Ojo de loca no se equivoca

Ojo de loca no se equivoca
27 noviembre, 2017 por Gilda

Por Tomás Fernández para La tinta

Arturo Prat comandaba los marinos chilenos a bordo del buque Esmeralda en plena Guerra del Pacífico con Perú y Bolivia. Estas jóvenes naciones se disputaban el control de las fronteras, lo que desató una batahola por más de cinco años.

En medio de la pólvora que agitaba las aguas, el capitán Prat, camino a convertirse en prócer de su patria, decidió juzgar junto a un tribunal de la embarcación a dos marinos a diez años de cárcel en Valparaíso, sin antes recibir 50 azotes en la proa, culpados de haber mantenido sexo entre ellos. La guerra no aceptaba este tipo de lujurias.

Pedro Lemebel se enteró de este relato y le pareció bien contarlo. Más allá de que el amorío entre hombres fuera mal visto en un ambiente militar, y en toda la sociedad del siglo XVIII, el dato de que ambos marinos se salvaron del combate naval de Iquique cinco años después le daba a la historia cierto aire de justicia romántica. “Se salvaron por putos” dirá Lemebel años más tarde.  

Lemebel quería contar las historias de esos antihéroes, los perdedores, los corsarios de ese mundo que no encajaban en ninguna clase social, los siempre marginados, los forajidos de esos desiertos chilenos sin rumbo, los travestis pobres de las esquinas, los enfermos de sida tratados sin alma.

Y cuestionar a un prócer de su patria también lo hacía más contracultural aún.

Lemebel se antojó tanto con esas historias que llegó a publicar seis libros con relatos hechos crónicas, una novela y varios textos que supo leer en Radio Tierra, un medio alternativo impulsado en los 90.  

Veintiún años tenía cuando el golpe de Estado de Pinochet en 1973 entró a la historia de Chile para llenar diecisiete años de oscuridad y sangre. Una década atrás, se egresaba de la Universidad pública como profesor de Artes Plásticas y con el correr de los años soltaría la docencia para aferrarse al arte y provocar con su impronta homosexual.  “Cuando nos dijeron que lo que hacíamos nosotros se llamaba performance nos encantó” –relata en una entrevista– “nos postulábamos desde afuera del arte”. 

Todavía en dictadura y en el marco de una toma realizada por estudiantes de la Facultad de Artes, cabalgó desnudo sobre las calles de Ciudad Universitaria en reclamo del ingreso de las minorías a la Universidad.

El 12 de octubre de 1989, cuando todavía se proclamaba el día de la raza, Pedro Lemebel junto a Francisco Casas montaron una intervención en la Comisión Chilena de los Derechos Humanos. Con el torso desnudo, pantalones negros y descalzos bailaron una cueca, baile típico de Chile, sobre un mapa de América del Sur de varios metros cuadrados cubierto con vidrios de botellas rotas de Coca-Cola.

Bailaron la “cueca sola” –sin pareja– que representaba la ausencia de aquellos hombres que se tragaba la dictadura y dejaba bailando solas a las mujeres. Las yeguas del Apocalipsis (así se nombraron para darse a conocer) sacudían los medios y los estantes quietos de la cultura chilena.

Escribió el manifiesto Hablo por mi diferencia con una potencia única que todavía perdura. “Mi escritura es estrategia de supervivencia más que letra de vitrina” supo decir. Si con sus intervenciones artísticas logró desparpajo, con su literatura moldeó un estilo similar: reivindicar la homosexualidad y burlarse de la sociedad burguesa mostrando sus miserias humanas.

Vivió 63 años. Nació en un barrio marginal de Santiago y murió en 2015 producto de un cáncer de laringe. El día de su entierro, en la Iglesia Recoleta Franciscana, una escuela carnavalera metió fiesta en su funeral. Hubo plumas, risas y cantos. “Los marginados de la ciudad llegaron a velarlo: putos, gitanos, cantores callejeros, locas perdidas, teatreros de plaza, viejas de barrio. Los protagonistas de sus historias y sus destinatarios” escribió Patricio Fernández tras su muerte. Esa tarde de enero, el grupo de folclore Illapu entonó la canción «El necio» de Silvio Rodríguez.

«Yo no sé lo que es el destino
Caminando fui lo que fui
Allá dios, que será divino
Yo me muero como viví».

*Por Tomás Fernández para La tinta

Palabras claves: Pedro Lemebel

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La Patagonia rebelde de Guillermo Saccomanno

La Patagonia rebelde de Guillermo Saccomanno
18 marzo, 2025 por Leandro Albani

Con una serie de crónicas sobre el sur argentino, el escritor argentino revela las estructuras profundas que mantienen al país anclado en las fauces del capitalismo.

Ni periodismo darwiniano ni charlatanería turística for export. Y tampoco la historia oficial sobre una tierra “civilizada” a punta de fusiles y bayonetas. Sobre estos pilares, se sostiene Guillermo Saccomanno para escribir una serie de crónicas sobre el sur argentino, publicadas en su mayoría en la década de 1990 y ahora reunidas en el libro Escrito en Patagonia, editado en 2024 por La flor azul.

Si las descripciones y las voces dan ritmo y profundidad a las crónicas, también lo hacen las reflexiones y pasajes ensayísticos que el escritor argentino articula a lo largo de los textos. Para Saccomanno, es tan importante mostrar los detalles de un viaje por una ruta desolada como preguntarse para qué sirve la literatura, entender (y escribir) que la memoria se manifiesta en el cuerpo o contar por qué la verdad es el principal valor para el pueblo mapuche.

La Patagonia se abre como un territorio concreto, sin veleidades exóticas o rasgos que remiten al concepto de orientalismo, acuñado por el intelectual palestino, Edward Said. Saccomanno, recientemente galardonado con el Premio Alfaguara por su novela Arderá el viento, rompe la representación que hacen los poderosos sobre esa tierra que creen que es su gran propiedad privada. El escritor también apunta sin contemplación a la hora de denunciar al Estado burgués argentino y sus imposiciones históricas y cargadas de crueldad contra los pobladores originarios.

Saccomanno explica que “cuando se trata de escribir, no se trata sólo de un asunto literario, la elección de un género, sino de una toma de partido ideológica”. Y agrega: “También me parece oportuno señalar a esta altura que la teoría literaria, tal como la entiendo, es teoría política”. Desde esta posición, Saccomanno cuenta y denuncia, describe y apuesta, rescata lo que el establishment de turno quiere ocultar y demuele la construcción oficial de la historia. Esos golpes directos se sienten página a página, sin perder una prosa con oficio y claridad.

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Imagen: La flor azul.

Leer Escrito en Patagonia es tender puentes hacia las investigaciones del historiador Osvaldo Bayer sobre los fusilamientos de peones por parte del Ejército. O también volver a Los dueños de la tierra, de David Viñas, una novela que revela la vileza de estancieros y oligarcas hacia los “otros”, ya sean peones o indígenas, pero todos condenados, según esos dueños de la tierra, a la explotación o la muerte.


En las crónicas, además, sobrevuelan las sabidurías, los pensamientos y las prácticas del pueblo mapuche. “Los mapuches no piensan que este territorio les pertenece ―escribe―. A los huincas este pensamiento los sorprende: ‘No es que esta tierra me pertenece’, piensa el mapuche. ‘Sino que yo soy la tierra’. El pensamiento es mucho más sencillo y, a la vez, abarcador. No se trata de posesión. Sino de sentirse parte”. Entrelazado a eso, la naturaleza que resiste el “desarrollo” capitalista que, desde su origen, se construye con la voracidad del saqueo de la tierra y la cultura.

Saccomanno pone la mira en las raíces de nuestro país burgués y, por estos tiempos, transnacionalizado: el Ejército argentino como fuerza de choque a las órdenes de los poderosos, el extractivismo como política de ocupación y saqueo, la historia oficial escrita por manos locales y extranjeras que intentan condenar a la Patagonia como desierto virgen que tiene que ser violado. Pero también la contracara: el docente Orlando “Nano” Balbo, detenido-desaparecido que sobrevivió a la dictadura y que apuesta a otra educación; el recuerdo vivo del maestro Carlos Fuentealba, fusilado por la policía; y otra vez Bayer, en un artículo que cierra el libro, aunque, más que finalizar la obra, permite abrir ventanas hacia el futuro, porque la figura, la ética y el oficio del historiador anarquista argentino es faro hacia donde mirar cuando se habla de compromiso con las luchas de los más desposeídos. Saccomanno pronuncia: “Si escribir sobre Bayer me enerva, se debe a que, al hacerlo, debo mirar alrededor. Imposible mirar el alrededor sin mirar el pasado. Imposible no tener en cuenta la proyección de sus tensiones cruentas en el presente, la crisis de representación que corrompe los estamentos de la realpolitik. Imposible hacerse el distraído. Esta, aunque suene a reduccionismo, es la lección mayor de Bayer”.

En Escrito en Patagonia, se descubre la relación estrecha del escritor con ese territorio, sus miradas sobre la literatura en relación a ese país dentro del país y los recuerdos de conscripto en el servicio militar. En este libro, el escritor toma posición y denuncia, pero nunca pierde de vista que escribir de una forma más hermosa que como lo hacen nuestros enemigos es una de nuestras armas. En estos momentos de una Argentina que vira aceleradamente hacia el fascismo, Saccomanno, con sus crónicas, propone otro país: uno donde los y las condenadas de la tierra no pierden las esperanzas y todavía atemorizan a los estancieros y oligarcas.

*Por Leandro Albani para La tinta / Imagen de portada: Martín Bonetto.

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Palabras claves: Guillermo Saccomanno, Libro, Patagonia Rebelde

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