Preocupados por perder sus bancas

Preocupados por perder sus bancas
10 julio, 2017 por Redacción La tinta

El debate sobre la Ley de cupos volvió a entrar en escena. Esta vez, lo disparó la prohibición de una lista compuesta íntegramente por mujeres en Rosario, del partido Ciudad Futura como expresión electoral del movimiento #Niunamenos de esta ciudad.

Para abonar esta discusión, el diario La Nación escribió una editorial titulada “Los cupos femeninos no son necesarios”. Allí manifiestan que “el avance de la mujer hacia puestos de conducción debe darse, al igual que en el caso de los hombres, por idoneidad y perseverancia y no por discriminación”.

El 6 de noviembre de 1991 se aprobó en Argentina la Ley de cupos (n° 24.012), la primera en Latinoamérica, que establece que al menos el 30% de la lista de candidatos a elecciones legislativas deben ser mujeres. Todavía está en tratamiento un proyecto para que ese cupo se amplíe al 50%, ya que iría en paridad con la composición de la población del país.


“Es importante que haya mujeres en puestos de decisión por dos motivos. Uno tiene que ver con la justicia distributiva, el hecho de que somos la mitad de la ciudadanía y, por lo tanto, tenemos derecho a la participación. Pero el otro motivo tiene que ver con la perspectiva sobre la política, la presencia sobre los intereses, es decir, la representación es traer presencia los elementos que puedan estar ausentes de las políticas”, explicó Diana Maffia, Directora del Observatorio de Género en la Justicia [1].


En investigaciones realizadas al respecto [2] se comprueba lo dicho por Maffia: la exigencia del cupo trajo como consecuencia el tratamiento de leyes que se relacionan con el ámbito de lo reproductivo (políticas sociales, educativas, de salud), ya que en general los hombres proponen temas del tipo productivo (presupuesto, obra pública, comercio).

Esto no quiere decir que las mujeres no podemos opinar sobre economía, ni que la presencia de mujeres habilita y promueve necesariamente ciertos debates. Pero lo que sí es cierto es que gracias a nuestra incorporación en los ámbitos de la política institucional, muchos temas importantes relacionados con nuestro cuerpo y nuestro transitar por las instituciones pudieron finalmente ponerse sobre la mesa, generando debates en cuanto a determinadas políticas que nos afectan directamente (aborto, parto respetado, salud sexual y reproductiva, desigualdades laborales, licencias por maternidad). No es casual que son justamente las cuestiones por las que nos vemos discriminadas a diario.

¿A cuántas nos han preguntado en una entrevista de trabajo si tenemos en nuestros planes ser madres? Y si respondimos si, quedamos fuera del puesto. ¿A cuántos hombres les preguntaron si planeaban ser padres? No hemos encontrado todavía a aquel raro espécimen.

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(Fotografía: Rebelarte)

Miente, miente, que algo quedará

No es la primera vez que el diario La Nación habla sobre el tema del cupo femenino. Sus editoriales han dedicado largas hojas a explicarnos cómo, si las mujeres fuésemos más inteligentes, dedicadas, idóneas y perseverantes, llegaríamos a los puestos importantes (“La Ley de cupo femenino es francamente discriminatoria”). El argumento básico de quienes se oponen es el de la discriminación: es una ley discriminatoria pero “al revés”, es decir, el objeto de tal discriminación son los hombres. Nos dicen que no necesitamos una ley que nos ubique por arte de magia en las listas, ya que existe en argentina una constitución que reza: “Todos sus habitantes son iguales ante la ley y admisibles en los empleos públicos sin otra condición que la idoneidad».

Más aún, otra razón que esgrimen es que la ley nos menosprecia a nosotras, las mujeres, ya que no necesitamos “tutorías” para desarrollar nuestras capacidades, y la igualdad con el hombre emana de nuestra condición humana plena. Ya lo sabíamos las millones de feministas que venimos a lo largo de la historia diciéndoles ¡ey, somos personas!

El tercer argumento es que la ley no pone a mujeres “inteligentes” en los puestos, sino que, para cumplir el cupo, los varones ponen a sus tías, primas, esposas y madres (que no son personas, ni inteligentes, claro está) para “llenar” el cupo y pasar la lista por la justicia electoral, y luego las hacen renunciar para dejarle el lugar a los hombres, o las tienen de “títeres” sólo para votar a su favor. Este argumento tiene dos rebates: primero, supone que, por ser madres, esposas, tías o primas no somos lo suficientemente capaces para llevar adelante el puesto. Cabe recordarles a los hombres en política que todos vienen de un padre, hermano, abuelo o primo en política, ¿eso los hace menos capaces? Segundo, sólo reafirma el machismo de los partidos políticos, e invisibiliza todos los mecanismos alienantes de sus asambleas y debates en donde se nos niega la palabra, se nos interrumpe o minimiza, o a los que ni siquiera llegamos por estar relegadas a tareas administrativas y de servicios.

Sobre las medidas “afirmativas”

Las acciones afirmativas son estrategias que buscan establecer igualdad de oportunidades a través de legislaciones que compensen o corrijan desigualdades que son el resultado de un sistema social. Desde la década del ´60 han entrado en el debate feminista, ya que para algunas personas, estas medidas siguen reproduciendo una posición de desventaja de la mujer, que necesita de una “ayuda” para llegar a ciertos puestos. Para otras, son un reconocimiento a la existencia real de un sistema machista y patriarcal en el que a las mujeres se nos ubica por debajo de los hombres en todos los aspectos.


Más importante aún, estas medidas permiten generar una red de contención para aquellas mujeres que, aunque muy “idóneas”, se encuentran en el complejo mundo de trabas y desigualdades que el machismo creó y perpetúa.


No estamos en igualdad de condiciones si no podemos elegir ser madres y legisladoras al mismo tiempo. No estamos en igualdad de oportunidades si, para hacer campaña, debemos viajar por todo el país dejando a nuestros hijos, y eso es luego usado en nuestra contra y somos acusadas de “malas madres”, mientras los varones lo hacen todo el tiempo y nunca hemos leído un titular al respecto. Tampoco lo estamos si nos relegan a comisiones sobre derechos humanos, cuestiones culturales y de salud, que aunque importantes y relevantes para nuestros cuerpos y vidas, nos ubican de nuevo en un lugar de reproducción de la vida, como en nuestras casas, y en la sociedad.

Sabemos que garantizar la presencia de las mujeres en espacios de dirección política mediante leyes, es poner parches a la lógica institucional dominante que es constitutivamente machista y patriarcal. Sin embargo, es necesario posibilitar el acceso de subjetividades no masculinas al ámbito de la política para que también se tomen decisiones desde otras miradas, que no sean las de varones, blancos, heterosexuales.

Se necesitan más voces desde la diversidad que aboguen por nuestros derechos, un cupo trans por ejemplo. No hacerlo, es desconocer que la igualdad de oportunidades es una falacia, y es volvernos la carga, nuevamente, a nosotras: si nos esforzáramos más, estaríamos en los puestos de dirigencia.

[1] http://chequeado.com/el-explicador/cupo-femenino-veinticinco-anos-y-una-representacion-estancada/
[2] http://chequeado.com/el-explicador/cupo-femenino-veinticinco-anos-y-una-representacion-estancada/

Imágenes: Rebelarte.

Palabras claves: cupo femenino, cupo laboral trans, machismo

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