Volver a Marx #04: ¿Qué puede darnos Marx para las luchas sociales de aquí y ahora?

Volver a Marx #04: ¿Qué puede darnos Marx para las luchas sociales de aquí y ahora?
22 septiembre, 2017 por Redacción La tinta

Se cumplen 150 años de la publicación de la primera edición de “El Capital”, obra que representa uno de los puntos más altos de las reflexiones siempre políticas de Karl Marx. Con ella, el revolucionario alemán creía estar dándoles a las trabajadoras y trabajadores una poderosa arma con la que asestar un golpe definitivo a un sistema de despojo, explotación y muerte. Desde entonces, la tradición marxista se ha convertido en una referencia ineludible para toda experiencia dispuesta a combatir el capitalismo-colonialismo-patriarcado.

Desde La tinta hemos decidido aprovechar este aniversario para difundir algunos de los principales aportes teóricos y políticos de Marx en particular, y la tradición marxista en general. Para eso hemos invitado a distintos militantes e intelectuales del país a colaborar en el abordaje de una serie de ejes temáticos: formación de la militancia social y política, formación de los y las economistas, transformaciones en la realidad de la clase trabajadora, actualidad de las luchas sociales y políticas en Argentina, especialmente, del movimiento feminista y del movimiento ecologista.

Con esto no esperamos más que promover una serie de debates necesarios que ayuden a recolocar a Marx y su legado en el lugar que siempre le ha correspondido: al lado de las inagotables y variadas luchas de los oprimidos y oprimidas del mundo.

 


¿Qué puede darnos Marx para las luchas sociales de aquí y ahora?

*Por Alberto Bonnet para La tinta

Escribir sobre la actualidad de Marx a un siglo y medio de la publicación del primer tomo de El capital –y a un siglo de la Revolución Rusa– es una tarea incómoda. Hace 25 años John Holloway se preguntaba si, después del entonces muy reciente derrumbe de la ex Unión Soviética, el marxismo no se convertiría en una lengua muerta.[1] Era inevitable que siguiera habiendo luchas sociales contra la explotación y la opresión capitalista, pero no había ninguna razón para asegurar que el marxismo seguiría siendo un insumo teórico relevante para esas luchas. El lenguaje marxista podía correr la suerte del latín: una vez que se había librado de su empleo escolástico por parte de la iglesia soviética, podía convertirse en una lengua muerta. La situación, hoy, sigue siendo más o menos la misma.

Pero entonces: ¿qué puede decirse sobre la actualidad del pensamiento de Marx? Más específicamente: ¿qué tiene Marx para decirnos acerca de las luchas sociales que se libran en nuestra sociedad y en nuestros días? El primer paso para acercarnos a alguna respuesta es entender la naturaleza del pensamiento de Marx y, a partir de ahí, la relación que puede guardar con nuestra práctica. El marxismo es una teoría o, más precisamente, una crítica radical del modo en que existen las relaciones sociales bajo el capitalismo. A partir de esta crítica no podemos deducir directamente una estrategia política y, en los hechos, inspiró estrategias muy diversas.

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El propio Marx concibió la revolución de una manera en vísperas de las revoluciones de 1848 y de otra manera diferente después de la Comuna de París de 1871. Engels, el compañero de Marx, la concibió más tarde de una manera distinta, con la consolidación de la socialdemocracia alemana en la década de 1890. Y todas estas concepciones de la revolución se revelaron como algo anacrónicas cuando, a la salida de la I Guerra Mundial, un nuevo ascenso de la lucha de clases sacudió Europa. Mientras tanto, ciertamente, la concepción del valor que Marx desarrolló en sus escritos de madurez sirve para explicar el funcionamiento del mercado tanto en 1848 como en 1918. La diferencia va de suyo: no todos los conceptos de una teoría tienen el mismo alcance histórico.

Pero cabe insistir, ya que acá no nos interesa el funcionamiento del mercado sino la revolución: ¿qué puede darnos Marx para las luchas sociales de aquí y ahora? Sabemos que no puede darnos una estrategia. Pero sí puede darnos ciertos criterios generales que orienten nuestra acción política. Y, aunque parezca paradójico, estos criterios son más importantes que cualquier programa, porque sin ellos lucharíamos a ciegas: no sabríamos contra quiénes debemos luchar, ni cómo analizar las condiciones en las cuales luchamos, ni qué esperar de los distintos sujetos involucrados en nuestra lucha… ni cómo diseñar estrategia alguna. La crítica de las relaciones sociales capitalistas iniciada por Marx sigue siendo insustituible en tanto marco teórico a partir del cual establecer estos criterios generales que orienten nuestra lucha contra el capitalismo. Veamos algunos ejemplos.

La lucha contra el capitalismo, a partir de la crítica de Marx, debe ser una lucha contra el capital. Esto puede parecer una verdad de perogrullo, pero basta con detenerse a pensar un momento en las luchas sociales que nos rodean para advertir que no lo es. Estas luchas, en la mayoría de los casos, confunden su enemigo: se dirigen contra el parasitismo de las finanzas (como si la acumulación del capital productivo no requiriera un sistema crediticio cada vez más sofisticado), contra las expoliaciones del capital extranjero (como si el capital doméstico se sustrayera a los mecanismos que regulan el mercado mundial), contra las grandes corporaciones (como si las pequeñas empresas no se vieran forzadas por la competencia imponer a sus trabajadores niveles aún peores de explotación) o contra las conspiraciones de un puñado de magnates (como si los capitalistas no fueran agentes sujetos a leyes que operan a sus espaldas). El propio Marx supo criticar, en este mismo sentido, la ingenua exigencia de Proudhon de abolir el dinero. Pero ¿podemos luchar contra el capital mismo si desconocemos la naturaleza del capital, es decir, de la forma específica que asume la relación de explotación bajo el capitalismo? No. Podemos luchar, en el mejor de los casos, contra el neoliberalismo.


La lucha contra el capitalismo, a partir de la crítica de Marx, debe ser también una lucha contra el estado. Esta también debería parecer una verdad de perogrullo, si no hubiera sido olvidada por tantos de sus seguidores…


Lejos de luchar contra el estado, en cualquier caso, la mayoría de las luchas sociales que nos rodean reclama una mayor intervención de ese estado en la sociedad. Como si la sociedad en la que vivimos fuera capitalista solamente en las relaciones que establecemos en la esfera económica (o sea, en las relaciones de explotación) y no fuera igualmente capitalista en las relaciones que establecemos en la esfera política (en las relaciones de dominación) o, dicho en otras palabras, como si el estado fuera un estado no-capitalista en medio de una sociedad capitalista. Esta idea ingenua de que el estado es un instrumento neutro siempre fue y sigue siendo el supuesto inevitable de todo reformismo. Y Marx mismo supo rechazar, en este sentido, la idea de un “estado libre” de Lasalle y otras ideas semejantes. Pero ¿podemos luchar contra el estado si desconocemos la naturaleza del estado capitalista, de la forma específica que asume la relación de dominación bajo el capitalismo? La respuesta vuelve a ser negativa.

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Foto: Colectivo manifiesto

La lucha contra el capitalismo, a partir de Marx, debe ser finalmente una lucha de clase. Pero la clase trabajadora no es el pueblo, ni los pobres, ni los movilizados, ni el partido. La clase trabajadora es la materialización, en la estructura social, de un polo de la relación social que define a la sociedad capitalista, es decir, del capital. La concepción, radicalmente democrática, de la revolución como auto-emancipación de los trabajadores de Marx es, precisamente, un corolario de su crítica de las relaciones sociales capitalistas.

La crítica de Marx, en síntesis, no alcanza para resolver en qué condiciones conviene iniciar una huelga en una empresa, en qué casos aceptar la asistencia social de un gobierno o con qué estatuto organizar un sindicato. Y, en este sentido, no nos exime de pensar por nuestra cuenta y riesgo. Pero nos provee los mejores criterios generales para orientar nuestra acción política.

*Por Alberto Bonnet para La tinta.


[1] Holloway, J.: “La liberación de Marx”, en E. Lucita (ed.): La liberación de Marx, Bs. As., Tierra del Fuego, 1992.

Palabras claves: Carlos Marx, economia, marxismo

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