La tortura sobre nuestros cuerpos

La tortura sobre nuestros cuerpos
27 julio, 2018 por Redacción La tinta

«En mi guardia los abortos se harán SIN ANESTESIA», publicó en su Facebook Facundo Segovia Barcena, anestesista de La Rioja. En las guardias se suele oír: “Decime qué te hiciste porque sino te vas a morir”. “Te digo que pujes; te gustó el durazno, aguantate la pelusa”. Estas frases son el reflejo de la tortura con la que nos enfrentamos en el día a día en los servicios de salud.

Por Redacción La tinta

Es lamentable que las escuchemos a menudo, cuando definitivamente no deberían ni existir. Sorpresivamente hasta en Wikipedia existe una definición de “tortura médica”. El poder de la hegemonía médica se pone de manifiesto, pero no es sólo característica de una profesión sino de un modelo patriarcal que cree que puede decidir y opinar, sin que nadie le consulte, sobre nuestra salud y proyecto de vida.

¿Pero de qué se habla cuando se habla de tortura?

La “Convención contra la Tortura” de la Naciones Unidas la define como un trato especialmente severo, intencional cometida o tolerada por un agente del Estado y que produce dolor y sufrimiento graves en la persona. Existen miles de ejemplos en nuestro paso por los servicios de salud. A muchos también se los considera como tratos crueles, inhumanos y degradantes, aún cuando no sean cometidos intencionalmente.

Maltrato, humillación y denegación, violación del secreto profesional y la confidencialidad -como las denuncias hechas por el personal de salud a mujeres cuando hay pruebas de la realización de abortos ilegales, o bien difundiendo por los pasillos los motivos de consultas de las personas-, imposición de ciertas concepciones morales o religiosas a las usuarias, abuso de la objeción de conciencia, las esterilizaciones y abortos forzosos, negativa a realizar abortos cuando el contexto legal lo habilita y la práctica de someter a una mujer para que confiese haberse realizado un aborto como condición para que reciba un tratamiento médico, haciendo alusión a que esto podría salvar su vida.

Sin embargo no todas las personas vivimos estos tratos, son las no masculinas las que más sufren en el sistema de salud. Además las víctimas son por lo general de bajos recursos, dependen de los hospitales públicos, por lo que es raro que suceda en clínicas privadas.

Por otro lado, el maltrato no se da por cualquier tipo de consulta. En general, quien recurre al sistema de salud por un dolor de cabeza es mejor atendida que quienes llegan con un trabajo de parto a la guardia, solicitan un método anticonceptivo o presentan hemorragia por un aborto provocado. Evidentemente la sexualidad podría ser el flanco de discusión. Parece que los profesionales de la salud se sienten con el derecho a reglar e imprimir sus pensamientos y condiciones en este tema, violentando a las mujeres.

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Foto: Natalia Roca

Torturas y aborto

Según la Organización Panamericana de la Salud, la violencia que recibimos las mujeres es una pandemia. La necesidad insatisfecha de servicios de salud sexual y reproductiva es generalmente una realidad que afecta desproporcionadamente a las personas pobres y constituye una violación a los derechos sexuales y reproductivos. Ya lo sabemos, quienes tienen los medios abortan en condiciones seguras, las demás arriesgan sus vidas y su salud al abortar clandestinamente en condiciones insalubres, o se mueren sin acceso a un tratamiento médico.
Imponer una maternidad forzada implica desconocer un derecho básico: el derecho a elegir tener o no tener hijos, cuántos, cuándo, con qué intervalos y cómo.¿Quién está en mejores condiciones para decidir sobre un embarazo si no es cada persona? ¿Con qué autoridad podría el estado imponer un embarazo forzado o amenazar penalmente a una persona para que lo continuase?


Las repercusiones físicas y mentales de continuar con un embarazo no deseado, de dar a luz y de amamantar a un recién nacido podrían ser devastadoras y equiparables a la tortura u otros tratos crueles, inhumanos o degradantes. Es claro el ejemplo de la joven de 14 años embarazada que intentó suicidarse tirándose de la ventana de un hospital en Misiones, o la joven cordobesa de 13 años que recientemente se enteró que estaba embarazada de 32 semanas producto de la violación por parte de su padre.


En los hospitales públicos del país se registran por año aproximadamente 49.000 internaciones por complicaciones de abortos. Del total, cerca del 15% son adolescentes y niñas menores de 20 años y alrededor del 50% mujeres de entre 20 y 29 años. Son muchos y diversos los obstáculos que enfrentan para ejercer sus derechos. Son todas estrategias dilatorias que van en detrimento de garantizar derechos humanos, sexuales y reproductivos, y someten a las persona a situaciones de violencia institucional.

Así es que la violencia contra las mujeres no va a erradicarse si los estados no modifican legislaciones, políticas públicas y prácticas discriminatorias en el ámbito de la salud sexual y reproductiva. En Argentina existe la ley de parto humanizado. Nada más paradójico que la necesidad de una ley que regule el parto, por la cual se debe respetar el proceso “natural” de nuestro cuerpo y deseo para que sea una práctica humanizada. Aún así, la violencia obstétrica se manifiesta en situaciones como negación de tratamiento, indiferencia ante pedidos o reclamos, burlas, insultos y decisiones médicas sobre el parto que se toman sin consentimiento.

Ante la falta de protocolos y políticas de salud claras, cada caso queda al criterio del personal que atiende, dando información fragmentada, siendo poco cuidadoso con las necesidades que tenemos en cada momento. Hay un principio médico llamado “transparencia activa” en la que es deber de los profesionales brindar toda la información y alternativas y cada persona, siendo protagonista de su proceso salud-enfermedad, y quien termina tomando decisiones sobre su salud y vida. Pero para comprender que es potestad de la persona resolver la situación que está atravesando, hace falta un cambio de paradigma de la medicina.

Las únicas protagonistas sobre nuestra salud somos nosotras. Nadie más que nosotras sabemos lo que necesitamos y queremos. Nadie puede tutelarnos ni decidir por nosotras.

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*Por Redacción La tinta / Foto de portada: Natalia Roca.

Palabras claves: legalización del aborto, salud sexual y reproductiva

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