba

Si unx cultivadorx planta en octubre, la primera cosecha debería ser en mayo. O quizás un poco antes: entre marzo y mayo. Siempre depende de la tecnología que usen. Para la cosecha de las plantas del exterior, hay que esperar el ciclo de la planta que puede tardar alrededor de 8 meses. En indoor, donde la tecnología está controlada, los tiempos se acortan. “Depende de la forma en que terminemos plantando y cultivando. La idea es que vaya saliendo aceite escalonadamente, constantemente”, dice Gabriela. A ese procedimiento se lo conoce como ciclo continuo.

La cosecha se hace con algunas máquinas, pero en su gran mayoría es un trabajo artesanal, a mano. Una vez que la flor esta lista, el ramo se despelucha, se le sacan las hojitas más chiquitas y se cortan de a poco. Las flores, los cogollos, son lo que más importa. Ahí están los elementos con los que se fabrica el aceite.

Para preparar un gotero hay que tener en cuenta la patología y el síntoma que se quiere tratar. Hay diferentes diluciones y concentraciones que varían en la preparación del cannabis. Pero, en general, según Gabriela, se necesitan entre 2 y 5 gramos de cannabis.

El INTA no va a costear el proyecto. Por eso están buscando financiamiento público, del Estado Nacional o provincial. Las tratativas para hacerlo también entraron en cuarentena: están negociando en formato virtual.

Gabriela está convencida de que se deberían legalizar otras drogas, “pero siempre reguladas”. En cambio, Mariana no lo tiene claro. A las dos les cambia la voz cuando hablan del proyecto. “Estamos viviendo algo impensado”, dice Gabriela. Se emocionan y se les nota: “Somos pioneras en esto”, confirma Mariana. El predio de Guerrico hoy está vacío. Para muchxs, es solo yuyos y pastizales. Para ellas, en cambio, es un cambio de paradigma, es el comienzo de una vida más sana.

*Por Emiliana Cortona para LATFEM / Imagen de portada: LATFEM.

Palabras claves: cannabis, coronavirus, INTA, legalización del cannabis

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