Argentina lidera el ranking de los medicamentos más costosos a nivel mundial
Según un estudio de la revista científica JAMA, nuestro país no solo se encuentra entre los que tienen los precios más altos en fármacos, sino que también sufre una grave falta de regulación estatal, una fuerte concentración del mercado farmacéutico y una cultura de la automedicación que profundizan el problema. En esta nota, el médico y docente, Carlos Presman, analiza los factores estructurales que encarecen el acceso a la salud en Argentina y propone posibles salidas desde una política pública más activa.
Por Florencia Díaz para La tinta
Un informe de la revista científica norteamericana JAMA analizó el precio de los medicamentos en distintos países. Para hacerlo, no solo comparó el valor nominal de los remedios, sino también la cantidad de días de trabajo necesarios para comprarlos en cada país. El resultado fue claro: en los países pobres o de ingresos medios, los medicamentos resultan menos accesibles porque representan un gasto mucho mayor en relación con el salario.
En Argentina, la situación es todavía más grave. “Los medicamentos que más se venden en el país están entre los más caros del mundo”, asegura Carlos Presman, médico, docente y escritor en su columna “Medicamentos por el oro”, emitida en Canal 10 de Córdoba.
A modo de ejemplo, el profesional comparó el precio de dos medicamentos ampliamente recetados a nivel mundial: el Valsartán de 80 mg, utilizado para tratar la hipertensión, cuesta 30 dólares en Argentina, mientras que en Estados Unidos se consigue por 15, en Brasil por 10, en México por 8, en Francia por 5 y en China por apenas 1 dólar. Un caso similar ocurre con la Rosuvastatina de 10 mg, indicada para reducir el colesterol: su precio en el país asciende a 50 dólares, frente a los 8 que cuesta en Estados Unidos y México, los 4 en Brasil, los 5 en Francia y, nuevamente, 1 dólar en China. Las cifras reflejan con claridad el nivel de sobreprecio que enfrentan los pacientes argentinos y profundizan la desigualdad en el acceso a tratamientos básicos.
Según el médico, existen múltiples factores que explican este panorama. En primer lugar, una “cultura farmacoterapéutica” instalada en la sociedad argentina, donde la mayoría de los pacientes busca resolver sus problemas de salud a través de un remedio rápido. Esto se combina con un alto nivel de automedicación y con un mercado de venta libre que no está regulado por el Estado ni en sus precios ni en la publicidades.
En diálogo con La tinta, el docente recuerda que fue durante los años 90 que se estableció la duración de las patentes de medicamentos en 20 años. La medida otorgaba un monopolio temporal a los laboratorios que les permitía vender al precio que desearan. Pasado ese plazo, aparecen los genéricos, que son equivalentes en composición y eficacia, pero dependen de la confianza del médico y del paciente. “Un paracetamol genérico es igual a uno de marca, pero la receta y la publicidad terminan inclinando la balanza hacia los comerciales, que son mucho más caros”, explica el especialista.

El docente también remarcó que, en los últimos años, el panorama se ha complejizado: “Hoy, el dueño del laboratorio muchas veces es también dueño de la droguería y de la cadena de farmacias. El precio lo ponen ellos y, si hay quien lo pague, se sostiene. No existe una regulación estatal que ponga límites”. Esa concentración, sumada a la desregulación impulsada por el actual gobierno, genera que el mercado funcione bajo la lógica del “sálvese quien pueda”.
La magnitud del poder económico de los laboratorios es un punto clave. “Algunos facturan más que el propio producto bruto interno (PBI) de la Argentina”, advirtió Presman. Con semejante peso, la capacidad de presión de la industria farmacéutica supera a la de muchos Estados nacionales.
Para el médico cordobés, la salida debería venir de la mano de políticas públicas claras. La Organización Mundial de la Salud (OMS) publica cada dos años un listado de medicamentos esenciales, de eficacia comprobada y bajo riesgo. “Si los gobiernos garantizaran el acceso gratuito a esos medicamentos a través de compras internacionales, no solo se aseguraría de que los pacientes tengan lo que necesitan, sino que también se regularía el mercado y bajarían los precios”, planteó.
En contraste, países con políticas sanitarias más estrictas, como Inglaterra, no dejan librada la salud de su población al mercado. En Argentina, en cambio, las clínicas y hospitales privados sobreviven en gran medida gracias a la rentabilidad de los medicamentos, que incluso se facturan por fuera de las coberturas sociales.
Finalmente, Presman subrayó que, aunque el escenario es complejo, cada persona puede tomar algunas decisiones para cuidar su bolsillo: “Preguntar si existe un genérico, averiguar cuál es la opción más económica en la farmacia, pedir a la obra social un vademécum de medicamentos esenciales. Cuando el Estado se retira en la pulseada para regular los precios, lo que queda es la lógica del ‘sálvese quien pueda'».
*Por Florencia Díaz para La tinta / Imagen de portada: La tinta.
