Vomite todo aquí

Vomite todo aquí
29 junio, 2018 por Gilda

Vomite todo aquí es el título de numerosas acciones e intervenciones del colectivo artístico arteMA donde se invita a las personas a vomitar. También es un libro, un objeto donde se reúnen esos vómitos y devienen en algo tangible que posibilita su circulación. Derrocando a Roca entrevistó a María Laura Vázquez, integrante del colectivo de artistas y del grupo editor que puso en las calles este nuevo vomitario.

Por Andrea Beltramo para Derrocando a Roca

Esto no es una pipa, ni un libro, ni arte

Contiene todos los elementos, tapa, contratapa, hojas en medio, textos, imágenes y una editorial que se hace responsable, Milena Caserola. Pero ellas dicen que no es un libro. No son copias de un único original sino que tras una cuidada edición artesanal, cada libro es único. Contienen textos diferentes que llamarán vómitos. Así, arteMA, colectivo de artistas formado por Amalia Boselli, Mariana Castro, Flor Cacciabue, Carolina Guiñazú y María Laura Vázquez, junto al editor Matías Reck, sacan a la calle un objeto que reúne cientos de vómitos, testimonios que se expulsan y se expresan gráficamente. Desde las primeras páginas se instala la pregunta sobre lo que es el vómito y el vomitar. Una acción que “no se piensa (…) sucede, emana sin pedir permiso porque debe expulsar, sacar para afuera del cuerpo lo que sobra, lo que es herida (…) Sale, grita, dice, llora, moquea, chorrea, huele y duele. Esto es vomitar. Producir una expresión bajo un impulso de algo que duele, que late, que ha quedado atragantado (…)” y que arteMA invita a sacar en forma de signo, palabra, gesto, en cada convocatoria que nombran VOMITE TODO AQUÍ. Una invitación que libera la angustia, hace estallar la náusea y provoca un acontecimiento a partir de la escritura.

María Laura abre su taller a la entrevista, prepara mate y cuando confirma que se trata de un diálogo, que no hay un cuestionario fijo ni ordenado, comienza a hablar serenamente para contar de qué se trata este trabajo.

—¿Cómo son las acciones en las que invitan a vomitar?, ¿qué les pasa a ustedes, a las personas que participan?, ¿qué es vomitar un testimonio?

—Es lo abyecto, vomitar, todo eso, pero también te lo tiramos por la cabeza, es un vomito pero también vómito. Esa doble acepción. A mí me gusta jugar mucho con eso. Cada vez que vamos a hacer la acción estamos emocionadas. Nos pasa algo en el cuerpo. Tenemos ganas de que suceda, que la invitación sea tomada, porque nosotras invitamos a vomitar y queremos que suceda.

—¿Cómo arrancaron con las acciones?, ¿cómo fue que pensaron en esta metáfora para proponer a las personas?, ¿cuándo sucedió?

—Durante casi todo el año 2015 nosotras trabajamos sobre la idea de esta acción. Fueron largos meses de reuniones y discusiones para saber cuál iba a ser nuestra próxima acción. Meses donde no producíamos y no teníamos ni idea de lo que íbamos a hacer. Fue en octubre, para el día de la madre, cuando salimos a la calle con unas bolsas de compra estampadas con serigrafías que decían VOMITE TODO AQUÍ. Pensamos en una acción contra-hegemónica, contra-capitalista y también como un descarte de la mierda del consumo en el capitalismo. De esa cosa que sucede cuando te vas a comprar el vestido que te hace feliz, porque es así y así pasa. O la mierda del regalo del día de la madre ¡de mierda!, y la publicidad ¡de mierda del día de la madre de mierda! De eso ¡basta! Porque basta con que nos pongan en ese lugar. Surgió así. Nosotras estamos habilitadas para decir ¡basta! a los carteles y la publicidad enorme donde ellos están habilitados para ponerte “vos mamá”, sonriente, con los dientes todos blancos, ¡mierda!, ¡no somos nunca esa mierda! ¡Dejame de joder con eso! Después las pibas quieren ser eso. ¡Nunca vamos a ser eso! Entonces vivís en ese fracaso constante y la maternidad es un compendio de complejidades que no responde a esos estereotipos del día de la madre.¡Dejate de joder con el día de la madre!

—Con esa furia, a la calle…

—Lo que salimos a hacer fue casi un absurdo. Comparado con otras acciones de artistas de la performance tampoco es una acción, así, super brillante. No somos Marina Abramović, ni queremos serlo, no queremos pincharnos, no queremos enchastrarnos, no queremos salir con una pluma en el orto, porque parece que lo performático también es eso, ¿no? O cortarse, no queremos cortarnos. Yo no quiero, no quiero más dolor. No quiero más dolor. Después que cada uno haga la performance que quiera, pero yo no quiero eso, te lo digo con sinceridad. Prefiero lo ficcional, lo metafórico. Basta de ver sangre. Lo digo con mucho respeto a todos los que hacen otras cosas, por supuesto. Pero nosotras estamos paradas en este otro lugar.

—Y desde ese lugar ¿cómo propusieron la acción?, ¿en qué consistió?

—El día de la madre de 2015 salimos a entregar bolsas vacías de la compra. Tranca, no nos iban a llevar en cana, a nadie iba a interesarle, a ninguna de las eminencias que escriben la historia del arte podía interesarle algo así, mucho menos a los grandes medios de comunicación. ¡Éramos cinco minas que repartían bolsas vacías! Pero para nosotras fue muy importante porque dijimos ¡no podemos más!, todas somos madres, por eso nuestro colectivo se llama arteMA. ¡Necesitábamos bolsas para vomitar! Y en un momento, cuando se estaba discutiendo en colectivo ¿qué hacemos?, ¿estampamos bolsitas de los aviones? Decidimos que no, ¿para qué mierda vamos a comprar materialidad si está todo el mundo lleno de cosas? Pedimos a las personas de nuestro entorno que nos den bolsas, y ¡a vomitar adentro! La acción surgió así. Después se publicó nuestro manifiesto en el libro #NiUnaMenos, no sabemos ni cómo. De verdad te lo digo. No somos estratégicas. Y eso es lo mejor. Porque si supiéramos cómo, seríamos Durán Barba y esto sería Black Mirror, y eso nos da pánico.

Leer y escribir en vómitos

Desde aquel 2015, el año de la marcha bajo la consigna #NiUnaMenos que ocupó las calles de todo el territorio nacional, hasta hoy, el colectivo arteMA no ha abandonado la acción VOMITE TODO AQUÍ, la replicaron en la Feria del Libro, en escuelas, presentaciones de libros, conferencias, congresos. Silenciosa, es una acción que no interrumpe, que instala ese otro tiempo de la escritura. “A nosotras nos interesa la letra, la birome, con todo lo tiene de romanticismo decirlo así pero a nosotras nos interesa la letra”, continua María Laura, “eso que tiene del grafismo y la cultura grafitera, también. Que esté esa emoción, esa palabra que no se entiende, esa letra rara que cuando la querés leer te empezás a trabar, queremos permitirnos todo eso que no nos permitimos cuando escribimos. Porque tenemos que hablar bien, claro, conciso”. Vomitar es también perder el control, dejar que se exprese el cuerpo sin normas, sin las pautas de la convención. En uno de los artículos que contiene el libro, la escritora y curadora Kekena Corvalán propone “vomitar para recuperar el cuerpo desde el entre cuerpo. Vomitar es cuando un cuerpo hace (…) para recuperar lo que hay en medio, para producir un medio. Medio de comunicación, medio de expresión, pero sobre todo, mediación, es decir, superficie de inscripción donde garabatear lo no dicho y lo que sale de la boca por la mano que escribe”

—¿Cómo leer un libro de vómitos?

—El libro invita a ser ojeado vómito por vómito. Cuando vos vas abordando uno, dos, tres, cuatro, empezás a sentir esa opresión de la que habla el libro. Eso que nos tiene contenidas y desbordadas a la vez. No tiene esa estrategia de la literatura que incluye cambios de tono y ritmo para dar cierto alivio a la lectura. No. Este libro, si uno lee todos los vómitos de corrido, es fuerte. Es agobiante. Tiene esa particularidad de cada uno. En las acciones, cuando la gente está vomitando, hay una atmósfera, un sonido del silencio del que está escribiendo y eso es hermoso. Cuando nosotras explicamos la acción, cuando damos comienzo a la acción, leemos vómitos, algunos nuestros, otros, del libro. Eso lo vamos cambiando en cada oportunidad, ese es otro momento. El libro es memorioso, el libro da testimonio para el que no fue. Y llegará a algún lugar donde alguien podrá seguir vomitando. Incluso tiene páginas para seguir vomitando, páginas en blanco, en la parte de atrás para poder vomitar en el mismo libro y pretende llegar a otros territorios que nosotras con nuestro cuerpo no llegamos.

—Pero hay un esfuerzo por acompañar las presentaciones con nueva acciones…

—Totalmente. El libro nos ocupó todo 2017, cada viernes nos reuníamos para organizar la edición. Con el tiempo aprendimos a entender que en este tipo de materialidad, cada presentación es una instancia de militancia. Si bien el libro importa, también importa el encuentro, quién viene a cada presentación, importan los espacios. No sabemos para quién estamos haciendo el libro. Lo hacemos sí para reproducir todas estas voces y que queden en otros. Pensamos cada presentación como un ritual amoroso, un ritual donde nos sintamos cómodas tanto nosotras como las personas que vengan, así que, no sé, le damos mucha importancia a dónde vamos a presentar y de qué forma.

—Un tipo de ritual artístico también…

—Sí, claro. O no. O con cuidado. Porque tenemos instalado el mandato hegemónico del arte, algo en lo que no creo. Yo no creo en la cultura para pocos, en esta estratificación o estos estratos donde está la alta cultura frente a las culturas populares. Para mí el arte puede contraponerse a la máquina. Digo, más allá de que podamos hacer una obra con un teléfono, lo digo parándome desde el hoy, desde lo complejo del individualismo, lo que nos condicionan las herramientas, de lo complejo que es poder trabajar en lo colectivo, construir este canon, esta forma. El arte nos puede permitir todo eso y la expresión que es absolutamente necesaria. Bailar, fotografiar y el para qué y el por qué y que cada uno se haga esa pregunta y hacernos mejores personas. Porque el artista también debe ser medio. Eso me parece maravilloso. No que sea él artista, sino que sea medio para.

—Según esto, ¿cómo entendés el arte?, ¿cuándo o cómo sucede?

Para mí es una pulsión corporal, es eso que no podés dejar de hacer porque ahí hay un llamado de tu cuerpo y después, mucho trabajo. Dos cosas, algo que viene del instinto, del estímulo y después mucho trabajo. En mi caso particular es haber transitado por distintas instancias con distintas herramientas, distintos lenguajes, y hoy estoy parada acá pero mañana te situás en otro lado. Es aceptar que todo el tiempo estamos en proceso de transformación. Pero el arte es vital para nuestra cultura. Por ahí digo esto y después lo tacho porque esta frase la podría estar diciendo un ministro cualquiera de cultura, pero digo…

—¿Te imaginás a Bullrich en esta conversación? Es tu palabra acerca de un tema sumamente complejo, no el ministro balbuceando incongruencias…

—…no soy nada clara….

—Saldrá una nota confusa entonces, no te preocupes

—Es que nos interesan los ámbitos de las artes visuales con toda la complejidad que tienen. Vos me decís el teatro, por ejemplo, todavía el teatro está atravesado por el ámbito de lo popular pero las artes visuales están en problemas. Y están en problemas mucho más con estas políticas culturales orientadas hacia un público que está formado, especializado, más el arte contemporáneo, un público burgués, donde quedan afuera todos los otros. Vos vas a un museo y tenés que estar leyendo un manual de instrucciones. Pero yo no renuncio. Yo no se lo entrego. No entrego las artes visuales, por más que estén captadas por el mercado, me parece que no hay que entregarlas, me parece que hay que entrarles por el borde. Te pongo como un ejemplo nuestro libro. Nosotras trabajamos todo un año para poner nuestras voces ahí adentro. Para pensar cuál era la mejor manera de que ahí estuvieran, entusiasmadas con cada acción y cada recolección de testimonios. De esos testimonios vivos.

Quizás se trate de eso, de lo que tiene de urgente la vida, el poder narrarla y el poder del testimonio como estrategia para defender una historia propia. Algo que resume muy bien Claudio Martyniuk en su Ensayo sobre el testimonio cuando escribe: “testimoniando lo vivido, expresando intensidad emocional, el testigo escribe su época, un presente de cenizas que se pegan a lo presuntamente nuevo; se provee, quizás, un consuelo extraño y abona en los testigos de su testimonio el ideario de no repetición (…) La experiencia de un testimonio es tanto la experiencia de un momento como la de una vida entera”

*Por Andrea Beltramo para Derrocando a Roca.

Palabras claves: literatura, Milena Caserola, Vomite todo aquí

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