Diversidad, territorio y prácticas médicas inclusivas

Diversidad, territorio y prácticas médicas inclusivas
1 marzo, 2018 por Redacción La tinta

Por Paula Daporta y Facundo Di Cuollo para Revista Furia

La cuestión pasa por estar alerta. Alerta ante nosotrxs mismxs y nuestras prácticas. Actitud de sospecha sobre lo que acontece con cierta incómoda naturalidad. Algo hace ruido. Y de pronto esa interferencia puede permitir que algo se transforme. Así, de ese “estar alerta” comienza a construirse el “Consultorio de Diversidad” en la Unidad Sanitaria Juan Manuel de Rosas de Isidro Casanova a mediados del año 2017.

En una amena charla con Lo Menos Pensado, Guadalupe Alvarez (médica generalista), Silvia Reitano (trabajadora social) y Daniela D’ovidio (Psicóloga) nos relatan cómo un día comienzan a modificarse determinadas prácticas. En este caso, las prácticas médicas hegemónicas, en un contexto territorial concreto donde la urgencia, las corridas y la recarga de trabajo juegan como protagonistas. Ahí en el medio de la urgencia, se da lugar a lo que emerge. Estar alerta. Mirando y escuchando. De pronto, la sospecha se convierte en certeza y algo se empieza a mover.

El “Consultorio de Diversidad” emerge como proyecto dentro de la Unidad Sanitaria Juan Manuel de Rosas. Un espacio de salud con un fuerte anclaje territorial, con más de dieciocho años de actividad. Comenzó siendo un móvil que se iba metiendo en los barrios. Hoy en día atiende a una población diversa y en constante aumento.

El equipo no puede prever la cantidad de personas que viven por la zona. La generalidad es que siempre va en aumento, al igual que la población que se atiende en la sala, que también va creciendo como una constante. También vienen de otras zonas, como Merlo. El rumor de que “acá se consiguen turnos” no tarda en llegar. No se trata de suerte, ni de amplia disponibilidad horaria en comparación a otros espacios, sino como ellas mismas mencionan de una “política abierta”.

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Foto: Colectivo Manifiesto

Silvia llegó a la sala cuatro años después de su inauguración. Su rol era difuso, complejo… pero sobre todo parte de una decisión política.

Ella explica: «Soy la más vieja, ¡la más vieja en todo sentido! Hace catorce años que estoy acá, pero llegué por accidente. No había pensado nunca en trabajar en el área de salud, porque no era fácil, y no había este tema de las residencias para trabajo social. Era el año 2004. El jefe de la región tenía nueve cargos para cubrir, y entre esos nueve cargos decide llamar a cuatro médicos generalistas y cinco trabajadores sociales, porque no había en lo que era primer nivel de atención. Fue una decisión política, decididamente».

«Es un rol que no estaba ni está establecido. Un rol que particularmente tuvimos que construir. Yo lo llevé a lo que es atención primaria, y para todo lo que es preventivo y promocional, más allá de lo que es toda intervención ante determinadas situaciones particulares. Pero me costó mucho erradicar el tema de ‘vengo a pedir, vengo a pedir, ¿me da?’. Que la población entendiera que hay cosas que son por derecho y no por pedido, y que también entendiera que nosotros no tenemos el poder de dar. Por lo menos esa es la política que intenté imprimirle al centro desde el trabajo social. Entonces hoy está prácticamente erradicado eso; y sí hay intervenciones en situaciones muy particulares en torno a problemáticas familiares que están relacionadas con salud, donde el recurso termina siendo algo anecdótico, la mayoría de las veces. Si hay una necesidad el recurso va a estar, pero no es lo prioritario», agrega.

La mirada deconstructiva de la medicina hegemónica nos aparece en el rol de Guadalupe, médica generalista, trabaja en la sala hace ocho años a partir del programa de médicos comunitarios, tras realizar su residencia en “Fuerte Apache” (Barrio Ejercito de los Andes – Tres de Febrero). Programa comprometido a nivel político, pero endeble en términos de seguridad laboral. Contratos trimestrales, legajos municipales, pagos a medias con Nación. Situación que atenta contra planificación como la que nos relatan en esta charla, pero que para nada anulan la actitud de sospecha y la acción a largo plazo.

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Foto: Colectivo Manifiesto

Retomando las particularidades de la salita, tanto Guadalupe como Silvia nos hablan de las barreras que atentan muchas veces contra los derechos en torno de la salud. Barreras burocráticas, de rutinas. Que deben tan solo ser “sospechadas” para ser repensadas y transformadas. «Hay muchas barreras, tenés que venir a las seis de la mañana, después no hay número, tenés que ser de la zona, tenés que tener documentos, si no no te atendemos. Todo esto genera barreras. La mayoría de las salas cerraron sus puertas a las 12 y se acabó todo. Acá tratamos de ser más amigables, si hay que dar anticonceptivos y la médica justo no está, nosotras se los damos. En particular yo estoy en contra de hacer colas a las seis de la mañana» cuenta Silvia.

Guadalupe por su parte, dice que da «turno programado; los pacientes saben que vienen tal día a tal hora y si no, saben que vengo tal día a tal hora y me dicen ‘doctora tengo esto’ y vemos, si podemos los hacemos y si no lo acomodamos». Silvia agrega: «Lo que pasa también, es una educación en ambos sentidos, institucional y de la comunidad, que responde a un modelo médico hegemónico. En general, en las salitas no había equipos, o sea estaba el médico y la enfermera. Esa dupla hegemónica donde entran a las cuatro de la mañana, entran todos, y te podés quedar hasta las cuatro de la tarde, pero vos tenés que estar clavadito ahí desde las siete, es un ejercicio de poder. Entonces que haya equipos, equipos interdisciplinarios, otra forma de dar turnos. Por ejemplo, la médica pediátrica también puede dar turnos programados, donde se trabaja con el control del niñx sano».

En el marco de la sala, se vienen llevando adelante el programa de salud sexual. Las trabajadoras sociales son las encargadas de entregar los preservativos, los anticonceptivos y hacer las entrevistas a las chicas. «Esto que pasa en muchos lados, que si no pasás por el médico no te podemos dar el anticonceptivo, en esta sala no sucede. Si estamos algunas de nosotras -que estamos capacitadas para hacer una consejería individual y darle el método anticonceptivo-, se lo damos» aclara Silvia. Guadalupe lo justifica con claridad, porque «el uso y costumbre hace que vos vayas al médico y que una adolescente de quince o dieciséis años va temerosa al médico ginecólogo y le dice ‘vengo a cuidarme’, y el médico te manda a hacer primero un pap, una colpo, ecografía mamaria, ecografía ginecológica, y ¿qué sucede? Esa chica vuelve embarazada. Entonces la idea es, ‘hacete todos los estudios y está muy bien, pero de acá te vas con métodos anticonceptivos'».

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Foto: Colectivo Manifiesto

Una cosa lleva a la otra

Silvia cuenta cómo fue la idea del consultorio que tuvo todo un proceso. «Si venís trabajando desde el programa de salud sexual, empezás a tener en cuenta las cuestiones de género. El programa de salud sexual proviene de una ley del 2002, previa a la Ley de educación sexual integral que es del 2006. Entonces todas estas cuestiones son parte y están incluidas en la ley. Pero la realidad es que no estaba el recurso humano. Por eso es necesario potenciar a las personas que están trabajando. No lo podés hacer solx, y necesitás de un equipo. La realidad es que tenés que tener en cuenta la situación actual de la población. Entonces prestás atención y escuchás que la gente dice que se va al hospital Paroissien, ¿y por qué va al hospital y no viene a la sala? No vienen porque las instituciones somos expulsivas, a pesar de que hoy en la sala sabés que puede venir una trans y la tenés que atender. Por supuesto que hay una evolución porque hace quince años atrás esto hubiera sido impensado. Hoy hay que remarla, aunque no sea bien visto, hay que visibilizarlo, y para esto hay que poner el cuerpo».

Guadalupe cree que «esto se empieza a pensar más a partir de la ley de identidad de género. Donde si bien para todos sería obvio que todos tenemos derechos por igual de tener asistencia, hubo necesidad de que existiera esta ley para asegurarla. A partir de la ley, desde lo colectivo se puede pensar que hay un resguardo y puedo protestar desde allí. Así y todo, siempre en última instancia depende de las voluntades. Pero la ley es una puerta importante». Y en ese sentido, Silvia resalta esta idea, «claro, podemos enunciar la ley que plantea la igualdad y el reconocimiento de derecho en la diversidad. Pero de ahí a aceptar la diversidad, y no sólo en cuestiones de género, sino de diversidad en general. Es lo que cuesta, aceptar lo diverso».


El consultorio comenzó a tener su espacio el segundo y cuarto miércoles de cada mes por la tarde, para luego de a poco incluir también al tercer miércoles por la demanda en aumento. Arrancaron el segundo miércoles de junio con una paciente. “Al siguiente tuvimos dos. Al siguiente encuentro cinco, luego ocho”. Finalmente, como cierre de año, por el consultorio pasaron 35 compañeras del colectivo travesti/trans. El boca en boca tuvo un papel decisivo.


«Tuvimos un caso, Patrick, de origen colombiano, que vino a atenderse y preguntó por Guadalupe, que venía de parte de una amiga. Le dije ‘soy yo, esperá que ya te atiendo’. Su cara fue de asombro. Me contó que venía para hacer el proceso de hormonización, que pasó por varios clínicos en hospitales, y que en casi todos los casos le dijeron ‘acá no es’. Se observa entonces que más allá que lo económico es un factor limitante, está la barrera de un sistema sanitario expulsivo.

«Cuando me hicieron la propuesta del proyecto de la sala inclusiva, dije que sí sin pensar. Pero luego me detuve, ¿por qué hacerlo de modo separado de la atención de un diabético, o de un hipertenso? Bueno, tal vez sea un modo de comenzar, para que luego sea un consultorio donde asistan todos sin distinción. Hoy en la sala de espera necesitan esto de estar en grupo, ojalá el día de mañana esto no suceda» cuenta la médica.

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Foto: Colectivo Manifiesto

Lentamente vamos

Desde Nación empezó a bajar a los municipios medicación de hormonización que consiste en distintos tipos: estrógenos, anti-andrógenos, testosterona. En general, la comunidad trans va a las farmacias y compran anticonceptivos y lo toman vía oral o se aplican. El problema es que se aplican dosis excesivas, son muy dañinas para la salud, por la combinación de drogas que poseen muchos de ellos. En cambio, el programa de hormonización utiliza estrógeno puro, y se evalúa la cantidad en el organismo equivalente para la edad que poseen, y se suspende al llegar a esos valores.

Hay que deconstruir muchas cosas del ámbito profesional de la salud, donde el médico es la palabra autorizada y se hace lo que el médico dice. No está la opción de diferentes tratamientos donde el paciente puede elegir, qué es lo que debe ocurrir. Hay que poner la mirada en que es el paciente el responsable de su decisión frente a las opciones que el profesional debe poner en conocimiento. «Y de ahí las tensiones que hay con la ciencia, porque ¿cómo juega el ‘sentir’ en esto de lo comprobable científicamente? Es algo que va a estar en tensión y desde la construcción social que hace que todo sea un proceso» explica Silvia.


Guadalupe entiende a que se refiere y agrega que «uno tiene muchos prejuicios, sola no lo podría haber hecho. Es un aprendizaje constante. En estos últimos meses que estamos con esto se me vuela la cabeza, porque uno viene de tantos años con un bagaje y con una ‘línea’ determinada, que estar con esto es un reaprender».


Aquí se plantea una mirada y un oído sensible de la medicina, que como dicen Silvia y Guadalupe, por momentos se sostiene por voluntades de equipos, y alguna que otra vez por decisiones o apoyos gubernamentales.

En relación con el resto de los países latinoamericanos, nos cuentan que estamos en el primer lugar de cuestiones de atención igualitaria. La ley está a la vanguardia a nivel mundial. El profesional debe respetar lo que el paciente siente y decide amparado en la ley. Sumado a que en el código civil nuevo aparece que el nombre no es identificatorio del género y que uno debe respetar lo que el nombre del documento dice de cómo se nombra a la persona.

«La realidad es que no hay mucho, y no se sabe, en el mundo, acerca de hormonización. Uno busca papers pero no hay, es una práctica que se está llevando a cabo y para mí profesionalmente es un súper desafío» concluye Guadalupe.

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Foto: Colectivo Manifiesto

*Por Paula Daporta y Facundo Di Cuollo para Revista Furia / Foto de portada: Florencia Guimaraes Garcia 

*Entrevista realizada por Paula Daporta y Facundo Di Cuollo para el programa radial “Lo Menos Pensado”. Jueves de 21 a 23 hs por www.radiobarbarie.com.ar

 

Palabras claves: Medicina, trans, travesti

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