Ella va caminando, sin saber muchas cosas que se han dicho acerca de sus pasos. Empapada por las luchas de su pueblo, va sacando de su arpillera canciones que se humedecen, máscaras que van cayendo en la tierra mojada, pinceladas que colorean el camino.
Nombrada miles de veces, maldecida por los hombres, por la iglesia, por los militares. Los oye, sabiendo que no la pueden alcanzar. Que en sus viajes por el mundo ya se desparramaron sus palabras fuertes. Sus pasiones rojas. Sus dolores negros. Sus amores torbellino violetas.
Transgredió al Chile machista que la vio crecer. Erizó la piel de una Europa avejentada. Rompió los moldes de la Unión Soviética. Le cantó a la diferencia. Sacudió toda forma de autoridad. Cuestionó al Santo Padre que vive en Roma. Quemó las injusticias junto al sol. En tiempos donde lo político era cuestión de guerras frías, Violeta denunció las violencias, alentó las revoluciones, encarnó nuevos mundos. Esos posibles, esos infinitos, esos que son horizonte, sueño, utopía.
Decidió casarse, ser hija, ser madre, ser amante sin dejar de cuestionar al matrimonio y a la reproducción como el destino absoluto de las mujeres. Con un cuerpo marcado por la viruela, supo enfrentar esos complejos impuestos por los ideales de belleza física dominante. Rompió con el molde tradicional de la familia patriarcal. Salió del espacio doméstico. En lugares donde la música era parte del dominio masculino, Violeta expresó sus verdades, las de su pueblo y las nuestras en el grito vivo de su canto y su palabra.
Las palabras incontables de mujeres espejos. Mujeres herejes. Mujeres rebeldes. Mujeres libres.
Las manos de Violeta sostienen incansablemente un arma. Las cuerdas de su guitarra son fusiles que disparan el canto, el canto de todas: ese que se vuelve tierra y lluvia. Ese que con ironía se burla de las instituciones podridas. Ese que se vuelve risas en la Carpa de La Reina.
Muchas cosas se han dicho sobre ella. De todo eso, en escasas ocasiones se ha relacionado su vida con las luchas del feminismo. Sin embargo, su historia nos abraza. Su canto nos hace fuertes. Sus pasos nos abren caminos.
Nosotras, decidimos llamarla compañera. Ella, nos invita a bailar y a llenarnos la vida de violeta.
Con una serie de crónicas sobre el sur argentino, el escritor argentino revela las estructuras profundas que mantienen al país anclado en las fauces del capitalismo.
Ni periodismo darwiniano ni charlatanería turística for export. Y tampoco la historia oficial sobre una tierra “civilizada” a punta de fusiles y bayonetas. Sobre estos pilares, se sostiene Guillermo Saccomanno para escribir una serie de crónicas sobre el sur argentino, publicadas en su mayoría en la década de 1990 y ahora reunidas en el libro Escrito en Patagonia, editado en 2024 porLa flor azul.
Si las descripciones y las voces dan ritmo y profundidad a las crónicas, también lo hacen las reflexiones y pasajes ensayísticos que el escritor argentino articula a lo largo de los textos. Para Saccomanno, es tan importante mostrar los detalles de un viaje por una ruta desolada como preguntarse para qué sirve la literatura, entender (y escribir) que la memoria se manifiesta en el cuerpo o contar por qué la verdad es el principal valor para el pueblo mapuche.
La Patagonia se abre como un territorio concreto, sin veleidades exóticas o rasgos que remiten al concepto de orientalismo, acuñado por el intelectual palestino, Edward Said. Saccomanno, recientemente galardonado con el Premio Alfaguara por su novela Arderá el viento, rompe la representación que hacen los poderosos sobre esa tierra que creen que es su gran propiedad privada. El escritor también apunta sin contemplación a la hora de denunciar al Estado burgués argentino y sus imposiciones históricas y cargadas de crueldad contra los pobladores originarios.
Saccomanno explica que “cuando se trata de escribir, no se trata sólo de un asunto literario, la elección de un género, sino de una toma de partido ideológica”. Y agrega: “También me parece oportuno señalar a esta altura que la teoría literaria, tal como la entiendo, es teoría política”. Desde esta posición, Saccomanno cuenta y denuncia, describe y apuesta, rescata lo que el establishment de turno quiere ocultar y demuele la construcción oficial de la historia. Esos golpes directos se sienten página a página, sin perder una prosa con oficio y claridad.
Imagen: La flor azul.
Leer Escrito en Patagonia es tender puentes hacia las investigaciones del historiador Osvaldo Bayer sobre los fusilamientos de peones por parte del Ejército. O también volver a Los dueños de la tierra, de David Viñas, una novela que revela la vileza de estancieros y oligarcas hacia los “otros”, ya sean peones o indígenas, pero todos condenados, según esos dueños de la tierra, a la explotación o la muerte.
En las crónicas, además, sobrevuelan las sabidurías, los pensamientos y las prácticas del pueblo mapuche. “Los mapuches no piensan que este territorio les pertenece ―escribe―. A los huincas este pensamiento los sorprende: ‘No es que esta tierra me pertenece’, piensa el mapuche. ‘Sino que yo soy la tierra’. El pensamiento es mucho más sencillo y, a la vez, abarcador. No se trata de posesión. Sino de sentirse parte”. Entrelazado a eso, la naturaleza que resiste el “desarrollo” capitalista que, desde su origen, se construye con la voracidad del saqueo de la tierra y la cultura.
Saccomanno pone la mira en las raíces de nuestro país burgués y, por estos tiempos, transnacionalizado: el Ejército argentino como fuerza de choque a las órdenes de los poderosos, el extractivismo como política de ocupación y saqueo, la historia oficial escrita por manos locales y extranjeras que intentan condenar a la Patagonia como desierto virgen que tiene que ser violado. Pero también la contracara: el docente Orlando “Nano” Balbo, detenido-desaparecido que sobrevivió a la dictadura y que apuesta a otra educación; el recuerdo vivo del maestro Carlos Fuentealba, fusilado por la policía; y otra vez Bayer, en un artículo que cierra el libro, aunque, más que finalizar la obra, permite abrir ventanas hacia el futuro, porque la figura, la ética y el oficio del historiador anarquista argentino es faro hacia donde mirar cuando se habla de compromiso con las luchas de los más desposeídos. Saccomanno pronuncia: “Si escribir sobre Bayer me enerva, se debe a que, al hacerlo, debo mirar alrededor. Imposible mirar el alrededor sin mirar el pasado. Imposible no tener en cuenta la proyección de sus tensiones cruentas en el presente, la crisis de representación que corrompe los estamentos de la realpolitik. Imposible hacerse el distraído. Esta, aunque suene a reduccionismo, es la lección mayor de Bayer”.
En Escrito en Patagonia, se descubre la relación estrecha del escritor con ese territorio, sus miradas sobre la literatura en relación a ese país dentro del país y los recuerdos de conscripto en el servicio militar. En este libro, el escritor toma posición y denuncia, pero nunca pierde de vista que escribir de una forma más hermosa que como lo hacen nuestros enemigos es una de nuestras armas.En estos momentos de una Argentina que vira aceleradamente hacia el fascismo, Saccomanno, con sus crónicas, propone otro país: uno donde los y las condenadas de la tierra no pierden las esperanzas y todavía atemorizan a los estancieros y oligarcas.
*Por Leandro Albani para La tinta / Imagen de portada: Martín Bonetto.