Un abrazo grande como una casa

Un abrazo grande como una casa
16 agosto, 2019 por Redacción La tinta

La «Casa de Varones Trans y Familias» es un proyecto autogestivo orientado a acompañar, abrazar y facilitar respuestas a varones en procesos de transición y a sus familias. Entre mates, conversamos con Santiago Merlo, integrante del espacio, quien nos contó por qué la casa, cuál es la proyección y cómo se organizaron para darle entidad a este sueño.

Por Redacción La tinta

Santiago nos recibe sonriendo y así nos invita a subir las escaleras de una casa esquina en el corazón de barrio Colón, al sudeste de la ciudad de Córdoba. Nos guía por los espacios que componen la Casa de Varones Trans y Familias: una habitación para encontrarse en la charla, un espacio de gimnasio, de aprendizaje y desaprendizaje, otro de consultas, de vida y abrazo. La casa se arma como eso que hubieran soñado tener en sus procesos de transición. “Cuando uno piensa en un espacio, es imposible no hacerlo desde lo personal”, explica Santi, “crear este lugar fue pensar en lo que cada uno hubiese necesitado en ese momento”.

La Casa es un espacio de abrazo en el largo y, por momentos, difícil camino de la transición. Quienes la motorizan ya pasaron “la primera parte de desconcierto y, ahora, con otras herramientas y posibilidades, intentamos que el camino sea más amoroso y más ameno para el otro”. Los mueve las ganas de “apichonar y abrazar” que sobrevienen, en su experiencia, “después del momento que no querés saber nada con el mundo, porque es un camino de muchos duelos, muchas despedidas, a veces, de gente querida, de espacios, del propio cuerpo, de un nombre, de un destino aparentemente prefijado y eso te lleva mucho tiempo con vos mismo”.

La intención es abrazar a los que vienen, porque “cuando uno transiciona, se encuentra en el camino con las primeras preguntas: quién soy, dónde estoy y qué puedo hacer para que eso que soy se pueda ver de afuera, porque la vivencia también es muy hacia adentro, muy silenciosa”. La mayoría de los varones trans fueron socializados como niñas y la transición es el corrimiento de ese lugar y “que se empiece a plasmar desde lo físico eso que sos, hay una discordancia, es una búsqueda de identidad”. Además, construir otro tipo de masculinidad es un gran desafío, “sabiendo que los estereotipos, los binarismos, la heteronorma te marcan, que tomás algunas cosas, pero tenés la posibilidad de construir esa masculinidad como un lienzo en blanco”.

Así, la casa es el animarse a ir más allá de pasarse información, abordando colectivamente otras necesidades que aparecen: de trabajo, de finalización de estudios, de acompañamiento legal y psicológico. “Un día abrí, la puerta y la vi llena de gente, de música, vi una muraleada y se me voló la cabeza, y la respuesta de armar esto la encontré en ese momento: sí, dije, este es el lugar”.

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—Si bien en Córdoba hay otras casas trans, ¿por qué construir una específicamente para varones?

—Tiene que ver con que hombres, mujeres y personas no binaries, cada uno tiene sus propias necesidades, y en las transiciones a nuestros cuerpos, que nacieron como máquinas biológicas perfectas para ciertas funciones, tenés que volverlos a cero y volver a construir. Ahí te encontrás con temas de salud, porque seguimos necesitando ir al ginecólogo y la seguimos pasando mal, violentados al ser nombrados con el nombre que no nos llamamos más. Al ser socializados como niñas, hemos vivido abusos y violencias de género.

Podríamos haber hecho una casa en general, o de la diversidad, pero esto es lo que uno maneja y sabe, y podemos ayudar específicamente en esto: cuáles son los centros de salud y los profesionales amigables, donde llegás y sabés que no tenés que estar dando tantas explicaciones. Cada uno, desde su propia vivencia, fue trayendo información y armamos un banco de datos, entonces, cuando llega alguien que los necesita, podemos sugerir dónde ir. Es información de territorio, del cuerpo como territorio pedagógico. En cuanto a la asesoría legal, también hay especificidades porque, si bien existe la ley, hay cuestiones como la tenencia de les hijes o quienes no quieren hacer cambios por cuestiones familiares, de herencia, por violencias o niños y pibes que no tienen el apoyo familiar, entonces, pensar esos casos desde lo legal. Además, fue importante, cuando empezó a discutirse la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, pensar en abortos trans, qué pasa con los varones trans que tuvieron una transformación hormonal y se encuentran en esta situación, poder orientarlos.

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Santiago, entre mates, comparte su infancia en Villa Dolores, su necesidad de irse para ser quien quisiera ser, la incertidumbre de no poder nombrar lo que le pasaba, la primera vez que vio un cuerpo trans, su incredulidad de que algo pasara para vivir más libre. “A medida que voy caminando, voy haciendo cada vez más consciente eso de abrazar el niño interior, el joven, el adolescente, todas las etapas que no tuviste o no pudiste vivir como tales”.

Hace 25 años que Santi decidió transicionar, un momento otro, sin ley, sin discursos circulando. “Sentía que no encajaba, huérfano de espacio, huérfano de lugares, sin un adulto que me diga ´no te preocupes, no hay nada malo en vos´, porque yo me sentía culpable. Inventé relaciones con varones cis para tratar de ser normal, de pertenecer, pero no había forma, fueron muchas soledades de tiempos memorables”. Sus recuerdos viajan casi 40 años, en el jardín, yendo al baño de nenes, deambulando sin jugar con juguetes de niñas y sin ser aceptado por los varones, maestras llamando a su madre por esta niña que no encajaba. “Quería ser invisible o pensaba que no era un mundo para mí”.


Con una sonrisa, habla de un presente distinto, de una generación que vive una ruptura con lo anterior. “Nos toca a nosotros ahora acompañar como no nos acompañaron”. Su madre, quien en su momento no pudo, no supo, aunque ahora es la principal colaboradora del espacio, le dijo una frase sanadora: “Ojalá hubiera tenido las herramientas para liberarte antes”. Hoy, la Casa se brinda para convidar esas herramientas.


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—¿Cómo llegan las personas a la Casa?

—Soy tallerista de Educación Sexual Integral con la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba, vamos por toda la provincia, abordando el eje de diversidad, soy licenciado en Comunicación y docente en nivel medio, y me dieron la posibilidad inmensa de entrar en la escuela y hablar a familias, docentes, chicas, chicos. Cuando terminábamos, se acercaban muchos con historias relacionadas a transiciones y, a la noche, me quedaba pensando qué habría sido de esas historias, y me di cuenta que no había un lugar para sugerirles, más allá de pasarles material o que hablaran conmigo. Empecé a hablar con compañeros con los que siempre nos juntamos para ver si podían hablar con algunos de los que se acercaban, hasta por una cuestión etárea, y, a la vez, indagar en la historia familiar y poder llegar a la familia para que sepan que pueden hablar con alguien grande, ponerme a disposición para acompañar. También llegan por posteos de la fanpage de Facebook, te mandan inbox. Les decimos que se vengan al lugar, que internet está buenísimo, pero no está todo ahí. Además, es en Córdoba capital, más allá de algún caso aislado en el interior, donde se hacen las hormonizaciones y las cirugías, así que sí o sí van a venir, y tener referencias de algún lugar para llegar es importante.

—¿Cuál es la situación actual de las prestaciones de salud?

—Hay mucha demanda y no todos están a la altura de las respuestas. En algunos centros de salud, se hace solamente hormonización o te recibe la psicóloga y luego la hormonización, no porque la psicóloga tenga que dar un diagnóstico, porque eso es ilegal, pero saber qué hay al menos. En un lugar, hay psicólogo y endocrinólogo, en el Hospital Rawson, hacen hormonizaciones, y el Florencio Díaz que es el único que está haciendo reasignaciones en este momento, totales o parciales, con bastante demora, pero al menos con una respuesta. También el Hospital municipal Príncipe de Asturias dicen que trabaja con atención integral y general, sin intervención quirúrgica.

Con las obras sociales es más complejo, algunas se resisten a la atención, a darte las hormonas 100% gratuitas como dice la ley, al igual que las cirugías, tenés que hacerlo por notas, presionando, casi amenazando. Si bien están contempladas en el plan médico obligatorio, hay personas en la mesa de entrada que las desconocen, entonces, por más ley que haya, si no hay sensibilización o una decisión política de las obras sociales, seguís dando vueltas.

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Así, desde la Casa, construyen los atajos para saber cómo actuar en cada caso particular, según la necesidad. No hay cartilla de prestadores para personas trans y, en general, más que decisión política de las obras sociales, les profesionales actúan por convicción personal, generando redes para asistir en cada caso. Desde la Casa, realizan dos acciones en torno a la atención de salud que facilitan el tránsito por las instituciones: por un lado, la base de datos sobre quiénes trabajan con transiciones, cuidando siempre a les profesionales que los cuidan. Por otro lado, crearon una “ventanilla de turnos”, esto es: desde la casa, gestionan los turnos para las personas que no viven en la capital, así se ahorran los costos de movilidad previos a la consulta.

Santi va tramando el relato de la casa siempre con otres: los integrantes del espacio, las escuelas, las charlas, las familias, los centros de salud y sus profesionales, la gente que se solidariza con el espacio. Mientras habla, resulta esperanzadora la expansión que genera el proyecto, interpelando personas que despiertan a mirar una realidad que, sin embargo, no apareció ayer. “Todo aparece como novedoso, como si fuese una moda ser trans, pero no es que de un día para el otro salimos de abajo de las baldosas, sino que necesitábamos estas leyes para que se empiece a visibilizar en el marco de derechos. Aunque no es todo, cada día la militás, es agotador, pero, mientras haya cierta hostilidad, es necesario seguir abrazándose en lugares más amorosos”.


Con la convicción de que solos es imposible, se traman alianzas con personas que apoyan, comprenden y están dispuestas a aprender. Sin embargo, esperan que, en un futuro, quienes estén frente a las actividades sean chicos trans profesionales o con conocimiento en distintas áreas. “Armamos enfermería y el enfermero, que también es emergentólogo, es trans y ya que te atienda un par es totalmente distinto. Hay dos profesores de educación física y un personal trainer que son trans, que tienen a cargo armar las actividades físicas pensando en encuentros recreativos y deportivos coordinados por ellos. Un compañero está a punto de recibirse de psicólogo, otro de teatro… comenzás a encontrarte con compañeros que están en formación y que, en meses, pueden acompañar sin supervisión, qué mejor que poder tener en Córdoba los primeros profesionales de carreras y oficios que estaban guardados, y que vienen y proponen con muchas ganas”.


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—Pensar el proceso de transición supongo que también es sanar todos esos duelos de los que hablabas, ¿cómo los piensan desde este espacio?

—Tenemos un proyecto de trabajar el teatro desde el psicodrama, pensando que nos va a ayudar, estamos armando talleres de otras artes: pintura, escritura, haciendo bitácoras propias, que la catarsis se vuelque en algún lugar. La sanación siempre empieza por decidir sanar, que también tiene que ver con reconciliarte con tu cuerpo, con tu nombre, con tu historia y saber que ese cuerpo, ese nombre y esa historia también te trajeron hasta acá y lo tenés que abrazar, y con eso que fuiste y que vas a seguir siendo vas a vivir toda la vida, no lo podés disociar, porque eso sí sería patológico, pensar que hay algo que no es, negar la construcción. Por eso, también, cuando pensamos en la casa de varones, pensamos en familias, las que vamos construyendo con nuestros compañeros de vida, con nuestros proyectos de paternar, de construir nuestras propias familias. La familia es lo que hacés con las personas que querés, independientemente de tu sangre.

—Los varones trans han estado siempre más invisibilizados que las mujeres trans, ¿a qué creés que responde?

—Creo que tiene que ver con haber sido mujeres y, entonces, se nos dejó siempre en un segundo lugar, algo que hoy gratamente estamos deconstruyendo. Nosotras pasábamos en el sistema como mujeres lesbianas, bisexuales, marimachos o nenas machonas, desde chiquitas hasta que pudimos decir con nombre y apellido lo que estábamos viviendo. Ese estar atrás de escena hizo que no tomáramos las banderas de salir a mostrarnos. Además, las compañeras mujeres la pasan muy mal, son otro tipo de violencias, son distintas, pero la pasan peor, las están matando. A nosotras nos siguen violentando, recibimos violaciones correctivas, pero, aun así y a pesar de toda esa violencia, que no es admisible, son ellas las más vulnerables en este sistema y son las que se organizaron, tomaron las banderas y salieron a pelear por sus compañeras asesinadas. Nosotros íbamos acompañando de atrás en espacios que ellas crearon primero. Nos ha costado organizarnos a nosotros, pero creo que estamos en otro momento histórico, que quienes andamos desparramados nos tenemos que juntar aunque pensemos distinto, porque nos siguen violando, nos seguimos muriendo en abortos clandestinos, seguimos invisibilizados para nuestras familias, nos siguen construyendo relaciones de mentira, nos sigue costando ir al ginecólogo y nos seguimos muriendo de cáncer de útero o de mamas. Nos fajamos para que no se noten los pechos o nos fisuramos el esternón poniéndonos esas fajas mortajas.

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“Es hermoso lo que está pasando, me conmuevo todos los días. Queremos que los chicos vengan a la casa y que la casa sea como un espacio simbólico, que quien atraviese esa puerta sienta que pueda ser abrazado, acompañado, incluso, volver al útero y volver a nacer”, concluye Santiago.

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*Por Redacción La tinta / Imagen de portada: Carolina Wannaz.

Palabras claves: LGBT, trans

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