Tecnofeudalismo, anticristos y cruzadas: ¿volvió la Edad Media? 

Tecnofeudalismo, anticristos y cruzadas: ¿volvió la Edad Media? 
24 abril, 2026 por Bianca Tosco - Ignacio Liziardi

La segunda década de este siglo ―que empezó con la pandemia de COVID-19― no ha dado un minuto de tregua. El quiebre del mundo que conocíamos tiene varios elementos que nos llevan a pensar en similitudes con la Edad Media. Enterramos las utopías y parece que vivimos en un presente plagado de profecías para nada alentadoras, y, en esa orfandad de futuro, se cuelan los monstruos como Peter Thiel y Alex Karp.

Por Ignacio Lizardi para La tinta

“La historia no se repite, pero rima”.
(Frase atribuida a muchos autores, entre ellos, a Mark Twain)

Esta comparación no es nueva. Umberto Eco, en un ensayo de 1972 titulado “Hacia una nueva edad media”, aparecido en español en el libro La estrategia de la ilusión, se dedicó a identificar factores de su presente que lo llevaban directamente al periodo medieval. Sin embargo, la analogía ―siempre llena de inexactitudes― retorna década tras década: ¿qué cosas de nuestro presente nos llevan a pensar en un retorno de lo medieval? El ascenso de la violencia en el sistema internacional, la religión como factor importante en dichas relaciones, la espera de un anticristo y discusiones teológicas pueden darnos algunos indicios.

Cruzada

El diario británico The Guardian, a principios de marzo, reportó que, en medio del conflicto con Irán, muchos soldados norteamericanos denunciaron que sus superiores se refirieron a la guerra como “parte de un plan divino de Dios” y este es un componente que retorna desde el pasado remoto. Durante las guerras de Irak y Afganistán, la retórica imperial estaba marcada por una fuerte idea de progreso que llevaría la democracia y el bienestar, contra la tiranía y, principalmente, contra el terrorismo islámico que amenazaba el mundo libre. Hoy, el discurso ha girado hacia un oscurantismo cristiano y la guerra santa, pero ¿por qué?

Existe en Estados Unidos un potente lobby evangélico de carácter sionista que se aleja de la tradicional postura de los sectores protestantes de la costa este (de perfil supremacista blanco y hasta antisemita), dado que para su escatología, la existencia de Israel (como reino o Estado) es un factor fundamental en la profecía del juicio final. Así como leíste. Por esto es que estos sectores ―iglesias neopentecostales― enarbolan la cruzada de Trump en su apoyo ilimitado a Netanyahu.

Pete Hegseth, ministro de Defensa estadounidense, quien cambió el nombre de dicha cartera de Defensa a Guerra, tiene tatuada en el pecho la cruz de Jerusalén, compuesta de una cruz griega central con cuatro cruces menores, conocida como la cruz de las Cruzadas, que fue entregada por el papa Urbano II a los militares que iban a tomar Jerusalén. Además, en su brazo derecho porta la inscripción latina “Deus vult”, expresión papal, tomada por los cruzados que significa “voluntad de Dios”. Al día de hoy, el gobierno teocrático de la Revolución iraní es considerado el gran enemigo de Occidente por quienes ostentan el poder en EE. UU. El argumento de que en el bando contrario se encuentra “el Mal” borra cualquier posibilidad de llamado a la paz (como hemos visto en las últimas semanas) y el único camino que se abre es el de la aniquilación.

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Las fotos del Instagram de Hegseth muestran sus tatuajes, incluyendo la cruz de los Cruzadas en el pecho y «Deus vult» en el bíceps. Imagen: New Lines Magazine.

Por su parte, Israel lleva a cabo su cruzada contra todos sus vecinos, enarbolando ser el pueblo elegido por Dios, demoliendo todo lo que se encuentra en los territorios que, según la narrativa sionista, les fue prometida hace tres mil años al pueblo judío. En estos días, se hicieron virales dos imágenes que son meramente medievales: por una parte, un ciudadano libanés fue filmado retirando la bandera israelí clavada sobre la torre del Castillo de Beaufort (al sur del Líbano ocupado) y arrojándola al vacío. Esta fortaleza fue ocupada precisamente por los cruzados franceses en el siglo XII. Por otro lado, un soldado israelí fue fotografiado dando hachazos a una imagen de Cristo en la cruz, lo que llevó al gobierno sionista a pedir disculpas ante la condena internacional.

El conflicto entre el papado y el imperio

Esta semana, luego de muchos intercambios tensos ―para colmo, durante Pascuas―, Donald Trump embistió contra el papa León XIV porque este condenó el “delirio de omnipotencia” que alimenta las guerras en curso y rechazó cualquier intento de “reclutar a Dios” para justificar la muerte de civiles. A lo que el primer vicepresidente católico del país de mayoría protestante, J. D. Vance, respondió que el papa debería ser más cuidadoso al hablar de teología. A lo que el pontífice respondió que no le teme al gobierno de Trump.

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Imagen: X/Casa Blanca.

Pienso invariablemente en la llamada “Querella de las Investiduras” ocurrida en el siglo XI, que enfrentó al papa de Roma (Gregorio VII, en ese momento líder indiscutido de las almas del Occidente cristiano) con el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, la entidad política más grande y conflictiva de Europa. Esta disputa estalló debido a diferencias sobre cuál de los dos poderes debía gobernar al clero y quién podía hablar de manera autorizada en materia de teología. Básicamente, se definía quién estaba autorizado a invocar la divinidad sobre temas terrenales y, particularmente, la guerra.

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Imagen: Truth Social.

Volviendo al presente, este 12 de abril, Trump subió una imagen generada con IA que lo muestra como Jesús. Las repercusiones no se hicieron esperar y el catolicismo norteamericano salió a rechazar dicho accionar. Este conflicto entre el presidente norteamericano y León XIV estalló precisamente por el llamamiento a una guerra religiosa contra Irán, pero ahora se trasladó, además, hacia la invocación indebida de la imagen de Cristo. 

Milenarismo y tecnofeudalismo

Ningún otro factor del presente augura más oscuridad que el milenarismo tecnofeudal, encarnado por la figura de Peter Thiel. El milenarismo es una escatología increíblemente compleja y no existe una interpretación unívoca, pero podemos decir ―a grandes rasgos― que se trata del estudio de la predicción del juicio final, ya sea como el retorno del Mesías o el Anticristo. Este sentimiento se ha disparado siempre en tiempos de intensa incertidumbre con respecto al futuro: sucedió en el siglo XI, con características similares a las de hoy. 

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Thiel es CEO fundador de la billetera digital de alcance mundial PayPal y de Palantir, que es más terrible y complejo porque se trata de una empresa de software especializada en análisis de big data para gobiernos, agencias de inteligencia, que desarrolla IA para seguridad y usos militares. La bola que todo lo ve de la mitología tolkieniana da nombre a este sistema de reconocimiento y análisis de datos que usó el gobierno de Israel durante el genocidio en Gaza, lo que ha despertado el horror y las críticas, y que también es utilizada por gobiernos para perseguir y, sobre todo, monitorear opositores.

El magnate germano-estadounidense ha sido apuntado, junto con Sam Altman y Elon Musk, como uno de los máximos exponentes del tecnofeudalismo. Esta nueva forma en que el escenario global se está configurando, donde los Estados nacionales pierden permanentemente la carrera contra las multinacionales tecnológicas (y en específico, sus CEO) a una escala que no podemos dimensionar. Privatizan elementos de la vida de las personas, dirigiendo sus esfuerzos lentamente hacia la fragmentación de lo público y la acaparación total de recursos estratégicos, con metas a suplantar a las entidades nacionales. Para peor, otra de las cabezas de Palantir, Alexander Karp, ha publicado esta semana un manifiesto titulado The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West (La República Tecnológica: poder duro, creencias blandas y el futuro de Occidente), que embiste contra el mundo democrático que pretendemos habitar, hablando directamente y sin tapujos de su ofensiva que pretende la militarización de los softwares.

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Donald Trump y Peter Thiel.

Sin embargo, Thiel posee un perfil más complejo de lo que podríamos esperar. Además de ser uno de los principales apoyos financieros de las campañas presidenciales de Donald Trump, estudió filosofía del siglo XX en la Universidad de Stanford, además de derecho, y desde entonces se ha obsesionado con el cambio de los tiempos que corren. Su militancia ultraconservadora (casi paleoconservadora) ha llegado al lugar más oscuro: proclamar la inminente venida del Anticristo en una serie de conferencias brindadas en las capitales europeas a un público selecto ―y casi secreto― de oyentes. El revuelo fue mayor cuando acudió a Roma el pasado mes de marzo para hablar del tema, desafiando abiertamente las interpretaciones papales, siendo blanco de las empolvadas acusaciones de herejía y blasfemia por varios sectores católicos.

Este personaje tenebroso desembarcó en Argentina hace unos días en secreto y dicen que está en sus planes permanecer un tiempo. Mientras los medios hegemónicos de nuestro país lo presentan como “uno de los empresarios más influyentes del mundo” que “analiza realizar inversiones”, no se puede dejar de señalar que el Estado argentino otorgó un presupuesto descomunal de más de 80.000 millones de pesos a sus servicios de inteligencia y que una visita como esta no es inocente. Según expresó el exjefe de Gabinete, Guillermo Francos: “Viene a ver cómo es que Milei ha generado este proceso de cambio tan importante y capaz que Peter Thiel está pensando en invertir y no hablamos de inversiones pequeñas”. Ayer, la Casa Rosada les prohibió el ingreso a todos los periodistas acreditados, el mismo día que el empresario estuvo allí de visita. 

Claramente, existe en nuestro presente inmediato una serie de situaciones internacionales ―impensables a principios de 2010― que producen terreno fértil para la comparación con lo medieval: remilitarización, empoderamiento militar de entidades transnacionales, conflictos teológico-políticos, guerras santas, etc.  No obstante, la historia no se repite jamás, aunque identifiquemos viejas formas de proceder que sabemos a dónde conducen y ese lugar nos provoque escalofríos.

Recomiendo leer Visiones apocalípticas en la Edad Media. El fin del mundo y la salvación del alma, de Claude Carozzi, y Tecnofeudalismo: el sigiloso sucesor del capitalismo, de Yanis Varoufakis.

*Por Ignacio Lizardi para La tinta / Imagen de portada: Truth Social.

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Palabras claves: Donald Trump, Estados Unidos, Israel, Javier Milei, militarización, Peter Thiel, tecnofeudalismo

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