El Gordo y el Loco (historia de una promesa cumplida)
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El Gordo y el Loco (historia de una promesa cumplida)

En tiempos donde no existían las redes sociales y los programas deportivos full time, Hugo Gatti supo construir un personaje mediático, atrevido y provocador que por entonces calificaron de “Loco”. Coherente con su condición de demente, se atrevió a chicanear a Diego: “Es un gordito que no podría hacerme un gol”. Con el diario en mano, la joyita del fútbol argentino respondió: “Le pensaba hacer dos goles, ahora le voy a meter cuatro”. La sentencia se cumplió un 9 de noviembre de 1980.

Hugo Orlando. Histórico arquero xeneize. De pelo largo y vincha, el “Loco” construyó un personaje a través del cual rindió todas las materias necesarias para ganarse ese título de demente. En épocas sin redes sociales y sin programas deportivos full time, supo exprimir un personaje más que pintoresco para los años ´70 y ´80.

Diego Armando por su parte era “la joya” del fútbol argentino. Aún purrete, su único escenario era el césped de las canchas y su único libreto los goles y las gambetas. Sin ser todavía “El Padre fundador de la patria” -como dice el periodista Fernández Moores- sus declaraciones en los medios eran contadas y su perfil público medido.

Pero Gatti no. De acuerdo al libreto que interpretaba su personaje, el Loco era loco para salir jugando con la pelota al pie y también para chicanear a sus rivales. En una entrevista al diario La Razón y en la previa al partido entre Boca y Argentinos Juniors, tiró el anzuelo: “Maradona es un gordito que no podría hacerme un gol”.

Enterado de este comentario, el entrenador del Bicho, Miguel Ángel López, fue a buscar a Diego a la concentración con el diario en la mano. Lleno de orgullo, la leyenda cuanta que Pelusa contestó: “Le pensaba hacer dos goles, ahora le voy a meter cuatro”. Y cumplió.

El partido tuvo lugar el 9 de noviembre de 1980, en una cancha de Vélez que lució colmada. Era la duodécima fecha del campeonato Nacional y Boca no venía haciendo un buen torneo. Incluso, venía de caer en la fecha anterior ante Huracán por 4 a 1 y llegaba golpeado.

La función de Maradona comenzó a los 23 minutos. Boca ganaba por 1-0 y en una jugada, el 10 tiró una rabona adentró del área, la pelota dio en un jugador del Xeneize y el árbitro Juan Carlos Loustau marcó penal. Maradona, con un toque suave a la derecha de Gatti, anotó su primer gol.

Con el encuentro igualado en dos, Diego recibió una falta sobre el sector derecho del ataque del Bicho, cerca del corner. Mientras que Gatti armaba la barrera (y se le escapaba la tortuga), Maradona aprovechó y con una comba perfecta clavó la pelota en el ángulo: el segundo en su cuenta personal y contando.

Diego había prometido cuatro. Ni tres ni cinco; cuatro. Quedaba el segundo tiempo. A los dos minutos bajó con el pecho un pelotazo largo y ante la salida del arquero le pegó con la cara externa para marcar el tercero. Hat-trick, como se dice ahora.

Faltaban sólo 15 minutos para que la profecía se cumpliera. En ese momento Maradona emprendió una veloz corrida por el centro del campo y recibió una falta que para muchos fue penal, pero no para Loustau. Tiro libre sobre la línea del área. Diego no se hizo mucho problema. Con un soberbio zurdazo firmó el cheque y mandó a Gatti a cobrar por caja: cuatro goles. Maradona cumple.

Muchos dicen que ese día, aquel 9 de noviembre de 1980 en el que el Argentinos Juniors del “gordito barrigón” terminó ganando 5 a 3, la hinchada de Boca, en medio del dolor, sintió el flechazo de amor.

Un año después, en 1981, Diego y Gatti posarían junto a Miguel Àngel Brindisi en una foto que inmortalizó aquel Boca Campeón.

Coherente con su condición de loco, las apariciones mediáticas del ex arquero en los últimos años han sido para asegurar que aquel gordito “me hizo tres goles”, decir “yo amo a Diego” o incluso afirmar que “de otro planeta era Pelé, no Maradona”. Un loco.

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8 Noviembre, 2016

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