Lucre Ortiz: talento a puro ritmo

Lucre Ortiz: talento a puro ritmo
4 septiembre, 2017 por Soledad Sgarella

Lucre Ortiz es una de las músicas cordobesas que le hace mover el esqueleto a la provincia en los últimos tiempos. La pianista y cantante instalada en las Sierras Chicas presentó el año pasado su último disco “El Aguacero”, y junto a su banda (conformada por artistas locales) deja su impronta, dinámica y fresca, a la hora de ponerle cuerpo y voz al oficio musical.

Por Soledad Sgarella para La tinta

Hace algunas semanas, la Lucre Ortiz invitaba a uno de sus eventos (en Unquillo, y con Vivi Pozzebón de invitada de lujo) con una definición sencilla y precisa: «Pachanga es: fiesta en la que no falta el baile y la música». Ese viernes hizo explotar de color y ritmo a un público que cantó sus canciones y movió las caderas infinitamente, haciendo frente, a puro ritmo, al segundo semestre que recién comienza.

Histriónica en escena y con el humor como herramienta, se nota desde lejos que Lucre y su banda ofrecen, además de talento y años de formación en el campo del saber musical, el corazón como motor de todo el proyecto artístico de la compositora, que es quien le pone voz y piano a canciones por demás contagiosas. La tinta se acercó a escucharla, a bailar bolero, cha cha cha, candombe, cumbia y son cubano, y a preguntarle algunas cuestiones de sus producciones culturales.

—¿Cómo ha sido tu camino en el arte?

lucre-ortiz-1—Vengo de una familia en donde siempre estuvo la música presente, la guitarreada, mi papá y mi mama nos cantaban antes de ir a dormir, un abuelo también tocaba la guitarra, y mi otra abuela el piano. De niña estudié piano en el barrio, luego crecí y me fui a estudiar a Buenos Aires, a la Escuela de música de Avellaneda, lugar hermoso que me abrió la cabeza, me dio amigos, experiencia y sobre todo me conectó con otros iguales a mí y así me fui quedando, y me fui formando. A los 20 me fui a Europa a tocar tango con un dúo, sin tener nada preparado, adrenalina de juventud. Ahora ni loca me mando así.  De a poco empecé a  laburar con el piano en distintos proyectos, principalmente de folclore y tango. Acompañé a Suna Rocha, Julio Lacarra, Guillermina Beccar Varela, Dolores Espeja, la Orquesta del Café de los angelitos.

Fui pianista y arregladora de la orquesta Las del Abasto, con las que recorrimos gran parte del país dando conciertos y clínicas de tango. También armé proyectos propios como Dos Gardenias, grupo donde empecé a tocar música cubana, y donde comencé a componer mis canciones. Estuve seis meses tocando y cantando en un hotel en Dubai, Emiratos Árabes y también me fui de gira con un espectáculo de circo llamado Sanos y Salvos dirigidos por Gerardo Hotchman: dos meses, veinte personas en un motorhome… una experiencia alucinante. Hasta que volví finalmente, hace cuatro años, a mi hermosa y querida Córdoba, a estar cerca de la familia, de los amigos. Ya aquí me instalé en Unquillo, y comencé a dar forma a mi proyecto solista, y también soy parte del grupo Ninfas, en el que somos once mujeres tocando cumbia y salsa, una hermosa experiencia colectiva.

—El año pasado presentaste tu disco solista… contanos algo de «El Aguacero».

—Son diez composiciones propias, y un cover de Chico César (Mama África). Estas canciones las venía tocando ya en Buenos Aires con mi grupo Dos Gardenias, y con un equipazo de músicos les terminé de dar forma y las pude grabar acá en Córdoba.

lucre-ortiz-2Hay bolero, cha cha cha, candombe, cumbia y son cubano, con formación de quinteto.  Diego Tercel en percusión, Emilio Pasquini en bajo, Matías Pera Lallana en coros y accesorios, y Regina Grigioni en trombón. Grabó de invitado el Lucas Acuña en guitarra, y Seba Bergallo en bajo, Matías Martinez y Miguel González en los tambores de candombe. Este disco fue editado gracias al aporte del público que colaboró en una venta anticipada, y a un subsidio de INAMU. Hecho de manera independiente y autogestionada.

—Se nota la importancia que le das al trabajo con otras y con otros, y el respeto que generás y tenés  con los demás artistas… ¿cómo es el proceso de trabajo con tu banda?

—Con la banda trabajamos en equipo, yo intento llevar el boceto de los temas lo más terminado posible, letra, armonía, estructura y en los ensayos los músicos hacen su aporte de ideas y sonidos, y así se va armando. Son muy talentosos… ahora en la banda se sumó también Carolina Carbone en coros y accesorios, y Fernando Méndez en bajo, así que  la banda suena tremenda, es un sonido fuerte y bailable con una energía muy alegre y contundente. 

Estoy muy contenta de poder contar con estos musicazos que me bancan y que aportan su talento, y además hay una hermosa amistad y creo que eso se traduce en la música que tocamos y, por ende, el público lo recibe.
Con Ninfas también se trabaja en equipo, hay roles, cada una tiene una función dentro del grupo. Somos once mujeres componiendo, arreglando y tirando ideas para seguir  haciendo música de calidad, independiente y autogestionada.  La banda nace hace dos años y ya viajamos dos veces a Brasil y ahora se viene la tercer gira, 15 días viajando y tocando sin parar. Increíble y hermoso. Además realizamos la Mambistica, fiesta organizada por Ninfas, donde invitamos a bandas grandes de córdoba y también de otros lugares. Ahora la próxima fecha el 9 de setiembre en 990 tenemos el placer de compartir show con Chiquita Machado una banda de Rosario también de todas mujeres.

—El humor juega un papel muy importante en tu show… ¿cómo es que lo fuiste incorporando en tu vida musical?

—En mi casa siempre estuvo el humor presente. Siempre en las reuniones familiares hay algún sketch en joda, o se le cambia la letra a alguna canción con humor. Es algo que está siempre, en la mesa, en la cotidianidad, y creo que desde ahí las canciones me abordan fácilmente, desde la picardía, el juego de palabras, lo que uno esperaría que suene y no. Mis hermanos en la adolescencia jugaban a armar frases muy largas con una sola vocal, y eso también son juegos y lógicas de la familia. Me gusta mucho el clown, y el teatro, sueño con armar un espectáculo que combine mis canciones con el teatro, el humor y el absurdo. Está en mi cabeza hace tiempo, ya veremos cuando se puede realizar.

*Por Soledad Sgarella para La tinta. Fotos: La Minerita.

Palabras claves: El aguacero, Lucre Ortíz, Música, Ninfas

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La Patagonia rebelde de Guillermo Saccomanno

La Patagonia rebelde de Guillermo Saccomanno
18 marzo, 2025 por Leandro Albani

Con una serie de crónicas sobre el sur argentino, el escritor argentino revela las estructuras profundas que mantienen al país anclado en las fauces del capitalismo.

Ni periodismo darwiniano ni charlatanería turística for export. Y tampoco la historia oficial sobre una tierra “civilizada” a punta de fusiles y bayonetas. Sobre estos pilares, se sostiene Guillermo Saccomanno para escribir una serie de crónicas sobre el sur argentino, publicadas en su mayoría en la década de 1990 y ahora reunidas en el libro Escrito en Patagonia, editado en 2024 por La flor azul.

Si las descripciones y las voces dan ritmo y profundidad a las crónicas, también lo hacen las reflexiones y pasajes ensayísticos que el escritor argentino articula a lo largo de los textos. Para Saccomanno, es tan importante mostrar los detalles de un viaje por una ruta desolada como preguntarse para qué sirve la literatura, entender (y escribir) que la memoria se manifiesta en el cuerpo o contar por qué la verdad es el principal valor para el pueblo mapuche.

La Patagonia se abre como un territorio concreto, sin veleidades exóticas o rasgos que remiten al concepto de orientalismo, acuñado por el intelectual palestino, Edward Said. Saccomanno, recientemente galardonado con el Premio Alfaguara por su novela Arderá el viento, rompe la representación que hacen los poderosos sobre esa tierra que creen que es su gran propiedad privada. El escritor también apunta sin contemplación a la hora de denunciar al Estado burgués argentino y sus imposiciones históricas y cargadas de crueldad contra los pobladores originarios.

Saccomanno explica que “cuando se trata de escribir, no se trata sólo de un asunto literario, la elección de un género, sino de una toma de partido ideológica”. Y agrega: “También me parece oportuno señalar a esta altura que la teoría literaria, tal como la entiendo, es teoría política”. Desde esta posición, Saccomanno cuenta y denuncia, describe y apuesta, rescata lo que el establishment de turno quiere ocultar y demuele la construcción oficial de la historia. Esos golpes directos se sienten página a página, sin perder una prosa con oficio y claridad.

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Imagen: La flor azul.

Leer Escrito en Patagonia es tender puentes hacia las investigaciones del historiador Osvaldo Bayer sobre los fusilamientos de peones por parte del Ejército. O también volver a Los dueños de la tierra, de David Viñas, una novela que revela la vileza de estancieros y oligarcas hacia los “otros”, ya sean peones o indígenas, pero todos condenados, según esos dueños de la tierra, a la explotación o la muerte.


En las crónicas, además, sobrevuelan las sabidurías, los pensamientos y las prácticas del pueblo mapuche. “Los mapuches no piensan que este territorio les pertenece ―escribe―. A los huincas este pensamiento los sorprende: ‘No es que esta tierra me pertenece’, piensa el mapuche. ‘Sino que yo soy la tierra’. El pensamiento es mucho más sencillo y, a la vez, abarcador. No se trata de posesión. Sino de sentirse parte”. Entrelazado a eso, la naturaleza que resiste el “desarrollo” capitalista que, desde su origen, se construye con la voracidad del saqueo de la tierra y la cultura.

Saccomanno pone la mira en las raíces de nuestro país burgués y, por estos tiempos, transnacionalizado: el Ejército argentino como fuerza de choque a las órdenes de los poderosos, el extractivismo como política de ocupación y saqueo, la historia oficial escrita por manos locales y extranjeras que intentan condenar a la Patagonia como desierto virgen que tiene que ser violado. Pero también la contracara: el docente Orlando “Nano” Balbo, detenido-desaparecido que sobrevivió a la dictadura y que apuesta a otra educación; el recuerdo vivo del maestro Carlos Fuentealba, fusilado por la policía; y otra vez Bayer, en un artículo que cierra el libro, aunque, más que finalizar la obra, permite abrir ventanas hacia el futuro, porque la figura, la ética y el oficio del historiador anarquista argentino es faro hacia donde mirar cuando se habla de compromiso con las luchas de los más desposeídos. Saccomanno pronuncia: “Si escribir sobre Bayer me enerva, se debe a que, al hacerlo, debo mirar alrededor. Imposible mirar el alrededor sin mirar el pasado. Imposible no tener en cuenta la proyección de sus tensiones cruentas en el presente, la crisis de representación que corrompe los estamentos de la realpolitik. Imposible hacerse el distraído. Esta, aunque suene a reduccionismo, es la lección mayor de Bayer”.

En Escrito en Patagonia, se descubre la relación estrecha del escritor con ese territorio, sus miradas sobre la literatura en relación a ese país dentro del país y los recuerdos de conscripto en el servicio militar. En este libro, el escritor toma posición y denuncia, pero nunca pierde de vista que escribir de una forma más hermosa que como lo hacen nuestros enemigos es una de nuestras armas. En estos momentos de una Argentina que vira aceleradamente hacia el fascismo, Saccomanno, con sus crónicas, propone otro país: uno donde los y las condenadas de la tierra no pierden las esperanzas y todavía atemorizan a los estancieros y oligarcas.

*Por Leandro Albani para La tinta / Imagen de portada: Martín Bonetto.

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Palabras claves: Guillermo Saccomanno, Libro, Patagonia Rebelde

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