Actuar en la dispersión

Actuar en la dispersión
4 diciembre, 2017 por Redacción La tinta

Por Bruno Nápoli para Lobo Suelto!

El momento político de dispersión nos tiene desacorralados. No hay forma material posible de acorralar algo en la dispersión. Ya no estamos “unidos y organizados” en ningún lugar placentero de nuevas subjetividades. Nada nos convoca a una sola plaza o a un solo relato. Ya no.

Es un momento político extenso que nos ha dispersado de manera regular. Nos sentimos solos y atravesados por la imposibilidad de hablar en conjunto al conjunto, de hablar en masa a la masa. Pues a tomar por culo, pues ya no hay masa, no hay conjunto que enfrente a otro conjunto. No hay un relato que enfrente a otro. El que conocimos hasta ayer resulto precario en todos sus aspectos y fue barrido fácilmente en los primeros días de la actual gestión. Los gestores del anterior relato se retiraron rápidamente a cuarteles de invierno a especular, esa regular y ya familiar forma de entender la política: jugar acá para mover por allá, apostar a esto para luego conseguir aquello, sumar con este (menos malo) para luego ir por y con los buenos a hacer quien sabe que…..Eso no es la política.

La política es ocuparse de las cosas materiales e ir por muchas formas de resolverlas, materialmente. Pero nos han relatado mil formas de conspiración para lograr empoderar a los muchos que esperan y siguen esperando vivir un poco mejor, y no han mejorado en nada. Todo se desmadró en pocos meses, y los especuladores siguen especulando, mientras los miles o millones a los que nos jodieron con los cambios ocurridos seguimos escuchando a los grandes especuladores de la política (los mismos que hacían cuentas ficticias de entregar el gobierno por cuatro años para volver con el llamado de los más necesitados –sin importar las muertes que sufren los más necesitados y el hambre que pasan los más necesitados-).


El momento político nos muestra qué juego hace cada uno de los especuladores: los que gobiernan, y los que gobiernan diciendo que no gobiernan –pues apoyan, acompañan, aseguran gobernabilidad, e incluso no apoyan sabiendo que otros lo harán y las cosas se harán igual.


Es un momento de transparencia en la cara y discurso de cada uno. Ya podemos observar, y esto nos dispersa mas aun, que juego parejo hacen todos en este juego, donde una casta política se asegura su lugar en el estado (sea en la rosada o en el congreso o en las intendencias o en las gobernaciones o en los concejos deliberantes, no importa, un lugar en el Estado y un lugar en los medios para seguir en el candelero y en la intención televisiva del voto).

Todos los representantes hacen su juego y ya, pues el único mal recuerdo que tienen es el 2001 (ese patético grito clasemediero que reaccionó cuando le tocaron sus ahorros pero nos regaló como yapa el “que se vayan todos”, el no poder salir a la calle sin ser insultados. Y el buen recuerdo que tienen los políticos del 2001 es la represión y el tendal de 39 asesinados por el estado para que la política –la especulación, tal cual la entienden ellos- regrese a sus causes normales. Y ante este momento político que parece desesperante, nos sentimos dispersos, sin posibilidad de aunar esfuerzos, sin la posibilidad de actuar en conjunto. Aplacados y acallados por un coro de alcahuetes que al unísono dicen enfrentamiento cuando deben decir represión, que dicen reforma cuando deben decir reducción de derechos, que dicen conflicto de intereses cuando deben decir robo y estafa. Y los especuladores de la clase política están a la altura de las circunstancias. Y lo demuestran cada vez que hablan, pues no dicen, especulan: si apoyamos acá, obtenemos allá, si jugamos con este, relanzamos a aquel, si acompañamos esto vamos por aquello –ahora resulta que son todos genios de la política, todos Churchil al cuadrado-.

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Foto: Colectivo Manifiesto

Ante este desmadre nos sentimos dispersos, pues no encontramos nada que nos una, ni nadie que nos guié. Pues no vemos aun que la única opción siempre ha sido actuar en la dispersión. No hacen falta grandes y grandilocuentes acuerdos donde unos muchos, en interminables encuentros “políticos” nos pongamos de acuerdo en un solo relato, ya lo pasamos mal y muy precariamente con estos relatos precarios. Lo que hace falta es actuar en la dispersión. Volver a ese instinto que nos dice que una represión es una represión y un asesinado es un asesinato y una desaparición es una desaparición. Y no necesitamos convencer a nadie de esto. Lo sabemos. Allí actúa nuestro instinto de animales politizados y experimentados en vivir. Vivir lo vivido y actuar sobre lo que sabemos que debemos hacer. Pues sabemos que debemos actuar, y eso ya es mucho. Pero debemos actuar en la dispersión, sin necesidad de juntarse en muchedumbres a enfrentar algo que además nos constituye, pues cuando queremos en masa enfrentar al estado, nos enfrentamos a nosotros, a los especuladores (que cuando nos ven juntos se acercan para la foto y nos dicen que nos acompañan y nos apoyan –y como son buenos oradores /viven de eso, de ser buenos oradores/ les creemos, y nos vuelven a engañar pues cuando regresan a sus puestos, hacen todo lo que esté a su alcance para no soportar otro 2001, otro “que se vayan todos”).

Por eso, la acción en la dispersión es hoy la única opción. Y ¿cómo hacerlo? Pues ahí está depositado nuestro intelecto, en saber actuar ante la casta transparentada que votará todas las leyes que nos denigraran de aquí y en muchos años, “para no hacerle el juego…” esta vez ya no saben a quién. En esta dispersión que sentimos y sufrimos en el cuerpo, hay que preparar acciones pedagógicas, políticas, sociales, económicas, todas directas y contundentes. El no de cada uno a lo que se impone es una acción en la dispersión. La desobediencia a lo dicho por la casta y sus repetidoras es una acción concreta en la dispersión. Dejar de creer en cada uno de los “representantes” de la especulación política es una acción en la dispersión. No permitir que nos convoque ningún político (aunque nos duela, porque en algún lugar les “creemos”) es una acción en la dispersión que obligará a esos “representantes” a hacer otra cosa. Actuar en cada lugar donde esté nuestro cuerpo, con actos que repudien la acción represiva/discursiva de un Estado defendido por cada miembro de la casta política es una acción en la dispersión. Estamos dispersos, si, muy dispersos, y muchos nos sentimos “solos” ante el avance de una gestión que tiene el apoyo de toda la casta política (aunque muchos digan que no lo hacen, pues lo hacen, por eso votarán las peores leyes de los últimos 40 años en bloque –y a no engañarse, las “honrosas excepciones” están calculadas, pues quienes voten en contra lo hacen sabiendo que las leyes salen, y si les toca gobernar, el “trabajo sucio” ya está hecho y le echarán la culpa a otro –“fueron los anteriores, es la herencia que nos dejaron y no podemos cambiarla de un día para el otro”…)


En esta dispersión hay que actuar, repudiando cada dicho, cada declaración de un representante, cada acción de represión con actos que saboteen el entendimiento de lo que hacen. Decir no a toda la ficción es una forma de actuar en la dispersión. Hacer pedagogía en cada lugar que uno ocupa es actuar en la dispersión. Desandar cada ruta marcada por la casta es actuar en la dispersión. Y armar pequeños grupos de acción en la dispersión también es actuar en la más amplia dispersión.


¿No importa una convocatoria “unificada” a una plaza… desde cuando son efectivas? Y vemos que se pierde un tiempo increíble discutiendo entre miles de grupos si hay que hacer tal o cual cosa, y siempre mirando de “no hacerle el juego a…”. Ya basta con esa forzada unidad en la acción. La acción en la dispersión demuestra miles de unidades y voluntades que, accionando en miles de formas cotidianas, o en miles de pequeños grupos que no necesitan estar en contacto entre ellas, pueden significar una unificación de acción por acción atomizada y que reproduzca los miles de actos que saboteen el sentido común.

Es hora de la acción en la dispersión, y que cada uno desde su lugar o cada pequeño grupo, sin necesidad de coordinar miles de voces, actúe, sabiendo que otros harán lo mismo en miles de lugares, en pequeños grupos o de manera individual, pero eso conforma un mar de acciones que en la dispersión conforman un movimiento que hace, no discute para ponerse de acuerdo con otros miles, simplemente hace. Y su orientación será hacer lo que se deba hacer ante la violencia, la injusticia, la inequidad. Sin necesidad de discusiones semánticas, que no conducen a nada, pues solo la acción conduce, el resto es el decorado de la casta.

Miles de acciones directas en la dispersión desobediente nos mantendrán en contacto.

Saber de miles de acciones que desarmen el andar común de las cosas. Una acción enorme englobada en miles de acciones en la dispersión que disloquen lo resuelto por el sentido común. Lo demás no importa nada.

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Foto: Colectivo Manifiesto

*Por Bruno Nápoli para Lobo Suelto!

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