¡Bailemos… que se acaba el mundo!

¡Bailemos… que se acaba el mundo!
29 octubre, 2021 por Inés Domínguez Cuaglia

La compañía BiNeural-MonoKultur propone una experiencia performática sonora e interactiva en la que invita al espectador a ser parte, a poner el cuerpo en movimiento. Una invitación a recuperar el espacio público y el encuentro con les otres después de tanto aislamiento y soledad.

Por Inés Domínguez Cuaglia para La tinta

“Deberíamos considerar perdidos los días
en que no hemos bailado al menos una vez”.
Nietzsche

Un domingo de estos en el emblemático pasaje Escuti, testigo de tantas noches de abrazos, birras y bailes junto al fuego en las tradicionales Fiestas de San Juan de cada junio, antes de que la pandemia nos guarde del encuentro con otres.

La calle, una vez más vestida de fiesta, invita a pensar que algo bueno volverá a pasar por ahí. 

Una pista de baile, banderines, lucecitas de colores y un par de auriculares regalan, desde el minuto cero, música que hace inevitable el movimiento. Todo invita al disfrute.

¡Bailemos… que se acaba el mundo! es la propuesta de la compañía BiNeural-MonoKultur, que se presenta este domingo con sus dos últimas funciones en el Teatro La Luna. 

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(Imagen: Belén Escobar)

Se trata de una experiencia para transitar, una invitación para vibrar con todo nuestro cuerpo al ritmo de música y relatos que llegan a tus oídos, a tu propia burbuja. “Una experiencia para un grupo reducido de público que es invitado a bailar como si fuera a un baile de club del pueblo. Cada espectador/participante recibe un auricular donde escuchará un audio. En esta situación de baile transcurren escenas variadas, el público escucha distintas instrucciones y consignas a través del audio”, explican desde la compañía BiNeural-MonoKultur.

Con esta propuesta te transformás en espectador activo, sos parte de lo que va sucediendo y sos agente modificador de cada puesta. 

¡Bailemos! Bailemos mucho, que si todo se termina, al menos el cuerpo y el alma hayan gozado lo suficiente.

“La propuesta relaciona la actual situación de pandemia con un episodio ocurrido en el 1518 en Europa: la llamada ‘Epidemia de Baile de Estrasburgo’”, cuentan les directores de la puesta. Madame Troffea sale a la calle y baila. Baila durante 6 días y la gente comienza a contagiarse, se contagian de baile, de goce, de movimiento ininterrumpido. Al mes, ya eran 400 les bailarines que no podían parar de danzar. Muchos mueren de agotamiento y ataques al corazón. Hasta el día de hoy, no se conocen las causas de tal epidemia. Así comienza esta performance. 

La calle, lugar de encuentro seguro

“Descubrimos este caso de Madame Troffea que empezó a bailar sola y después se empezó a sumar gente y más gente. Y era en la calle, en un espacio abierto donde la gente bailaba hasta caer desfallecido, era como una especie de epidemia de baile. Y eso nos dio a pensar que sería bueno armar como una situación de baile, como son los bailes populares, de pueblo, en la calle justamente, en espacios abiertos, las festividades populares, donde la gente se encuentra a festejar, a bailar”, cuenta Ariel Dávila, uno de los directores de la obra.

“Nos dimos cuenta de que esa idea y esa propuesta sería algo que realmente era viable durante la pandemia, no durante los picos obviamente, pero bueno, en estas fases, como estamos ahora, sí. Es una propuesta super viable de hacer eso junto con otros, que está al aire libre, podemos mantener la distancia, podemos tener todos los cuidados para sentirnos todes bien seguros y poder disfrutar de eso de compartir por fin”, explica a La tinta Christina Ruf, directora de la puesta.

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(Imagen: Belén Escobar)

Desde la compañía cuentan también que la idea nace de una necesidad propia de bailar, de encontrarse con otres, de bailar por bailar, de disfrute. Entre risas, cuentan a La tinta que “nos gusta bailar básicamente y nos estamos poniendo viejos… Es como difícil encontrar lugares para ir a bailar antes de que a uno le agarre el sueño, el viejazo se llama. La convención es: para bailar hay que salir de noche, tarde, hacer una previa, tomar alcohol y demás. Nosotres pensábamos qué lindo sería ir a bailar, no sé, a las 7 de la tarde en un lugar y simplemente bailar, simplemente la cuestión de moverse con la música. Ese fue el deseo primero”. Explican que ese deseo, esa intención, fue previo a la pandemia y después lo fueron complejizando a la vez que hablan de un interés particular por el baile como encuentro social con otres, como festividad. Bailar es una fiesta.

¿Qué nos mueve a bailar? ¿Qué te mueve a bailar? 

¿Es que todes nos disponemos distinto a las situaciones de goce, de encuentro, de libertades perdidas y recuperadas desde que sabemos que un virus nos acecha, desde que sentimos el riesgo de que todo se acabe? ¿Qué pasaría si nos contagiamos de baile? ¿Qué pasaría si no podemos parar de bailar? ¿Qué pasaría si lo que realmente nos mueve es el cuerpo y todos sus disfrutes?

Una de las espectadoras de ¡Bailemos… que se acaba el mundo! comparte con La tinta que “fue una experiencia portal, una puertita que se abrió en estos momentos tan grises y pesados que estuvimos viviendo por la pandemia. Poder volver a habitar la calle, encontrarse y ponernos en el lugar del riesgo de bailar al frente de gente me pareció un hermoso desafío, un exorcismo, un ritual muy bonito para convidar”.

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(Imagen: Belén Escobar)

Bailemos es una oportunidad de movilizar el pensamiento y ponerlo a girar desde el cuerpo. Un encuentro con otres y con une misme. Invita a la reflexión, a conectar con la otredad más allá de los barbijos y las distancias necesarias para cuidarnos. 

Desde la dirección de Bailemos, cuentan que muchos participantes de su propuesta les decían: “¡Ay! Ha sido como una catarsis, sacarse este tiempo de encierro, ¡una liberación! ¿Hicimos terapia o hicimos una obra de teatro? La recepción fue muy emocional”.

Es que si algo tenemos en común todes quienes vivimos esta época de pandemia fue extrañar el encuentro, el baile compartido, el cuerpo con cuerpo, las fiestas, les amigues.

Bailemos se trata de eso y espera un rol activo por parte de quienes se animan a atravesar por este convite.

El teatro como experiencia

BiNeural-MonoKultur es una compañía fundada en el 2004, compuesta por los directores y dramaturgos Ariel Dávila (Argentina) + Christina Ruf (Alemania). Son conocidos por su interés por la investigación, formatos y procedimientos donde el hecho escénico es una experiencia a transitar, tanto en espacios teatrales como en espacios no convencionales. Involucran al público invitándolo a accionar en cada propuesta que desarrollan. “La gente viene sabiendo, viene a algo donde tiene que participar. Ahí entramos en ese rol activo del público. Nosotros trabajamos mucho con esa interactividad. Esa complicidad de un público que se involucre en nuestra propuesta, que siempre tiene un papel activo. Muchas veces recibe un papel de un personaje, como en el audio tour ficcional, que uno  recibe un papel. Uno tiene que mandarse por las calles de la ciudad resolviendo un misterio. En este caso, no es tan así, pero igual hay que involucrarse siguiendo las consignas porque, si no lo hacés, no va a ocurrir la obra”, comparte Christina Ruf. 

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(Imagen: Belén Escobar)

“Nos interesa el teatro como experiencia. Pensamos que el teatro siempre es una experiencia, aunque estés en una sala, es difícil que te sea indiferente porque estás con el cuerpo ahí presente, ¿no? Nos interesa particularmente investigar eso. La experiencia del espectador de una manera activa”, explica Ariel Dávila. 

¡Bailemos… que se acaba el mundo! funciona como invitación a ser parte de una performance en movimiento donde dos actores proponen juegos corporales, diversas formas de expresarse, sentir la música y lo que va aconteciendo.

Es una experiencia para transformarse, para disfrutar. Para liberarse. Un momento detenido, donde el afuera ya no importa tanto. Silencio afuera, música adentro. Las cuerpas explotan en ese horario de domingo, cuando baja el sol y ya se sabe que mañana es lunes otra vez…

¡Cerrá los ojos y disfrutá! ¡Bailemos!

Podés ser parte de ¡Bailemos… que se acaba el mundo! este domingo 31. 

18:30 y 20:30 horas en Teatro La Luna. Pasaje Escuti 915. Todos los protocolos sanitarios asegurados.

Concepto, dramaturgia, dirección, edición y producción general:

Christina Ruf + Ariel Dávila (BiNeural-MonoKultur)
En escena / Coreografías: Florencia Baigorri + Adrián Andrada
Actores / actrices para grabación de voces: Gabriela Aguirre / Adrián Azaceta
Diseño sonoro: Guillermo Ceballos
Producción ejecutiva: Lorena Lopes
Diseño y realización de la puesta, utilería e iluminación: Agustina Marquez
Diseño de vestuario: BiNeural-MonoKultur
Diseño gráfico: Natalia Rojo
Gestión de prensa: Guadalupe Pedraza
Registro fotográfico: Belén Escobar
Registro en video: Luis Gómez

*Por Inés Domínguez Cuaglia para La tinta / Imagen de portada: Belén Escobar.

Palabras claves: Córdoba, performance, Teatro, Teatro La Luna

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La Patagonia rebelde de Guillermo Saccomanno

La Patagonia rebelde de Guillermo Saccomanno
18 marzo, 2025 por Leandro Albani

Con una serie de crónicas sobre el sur argentino, el escritor argentino revela las estructuras profundas que mantienen al país anclado en las fauces del capitalismo.

Ni periodismo darwiniano ni charlatanería turística for export. Y tampoco la historia oficial sobre una tierra “civilizada” a punta de fusiles y bayonetas. Sobre estos pilares, se sostiene Guillermo Saccomanno para escribir una serie de crónicas sobre el sur argentino, publicadas en su mayoría en la década de 1990 y ahora reunidas en el libro Escrito en Patagonia, editado en 2024 por La flor azul.

Si las descripciones y las voces dan ritmo y profundidad a las crónicas, también lo hacen las reflexiones y pasajes ensayísticos que el escritor argentino articula a lo largo de los textos. Para Saccomanno, es tan importante mostrar los detalles de un viaje por una ruta desolada como preguntarse para qué sirve la literatura, entender (y escribir) que la memoria se manifiesta en el cuerpo o contar por qué la verdad es el principal valor para el pueblo mapuche.

La Patagonia se abre como un territorio concreto, sin veleidades exóticas o rasgos que remiten al concepto de orientalismo, acuñado por el intelectual palestino, Edward Said. Saccomanno, recientemente galardonado con el Premio Alfaguara por su novela Arderá el viento, rompe la representación que hacen los poderosos sobre esa tierra que creen que es su gran propiedad privada. El escritor también apunta sin contemplación a la hora de denunciar al Estado burgués argentino y sus imposiciones históricas y cargadas de crueldad contra los pobladores originarios.

Saccomanno explica que “cuando se trata de escribir, no se trata sólo de un asunto literario, la elección de un género, sino de una toma de partido ideológica”. Y agrega: “También me parece oportuno señalar a esta altura que la teoría literaria, tal como la entiendo, es teoría política”. Desde esta posición, Saccomanno cuenta y denuncia, describe y apuesta, rescata lo que el establishment de turno quiere ocultar y demuele la construcción oficial de la historia. Esos golpes directos se sienten página a página, sin perder una prosa con oficio y claridad.

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Imagen: La flor azul.

Leer Escrito en Patagonia es tender puentes hacia las investigaciones del historiador Osvaldo Bayer sobre los fusilamientos de peones por parte del Ejército. O también volver a Los dueños de la tierra, de David Viñas, una novela que revela la vileza de estancieros y oligarcas hacia los “otros”, ya sean peones o indígenas, pero todos condenados, según esos dueños de la tierra, a la explotación o la muerte.


En las crónicas, además, sobrevuelan las sabidurías, los pensamientos y las prácticas del pueblo mapuche. “Los mapuches no piensan que este territorio les pertenece ―escribe―. A los huincas este pensamiento los sorprende: ‘No es que esta tierra me pertenece’, piensa el mapuche. ‘Sino que yo soy la tierra’. El pensamiento es mucho más sencillo y, a la vez, abarcador. No se trata de posesión. Sino de sentirse parte”. Entrelazado a eso, la naturaleza que resiste el “desarrollo” capitalista que, desde su origen, se construye con la voracidad del saqueo de la tierra y la cultura.

Saccomanno pone la mira en las raíces de nuestro país burgués y, por estos tiempos, transnacionalizado: el Ejército argentino como fuerza de choque a las órdenes de los poderosos, el extractivismo como política de ocupación y saqueo, la historia oficial escrita por manos locales y extranjeras que intentan condenar a la Patagonia como desierto virgen que tiene que ser violado. Pero también la contracara: el docente Orlando “Nano” Balbo, detenido-desaparecido que sobrevivió a la dictadura y que apuesta a otra educación; el recuerdo vivo del maestro Carlos Fuentealba, fusilado por la policía; y otra vez Bayer, en un artículo que cierra el libro, aunque, más que finalizar la obra, permite abrir ventanas hacia el futuro, porque la figura, la ética y el oficio del historiador anarquista argentino es faro hacia donde mirar cuando se habla de compromiso con las luchas de los más desposeídos. Saccomanno pronuncia: “Si escribir sobre Bayer me enerva, se debe a que, al hacerlo, debo mirar alrededor. Imposible mirar el alrededor sin mirar el pasado. Imposible no tener en cuenta la proyección de sus tensiones cruentas en el presente, la crisis de representación que corrompe los estamentos de la realpolitik. Imposible hacerse el distraído. Esta, aunque suene a reduccionismo, es la lección mayor de Bayer”.

En Escrito en Patagonia, se descubre la relación estrecha del escritor con ese territorio, sus miradas sobre la literatura en relación a ese país dentro del país y los recuerdos de conscripto en el servicio militar. En este libro, el escritor toma posición y denuncia, pero nunca pierde de vista que escribir de una forma más hermosa que como lo hacen nuestros enemigos es una de nuestras armas. En estos momentos de una Argentina que vira aceleradamente hacia el fascismo, Saccomanno, con sus crónicas, propone otro país: uno donde los y las condenadas de la tierra no pierden las esperanzas y todavía atemorizan a los estancieros y oligarcas.

*Por Leandro Albani para La tinta / Imagen de portada: Martín Bonetto.

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Palabras claves: Guillermo Saccomanno, Libro, Patagonia Rebelde

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