La lucha de las mujeres florece en Manbij

La lucha de las mujeres florece en Manbij
1 junio, 2018 por Tercer Mundo

Manbij, en el norte de Siria, es otra ciudad donde la revolución de las mujeres de Rojava echa raíces e impulsa un cambio social pocas veces visto en Medio Oriente.

Por Loez para The Region

Mayo llegará pronto, y las nubes grises se están juntando sobre las polvorientas arterias de Manbij, que han recuperado su ánimo desde la liberación de la ciudad en agosto de 2016 por las Fuerzas Democráticas de Siria (SDF). En uno de los principales bulevares de la ciudad, solo un signo discreto en árabe, kurdo, turcomano y circasiano muestra que es la Asamblea de Mujeres, cuya entrada está protegida por bloques de hormigón y custodiada por hombres armados de las fuerzas de seguridad.

“Los comienzos fueron difíciles, era necesario tener en cuenta las huellas dejadas por las organizaciones anteriores”, explica en árabe Mahera, una treintañera rodeada de una docena de otras mujeres de todas las edades y orígenes. “Cuando la ciudad fue liberada, las SDF ganaron una imagen positiva a los ojos de la gente. Los compañeros recorrieron la ciudad de puerta en puerta y ofrecieron a los actores de cada comunidad que se reunieran y participaran en la gestión de la ciudad. Árabes, turcomanos, circasianos, somos uno y tenemos la misma esperanza para la democracia y la libertad. Las SDF nos convencieron de que teníamos que unirnos. Nos dimos cuenta de que su sistema era democrático, que no había discriminación. Ahora realmente creemos en este sistema”, dice Mahera.

Después de la liberación de Manbij, las SDF enfrentaron el desafío de unir a las personas en torno al proyecto político de la Federación Democrática del Norte de Siria (FDNS)¹. Los habitantes de este mosaico étnico y lingüístico está compuesto por alrededor de 70% de árabes, 20% de kurdos, 5% de turcomanos y un pequeño número de circasianos, divididos durante décadas por las políticas conservadoras y tribales alentadas por el régimen sirio y exacerbadas durante tres años bajo el control del Estado islámico en Manbij, que fue uno de sus baluartes.

“Es muy difícil cambiar las cosas. Trabajar en eso es emocionante, es un verdadero desafío”, dice Nergiz Ismayil, con los ojos brillantes. Es la directora de la Academia de Mujeres de Manbij desde su apertura, hace un año y tres meses. En las áreas controladas por la administración autónoma de la FDNS, representadas aquí por el Consejo Civil de Manbij, las Academias son lugares de formación política. Aquellas dedicadas a las mujeres tienen un papel más importante, como explica Nergiz: “El primer principio de autodefensa para las mujeres es la educación. Organizamos diferentes actividades, cursos, debates sobre mujeres, niños, familias, pero también sobre historia, por ejemplo. Anteriormente las mujeres permanecían en la oscuridad. Se las educaba para aceptar la mentalidad patriarcal. La violencia que sufren las mujeres la reproducen hacia sus hijos, hacia las personas en sus hogares. Es esta mentalidad la que debe cambiar. Las mujeres deben reconstruir su propia identidad, la emancipación no debe ser como dicen los hombres, porque ellos mismos no están liberados. Debemos emancipar tanto a las mujeres como a los hombres”.

Por el momento, un discreto edificio en las afueras de Manbij alberga la Academia. No todos están de acuerdo en que las mujeres puedan tener un lugar donde encontrarse. “No ha habido una queja oficial, los hombres que se molestan no se atreven a publicitarlo. Algunos pretenden aceptar el nuevo sistema, incluso participando en la administración, pero siguen golpeando a sus esposas en casa. Hay un problema fundamental con las mentalidades. Las mujeres han sido vistas como objetos, y los hombres que las ven así no quieren aceptar que son iguales. Si la violencia física ya no aparece a la luz del día como durante los días del Daesh (en árabe para nombrar al Estado Islámico), la violencia verbal y psicológica siempre está presente. Pero entendemos a estos hombres y que el problema proviene de su educación. No pretendemos menospreciarlos, también queremos educarlos y participar en su construcción de confianza”.


Después de este preámbulo, Nergiz nos invita a entrar. La Academia de Mujeres es, normalmente, un lugar solo para mujeres. Pero ella tiene una idea en su cabeza. “Para algunas de estas mujeres estar en la misma habitación con un hombre extraño también es un gran cambio –explica-. Hacerles preguntas, mostrar que nos interesan es importante, los valora. Esta es también una forma de comenzar la revolución. Traer mujeres árabes, turcomanas, circasianas a la Academia ha sido difícil, ya que el patriarcado y la violencia doméstica están muy enraizados en la cultura. Un hombre que no golpea a su esposa es considerado débil. Hablamos mucho con las mujeres de cada grupo. Y no estamos tratando de imponer nuestros puntos de vista frontalmente. Si una mujer nos dice que los hombres son superiores a las mujeres, no la contradecimos, pero la invitamos a nuestras actividades con la esperanza de que llegue a ver las cosas de manera diferente por sí misma, y ​​este es, a menudo, el caso”.


En el interior de la Academia, veinte mujeres de todas las edades están sentadas en los bancos de un pequeño salón de clases, iluminadas por la luz difusa de las ventanas con cortinas. Frente a ellas, de pie detrás de una mesa cerca de un tablero cubierto con oraciones en árabe, una muchacha del movimiento juvenil está enseñando en una clase. En la pared hay fotos de mujeres mártires de Manbij que cayeron en la lucha contra el Daesh, y carteles con figuras importantes del movimiento de mujeres de diferentes orígenes. En el centro, la cara de Abdullah Öcalan. “No puede haber libertad sin la libertad de las mujeres”, dijo el líder del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), que hizo de la liberación de las mujeres un pilar de su teoría política de la Nación Democrática. Más tarde, el movimiento de mujeres desarrolló el concepto de Jineologî, literalmente “ciencia de la mujer”, para detallar la teoría y los principios.

Tomamos asiento. Nergiz explica a la audiencia los motivos de mi presencia. Comienza un diálogo de más de una hora. A su vez, las mujeres que desean intervenir se levantan y hablan. Si al principio son pocas, con el paso del tiempo casi todas participarán espontáneamente. Cada vez que habla, Nergiz agrega algunos elementos sobre su vida.

Thawra, cuyo nombre significa “revolución” en árabe, tiene entre 20 y 30 años, y es la primera en hablar. La joven estudió teología y vivió bajo la ocupación del Estado Islámico. “Antes no sabía nada de mujeres, no me conocía a mí misma –reflexiona-. Me consideraban un objeto. No podía expresarme en público. Había estudiado, pero aquí me di cuenta de lo ignorante que era, no sabía cómo desempeñar un papel en la sociedad. Nos dimos cuenta de que éramos seres humanos y no máquinas para hacer bebés. Comencé a darme cuenta de que era activa para la sociedad. Aquí las mujeres de diferentes horizontes se reúnen y hablan entre ellas, aprenden de cada una. Realmente disfruté estos cursos, y ahora me gustaría que se realizaran en otros lugares, incluidas las zonas rurales”.

Zemzem, de 24 años, agrega: “Vengo de un pueblo. Me habían enseñado que los aldeanos eran ignorantes y que solo se educaba a las personas urbanas”. Una mujer en la cincuentena completa: “Antes pensaba que las mujeres educadas y las analfabetas no podían estar juntas. Pero vi que era posible. Ahora me doy cuenta de que las mujeres de diferentes orígenes pueden trabajar juntas”.

“Lo que quiero enfatizar -dice Suzanne, con sus veinte años-, es que estudié en el viejo sistema estatal, pero fue muy conservador. Y no fue posible cuestionar a los maestros”.

Una mujer de unos 40 años llegó con una de sus hijas. “Con lo que aprendí aquí ahora quiero educar mejor a mis hijos”, afirma.

Fatma, de 17 años, es copresidenta de la comuna² de su aldea y trabaja en el tema de la violencia de género. Un poco intimidada, relata: “Antes de venir no sabía mucho sobre mujeres. Escuché sobre la academia y heval Nergiz, y decidí conocerla. Cuando llegué y vi a todas estas mujeres de diferentes orígenes juntas, quedé sin aliento. Es muy difícil participar en estas clases. Cuando lo haces estás bajo presión social. Tenía una ventaja, porque mi padre conocía el movimiento, así que fue más fácil. Cuando las SDF nos liberaron en 2016 comenzó a estudiar su ideología, los admiraba. Cuando vine aquí traje a otras cuatro mujeres conmigo. Desde entonces el pueblo me considera una bruja. Cuando me convertí en copresidenta de la comuna pensé en suicidarme debido a la presión social. Incluso recibí amenazas de muerte de los mercenarios que trabajan con el ejército turco. Pero quiero mostrarles a las chicas de mi edad que es posible llegar aquí”.


En la región de Manbij la influencia tribal es más alta en las zonas rurales que en los centros urbanos. El entrenamiento en la Academia dura veinte días, el último dedicado a un entrenamiento militar rápido. Una vez completado, la mayoría de las mujeres planean compartir lo que han aprendido sobre ellas mismas. Así lo dice Shadia: “Soy profesora y trabajo en archivos. Una vez completada la capacitación, pretendo transmitirla a las mujeres que trabajan conmigo. Aquí aprendí tres cosas: ética y moral, espíritu de camaradería, y humildad”.


Estas mujeres no están dispuestas a renunciar a las libertades que obtuvieron en la lucha. “Lo que entendí aquí es que las mujeres tienen un poder real. Hemos sido oprimidas por el sistema, pero ahora podemos cambiar las cosas”, dice una mujer de unos treinta años. Pero es una lucha difícil y diaria.

Malek también es copresidenta de una comuna: “Vengo de un pueblo muy conservador, para mí es una revolución estar aquí, pero es muy difícil. Mi marido me pega todos los días, me golpea en la cara porque trabajo en una comuna y participo en la revolución. Quiero que lo sepan. Esta revolución es difícil”.

En casos de violencia doméstica las mujeres pueden encontrar apoyo en la Casa de la Mujer (Mala Jîn), un espacio de organización para luchar contra la violencia doméstica y marital y defender sus derechos.

Shilan, una coordinadora de la Casa de la Mujer, explica: “Nuestro trabajo es resolver los problemas de las mujeres, principalmente orientados a la familia y a temas maritales. Por ejemplo, antes los hombres podían tener hasta cuatro mujeres, lo cual es una fuente de conflicto. Otro tema de conflicto es la custodia de los hijos. Los niños menores de 15 años van con la madre y los mayores van con al padre. Finalmente, hay violencia doméstica. Si una mujer viene y dice que ha sido abusada, buscamos evidencia, con un examen médico si es necesario, y llevamos el caso a la justicia. Intervenimos un máximo de tres veces en un caso. Si al final de la tercera vez no cambia nada, enviamos el archivo a la corte. Luego apoyamos a la mujer durante el proceso legal. Al principio, teníamos hasta 150 casos por mes. Pero eso está disminuyendo gradualmente. Este mes solo tuvimos ochenta. Queremos liderar más proyectos, abrir más casas además de las tres existentes, pero necesitamos apoyo financiero externo”.

Si es necesario, la casa de las mujeres puede contar con la ayuda de la rama de mujeres de las Asayish, las fuerzas de seguridad interna. Las mujeres de las Asayish realizan las mismas tareas que sus contrapartes masculinas, pero también trabajan específicamente en asuntos de mujeres. Nos encontramos con Fatwa, Hanane, Fadia y Rym en la sede de las Asayish. Todas tienen entre veinte y treinta años, unas son kurdas y las otras árabes. Su comandante, una mujer de unos cuarenta años, tiene las características fuertes de las combatientes que pasaron años en las montañas con la guerrilla del PKK. Llamada desde otro lugar para cumplir su deber, nos deja hablar a solas con las mujeres jóvenes.

“Tuvimos que lidiar con muchos problemas matrimoniales, las parejas discutían, principalmente, sobre los niños. Una vez que estábamos de patrulla una mujer salió llorando frente a nosotras. Quería a sus hijos que el padre había tomado”, dice Rym.


Fatwa, con voz firme y mirando al frente, continúa: “Si una mujer tiene problemas matrimoniales, y si quiere divorciarse, tenemos dos soluciones. O los enviamos a la corte donde un juez se encargará de su caso, o los enviamos a la Casa de las Mujeres, que organizará el procedimiento entre la corte y las Asayish. Hace unos días tuvimos el caso de una de mis compañeras de las Asayish que quería divorciarse. Ella estaba en casa cuando su esposo vino a llevarse a sus hijos. Él quería golpearla. Se las arregló para contactarme, diciéndome que no podía salir porque su esposo quería golpearla. Intervenimos rápidamente. Cuando los trajimos aquí, él comenzó a negar todo, diciendo que solo los quería a todos juntos. Pero su esposa dijo que estaba mintiendo, que la estaba golpeando y que quería obligarla a renunciar a nuestras filas. Volvíamos a las viejas tradiciones donde la mujer debe quedarse en casa, solo cuidando niños. Pero nuestra camarada ya había encontrado su lugar en el terreno y en la sociedad, por lo que dejó a su marido y, además, mantuvo a sus hijos”.


Fadia está en la policía de tráfico. Duda en hablar, pero luego dice: “Al principio la gente nos miraba de forma extraña. Las mujeres de las Asayish hicieron que otras mujeres quisieran seguirlas. Hay mujeres que han estado desde la liberación de nuestra región, yo llevo 10 meses. Cada día aumenta nuestro número. La forma en que las personas nos miran ha cambiado, especialmente desde los clanes. Comenzaron a enviar a sus hijas a unirse a nosotras, porque se convirtió en un orgullo para ellas”.

Hanane agrega: “Hoy las mujeres desempeñan un papel muy importante en la sociedad. Después de sufrir durante muchos años, finalmente podemos lograr nuestro objetivo”. A continuación, relata una historia que ha vivido directamente: “Vivíamos en el pueblo y estaba prohibido que una mujer se uniera a una organización, incluso más a una fuerza armada. Tenía una amiga que quería unirse a nosotras, pero su familia estaba en contra. La encerraron en casa. Entonces intervinimos y hoy está con nosotras. Después se reconcilió con su familia”.

Las jóvenes se han alistado por una variedad de razones, además de tener una fuente de ingresos. “El sufrimiento que experimentamos cuando el Daesh controló nuestra ciudad me cambió mucho -dice Fatwa, un poco triste-. Es insoportable ver a una mujer apedreada hasta la muerte, y eso lo vi con mis propios ojos. Todo esto endureció mi corazón contra el Daesh y su injusticia. Cuando tomaron el control de Manbij comenzaron a llevarse a las chicas. Intentaron conseguirlas para alcanzar sus intereses, y para aquellas que no aceptaron, las forzaron. Por ejemplo, un hombre de unos 60 años podía casarse con una niña de 13 o 14 años. Si lo mataban, la niña quedaba sola y no tenía futuro. Todo esto nos alentó a unirnos a las fuerzas armadas”.

Fadia señala: “Mi madre era prisionera del Daesh y cuando fuimos a verla, nos decían: ‘Y, ¿qué tal si te ponemos aquí con ella?’. No pudimos decir nada, no nos respetaron. A los padres les decían: ‘¡No dejen que sus hijas salgan y se vistan con jeans y camisetas!’. Cuando vi a las mujeres de las Asayish en los puestos de control con sus uniformes me dio ganas de unirme a ellas. En mi opinión, las mujeres puede funcionar en todos los campos, ya sea la política, el ejército o la prensa”.

Para Hanane, “unirnos a las Asayish es un logro para las mujeres. Anteriormente eran los hombres los que decidían, eran los únicos que trabajaban en la sociedad. Pero con nuestro trabajo demostramos que las mujeres pueden hacer las cosas como hombres y aún mejor. Si estamos aquí es porque amamos a nuestro país”.

Rym apunta: “Durante mucho tiempo, las mujeres han sufrido la injusticia, solo tenían que cuidar a los niños, no podían dar su opinión, y para luchar contra esta injusticia ahora estoy aquí”.

Para hacer posible su emancipación, el movimiento de mujeres se establece en todos los territorios controlados por las estructuras no mixtas de la FDSN, en paralelo a las estructuras mixtas de la sociedad y que satisfacen las demandas de las mujeres en diversos campos. Además de las Asayish, la Academia de Mujeres o las Casas de Mujeres, la Asamblea de Mujeres coordina todos los proyectos de estas estructuras. En Manbij, la asamblea se inauguró en marzo de 2017. “El objetivo de la Asamblea de Mujeres es velar por las necesidades de las mujeres. Para conocerlas tocaremos todas las puertas de las casas -explica Hevi-. El año pasado, uno de los mayores problemas para las mujeres ha sido el económico”.

Nadia tiene unos cincuenta años y es turcomana. Nos comunicamos en turco. Ella resume lo que las diferentes mujeres en la sala dijeron antes: “Después del Daesh no sabíamos qué era una mujer. Cuando existía el Daesh, las mujeres no existían. La mujer estaba abatida, sumisa. La mujer era vista como una herramienta reproductiva. Pero después de la llegada de la democracia, todas las mujeres han demostrado su existencia. Aquí somos todos iguales. No hay kurdos, turcomanos o árabes. Trabajamos juntas, debatimos juntas, todas enfrentamos los mismos problemas. Una puede tener problemas con su esposo, con su familia, pero ahora afirmamos nuestras personalidades y demostramos que existimos. Hoy las mujeres conocen sus derechos a diferencia de antes”.

Veinte mujeres de diferentes edades lideran la asamblea, dividida en comités de economía, educación y trabajo social. “Las comunas están en proceso de creación, hay una necesidad de que las mujeres tomen los puestos de copresidentas. Queremos llegar al mismo punto que en el cantón de Cizirê. Es necesario tanto para satisfacer las necesidades de las mujeres como para trabajar en la organización. La Asamblea de Mujeres funciona independientemente, pero su trabajo contribuye al establecimiento del sistema. Por ejemplo, el comité de educación se está preparando para visitar a los refugiados de Afrin para ofrecerles a las mujeres que participen en actividades educativas y en Jineologî”, explica Hevî.

Fatma cuenta que “han pasado 20 meses desde que se creó la comuna y estoy trabajando aquí. Quiero ayudar a las personas, especialmente a las mujeres. La gente ha estado viviendo bajo el régimen de Assad, luego de los terroristas. Todas hemos visto la diferencia. El sistema en Manbij sigue siendo muy tribal. Por el momento, lo que cuenta en las comunas es quién puede hacer el trabajo”.

El comité a cargo de la economía tiene sus propias instalaciones. Fatma es responsable de encontrar fuentes de empleo a las mujeres para que puedan mantenerse a sí mismas sin depender de sus maridos o familias. Los dos principales sectores de actividad en Manbij son la agricultura y el comercio.

Las mujeres trabajan mucho en el primer campo, pero reciben malos salarios. Por el contrario, están muy poco presentes en el segundo. “Incluso si estudian negocios, terminan como maestras -dice Ihtissar-. La comisión abrió un pequeño restaurante dirigido por mujeres que decidieron juntar sus sueldos para financiarlo. También planeamos comenzar una fábrica textil. No faltan los voluntarios para trabajar allí”.

El movimiento de mujeres depende de proyectos cooperativos para desarrollar su actividad económica. Debido a la falta de recursos, en Manbij estos proyectos aún no se han desarrollado, a diferencia de las otras regiones de Cizirê y Kobanê.

Manbij es un ejemplo interesante de la expansión del proyecto político del movimiento kurdo a todas las comunidades del norte de Siria. Obviamente, este cambio no avanza sin problemas. Las tribus no siempre están felices de perder su influencia ni de los cambios sociales provocados por el autogobierno, especialmente la emancipación de las mujeres. Entre enero y marzo de 2018, las tribus alrededor de Manbij organizaron manifestaciones, algunas exigiendo el regreso del régimen sirio, del que a veces fueron auxiliares antes de la guerra. Otros tienen vínculos con grupos yihadistas pro-turcos, cuya línea del frente está a solo 20 kilómetros de distancia. Varias veces a la semana las fuerzas de seguridad están bajo ataque. Si la sombra de Turquía se cierne sobre estos intentos de desestabilización, algunos también señalan la participación del régimen sirio. Turquía todavía amenaza con atacar a Manbij. Por el momento, la coalición liderada por Francia y Estados Unidos, aliada con las SDF, ha reforzado su presencia militar para disuadir a su perturbador socio de la OTAN de poner en práctica sus amenazas y, al mismo tiempo, asegurar a las fuerzas locales la durabilidad del Consejo Civil de Manbij. Pero el apoyo a largo plazo de la coalición se desconoce.

Frente a estas amenazas, la administración autónoma de Manbij intenta ser lo más inclusiva posible. En las paredes, los retratos de Abu Layla, el carismático fundador del Consejo Militar de Manbij, mortalmente heridos en los combates en la ciudad en junio de 2016, están ampliamente presentes. Los de Abdullah Öcalan que se encuentran presentes en otras áreas, y en Manbij son mucho más discretos. Incluso se pueden ver versiones de photoshop, con Öcalan con vestimenta tradicional árabe, un regalo de las mujeres de una tribu a la Academia de la Mujer.

Los cuadros del movimiento kurdo presentes provienen de la región y hablan árabe con fluidez. Si por el momento siguen ocupando puestos claves, principalmente a nivel regional, se vuelven cada vez más discretos o incluso han desaparecido en la base, donde las responsabilidades se confiaron a personas locales previamente capacitadas. Este es un paso hacia un funcionamiento más democrático que solo puede extenderse plenamente a largo plazo y en un contexto más pacífico. La administración está tratando de avanzar rápidamente en sus intentos de integrar a todos y a todas para estar más enraizada en la población. La administración podrá contar con el apoyo de las mujeres que han sido convencidas por su proyecto político y que no están dispuestas a renunciar a las libertades que tanto les costó ganar.

“Ahora sé lo que quiero -dice Nadia-. ¿Cuáles son mis derechos y mis deseos? Mi relación con el mundo. Antes era ‘usted hace las tareas domésticas, hace la comida, hace los niños’. Antes estaba en casa, cuidando a mis hijos, a mi esposo, cocinando. Después de la llegada de la democracia esto ha cambiado. Ahora sé que tengo un propósito”.


¹Definido en el Contrato Social: https://en.wikisource.org/wiki/Constitution_of_Rojava

²Asamblea en la base del sistema democrático de la FDNS, que reúne a cien familias que viven en un espacio común, y que resuelven sus problemas o transmiten sus demandas a las autoridades superiores.

*Por Loez para The Region / *Traducción y edición: Kurdistán América Latina

Palabras claves: Mujeres, revolución, Rojava

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