Nano Stern: “Todos somos seres políticos, nos demos cuenta o no”

Nano Stern: “Todos somos seres políticos, nos demos cuenta o no”
29 mayo, 2018 por Gilda

Por Manuel Allasino para La tinta

Fernando Stern Britzmann, más conocido por su nombre artístico Nano Stern, uno de los más destacados cantantes y compositores de la nueva generación de músicos chilenos, está de visita en nuestra ciudad. Su particular vinculación con el canto popular, la trova, el folk y el rock potencian su performance en vivo.

La oportunidad para disfrutar del talentoso guitarrista con fuerte compromiso social, es este miércoles 30 de mayo en Espacio 75 Córdoba. El músico adelantará algo de su próximo trabajo discográfico llamado Lucero, que verá la luz en junio. Como artista invitado estará el instrumentista y compositor cordobés Félix San Martín.

Nacido en el país hermano de Chile a mediados de los años ochenta, Nano Stern comenzó su carrera musical apenas a los tres años de edad cuando empieza a tocar el violín. En su adolescencia, el rock llega a su vida y comienza a formar bandas con las cuales experimenta el género. Luego, parte a Europa y es Alemania su primera parada, donde colabora con el grupo Ortiga y se desempeña como asistente de producción en el estudio de Tato Gómez. En Amsterdam, Holanda, es donde estudia jazz en el conservatorio. Es en ese momento donde termina de grabar su disco debut: Nano Stern. En medio de su viaje, en el año 2007, graba el álbum Voy y Vuelvo, con el que es nominado al premio Altazor y galardonado como «Mejor Producción del Año» por la APES.

En el año 2009 publica Los Espejos, y dos años más tarde, en el 2011, registra Las Torres de Sal, un disco que se graba en directo en cuatro días. El abril de 2014 lanza su doble CD y DVD San Diego 850. Pero es el año 2015, donde el chileno realiza el disco más exitoso de su carrera: Mil 500 Vueltas.

Desde La tinta conversamos de todo con el talentoso, creativo, comprometido y siempre inquieto Nano Stern.

—La protesta social es un punto fundamental en tu música. ¿Se da naturalmente?

—Rescato el pensamiento de Octavio Paz quien afirmaba que todos somos seres políticos, nos demos cuenta o no. En el caso de la música en particular, se da una dinámica particularmente expuesta, en la que nuestras voces están siendo constantemente amplificadas. Eso, a mi parecer conlleva un enorme privilegio que a su vez va acompañado de una responsabilidad de utilizar esa (sobre) exposición en pos de un bien mayor que el beneficio personal y la saciedad de la propia sed de ego.  No creo que la única forma sea la protesta. Creo que la música es por sobre todo una herramienta de resonancia, de vibración en conjunto, y por ende, un fenómeno comunitario.  Por lo mismo, me parece que alcanzar una verdadera comunión a través del sonido es la máxima expresión social a la que puede aspirar la música.

—“Festejo de Color”, refleja el tema de la inmigración. ¿Qué lectura haces de la situación en la región? 

—Vivimos un momento de profunda reconfiguración política en Latinoamérica, en el cual los más despavoridos se ven forzados a dejar sus territorios por obligación, no por gusto. Es evidente que habría una respuesta dura por parte de los sectores más conservadores y rancios de nuestras sociedades, y es a ellos a quienes hay que combatir a punta de razón y sensatez.  La migración es un derecho, y por lo demás es parte esencial de lo que nos hace ser humanos. Viniendo de una familia de refugiados de guerra, es algo que tengo presente constantemente y frente a lo cual no puedo hacer oídos sordos. 

—La música popular chilena y sus raíces está presente en tu obra, ¿qué tomaste de Violeta Parra o Víctor Jara, entre otros?

—La lección más importante que he aprendido del ejemplo de Víctor y Violeta hasta ahora es la honestidad brutal y desgarradora que se desprende de su canto. Por otro lado, ambos abrieron un camino de mezcla y desprejuicio que se convirtió en el tronco del cual brotan todas las ramas de la música popular chilena contemporánea y del cual me siento un caminante.

—Violeta Parra popularizó las décimas que han tenido mucha presencia en tu música…

—Sí, Violeta fue muy visionaria en rescatar el trabajo de los payadores de las zonas rurales de Chile, y de manera magistral nos legó, entre otras cosas, su autobiografía en décimas, que es un tesoro de la poética nacional. Yo he querido aprender lo más posible de esa tradición y así es como la décima se ha convertido en un elemento muy presente en mi lírica, reconociéndome siempre un aprendiz y manifestando mi respeto máximo por aquellos payadores -viejos y jóvenes- que mantienen viva esa tradición en su estado más tradicional.

—Veo en tu música una continuidad de la estética sonora y discursiva de la nueva canción chilena. ¿Cómo se da eso?

—Me parece que mi generación tiene una relación con la nueva canción chilena que se asemeja más a la de nietos que hijos. Los hijos tienden a renegar de sus padres, y se relacionan con su identidad más bien a través de la creación de una identidad que se rebela ante los códigos estéticos y éticos de sus padres. Los nietos, por otro lado, no tienen ese drama interior y muchas veces rescatan las historias y aprendizajes de sus abuelos. Tengo el enorme privilegio de considerarme amigo de muchos de los próceres de la Nueva Canción Chilena que aún tocan y recorren los escenarios del país y aprovecho cada encuentro con ellos para seguir aprendiendo y asimilando sus enseñanzas.

—Recorriste muchos lugares y tomaste elementos para incorporar a tu música. ¿Qué cultura te ha costado más asimilar?

—Quizás, en mi calidad de descendiente directo de migrantes, lo más difícil no ha sido asimilar una cultura en particular, sino entender como, en medio de esta gran hiper estimulación en la que vivimos, determino una identidad propia que me sea sincera y real.

—¿Qué importancia tiene el escenario y la energía del lugar?

—Es de una importancia absoluta. El público, el contexto y la energía circundante determinan en gran medida lo que es un concierto. Es un ritual que no sólo consta de un espectáculo unidireccional. Es un intercambio de energías en que nosotros sólo ponemos el pie forzado que luego crece y vive en esa interacción entre música y público.

Nano Stern. Junto a Félix San Martín el miércoles 30 de mayo a las 21 h. en Espacio 75 Córdoba (Rodríguez Peña 1623).

*Por Manuel Allasino para La tinta.

 

Palabras claves: chile, Música, Nano Stern

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La Patagonia rebelde de Guillermo Saccomanno

La Patagonia rebelde de Guillermo Saccomanno
18 marzo, 2025 por Leandro Albani

Con una serie de crónicas sobre el sur argentino, el escritor argentino revela las estructuras profundas que mantienen al país anclado en las fauces del capitalismo.

Ni periodismo darwiniano ni charlatanería turística for export. Y tampoco la historia oficial sobre una tierra “civilizada” a punta de fusiles y bayonetas. Sobre estos pilares, se sostiene Guillermo Saccomanno para escribir una serie de crónicas sobre el sur argentino, publicadas en su mayoría en la década de 1990 y ahora reunidas en el libro Escrito en Patagonia, editado en 2024 por La flor azul.

Si las descripciones y las voces dan ritmo y profundidad a las crónicas, también lo hacen las reflexiones y pasajes ensayísticos que el escritor argentino articula a lo largo de los textos. Para Saccomanno, es tan importante mostrar los detalles de un viaje por una ruta desolada como preguntarse para qué sirve la literatura, entender (y escribir) que la memoria se manifiesta en el cuerpo o contar por qué la verdad es el principal valor para el pueblo mapuche.

La Patagonia se abre como un territorio concreto, sin veleidades exóticas o rasgos que remiten al concepto de orientalismo, acuñado por el intelectual palestino, Edward Said. Saccomanno, recientemente galardonado con el Premio Alfaguara por su novela Arderá el viento, rompe la representación que hacen los poderosos sobre esa tierra que creen que es su gran propiedad privada. El escritor también apunta sin contemplación a la hora de denunciar al Estado burgués argentino y sus imposiciones históricas y cargadas de crueldad contra los pobladores originarios.

Saccomanno explica que “cuando se trata de escribir, no se trata sólo de un asunto literario, la elección de un género, sino de una toma de partido ideológica”. Y agrega: “También me parece oportuno señalar a esta altura que la teoría literaria, tal como la entiendo, es teoría política”. Desde esta posición, Saccomanno cuenta y denuncia, describe y apuesta, rescata lo que el establishment de turno quiere ocultar y demuele la construcción oficial de la historia. Esos golpes directos se sienten página a página, sin perder una prosa con oficio y claridad.

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Imagen: La flor azul.

Leer Escrito en Patagonia es tender puentes hacia las investigaciones del historiador Osvaldo Bayer sobre los fusilamientos de peones por parte del Ejército. O también volver a Los dueños de la tierra, de David Viñas, una novela que revela la vileza de estancieros y oligarcas hacia los “otros”, ya sean peones o indígenas, pero todos condenados, según esos dueños de la tierra, a la explotación o la muerte.


En las crónicas, además, sobrevuelan las sabidurías, los pensamientos y las prácticas del pueblo mapuche. “Los mapuches no piensan que este territorio les pertenece ―escribe―. A los huincas este pensamiento los sorprende: ‘No es que esta tierra me pertenece’, piensa el mapuche. ‘Sino que yo soy la tierra’. El pensamiento es mucho más sencillo y, a la vez, abarcador. No se trata de posesión. Sino de sentirse parte”. Entrelazado a eso, la naturaleza que resiste el “desarrollo” capitalista que, desde su origen, se construye con la voracidad del saqueo de la tierra y la cultura.

Saccomanno pone la mira en las raíces de nuestro país burgués y, por estos tiempos, transnacionalizado: el Ejército argentino como fuerza de choque a las órdenes de los poderosos, el extractivismo como política de ocupación y saqueo, la historia oficial escrita por manos locales y extranjeras que intentan condenar a la Patagonia como desierto virgen que tiene que ser violado. Pero también la contracara: el docente Orlando “Nano” Balbo, detenido-desaparecido que sobrevivió a la dictadura y que apuesta a otra educación; el recuerdo vivo del maestro Carlos Fuentealba, fusilado por la policía; y otra vez Bayer, en un artículo que cierra el libro, aunque, más que finalizar la obra, permite abrir ventanas hacia el futuro, porque la figura, la ética y el oficio del historiador anarquista argentino es faro hacia donde mirar cuando se habla de compromiso con las luchas de los más desposeídos. Saccomanno pronuncia: “Si escribir sobre Bayer me enerva, se debe a que, al hacerlo, debo mirar alrededor. Imposible mirar el alrededor sin mirar el pasado. Imposible no tener en cuenta la proyección de sus tensiones cruentas en el presente, la crisis de representación que corrompe los estamentos de la realpolitik. Imposible hacerse el distraído. Esta, aunque suene a reduccionismo, es la lección mayor de Bayer”.

En Escrito en Patagonia, se descubre la relación estrecha del escritor con ese territorio, sus miradas sobre la literatura en relación a ese país dentro del país y los recuerdos de conscripto en el servicio militar. En este libro, el escritor toma posición y denuncia, pero nunca pierde de vista que escribir de una forma más hermosa que como lo hacen nuestros enemigos es una de nuestras armas. En estos momentos de una Argentina que vira aceleradamente hacia el fascismo, Saccomanno, con sus crónicas, propone otro país: uno donde los y las condenadas de la tierra no pierden las esperanzas y todavía atemorizan a los estancieros y oligarcas.

*Por Leandro Albani para La tinta / Imagen de portada: Martín Bonetto.

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Palabras claves: Guillermo Saccomanno, Libro, Patagonia Rebelde

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