¿Es pecado tirar miguelitos?

¿Es pecado tirar miguelitos?
4 noviembre, 2021 por Gilda

El largometraje documental Gallo Fino, dirigido por Sebastián Korol, recupera la faceta revolucionaria del cura José Czerepak. Nacido en Corpus en una familia campesina, el sacerdote se destacó como fundador y asesor del Movimiento Agrario de Misiones (MAM) en los años 70. Fue perseguido, detenido y torturado durante la dictadura, y luego exiliado en Alemania.

Por Nicolás Fava para Tierra roja

Colonia Alberdi fue la comunidad que el padre Czerepak eligió para retomar el sacerdocio en su patria, interrumpido en la mañana del 24 de marzo de 1976. Allí levantaría una parroquia y viviría hasta sus últimos días. Casual o causalmente, Alberdi también había sido cuna del Movimiento Agrario de Misiones. Es por eso que fue el escenario elegido por Sebastián Korol para el estreno de Gallo Fino.

Esa iglesia, donde descansan los restos de José desde 2011, recibió a la comunidad de Alberdi para ver el documental en el contexto de los 50 años del nacimiento del MAM. No pocas personas de la audiencia, sobre todo las que conocieron al religioso en sus últimos años, se llevaron una sorpresa al enterarse de la trayectoria combativa del antiguo padre de su parroquia, no muy difundida.

Es que el sacerdote regresó a la Argentina ya bien entrado el último período democrático, después de largos años de exilio, continuando su tarea pastoral con una fuerte impronta comunitaria, pero con un perfil mucho más bajo. Entonces, ¿fue Czerepak un cura revolucionario? ¿Adscribió a la llamada Teología de la liberación? ¿Hasta dónde estuvo comprometido con las luchas populares de aquellos años? Eran todas preguntas muy válidas hasta el estreno de Gallo Fino.

Sebastián Korol se encarga de reconstruir el periplo revolucionario a partir de testimonios variados. Como un misterio que se va resolviendo de a poco, el director comparte el camino de su propia investigación donde, a través de las declaraciones de personas que lo trataron en sus distintas etapas, el contorno de la figura de José se va transformando desde el de un cura diferente hasta el de un militante revolucionario, con total coherencia y sin solución de continuidad.

Hay muchas películas que narran las gestas revolucionarias, documentales para hacer dulce y una larga tradición de cine comprometido socialmente en nuestra región. Pero una cosa es registrar la historia y otra construir memoria. La historiografía con sus nombres, sus fechas y sus datos morbosos a veces se come lo que es más esencial para recuperar el pasado. Lo que pasó en los afectos, en las micro historias con las que las personas inscriben su propia vida en un relato mayor.

Hay que ponerse un poco en contexto. Por una serie de razones, en los años 70, para muchas personas las injusticias sociales eran intolerables. Entre esa gente, sacerdotes del denominado tercer mundo daban origen a la Teología de la liberación. Se trataba de dejar de esperar resignadamente el más allá y traer la justicia un poco más acá. El Concilio Vaticano II, la Revolución Cubana, la Conferencia de Medellín. Un rosario de acontecimientos, personajes, esperanzas, marcaron a toda una generación.

Eran tiempos donde los boicots a empresas no tenían nada de virtual. Una de las metodologías de lucha más popular consistía en tirar clavos sobre la ruta para entorpecer la circulación de los camiones. Debe haber miles de libros que intentan explicar cómo la teología es influenciada por la dinámica política y viceversa. La película de Sebastián es una excelente vía de entrada a ese problema, desde la experiencia rural de una zona olvidada del interior de Misiones y no por eso desconectada de los acontecimientos mundiales y los grandes misterios.

“¿Es pecado tirar miguelitos?” Le preguntó al cura uno de los agricultores en lucha. Czerepakpacifista acérrimo que siempre se negó a portar armas, tuvo que ensayar una respuesta, al fin y al cabo, era su rol de consultor espiritual: “Mientras haya un colono explotado, no es pecado”. Un instante histórico más tarde, las cúpulas eclesiales de Argentina legitimaban el horror. Respaldaban torturadores, bendecían armas y aviones que serían usados para arrojar personas vivas al mar. Sacerdotes como Czerepak, Mujica, Angelelli eran perseguidos y asesinados en todo el país.

Las injusticias contra las que esa generación se reveló son actualmente mucho más pronunciadas. Casi cualquier índice que consultemos: desempleo, brecha salarial, distribución de la riqueza, registra hoy niveles más alarmantes. Sin embargo, por alguna razón, ya no hay revoluciones sociales en el horizonte. Es un motivo más para mirar con respeto el pasado y reconocer que, con documentalistas como Sebastián, al menos los índices de memoria están en un buen nivel.

Ante una película de este tipo, la sensación suele ser: “Debería pasarse en todas las escuelas”. Sin embargo, una inmediata reflexión desplaza esa primera sensación: «Debería verse en los seminarios». Si hay algo notable en la iglesia católica de la actualidad es la distancia entre su jefatura y el movimiento real de su organización. Casi al revés que en aquellos años. El discurso social de Francisco destaca por su radicalidad, pero no emergen liderazgos populares que parezcan encarnarlo.

Dos palabras finales sobre el buen gusto con que el documental está confeccionado. Es muy fácil caer en un montón de lugares comunes al abordar la época. La sobre-ideologización, los recursos efectistas, la sobreabundancia de información, la narrativa escolar. Gallo Fino, en cambio, hace gala de la simpleza con que se mueven los que saben qué están haciendo. No hay un golpe, no hay un grito, no hay un llanto. No hacen falta, no caben, serían redundantes.

Incluso el tono general de los testimonios colabora con la estructura del guion, donde la información se revela paulatinamente. Las personas entrevistadas se expresan de manera elemental, casi escueta, lejos de la grandilocuencia y las grandes palabras. Es en el modo de contar donde encontramos la historia y lo que justifica el registro audiovisual. Una sonrisa incontenible, una pausa para tragar. Una señora que se pone pituca para hablar del curita de su iglesia.

Gallo Fino hace pie en una humilde región periférica para hablar de un acontecimiento que tuvo alcance regional e internacional. Toca fibras sensibles de la intimidad de la Historia para enseñarnos algo de las grandes y desalmadas estructuras que aún hoy gobiernan nuestras sociedades. Lo hace desde la fuerza de la ternura y la belleza de la sencillez. No encontramos el superhéroe individual que promueve diariamente la industria cultural, sino la historia de un hombre bueno que en un tiempo violento decidió cifrar su esperanza en la lucha de los desesperados.

La película se proyectó en el Festival Oberá en Cortos y, durante el año que viene, rodará por eventos en diferentes localidades en el marco de la presentación de un libro del mismo autor que amplía el material documental.

*Por Nicolás Fava para Tierra roja. займы без процентов на 2 месяца

Palabras claves: Documental

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Donde viven los monstruos, cine para la niñez

Donde viven los monstruos, cine para la niñez
20 julio, 2023 por Inés Domínguez Cuaglia

El sábado 29 de julio a las 16, en el Cineclub Hugo del Carril, culmina el ciclo de cine especialmente programado para infancias. Con la proyección del film “Donde viven los monstruos”, que da nombre a la propuesta, es una invitación para viajar y flashearla desde la butaca. ¿Por qué invitar al cine a las personas más pequeñas del hogar? En esta nota, conversamos sobre esto y más con Lucrecia Matarozzo, programadora del ciclo.

Por Inés Domínguez Cuaglia para La tinta

Mientras las vacaciones escolares van llegando a su fin, una pasadita por el cine es un planazo. No solo para cuando las alternativas en el hogar se acaban, sino también para compartir tiempo con las niñeces de una forma distinta. Cine para zambullirnos en otros mundos, aliados en desarrollar la imaginación y abrir la puerta a preguntas disparatadas e insólitas. Para escuchar nuevas músicas y visitar otras latitudes sentadxs en una butaca, compartiendo historias.

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Película «La historia sin fin»

Desde La tinta, conversamos con Lucrecia Matarozzo, programadora del ciclo de cine para infancias “Donde viven los monstruos” del Cineclub Municipal Hugo del Carril.


“Un puñado de películas para viajar a distintos lugares y en diversos medios. A la luna o a Marte, en cohete o en una vieja camioneta; en globo aerostático, en el lomo de una jirafa de paseo por la sabana africana o en un barco en la noche con Max. Además, bandas sonoras especiales para acompañar: tangos, música indie, africana, clásica… Por supuesto, también animales encantadores. ¡Vámonos de viaje!”, dice Matarozzo.


¿Qué pueden encontrar las infancias en el cine? ¿Por qué es importante ir al cine desde pequeñxs? En este sentido, Matarozzo dice que “es como con nosotrxs, las personas adultas. Ver películas es una forma de alimentarse también, de descubrir lugares nuevos, paisajes distintos, otras realidades. Las películas movilizan ideas y también nos hacen pensar. Algunas de esas ideas no siempre se vinculan con lo racional, sino también con lo emocional. Otras nos descolocan y nos dejan preguntas”. Para ella, en el cine, ese pensar se da como experiencia colectiva, “en la sala pensamos con otrxs, hay algo también en el hecho de que haya otras personas emocionándose, riéndose en diferentes partes. De alguna forma, esto modifica nuestra percepción. Ir al cine es distinto que ver una peli en casa, en solitario”.

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Película «Kirikú y las bestias salvajes»

El ciclo “Donde viven los monstruos” se caracteriza por la gran diversidad de temáticas, formatos y procedencias. Es una selección de largometrajes y cortometrajes de Argentina, Francia, Alemania y Estados Unidos. “Esa diversidad nos parecía interesante, como una forma de vincularse con el cine, como obra compleja. No solamente desde lo estético, sino también desde la propuesta musical. Por ejemplo, ‘Kirikú y las bestias salvajes’ es una película que está ambientada en la sabana africana, entonces tiene toda la riqueza del paisaje, de los animales salvajes y una propuesta de música tradicional de Senegal”.


Ya pasaron por el Auditorio Fahrenheit: “Kirikú y las bestias salvajes”, “El monje y el pez”, “Pajaritos”, “La historia sin fin”, “Luminaris”, “Viaje a Marte”, “Viaje a la Luna”, “Wallace y Gromit: La gran excursión” y “Fantasía”.


La programadora del ciclo apunta a la variedad de inspiraciones de las que se sirven los realizadores de las películas que seleccionó. En su mayoría, se trata de adaptaciones literarias, como “La historia sin fin”, que es un film basado en el libro de Michael Ende, “La historia interminable”. De alguna manera, este ciclo tiene que ver con un encuentro con la literatura desde las imágenes en movimiento. Todas las propuestas tienen una intención estética de sonido e imagen sumamente rica y atrapante.

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Película «Donde viven los monstruos»

El sábado 29 a las 16 horas en el Cineclub Hugo del Carril, culmina el ciclo con la proyección de la peli que le da nombre, “Donde viven los monstruos”, que es una invitación a pensar el cine no solo desde lo visual, sino disfrutando también de la hermosa banda sonora que hizo Karen O. “En esta película, el protagonista, Max, se encuentra en un viaje con algunos monstruos. Algunos son parecidos a él en su costado más tierno. Otros también en su costado más salvaje. La película narra un viaje de ida y vuelta. Desde un lugar en donde los monstruos tienen rienda suelta para volver al calor del hogar, a la calma, a lo amoroso”.

Lucrecia explica que la elección de este film como nombre del ciclo tiene que ver con desnaturalizar la idea de que el universo infantil está sólo vinculado con lo ingenuo, dulce y hermoso. Busca pensar en lo monstruoso como algo que es cotidiano para las personas pequeñas y adultas. El cine, las artes audiovisuales como una hermosa complejidad, propone un viaje al infinito y más allá, apto para todas las edades, desde más pequeñxs mejor.

La cita es el sábado 29, 16 horas.

*Por Inés Domínguez Cuaglia para La tinta / Imagen de portada: Película «Donde viven los monstruos».

Palabras claves: Cineclub Municipal Hugo del Carril, infancias

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