La revolución será bailada

La revolución será bailada
13 diciembre, 2017 por Julieta Pollo

Cuando la chispa de la curiosidad se encauza en perseverancia tenaz, lo que duerme el sueño de los cajones se transforma en algo maravilloso. Una sencilla pregunta, que guarda la potencia de un manifiesto, da nombre al documental que Juan Pablo Gutiérrez presenta esta tarde: un registro sensible que aborda la enorme humanidad de Osvaldo Bayer con un enfoque singular y sumamente poético. La tinta conversó con el realizador audiovisual acerca de ¿Pueden ls anarquistas bailar? y su largo proceso de montaje.

Por Julieta Pollo para La tinta

Hay quienes no creen en las casualidades o el azar, sino en el destino indefectible de lo que se empecina en existir. De cualquier manera, es la convicción de los luchadores por torcer los rumbos de lo posible lo que termina por marcar la diferencia. Hace varios meses, un amigo de Juan Pablo Gutiérrez le acercó un extenso registro audiovisual del detrás de escena de las giras teatrales del escritor, historiador y periodista argentino Osvaldo Bayer. «Puede que te interese», le dijo, y en esa maraña audiovisual el cineasta vio brillar la posibilidad.

¿Pueden ls anarquistas bailar? es un documental que, con calidez íntima y artesanal, conduce al espectador por un laberinto que se desenvuelve progresivamente. Bayer va siendo abordado junto con el realizador, que guía pero sobre todo descubre junto a quien mira. En la austeridad de los teatros comunales, las rondas de sobremesa, los paseos y el blando espacio de refugio que hay detrás de los telones, aparece un Bayer de entrecasa que saborea sus silencios y cavilaciones entre el batifondo de la gente que pulula a su alrededor. Un Bayer que aquieta el vino en las copas cuando expresa reflexiones y anécdotas con su humor, alegría y sencillez.

El registro y el montaje hilvanan una poética paciente que descansa en los detalles, los contrastes y los gestos minúsculos. En ellos se esconde la infinita fragilidad de un cuerpo que no renuncia a su necesidad irrefrenable de nombrar y prolongar su lucha… fuerza que ensancha las sonrisas, que pone a bailar los pies, que vence todos los cansancios, violencias y amarguras de 90 años de camino. En el documental emerge lo sensible con una naturalidad genuina y los segundos cobran espesor, como en la escena en la que Osvaldo cierra los ojos y se entrega a la música con la paciencia de un sabio y el deleite de un niño.

En épocas de censura, demonización y tergiversación de los discursos, poner nuevamente en escena a un pensador como Osvaldo Bayer es, sin dudas, necesario y urgente. Como un abrazo a tiempo que arranca la desesperanza y devuelve el calor.

—¿Cómo surge la idea de realizar este documental?

—Fue un proceso bastante extraño la verdad… nace de una propuesta que me hizo un amigo, Santiago Saliva, que tenía horas de material crudo filmado por Nati Gamarro con una sensibilidad increíble que te hechiza realmente. Era un registro de momentos del detrás de escena de dos obras teatrales de Osvaldo Bayer, Tratado de Pax y Tugurio. Eran muchísimos videos, horas. En principio convoqué a un grupo para editarlo pero fue muy difícil encararlo entre tantos, entonces me hice cargo yo con un proceso más personal que no es lo que hago habitualmente, siempre trabajo en colectivo. En medio de todo eso apareció Patricia Coppola, que es una de las protagonistas del documental y la productora de estas giras teatrales, y decidí entrevistarla junto a Blas Rivera, uno de los músicos que acompaña Osvaldo sobre el escenario.

—¿Cómo fue el proceso de desenmarañar el material crudo?

—En algún punto fue un trabajo de humildad en aceptar el material como era y con sus posibilidades, que no es distinto a cuando escribís que tenés que aceptar las palabras como son. El tema fue ordenar y cargar eso con una sensibilidad, que en algún punto atenta con lo que sería el documental más objetivo o que busca cierta rigidez en cuanto a las estructuras. Dejé que fluyera. El documental tiene voz en off y también tiene carteles, que son muy personales y propios porque reflejan lo que yo voy pensando a medida que voy haciendo la peli. Creo que eso le da una clave de lectura que acerca a los espectadores. También tiene una cuestión muy artesanal en la cual residen sus virtudes también, un encanto que no hubiera tenido si hubiera sido una superproducción.

El montaje fue un proceso largo. Me ponía la bici fija delante de la compu, le daba click a los videos y anotaba todo lo que pasaba… y así pasé tardes enteras. Hice procesos muy particulares de esto… hasta me grabé agrupando los nodos temáticos que tenía en post it, “montando la peli” sobre esos papelitos. Era como lo iba sintiendo. Lo que me salió, no se si tan planeado, fue una estructura muy similar a un flujo de pensamiento. El docu no está escrito en términos de estructura clásica sino que más bien va sucediendo.

—¿Cuál es el enfoque que le imprimiste al documental?

Mirá, cuando estaba cursando en tercer año de cine, un día entré al aula y estaba toda intervenida, había papelitos pegados por todos lados. La profe de Documental me dice “a ver, leé el que tenés ahí”. Yo lo leí sin muchas ganas y me dice, “no, leelo en serio, como declamando…”. Lo leí así y era una frase de Simón Radowitzky, que yo no sabía ni quién era en ese momento, que hablaba sobre quedarse quieto en la vida y cómo esa no es una vida que él querría. Ahora en el proceso de este documental asocié los dos momentos… me hace pensar en la utilidad de acercar algunas ideas a un montón de gente que no las tiene muy en cuenta por ahí. El docu fue más por ese lado.

Mi proceso de descubrimiento, digamos, está a la vista. Yo me voy encontrando las cosas y el espectador las encuentra conmigo. Tiene que ver con un flujo de pensamiento que en algún momento traté de estructurar de manera más clásica, y me dí cuenta de que se perdía esa cuestión de una forma de pensar que tiene que ver mucho más con lo sensible y cierto hechizo que te producen esas imágenes. Algunas personas que lo vieron y no saben quién es Bayer, de todos modos siguen el hilo con interés por como están concatenadas las cosas.

Me propuse que no fuera una película pesada, trágica o con una connotación intelectual o un deber ser.  Es una peli cargada de poética sensible y esa sensibilidad, si bien tiene una melancolía, alude a vernos desde la alegría. Con todas las cosas que pasaron este año, estrenar una peli que tenga la palabra Anarquistas en el título es muy fuerte y reivindica un montón de cosas.  Spoiler alert: podés luchar toda la vida y ser feliz mas allá de todos los tragos amargos y los bajones. Hay lugar para la felicidad. Por eso decidimos estrenarla ahora y no esperar a mayo del año que viene. Fue un año de mierda con persecuciones y crímenes de las fuerzas estatales, sobre todo en el sur que es un territorio al que Osvaldo te lleva siempre… entonces ese es el aporte: encontrarnos todos y todas ahí y decir «se puede».

—¿Por qué plantear el anarquismo desde la alegría?

La anarquía tiene una connotación negativa de la palabra porque ha sido perseguida y denostada históricamente, mucho más aún que a la izquierda. Ahora mismo que digan que investigan células anarquistas en Córdoba tiene que ver con la demonización de un grupo que es muy vulnerable. En el inconsciente colectivo la palabra anarquía no está asociada con el placer, con la victoria ni con el gozo. Nunca fue mi interés hacer una historia de la anarquía tampoco… ya está Bayer para eso. Pero sí imprimir el espíritu de Osvaldo, esa voluntad que tiene de superar las diferencias y trabajar en el bien común entendiendo la buena fe que tiene el resto de las personas. En un momento hay un monólogo que hace en una de las obras donde dice «Viva los generosos, viva los de bolsillo abierto», y no dice «muerte a los capitalistas» y eso me parece fundamental: la facción anarquista que construye en el colectivo más que en la libertad individual y el bien personal… ese que aboga por el encuentro y el bien común. Yo pienso que esa es la lucha.

—Después de esta primera experiencia en el mundo del documental y siendo un realizador que trabaja mucho la ficción, ¿seguís eligiendo el formato o necesitás un descanso?

Creo que en algún punto tiene un encanto que es el desconcierto que rodea el documental. Cuando vos escribís, la mayoría de las veces sabés a dónde vas… muchas veces no te da lo que vos escribiste pero se acerca y va encontrando su tono. En un documental eso es mucho más random, más difícil…. tenés que estar atento a lo que sucede. El found footage que es el término utilizado para este tipo de documental donde parte del material ya está filmado, también es otra dinámica que es aún más desconcertante.

Estamos trabajando en un próximo documental en el que vamos a tratar los secretos familiares, trabajando sobre la intimidad. Un día tomando un café con mi mamá después de hacer un trámite, me contó la historia de un miembro de la familia y fue genial. Es un tema que te despierta un montón de cosas personales porque todas las familias tienen secretos y cosas que no se hablan. Pero bueno, como dice Stephen King, «tenemos la taza pero no el asa». Entonces eso será lo próximo: construir lo fílmico.

—¿Cómo te preparás para la presentación esta tarde?

Yo quería hacer una función para amigos y de repente se sumó una banda de gente, más de la que dimensioné.  Va a ser una función entre amigos, pero parece que hay un montón de amigos que aún no conocemos.  Esto no ayudó a mi ansiedad pero pude calmarla con el apoyo de mi compañera y de todos los Niño Raro que siempre están ahí para dar una mano, para contenerte. No es un proceso al que esté habituado, siempre trabajamos colectivamente.

—¿Cuál es la potencialidad de enmarcarse en un colectivo de trabajo artístico como Niño Raro?

Creo que es maravilloso… me acuerdo que un profe nos dijo en quinto año: «Nunca trabajen con amigos». Y si bien en algunos casos he perdido amigos, gané un montonazo. En la realidad que tenemos nosotros y nosotras acá en Argentina, el apoyo de un colectivo de amigos y realizadores es invaluable. Hace poco envié a nuestro grupo de whatsapp una foto de Osvaldo viendo el documental y una de las integrantes, Male, me respondió con distintas frases: «Che, tengo ganas de hacer un docu de Bayer», «Che, vamos a hacer entrevistas», y así en frases fue describiendo el proceso de este documental. Y en ese mensaje tan lindo y sintético me hizo dimensionar la fuerza que te rodea en cuanto a amigos y amigas trabajando junto a vos y construyendo algo colectivo. Creo que es un problema del cine de Córdoba cerrarse a castas o elites que pesan mucho y que privilegian relaciones que tienen más que ver con la funcionalidad que con el sentimiento… los Niño Raro somos muy felices con lo que hacemos porque privilegiamos coincidir y la amistad que nos une.

¿Pueden lⒶs anarquistas bailar? Miércoles 13 a las 19.30 hs. en Subsuelo de Pabellón Argentina. Entrada libre y gratuita.

*Por Julieta Pollo para La tinta. Fotos: Sofía Magrini. Ilustración: Andrés Casciani.

Palabras claves: Documental, Juan Pablo Gutiérrez, Osvaldo Bayer, Pueden los anarquistas bailar

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