Brasil, a un año del golpe

Brasil, a un año del golpe
1 septiembre, 2017 por Redacción La tinta

Hace un año este medio publicaba un artículo titulado “El Senado destituyó a Dilma y se consumó el golpe de Estado en Brasil”. Mientras, los principales medios de comunicación argentinos y mundiales afirmaban que “con Temer arranca otra era en Brasil” o que simplemente habían “destituido” a la presidenta electa. Pasaron 365 días y la lectura política sobre lo que había ocurrido, no hizo más que confirmarse.

Por Julia de Titto para Notas

“Está claro que el tema de las ‘pedaladas fiscales’ por las que el Parlamento destituyó a Dilma Rousseff era una mera excusa”, afirmó el analista internacional Leandro Morgenfeld. Y agregó que se trata “del mismo Congreso que acaba de salvar a Michel Temer del impeachment a pesar de las grabaciones que hizo el empresario del frigorífico JBS” sobre la implicación del actual mandatario con el pago de sobornos.

Los objetivos del golpe

En agosto de 2016, decíamos que había habido una indudable influencia estadounidense detrás del juicio político a Rousseff y que este tenía un doble objetivo. El primero, poner la reserva de petróleo y gas pre-sal en manos privadas. El segundo, que el poder económico volviera a dirigir los destinos de Brasil luego de 12 años del Partido de los Trabajadores en el poder.

Con el correr del tiempo podríamos sumar que un objetivo subyacente era liquidar la posibilidad de que cualquier gobierno de tinte progresista volviera en el corto y mediano plazo al Palacio de Planalto: la ofensiva judicial contra Lula Da Silva, que encabeza todas las encuestas de cara a las presidenciales de 2018, así lo indica.

Morgenfeld suma que en términos de política exterior, el golpe apuntó a “abandonar cualquier tipo de perspectiva latinoamericanista y subordinar la agenda externa de Brasil a los dictados de EE.UU.”, lo que se pudo comprobar en la separación de Venezuela del Mercosur. Se trata de un intento de “disciplinamiento geopolítico en un continente que hasta hace dos años mantenía un política de integración regional y de política exterior no subordinada a EE.UU.”, añade. Y subraya: “Hoy vemos en todo el continente como se avanza contra todos los gobiernos no alineados con la perspectiva norteamericana”.

A nivel interno, Temer y sus aliados se encuentran desarrollando “una política económica completamente regresiva” que sancionó una enmienda constitucional para congelar el gasto público en salud y en educación, aprobó una ley de flexibilización laboral “que retrocede varias décadas en cuanto a derechos conquistados por la clase obrera brasilera” y ahora va a intentar aprobar una regresiva reforma previsional “que genera una transferencia de recursos hacia los sectores más concentrados”.

El analista recuerda que se trata de un presidente que “tiene los índices de aprobación más bajos de la historia”. “Una encuesta reciente mostró que menos del 5% de la gente lo apoya y siete de cada diez brasileños consideran pésima su gestión”, agrega.

“A pesar de todo, sus aliados del poder económico lo sostienen porque temen las ‘elecciones directas ya’ que es lo que plantean distintas organizaciones populares y una eventual elección donde Lula pueda ganar”, concluye Morgenfeld.

Los destinos de Brasil, el gigante latinoamericano que, como describe el entrevistado es “el país más desigual en la región más desigual del mundo”, tiene su democracia secuestrada hace 365 días. Un Congreso corrupto destituyó a una presidenta legítimamente electa y el Poder Judicial no para de abrir causas contra el ex presidente que articula las esperanzas del pueblo brasileño. En su mandato arrebatado, Temer avanzó con reformas a las que la palabra “regresivas” le queda corta. En 2018, las urnas hablarán.

*Por Julia de Titto para Notas.

Palabras claves: Brasil, Dilma Rousseff, Michel Temer

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