Las tierras blancas

Las tierras blancas
18 septiembre, 2018 por Redacción La tinta

“Nadie ha podido saber, ni se sabrá jamás, en qué momento de la noche un alma cede y se allana al tránsito”.
Juan José Manauta

Por Silvina Pachelo para La tinta

Ismael Ramírez es el nombre de un niño que fue asesinado en una balacera, cerca de un supermercado en Chaco, precisamente en Roque Sáenz Peña, por un reclamo de las tarjetas que utilizan los padres y madres para comprar a bajo costo en el supermercado. Son comunidades pobres, donde el acceso al alimento cada vez es más insuficiente.

El secretario de Derechos Humanos, Juan Carlos Goya, sostuvo: ”Estamos siendo sometidos a un ajuste perverso como provincia, no solo es responsable aquel que jaló el gatillo, sino también quienes generaron las condiciones necesarias para que estos hechos ocurran en la provincia”, claramente, delegando la responsabilidad también en la ministra de seguridad Patricia Bullrich.

No es el primer menor que se cargan “por enfrentamiento”. Recordemos al niño Facundo Ferreira en San Miguel de Tucumán, en Marzo de este año, la abuela escribió una carta desgarradora que tituló “Mataron a mi Negrito”, quien fuera asesinado en condiciones similares.

En sus diarios, Cristóbal Colón describe que “entendí también que lejos de allí había hombres de un ojo, y otros con hocicos de perros que comían hombres”. Colón anuncia al mundo su descubrimiento del “Nuevo Mundo” de hombres feroces, los cuales comen carne humana. Esta idea del caníbal ha sido sostenida hasta nuestros días desde varios sectores y, sobre todo, impulsada nuevamente por la sociedad civil, los medios de comunicación y trolls. En el cuerpo de Ismael y de Facundo, se proyecta tristemente el bestiario de los colonizadores, mirada que demuestra hasta qué punto estamos infectados con la ideología del enemigo.

Mataron a mi negrito

¿Qué enfermedad estamos viviendo? A Facundo le tocó morir por la espalda. El poder en decadencia se sostiene en el goce de matar, de jugar a la ruleta rusa con los más pobres, los más negros, con el Pueblo. Entonces, le tocó el turno a Ismael y a un hermano que tiene que declarar como testigo y le tiembla el cuerpo por el temor a que lo maten. Su madre salió a desmentir todo lo que se dijo en contra de ellos y de la comunidad Qom. Nuestra cultura debe ser hija de la revolución, del rechazo a la violencia colonial, capitalista y neoliberal.

Las capas subalternas están siendo abandonadas, necesitamos de hombres y mujeres excepcionales que luchen por todas las luchas, rompiendo el sistema demagógico impuesto e impulsado desde el poder dominante y mafioso que nos gobierna. El miedo debe ser de los poderosos de turno y no nuestro.

El hermano de Ismael lo vio moverse, luego, lo perdió de vista, lo encontró, lo vio tirado en el piso, lo alzó y lo ayudaron a llevarlo al hospital mientras se le moría en los brazos. Sáenz Peña esta movilizada, se despertó. Mataron a un indio, nos dice la madre de Ismael que no llevaba armas, sino el sueño de ser jugador de básquet.

Todo es amenazado, el derecho a la tierra, a la independencia, nuestra dignidad, credibilidad, nuestra vida. Hoy, gravitamos económicamente en la dirección de haber vuelto al FONDO, pero al fondo de caer en una situación de emergencia. Nos inoculan la idea de que el problema es el “enemigo externo” o, en todo caso, los maestros y maestras, los sindicalistas, los movimientos a pie, los más pobres. No tenemos garantías procesales, lo vemos en estos crímenes, en los presos políticos, en Milagro Sala, emblema y bandera de lo que este gobierno se propuso desde el punto cero. Es la triste historia que nos toca vivir, la violencia estatal se legitima con complicidad de la población civil. Ya lo vivimos, ya lo sabemos. El gobierno de la Alianza Cambiemos nos declaró la guerra.

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Las Tierras Blancas

Hugo del Carril filma Las tierras blancas (1959), una novela de Juan Jose Manauta. El título designa a la aridez, en este caso, de una zona de Santiago del Estero, que aleja a los campesinos de la tierra y los arrastra a los márgenes de ciudades y pueblos, donde la necesidad los hace presa fácil del alcohol, el delito o la politiquería. La película está protagonizada por un niño (Odiseo), dos hombres y la madre de Odiseo.

Dos hombres políticamente opuestos, Manauta simpatizó con el comunismo y Hugo del Carril, con el peronismo. Tuvieron una mirada antagónica de la realidad, pero a ambos los conmovió la vida humana, la miseria, a pesar de su contrapunto ideológico, los dos buscaron trasmitir el dolor que viven los condenados de la tierra.

La película logra mostrar aquello que es olvidado, esas geografías de las cuales no son bien vistas por nuestros ojos, pueblos fantasmas, los poderosos aprovechando el voto de la necesidad y la miseria. Y ahí esta Odiseo, el niño protagonista, condenado a no poder cumplir sus sueños, como Ismael y Facundo, y tantos niños y niñas.

Si matan a nuestros hijos e hijas, ¿qué motor nos hará caminar hacia adelante? Finalmente, la cámara muestra un afiche político que promete trabajo y progreso, a su lado, un arma abandonada que antes estuvo en las manos de un niño y, por último, ese niño, Odiseo, muerto, boca abajo, con el puño abierto y, junto a su mano, una bolsita con monedas desparramadas. Monedas inútiles como los sueños, las promesas y el futuro.

Mi sueño es que haya un derecho por cada necesidad, que el plomo se convierta en flores, que este gobierno no vuelva nunca más.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

*Por Silvina Pachelo para La tinta.

Palabras claves: Facundo Ferreira, Ismael Ramirez

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