Pompeo, el patio trasero y la doctrina Monroe

Pompeo, el patio trasero y la doctrina Monroe
29 julio, 2019 por Gonzalo Fiore Viani

La visita de Mike Pompeo a varios países de América Latina refuerza la política neoliberal y represiva de Washington hacia la región.

Por Gonzalo Fiore Viani para La tinta

La gira de Mike Pompeo por cuatro países de América Latina deja, más patente que nunca, la intención clara de Estados Unidos de retomar el control perdido la década anterior sobre la región. Reeditando la vieja doctrina Monroe, Washington se ha decidido a volver a poner un pie sobre el continente. Con los gobiernos de Jair Bolsonaro en Brasil, Mauricio Macri en Argentina, Lenin Moreno en Ecuador y Sebastián Piñera en Chile, para la Casa Blanca, el panorama es mucho más alentador que hace una década. Por aquel entonces, y tras la derrota del ALCA en la cumbre celebrada en 2005 en Mar del Plata, las administraciones de George W. Bush y Barack Obama continuaron con el foco puesto en Medio Oriente. El “Make America Great Again” de Donald Trump, por lo visto, también incluye retomar la vieja idea de “América para los americanos”.

Uno de los principales objetivos de Mike Pompeo respecto de los gobiernos de la región fue alinearlos con la “lucha contra el terrorismo”, declarando como tal a Hezbollah, decisión que, por ahora, solo fue respaldada por el gobierno argentino. A su vez, la “cuestión Venezuela” también fue uno de los puntos centrales de su agenda.

La gira de Pompeo comenzó en Argentina donde, junto al presidente Macri, rindieron un homenaje a las víctimas del atentado de 1994 contra la AMIA, del cual se cumplieron 25 años. Luego, se dirigió a México, Ecuador y El Salvador. La administración Trump se encuentra preocupada debido a la creciente influencia china en Centroamérica y el Caribe, donde, en los últimos años, pasó de no ser reconocida por la mayoría de los estados a convertirse en uno de los principales socios comerciales de los países de la zona. Estados Unidos también perdió influencia económica en su viejo “patio trasero”, aunque todavía mantiene prácticamente intacta su presencia cultural.

Argentina presidente Macri Mike Pompeo la-tinta

El México de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no ha presentado grandes desacuerdos con los Estados Unidos. AMLO, consciente de que no puede enfrentarse abiertamente a Trump, debe acodar con su par norteamericano algunas cuestiones, especialmente las concernientes a migrantes provenientes de los países más pobres de Centroamérica que, para dirigirse a Estados Unidos, deben pasar por territorio mexicano. Respecto de esta cuestión, en su paso por el país azteca, Pompeo destacó “los significativos avances de los operativos mexicanos, en cumplimiento con el acuerdo entre ambos países alcanzado el 7 de junio en Washington”. De acuerdo al Secretario de Estado, gracias a los acuerdos, se produjo “una reducción del flujo de inmigrantes ilegales que llegan a la frontera sur de Estados Unidos”.


Según Pompeo, el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela es “la mayor amenaza para América Latina”. Su fijación para con el gobierno bolivariano es tal que, en uno de los momentos más álgidos de la crisis, aseguró públicamente que la intervención militar “no estaba descartada”, lo cual fue contradicho por el mismo Trump. El mandatario también lo desautorizó en público cuando Pompeo criticó la actuación rusa en el país caribeño. Junto a Nayib Bukele, flamante presidente de El Salvador, el norteamericano declaró: “Por supuesto, el riesgo en la región es Venezuela; es importante que, cuando nosotros veamos afectados nuestros valores, los países que piensan como nosotros trabajemos de manera conjunta, hombro a hombro”. Igualmente, todo parece indicar que cualquier tipo de intervención armada estaría completamente descartada debido al escaso apoyo entre los países de la región; tanto Brasil como Argentina, se encuentran alineados con el gobierno estadounidense respecto de la “amenaza venezolana”. En ese punto, coinciden con Pompeo sobre la necesidad de “aislar diplomáticamente” al gobierno de Maduro. Sus acciones, especialmente a partir de la autoproclamación como presidente de Juan Guaidó hace seis meses, van en ese sentido.


En una especie de revival de la Guerra Fría, el sector de Pompeo identifica como “enemigos” a los países alineados con Rusia, como Cuba, Nicaragua y Venezuela. A pesar de los avances diplomáticos de la administración Obama con Cuba, donde, gracias a la mediación del Vaticano, se logró instalar sendas embajadas tanto en Washington como en La Habana por primera vez desde 1960, nunca llegó a discutirse el bloqueo que pesa sobre la isla. Trump ha dado marcha atrás con los avances, incluso amenazando con endurecer la Ley Helms-Burton de 1997, que establece duras sanciones para los norteamericanos que quieran negociar con empresas cubanas. Para Pompeo, “Cuba es la verdadera presencia imperialista en Venezuela”, una pirueta discursiva llena de cinismo que no se condice de ninguna manera con la realidad. Tanto Cuba como Rusia apoyan el derecho a la libre determinación venezolana. El mismo Trump había dicho, tras hablar con Vladimir Putin, que “Rusia tiene buenas intenciones en Venezuela”, a pesar de lo que suele asegurar Pompeo.

Ecuador Lenin Moreno Mike Pompeo la-tinta

Uno de los puntos más hablados de la visita del Secretario de Estado fue la declaración de Hezbollah como grupo terrorista por parte del gobierno argentino. La mayoría de los estados árabes, con la excepción de Arabia Saudita, no lo considera de esa manera y reconoce al grupo como un factor estabilizador en la región. Al mismo tiempo, es un enemigo declarado del auto denominado Estado Islámico (ISIS). Incluso, desde distintos sectores tanto políticos como mediáticos, se ha intentado vincular a Hezbollah y a la militancia islámica con el terrorismo y el gobierno venezolano. Al mismo tiempo, se intentan demostrar supuestas conexiones, hasta ahora, incomprobables entre estos y el narcotráfico. No es casualidad que la calificación de “terrorista” por parte del gobierno argentino a la organización libanesa se produzca en el mismo momento de la visita de Pompeo.

Un corrimiento a la derecha de la región tiene su correlato en el alineamiento total para con la política exterior de Estados Unidos. La presidencia del bloque regional pasa a las manos del Brasil de Bolsonaro, cuyo hijo Eduardo ya ha sido nominado por su padre como futuro embajador brasileño en Washington. Quizás Trump responda nombrando a su propio hijo en Brasilia. Todo un signo de los tiempos, donde son los gobiernos de la misma América Latina quienes han decidido retomar los viejos lineamientos de la doctrina Monroe.

*Por Gonzalo Fiore Viani para La tinta

Palabras claves: América Latina, Mauricio Macri, Mike Pompeo

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