Enero nos arde en el pecho

Enero nos arde en el pecho
4 febrero, 2019 por Redacción La tinta

Escribir nuestra primera editorial del año no es cosa fácil. Nos fuimos pensando en nuestras luchas intensas y en todo lo que volteamos este 2018 que se fue. Pensamos que íbamos a escribir sobre todo lo que soñábamos hacer este año que venía para ser estrenado. Pero, tan sólo en un par de horas de iniciado el 2019, todo se desmoronó. Enero nos arde en el pecho, como nunca.

Por Redacción La tinta

Las cifras del 2018 no eran para nada alentadoras, pero nuestra lucha logró visibilizar las violencias machistas y ponerle voz a los silencios que nos ocultaron durante tanto tiempo. Sabíamos que las reacciones iban a ser fuertes, pero jamás imaginamos que estaríamos escribiendo, un 31 de enero, una editorial de tanto hartazgo, llanto, bronca y dolor.

Los números del 2018

Un repaso rápido por el año que se fue nos deja cifras alarmantes: 259 femicidios, de los cuales 229 fueron mujeres, 26 femicidios vinculados y 4 travesticidios (MuMaLa). Buenos Aires es la provincia con el mayor número de casos, pero Córdoba no se queda atrás, se ubica segunda con 21 mujeres menos. Los últimos días del año fueron especialmente cruentos, en 10 días, entre el 22 de noviembre y el 2 de diciembre, hubo 12 femicidios directos y uno vinculado.

Ya otras veces, hemos hablado de “feminicidios” para referirnos a lo que está sucediendo en la actualidad: “El feminicidio es el genocidio contra mujeres y sucede cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales que permiten atentados violentos contra la integridad, la salud, las libertades y la vida de niñas y mujeres. En el feminicidio, concurren, en tiempo y espacio, daños contra niñas y mujeres realizados por conocidos y desconocidos, por violentos -en ocasiones, violadores- y asesinos individuales y grupales, ocasionales o profesionales, que conducen a la muerte cruel de algunas de las víctimas. Sin embargo, todos tienen en común que las mujeres son usables, prescindibles, maltratables y desechables. Y, desde luego, todos coinciden en su infinita crueldad y son, de hecho, crímenes de odio contra las mujeres” (Lagarde, 2012). ¿Por qué sigue siendo válido usar esta categoría, hoy más que nunca? Veamos los datos concretos.

Cuando el gobierno de Mauricio Macri asumió en 2015, manifestó que iban a multiplicar los esfuerzos para combatir la violencia de géneros y asumió algunos compromisos que iban en consonancia con las campañas que los movimientos feministas veníamos planteando al calor del incipiente NI UNA MENOS. Al poco tiempo, el antifaz empezó a caerse y las promesas electorales dieron paso a la realidad. A fines del 2018, la aprobación del presupuesto para el año 2019 puso de manifiesto que el ajuste nos afecta, en mayor medida, a quienes nos encontramos más vulnerables. El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) hizo un análisis de los números y dejó reflexiones alarmantes. Lo que se destinaría para abordar problemáticas de géneros en 2019 es sólo un 0.11% del gasto total previsto, una caída del 19,1% en términos reales con respecto a 2018.


El Instituto Nacional de las Mujeres (INAM) recibiría un aumento que, en la realidad, es ínfimo con respecto a la inflación prevista. Lo mismo pasa con otros proyectos, que han recibido “aumentos” muy pequeños, pero que, en la práctica, con la inflación, son ajustes muy grandes. Pero, además, en el 2018, esta secretaría sólo ejecutó una parte de su presupuesto, es decir, subejecutó el presupuesto que ya era, de por sí, acotado para la problemática a la que estaba destinado. El Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las mujeres, anunciado con bombos y platillos, fue prometido con una partida casi del doble de lo que está presupuestado para el 2019. Incluso, el ítem de “patrocinio gratuito a víctimas” recibiría 0 pesos. Para el momento en el que se votaba este presupuesto, ya había más de 200 mujeres e identidades disidentes asesinadas, una cada 30 hs. Emergencia, ¿dónde?


Pero no pensamos que sólo con programas específicos se avanza en contra de la violencia machista. Sabemos que el abordaje para una solución debe ser integral y, por eso, miramos también en los presupuestos de salud, educación y trabajo, incluso en el poder judicial. Lo que estos destinan a prevención y erradicación de las violencias es, en algunos, casi inexistente. La mayoría de los presupuestos para la salud sexual y procreación responsable, por ejemplo, fueron sub ejecutados en 2018. No hay casi ningún programa nacional destinado al apoyo de las identidades disidentes, con un número de 78 trans travestis fallecidas el año pasado por la desidia estatal. Incluso, cuando los funcionarios se propusieron identificar aquellos ítems específicos a la cuestión de géneros en el armado de los presupuestos, las secretarías (ex ministerios) y dependencias fallan en demostrar que esto es una prioridad.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

2019 en rojo

Uno de los peores calendarios que podríamos esperar. Casi todos los días, nos amanecimos con une de nosotres asesinade. Si no, estuvimos en vela para que aparezcan las que estaban desaparecidas. Todas lo hicieron, pero asesinadas. Dos niñas sufrieron, a su corta edad, el brazo más cruel del patriarcado. Fueron violadas. Machos buscando reafirmar su “hombría”, en manada, abusando de una niña. Y una nos dolió por demás, porque fue violada dos, hasta tres veces. Por un familiar, por el Hospital, por el Estado. Obligada a parir. Exhibida en los medios. Usada por el poder.

Enero 1: Celeste Castillo asesinada. Una adolescente de 14 años abusada en manada en Miramar.
Enero 4: Valeria Silvina Juárez asesinada.
Enero 7: Daiana Moyano asesinada. Joselin Nayla Mamaní asesinada. Ataque de odio a la activista trans Lara Bertolini.
Enero 8: Gisel Romina Varela asesinada.
Enero 9: Liliana Loyola asesinada.
Enero 12: Susana Yas asesinada.
Enero 13: Agustina Imvinkelried asesinada.
Enero 15: Danisa Canale asesinada.
Enero 16: Romina Ugarte asesinada. Mujer asesinada, encontrada en Guaymallén, de identidad desconocida.
Enero 18: Le practican una cesárea a la niña de 12 años violada en Jujuy que había pedido por una ILE. La bebé fallece a los pocos días.
Enero 19: Carla Soggiu asesinada. Silvia Pereyra asesinada. Billy Molina, una mujer trans en la Rioja, fue agredida por un policía.
Enero 20: Liliana Ramona Olguín asesinada. Ramona Romero asesinada.
Enero 21: Sandra Bordón asesinada.
Enero 27: Mirna Antonella Di Marzo asesinada.
Enero 28: En Córdoba, se contabilizan 200 denuncias contra la integridad sexual de las mujeres, el triple que el mismo mes del año anterior, y el 80% se dieron en el ámbito privado o familiar.
Enero 29: Gisella Solís es, finalmente, encontrada después de varias semanas desaparecida, asesinada.
Enero 30: Valeria Coppa asesinada-Paula Giménez es asesinada.
Enero 31: Juana Carolina Brítez, embarazada, es asesinada.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

EMERGENCIA: ¡NOS ESTÁN MATANDO!

El movimiento feminista alzó la voz. Que se declare la emergencia nacional en violencia de género ya. Que el Estado asuma con políticas concretas una situación que venimos denunciando hace décadas. En la punta de la pirámide de las violencias, está el feminicidio. Hoy es para nosotres el miedo más intrínseco. Pero, por debajo e invisibilizadas, se encuentran todas las otras violencias cotidianas que sufrimos las mujeres e identidades disidentes, y que van sosteniendo, como andamios firmes, al patriarcado imperante.

El #Mirácomonosponemos fue un paso adelante muy importante cerrando el 2018, que permitió que muches comiencen a visibilizar la cultura del abuso y la violación en los ámbitos laborales y familiares, corriendo la culpa y la vergüenza de la víctima al victimario. Esta pedagogía aleccionadora sobre nuestros cuerpos -constante en nuestras vidas- fue nombrada y condenada públicamente. Pero no alcanzó.


Enero nos mostró que el machismo reacciona violentamente cuando lo señalamos con el dedo. Los recursos que tenemos no son suficientes, los estatales y los alternativos. Nuestras redes de contención no dan abasto. Muchas se están animando a buscar ayuda, pero, incluso las que se animan a atravesar las peripecias de la vía legal, tampoco tienen la supervivencia asegurada. De hecho, asumen riesgos muy grandes. No alcanza.


Pedimos una ley de Interrupción Legal del Embarazo porque queremos decidir sobre nuestros cuerpos.

Pedimos Educación sexual Integral porque necesitamos que les niñes crezcan en un mundo de libertades para ser, libres del odio, libres de las violencias.

Pedimos presupuesto para que el Estado se haga cargo de las emergencias y aplique políticas de calidad en salud, educación y trabajo.

Pedimos eso y, mientras, vamos creando este mundo nuevo que queremos. Sabemos que la vía punitiva no es una opción, la cárcel no va a hacer de éste un mundo más seguro para las mujeres. El patriarcado tiene que caerse, desde abajo, de raíz.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

Mientras escribimos esto, nos avisan que encontraron a otra de nosotras, asesinada. Nos vimos obligades a agregarla a la lista. ¿Cuántas más ya no están y no lo sabemos? Lloramos. Tenemos bronca. ¿Qué más hace falta para que lo (nos) vean?

Estamos hartas.

Paren de matarnos.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

*Por Redacción La tinta / Fotos: Colectivo Manifiesto.

Palabras claves: Femicidio, Violencia de género

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