“El justiciero”
Epígrafes

“El justiciero”

16 de Junio de 1990. En el interior de un Chevrolet Chevy yacen dos cadáveres. Uno de ellos se aferra al volante con dos dedos de su mano derecha. Se trata de Osvaldo Aguirre (29) y Carlos González (31), dos ladrones abatidos con un tiro en la cabeza cada uno.

Era sábado al mediodía. El ingeniero Horacio Santos, acompañaba a su mujer en una zapatería de Villa Devoto, Capital Federal, cuando escuchó sonar la alarma de su auto. Salió corriendo y vio cómo un hombre se llevaba su estéreo y se subía a un auto con otro hombre al volante. Decidió perseguirlos junto a su mujer.

Veinte cuadras después los alcanzó. Ambos vehículos quedaron detenidos a la par y, en un confuso hecho, Santos mató a Aguirre y a González con dos precisos disparos de su revólver calibre 32. Había comprado el arma de manera legal pero no tenía permiso de portación. Después declararía que creyó que uno de los ladrones se agachó para sacar un arma, y que por eso gatilló. Ninguno de los dos estaba armado. Se cree que el gesto que asustó a Santos y a su mujer fue el de González tratando de alcanzar el estéreo que tenía entre sus pies.

El caso fue tapa en todos los medios y abrió una larga discusión sobre inseguridad, justicia por mano propia y legítima defensa, y sus derivaciones: mano dura y gatillo fácil. Santos fué condenado a doce años de prisión, pero luego de una apelación logró la reducción de la pena a tres años en suspenso y quedó en libertad.

Gran parte de la sociedad se refería a Santos como “El justiciero”. Por aquellos años, era común el uso de calcos en las ventanillas de los autos con la leyenda “No tengo estéreo”. Después de este caso, comenzaron a verse las mismas calcos pero con otra leyenda: “Tengo estéreo pero soy ingeniero”.

19 Septiembre, 2016

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admin La Tinta. Periodismo hasta mancharse.


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