Mariana Robles: “No hay nada que pueda llamarse arte antes del fulgor de la experiencia”

Mariana Robles: “No hay nada que pueda llamarse arte antes del fulgor de la experiencia”
30 mayo, 2018 por Soledad Sgarella

Borda, pinta, hace cerámica y joyería, escribe, dibuja, recita. Cruza. Porque si en algo se especializa la artista es en cruzar, y en esos puentes que crea, deshace esas especializaciones y abre mil puertas paralelas en un inconmensurable mundo creativo.

Por Soledad Sgarella para La tinta

Cruzar las líneas / Cruzar las disciplinas / Cruzar las ciudades

Recorrer los espacios y tramar los hilos / Armar vínculos y tejer redes.

Trenzar. Ese es el oficio de Mariana Robles.

La artista -radicada en las sierras cordobesas- estudió en la Escuela Provincial de Bellas Artes (hoy UPC) y Filosofía, en la Universidad Nacional de Córdoba. En sus obras entrelaza esos caminos, conjurando lo visual y la palabra en una misma narrativa.

Además de producir obra y exponer activamente en diferentes espacios de arte locales y del país, hace años que trabaja en el área de investigación del Museo Caraffa y tiene publicados seis libros de poesía.

Da clases y organiza talleres junto a otras y otros productores culturales y, en marzo, reeditó el taller Joyas y Autobiografía “El nido del Orfebre”, en Caelum, Espacio para la joyería contemporánea (coordinado por la artista joyera Cecilia Richard).

En relación a este taller, La tinta se acercó a inmiscuirse en (algunas de) las cosas que pasan por la cabeza de una artista que hace de su quehacer un oficio fascinante, sentido, pensado, compartido.

—El sábado pasado terminaste de dar “Joyas y autobiografía”, un taller en Caelum… ¿nos podes contar un poco cómo llegaste a ese cruce?

—El taller de “Joyas y autobiografía” surge en 2017, la primera edición, en una versión más corta que la de 2018. Con Cecilia Richard compartimos un especial interés por pensar, contextualizar y poetizar el trabajo de la joyería, algo que permita la abertura de la materia a la idea y viceversa.

Hace algunos años comencé el taller anual que dicta Ceci en su espacio y me estimuló la cantidad de posibilidades creativas… el mundo que ofrece el trabajo de la joyería contemporánea. Lo que aprendí allí, se sumó con lecturas que me interesaban vinculadas al ornamento y al cuerpo, a la memoria y la historia y así fue surgiendo Joyas y autobiografía. El taller propone un recorrido personal a partir de la restauración de una joya (u objeto ornamental) que permita un desarrollo y proceso narrativo a través del bordado, el dibujo y técnicas textiles. Cada encuentro se propone en torno a un tema, una idea y un texto y se generan diferentes instancias prácticas que luego se vuelcan en una joya final, en la recuperación de ese objeto como pieza única.

Una de las primeras motivaciones fue mi propia experiencia autobiográfica con las joyas u ornamento, algunas piezas rotas, recordadas o fragmentos de ellas que contenían una historia, que hablaban de relaciones entre personas, vínculos que se resolvían en torno a los objetos. Entonces, escribí esos recuerdos y de ahí surgió el taller, sus diferentes instancias y su sentido.  La idea de lo autobiográfico recorre gran parte de mi obra plástica y poética, de alguna manera esa experiencia es de gran influencia para el taller, es una forma de trabajo, una heurística y un método. 

—¿Sobre cuáles otras patas de la cultura (textos, experiencias, “bienes”) se apoyaron para crear ese espacio?

—El taller de Joyas y autobiografía es una red de citas y fragmentos que componen una caprichosa y lúdica teoría sobre los objetos y su simbología.  Elegí textos de diversas fuentes desde la filosofía a la alquimia, la poesía a la antropología, la narrativa y las artes visuales para componer un mosaico de referencias. Los textos derivan en prácticas, y las prácticas se funden en las historias  que cada uno tiene para contar, inventar o meditar. Los objetos y los textos son el centro de irradiación del taller y finalmente todo conduce a una obra; el taller es una mezcla entre experiencia clínica y búsqueda de un lenguaje propio sin rigor y directrices concretas, más bien se conduce de forma libre y abierta.

La joyería contemporánea permite muchos cruces, como sucede con otras formas de expresión mal conocidas como “artes menores”, por ejemplo, la cerámica, el bordado o la ilustración.

Creo que proponiendo este tipo de experiencias contribuimos a sumar miradas sobre el arte contemporáneo en general, sintonizamos con espacios profusos y con millones de laberintos para recorrer.  

—¿Y cómo les fue con el taller? ¿lo van a repetir?

—El taller salió muy bien en las dos instancias que lo realizamos. El primer año duró tres encuentros de cuatro horas cada uno y el trabajo con los participantes fue muy intenso. En la segunda propuesta, que llamé “El nido del orfebre” (haciendo referencia al uso de materiales blandos), las clases fueron ocho, de tres horas cada una, en esta ocasión tuvimos otros tiempos de trabajo y un nuevo formato que intentaremos profundizar para el próximo año. Las expectativas son continuar con el taller y seguir sumando materiales, experiencias y conocimientos.

—Hay unas fotos increíbles, que son pequeños relatos de esas experiencias… ¿no? ¿Cómo fue el laburo con la fotógrafa y con Ceci?

—El compilado fotográfico fue realizado por Florencia Quiroga, también alumna de Caelum y ella realizó un registro según su criterio, compartiendo tiempo con nuestro trabajo y las acciones que allí se realizaron.

—¿Qué es lo más importante que sentís / pensás / ves del oficio de hacer arte?

—Aunque la pregunta es demasiado amplia, en relación al taller de “Joyas y autobiografía” podría decirte que justamente la idea de oficio cobra una fuerza importante: un oficio donde se hace y deshace con la misma fuerza, y en esa dialéctica, se vislumbra el evento artístico, es decir…  no hay nada que pueda llamarse arte antes del fulgor de la experiencia. 

*Por Soledad Sgarella para La tinta. Fotos: Hernán Arroyo Cesari y Florencia Quiroga.

Palabras claves: Caelum, Cecilia Richard, Florencia Quiroga, Joyería, Mariana Robles, Orfebrería

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La Patagonia rebelde de Guillermo Saccomanno

La Patagonia rebelde de Guillermo Saccomanno
18 marzo, 2025 por Leandro Albani

Con una serie de crónicas sobre el sur argentino, el escritor argentino revela las estructuras profundas que mantienen al país anclado en las fauces del capitalismo.

Ni periodismo darwiniano ni charlatanería turística for export. Y tampoco la historia oficial sobre una tierra “civilizada” a punta de fusiles y bayonetas. Sobre estos pilares, se sostiene Guillermo Saccomanno para escribir una serie de crónicas sobre el sur argentino, publicadas en su mayoría en la década de 1990 y ahora reunidas en el libro Escrito en Patagonia, editado en 2024 por La flor azul.

Si las descripciones y las voces dan ritmo y profundidad a las crónicas, también lo hacen las reflexiones y pasajes ensayísticos que el escritor argentino articula a lo largo de los textos. Para Saccomanno, es tan importante mostrar los detalles de un viaje por una ruta desolada como preguntarse para qué sirve la literatura, entender (y escribir) que la memoria se manifiesta en el cuerpo o contar por qué la verdad es el principal valor para el pueblo mapuche.

La Patagonia se abre como un territorio concreto, sin veleidades exóticas o rasgos que remiten al concepto de orientalismo, acuñado por el intelectual palestino, Edward Said. Saccomanno, recientemente galardonado con el Premio Alfaguara por su novela Arderá el viento, rompe la representación que hacen los poderosos sobre esa tierra que creen que es su gran propiedad privada. El escritor también apunta sin contemplación a la hora de denunciar al Estado burgués argentino y sus imposiciones históricas y cargadas de crueldad contra los pobladores originarios.

Saccomanno explica que “cuando se trata de escribir, no se trata sólo de un asunto literario, la elección de un género, sino de una toma de partido ideológica”. Y agrega: “También me parece oportuno señalar a esta altura que la teoría literaria, tal como la entiendo, es teoría política”. Desde esta posición, Saccomanno cuenta y denuncia, describe y apuesta, rescata lo que el establishment de turno quiere ocultar y demuele la construcción oficial de la historia. Esos golpes directos se sienten página a página, sin perder una prosa con oficio y claridad.

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Imagen: La flor azul.

Leer Escrito en Patagonia es tender puentes hacia las investigaciones del historiador Osvaldo Bayer sobre los fusilamientos de peones por parte del Ejército. O también volver a Los dueños de la tierra, de David Viñas, una novela que revela la vileza de estancieros y oligarcas hacia los “otros”, ya sean peones o indígenas, pero todos condenados, según esos dueños de la tierra, a la explotación o la muerte.


En las crónicas, además, sobrevuelan las sabidurías, los pensamientos y las prácticas del pueblo mapuche. “Los mapuches no piensan que este territorio les pertenece ―escribe―. A los huincas este pensamiento los sorprende: ‘No es que esta tierra me pertenece’, piensa el mapuche. ‘Sino que yo soy la tierra’. El pensamiento es mucho más sencillo y, a la vez, abarcador. No se trata de posesión. Sino de sentirse parte”. Entrelazado a eso, la naturaleza que resiste el “desarrollo” capitalista que, desde su origen, se construye con la voracidad del saqueo de la tierra y la cultura.

Saccomanno pone la mira en las raíces de nuestro país burgués y, por estos tiempos, transnacionalizado: el Ejército argentino como fuerza de choque a las órdenes de los poderosos, el extractivismo como política de ocupación y saqueo, la historia oficial escrita por manos locales y extranjeras que intentan condenar a la Patagonia como desierto virgen que tiene que ser violado. Pero también la contracara: el docente Orlando “Nano” Balbo, detenido-desaparecido que sobrevivió a la dictadura y que apuesta a otra educación; el recuerdo vivo del maestro Carlos Fuentealba, fusilado por la policía; y otra vez Bayer, en un artículo que cierra el libro, aunque, más que finalizar la obra, permite abrir ventanas hacia el futuro, porque la figura, la ética y el oficio del historiador anarquista argentino es faro hacia donde mirar cuando se habla de compromiso con las luchas de los más desposeídos. Saccomanno pronuncia: “Si escribir sobre Bayer me enerva, se debe a que, al hacerlo, debo mirar alrededor. Imposible mirar el alrededor sin mirar el pasado. Imposible no tener en cuenta la proyección de sus tensiones cruentas en el presente, la crisis de representación que corrompe los estamentos de la realpolitik. Imposible hacerse el distraído. Esta, aunque suene a reduccionismo, es la lección mayor de Bayer”.

En Escrito en Patagonia, se descubre la relación estrecha del escritor con ese territorio, sus miradas sobre la literatura en relación a ese país dentro del país y los recuerdos de conscripto en el servicio militar. En este libro, el escritor toma posición y denuncia, pero nunca pierde de vista que escribir de una forma más hermosa que como lo hacen nuestros enemigos es una de nuestras armas. En estos momentos de una Argentina que vira aceleradamente hacia el fascismo, Saccomanno, con sus crónicas, propone otro país: uno donde los y las condenadas de la tierra no pierden las esperanzas y todavía atemorizan a los estancieros y oligarcas.

*Por Leandro Albani para La tinta / Imagen de portada: Martín Bonetto.

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Palabras claves: Guillermo Saccomanno, Libro, Patagonia Rebelde

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