“En el laberinto de la dominación masculina”
Géneros

“En el laberinto de la dominación masculina”

Consumado el golpe de estado en Brasil, observando la mirada de Dilma sentada frente al tribunal que la destituyó, contrastando la imagen del equipo de gobierno de Temer con el de Dilma, no podemos dejar de interpelar(nos). Esta, es una mirada hacia el Estado, la política y el poder desde una perspectiva de género.

 

genero ministros dilma golpe temerEn la primera foto, Rousseff junto a sus ministros y ministras. En la segunda foto, Temer junto a sus ministros


Desandando el laberinto, queremos trazar algunas reflexiones que nos disparan los sucesos de los últimos meses en Brasil en torno al juicio político a Dilma Rousseff. Ella advirtió que “la Historia dirá cuánto de violencia, de prejuicios contra la mujer, hay en este proceso golpista”.

El colectivo feminista brasileño Think Olga analizó la situación y afirmó que “este es un golpe machista, patriarcal, misógino, capitalista, contra un proyecto de Gobierno de inclusión social. No les gustan los pobres, las mujeres, los negros, los gays, las lesbianas, los indígenas. Aún somos el futuro de la política brasileña y vamos a mostrar nuestro poder en las calles, las urnas, la lucha”.

Tratamos de entender lo ocurrido en el país vecino con perspectiva de género. Incluso, nos arriesgamos a tomar algunos rumbos en el laberinto. Sin embargo, a mitad de camino de la escritura, nos encontramos con la complejidad que nos presenta pensar el Estado, “la política”, el poder y el feminismo.

Entendemos que el poder público estatal tiene ciertas posibilidades y claros límites, sea quien sea que esté a la cabeza. Más allá de eso, lo que pasó en Brasil demuestra que a la derecha rancia que ahora asumió tras un golpe de estado, le molestaba Dilma.

Dilma de alguna forma, tuvo un acercamiento a pensar un Brasil desde la diversidad, pero Temer vino a derribarlo junto con el impeachment. Las fotos de ambos equipos de trabajo son el registro más certero que muestra que, de la mano de reforzar un estado neoliberal, viene el reforzamiento del patriarcado estatal.

Recorriendo el laberinto de la dominación masculina, encontramos muchas preguntas que pueden ser pensadas no sólo para Brasil. ¿Se dan cambios reales en el abajo cuando una mujer ocupa cargos públicos? ¿Qué implica asumir lugares de liderazgo siendo mujer? ¿Qué sentidos, qué representaciones, giran en torno a ser mujer y presidenta? ¿Qué relación hay entre los procesos de descolonización, las prácticas feministas y la política institucional?

La esfera político institucional es un espacio autoritario y totalitario, donde la democracia representativa lejos de posibilitar prácticas descolonizadoras o espacios de cuestionamiento de los privilegios de quienes detentan el poder, permiten círculos viciosos de complicidad y silencio.

Presidentas y agenda de género

El Estado es patriarcal y reproduce situaciones de dominación sobre nuestros cuerpos. La presencia de mujeres ocupando cargos públicos o estatales no garantiza la puesta en marcha de una agenda de género; este creemos que es uno de los ejes fundamentales para desentrañar la relación entre el Estado, “la política”, el poder y el feminismo.

El hecho de que mujeres hayan ocupado cargos presidenciales en varios países de América Latina, no significa que los debates más fuertes en la agenda feminista, como por ejemplo, la despenalización del aborto, hayan sido prioritario o formado parte de la agenda de gobierno.

A lo largo de su gestión (2011-2016) y previo a ella, Dilma se mostró cerca de reivindicaciones históricas del movimiento feminista, como el derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos. Si bien la presidenta había expresado su voluntad de avanzar en cuanto a los derechos de salud sexual y reproductiva de las mujeres, no lo hizo. Analizando la influencia de distintas instituciones religiosas en Brasil, y tras el golpe de Estado, nos queda la duda de si hubiese sido posible que se concretara durante su mandato.

Sus posicionamientos le valieron el apoyo de numerosas mujeres que denunciaron el golpe de estado, el avasallamiento al sistema democrático existente y el tratamiento misógino hacia Dilma. Al mismo tiempo recibió muchos gestos de acompañamiento como fue el abrazo al Palacio del Planalto -sede de la presidencia de Brasilia- que cientos de mujeres con flores realizaron en el mes de abril.

genero dilma por ser mujer

Rousseff de costado, levemente inclinada hacia delante “es atravesada por una espada”. Esta fotografía fue tomada por Wilton de Sousa Júnior para EFE.


Mujer y masculinización de “la política”

Todo el proceso previo y durante el impeachment, hasta el momento final del juicio a Dilma Rousseff estuvo atravesado por una serie de episodios fuertemente machistas.

Muchos se han burlado de su ropa “poco femenina” y de su cuerpo. El congresista opositor Jair Bolsonaro, llegó a comentarle a otro compañero en relación a Dilma: “no merece la pena ni violarla”

También se ha dicho que es autoritaria, tozuda, que no se puede adaptar al modo de hacer política. Comentarios hechos incluso por políticos de su propio partido. Rousseff dijo: “se me ve como dura; los hombres que actúan igual son normales”. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Existen estereotipos de mujeres en los cargos públicos estatales? Muchos se han burlado de su ropa “poco femenina” y de su cuerpo. El congresista opositor Jair Bolsonaro, llegó a comentarle a otro compañero en relación a Dilma: “no merece la pena ni violarla”. Para estos sujetos, pareciera que la mujer en “la política” debiera ser como la “primera dama” de Temer, quien es presentada por los medios masivos de comunicación como despolitizada, y es denominada en el semanario “Veja” como “bela, recatada e ‘do lar’ (bella, recatada y del hogar).

La economista colombiana Natalia Quiroga considera que para que haya mujeres presidentas, es necesaria “la sumisión del cuerpo de las mujeres a Estados e iglesias, a la norma hetero-patriarcal”. Y agrega que mientras se va dando ese aparente aumento de poder en las mujeres, equiparamiento en lo laboral y social, los varones sienten cómo se socava su poder machista. La respuesta a eso, es la violencia brutal.

Perdernos y encontrarnos

De la mano de Silvia Rivera Cusicanqui, problematizamos el Estado no sólo como lugar de dominación sino también de colonización y opresión. Ella se refiere a “descolonizar el género” y nos invita a preguntarnos: “¿Nos podremos descolonizar indios y mujeres con esa caricatura de la conducta de los opresores? ¿Será posible hacerlo a través de artificios burocráticos o de las artes de la palabra, en la que también estaremos condenados a imitarlos?”

Nos preguntamos entonces, si dentro de los espacios públicos se trata de construir de manera igualitaria. En este sentido Raquel Gutiérrez Aguilar advierte que convocarnos a espacios de igualdad es una farsa, se valora la igualdad como necesaria cuando significa que simplemente se nos incluye en una racionalidad masculina. Debemos partir de la base de aceptar que no somos iguales, porque hemos sido construidos histórico y socialmente, distintos.

Almudena Hernando también nos aporta para reflexionar acerca de la relación entre Estado, poder e “igualdad” de género. Observa que “muchas mujeres inmersas en el orden patriarcal no reflexionan acerca de en qué consiste la desigualdad. Consideran que la igualdad se consigue cuando se accede a esos puestos en los que están los varones y se respeta la ideología que los sostiene, que es la de idealizar la razón, negando la importancia de las emociones y los vínculos si se quiere construir una sociedad sana e igualitaria. Entonces, cuando llegan, reproducen ese orden”.

Cusicanqui explica también que “descolonizar el género no es dar la vuelta la tortilla. Es recuperar la dignidad de lo femenino y de lo indígena, su ética de responsabilidad hacia el mundo de los vivos -humanos, animales, la pacha”. Para ella, de este respeto y humildad frente al mundo, “emergerá un modo diferente de convivencia y organización social. Nacerá un poder muy distinto del que ejercen (o creen ejercer) las y los colonizados”.

En el discurso que Rousseff dio después de la destitución, dijo: “soy la primera mujer presidenta de Brasil. He honrado los votos que las mujeres me dieron. Nosotras, las mujeres, tenemos algo en común: somos dignas”. Gutierrez Aguilar considera que la dignidad es “siempre el punto de partida de la autonomía política y moral; así como de las fisuras que se les imprimen a las jaulas del miedo y la desconfianza”.

La dignidad siempre es necesaria aunque quizás, continua Gutierrez “puede no ser suficiente en el despliegue de las luchas por la transformación social y política. Preguntarse el “¿qué más es necesario?” constituye para ella y para nosotras, el corazón del debate político militante contemporáneo.

 

*La frase del título es extraída del libro “Desandar el laberinto” de Raquel Gutiérrez Aguilar. Foto: Leandro Taques, Midia Ninja.

 

Redacción La Tinta

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5 Septiembre, 2016

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