Luis Alberto Spinetta: “Ese fuego que yo quiero en mi música generalmente me rompe el alma”
Cultura, Música

Luis Alberto Spinetta: “Ese fuego que yo quiero en mi música generalmente me rompe el alma”

Hace diez años, Luis Alberto Spinetta recibió a una estudiante de periodismo de 18 años y le habló del amor, la música, la vida, las mujeres, los autos y el miedo a la muerte.

Spinetta iba a cenar al restaurante japonés de la calle Pasco, que queda a cincuenta metros del departamento de mis padres. Por fuera, el lugar pa­rece una casa de familia, no tiene car­teles y las ventanas esmeriladas impi­den espiar hacia adentro. Ahí suelen ir a comer directivos de empresas japo­nesas que llegan en sus camionetas con chofer. El Flaco iba una vez por semana en su Ford Fiesta. A veces llegaba con sus hijos, también fue con Carolina Peleritti, pero la mayoría de las veces iba solo, se sentaba a comer en la barra y hablaba con el dueño.

Me lo crucé varias veces. El encuen­tro duraba el tiempo que a los ojos le toma acomodarse a la oscuridad, y se metía rápido en su auto. Esas noches volvía a casa eufórica.

En ese momento, hace exactamente diez años, estaba por repetir el primer año de la facultad de periodismo y necesitaba una entrevista que me salvara. Entonces le pedí a Sergio, el chico que cuidaba los autos en la entrada del res­taurante, que por favor le pidiera el teléfono la próxima vez que lo viera. Un día llegué a casa y sobre la mesa había un papelito con un número de teléfono y el nombre: “Luis”.

s_mla_v_f_f_145677423_3080-2Spinetta estaba viviendo solo en su estudio, La Diosa Salvaje, después de una mediática separación con Peleritti, y accedió a hablar conmigo, que era apenas una estudiante de dudoso talen­to y, para mi asombro, lo hizo con mayor facili­dad y franqueza que con la que lo haría frente a cualquier otro periodista de cualquier medio importante después de eso.

La cita fue a las tres de la tarde; ya había em­pezado la primavera, pero todavía hacía frío. Yo, que finalmente pasé de año, estaba tan nerviosa que lo primero que le dije fue: “Hola, Luis, nece­sito hacer pis. ¿Puedo pasar al baño?”. La tapa del inodoro tenía la forma de una guitarra.

Spinetta me pareció altísimo. Estaba vestido con un jogging y un gorro de polar en la cabeza, arrastraba los pies y, cada vez que sonaba el te­léfono, atendía diciendo: “Alitalia”.

La entrevista fue en el living del estu­dio, y duró un cásete y medio. A mitad de la charla, cuando di vuelta el virgen transparente, tuve miedo de que me di­jera ya está. Pero no, fue paciente y amo­roso. En esa época estaba terminando de grabar Para los árboles, y me contó que esa mañana había estado escuchan­do Joni Mitchell y D’Angelo.
En el lado A del cásete, la cinta em­pieza directamente con su voz diciendo:  “Para continuar se necesita que todos nazcan y mueran, nazcan y mueran, nazcan y mueran” .

¿Cómo es eso?

Es un latir, entonces al latir, hay evi­dentemente un desenvolvimiento y una contracción. Los astrónomos dicen que, supuestamente, la galaxia se encogería en un inmenso agujero negro para vol­ver a explotar hacia fuera. No sé si el nacer y el morir son movimientos para­lelos. Describir la vida sería como des­cribir un mosquito intentando volar como un jet.

¿Te da miedo la muerte?

Digamos… no hay miedo, no debería existir el miedo al observar ese confina­miento de nuestra alma en sí. Deberíamos aceptarlo y comprenderlo.

¿Qué es la música?

La música pertenece a una naturale­za aérea, no puede ser confinada a los pensamientos ni a la retórica. Tiene un código. En Occidente ese código es muy estricto, suena bien o suena mal, es evi­dente. Cuando se hace silencio, la música está igual, aunque nosotros no la escuchemos. Por lo tanto, no es algo que podamos administrar como la palabra. La palabra tiene signos, la mú­sica tiene moléculas de aire que hacen vibrar los tímpanos. Teniendo en cuenta que los latidos de nuestro propio cuerpo ya son música, que el sonido de las ramas al vibrar fueron música… La música existió antes de que el hombre organi­zara la materia sonora y va a existir aunque no haya instrumentos. Entonces, digamos, es una de las pocas cosas que no podemos usar para des­truir. Pienso, igual, que la mala música enferma a la gente y la destruye, y ése es un proceso muy lento y muy difícil de comprobar. Es cierto que la buena música eleva el espíritu: cuanto mejor escrita esté, más feliz es el alma.  Quizá yo pueda ayudar ala gente y curarla con la música. Es una buena meta, pero es un poco utópica. 

tumblr_mzv4c8vj2n1rv520go1_1280¿Qué diferencias encontrás entre hoy y la época de tus inicios en el rock?

Bueno, hay conjuntos que directamente tira­ron la chancleta y se mandan con cumbia, ska, todo mezclado y son una porquería, suenan mal y el mensaje no tiene fuerza. Yo los veo muy dé­biles. Hay otros que hacen bien las cosas, pero en general, tendría que generarse algo de menos banalidad adentro de uno para meterse en un estadio creativo que no tenga fronteras y al que no le importe la difusión, la MTV, ni un cara- jo. Pero, si ves que se venden 800 mil discos de cumbia y cinco de rock, bueno, te querés cortar las pelotas, muchachita.

¿Por qué creés que pasa eso?

Es que no hay cultura, fracasó el proyecto edu­cativo, fracasó el proyecto de salud, ni hablar del proyecto económico. En breves palabras, la ten­dencia es que todo se reviente, que uno se revien­te… que la música sea reventada y que las per­sonas sean reventadas sociales. Agarrate: faltan insumos en los hospitales, los colegios se caen a pedazos, los maestros cobran como el tujes.

¿Te quedaste sin fe?

¡ No, tengo fe! Tengo fe en la humanidad ante todo, en las personas, tengo fe en el amor, en todo lo que adoro, en las violas, en mi música, en mis nietos, en mis hijos, en mis padres, en los seres queridos, ¿entendés? Tengo una gran fe. Quisie­ra contagiarla, eso es todo, contagiarle ala gente más fe, que la gente se mire para ser solidaria y no para tenerse miedo. Ahora pasa un pibe mal vestidito y creés que te va a robar. Típico, es una escalada de miedo de la cual no te podés eludir, entonces algo siempre está minando la tranqui­lidad. Me genera mucha bronca la injusticia, la cana, la puta que lo tiró. De nuevo vuelve a ser aquel aparato siniestro que comete unos críme­nes horribles cuando asesinan pendejas, las vio­lan. No es que me gustaría que todo el mundo se dé la mano, sino que la gente realmente se ponga las pilas para laburar, que venga un gobierno que te quite la guita, lo que sea, pero que la ponga donde la tiene que poner. Salud y educación, ca­beza nueva, pibes que sean jueces con la cabeza incorruptible, sanos. Sanos espiritualmente.

Me dijiste que hoy a la mañana estuviste es­cuchando a Joni Mitchell. ¿Seguís escuchando a LedZeppelin, a Jimi Hendrix?

Bandas viejas… No, ahora ya no me gusta tanto. En su momento era bastante fan de Zeppelin. Incluso creo que todos nos copiamos un poquito de Zeppelin en su momento. De Hen­drix, por ejemplo, sigo siendo apasionadamen­te fan.

wpid-wp-1434402803123¿Qué tenía Hendrix?

Es solamente la música. A mí no me importa mucho la chafalonería de lo que le pasó, si to­maba drogas y se ahogó con su vómito y lo que sea. Vos cuando lo escuchás, sabés todo.

Le prestas más atención a la sensibilidad que al virtuosismo…

Sí, yo no soy virtuoso. No soy virtuoso, soy un ejecutante con bastantes trucos ya.

¿Trucos?

Sí, con bastantes trucos. Es decir, al ser auto­didacta, autoincorporás técnicas berretas, diga­mos. Por supuesto, hay autodidactas que son real­mente excepcionales, pero yo en promedio estoy bien. Porque entre componer y cantar y tocar, estoy más o menos bien, pero no soy un virtuo­so. [Javier] Malosetti es un virtuoso, Martha Argerich es una virtuosa, Piazzolla es un virtuoso, Jaco Pastorius es un virtuoso, Hendrix es un vir­tuoso. En los Beatles no había ningún virtuoso, por ejemplo. Un virtuoso es alguien que toca el instrumento de una manera arrolladora.

¿Cuál fue el primer recital que te voló la cabeza?

El primer show que me impactó muchísimo fue el de Los Gatos en teatro Payró, año 69. Yo era chiquito. Me volví loco, me volví loco. Cuando vi lo bien que sonaban y lo bien que cantaba Litto [Nebbia] y cómo estaban armados los temas… Más ganas me daba de volverme a mi casa y com­poner y todo, para poder hacer algo mejor.

¿Qué grado de conciencia tenés de lo que gene­ran tus canciones en el público?

No puedo pensar en eso, porque… ¿cómo te puedo decir? Hay tanta música que tengo que hacer que si pienso en el producto de lo que ya hice, es como que me quedo pensando en lo que tendría que hacer y quizá no lo haría, por miedo, porque no sería del todo libre. Estoy encerrado en un mundo que finalmente también ha logrado esclavizarme en parte. Me exigió que me mueva solamente así, tratando siempre de sorprender y que una canción brinde algo nuevo que alguna otra no haya dado. Es como un juego también en el que yo intento no repetirme para nada nunca. A la vez me repito en no querer repetirme.  Lograr un efecto en tu alma, eso es lo único importante, lo demás es cartón pintado.  A mí no me importa componer una sinfonía alucinante y que todo el mundo me diga “maestro”. Eso es una vanagloria y no sirve para dar testimonio de la fe de uno en la vida. Te podés llenar de guita, te pueden escuchar quinientos o cinco, que es lo mismo, so­lamente inflás el globo del ego y lo desinflás. La conciencia sobre lo que produzco es un trámite burdo dentro de mi burocracia.

tumblr_mqlwhdbbbg1sbpebho1_500¿Componés de noche?

No, la noche es para dormir. Me acuesto tem­prano y me levanto temprano. Y ya soy muy viejito.

Entonces dormís cada vez menos horas.

Duermo muy pocas horas desde siempre, soy cuatro horas y mediero. Cuatro horas y media, y yo ya estoy. No me gusta dormir.

¿Por qué?

No me gusta yacer; para dormir te tenés que tirar. Y no me gusta tirarme, me da la sensa­ción de que después uno va a estar mucho tiem­po inmóvil.

¿A qué le tenés miedo?

Al monoplaza.

¿Hacés terapia?

He hecho terapia; últimamente no, porque no gastaría tanto tiempo en eso para más o menos ordenar el archivero.

¿La música funciona como una terapia?

La música es un orden que de por sí tiende a curarte las penas. Lo que pasa es que también te podés enfermar de música por la pasión que ponés en ello. Hay que entender que para trans­mitir los sentimientos es necesario un procedi­miento que exige demasiado de uno. A veces, cuando descubro una nueva tonada y esa tonada contiene esa emoción, ese fuego que yo quiero en mi música, generalmente me rompe el alma. No sé si me enferma o me cura, pero de por sí me como una angustia y un momento… Es como una cosa que me ahoga y, bueno, ¡tanto lío por este tiraratarirara\ Listo, te jodés y punto.

¿Sos feliz?

La felicidad no ha sido en sí misma un objetivo en mi vida, aunque es el objetivo más importante de toda nuestra vida. No he sido feliz por ningún motivo en sí. Mi preocupación excede las felici­dades, aun en los momentos en que me pudie­ra ver de la manera más feliz. Realmente en ese aspecto soy muy obsesivo; hay un fuego que me carcome, que me aqueja desde que nací y que se va a terminar cuando esté en el monoplaza, evi­dentemente. Todo eso tiene que ver con la lírica y el tipo de música que hacés, la fuerza y el hígado que le metés a todos esos dolores, esas preocu­paciones, la injusticia, la miseria humana, todo eso que toda la vida te dejó loco, siempre volan­do en un helicóptero sin poder tocar el piso. A mí me tuvo toda la vida así y me va a seguir te­niendo. También se sufre. No pretendo ningún tipo de compensación ni nada, algún día voy a dejar de romper las pelotas y punto.

¿Y cómo es hablar de esto desde arriba de un escenario?

El momento de los escenarios es muy dife­rente al momento en el que yo te pueda decir este tipo de cosas. Te lo digo justamente porque vos prendiste la mecha en este hilo hipersensible de mi existencia, y creo que cualquier autor o pintor o cualquiera que pudieras ir a ver y le hables en estos términos le vas a tocar la parte más sagrada que tiene. En ese sentido, este reportaje es un éxito.

¿Estás enamorado?

No.

¿Te pone mal?

No, peor es desenamorarse que no estar enamorado.

Desenamorarse a la fuerza.

Sí, a veces uno debe amputarse los amores irrealizables, a propósito, para hacerse bien o te morís. I don’t want to die. No de eso. Igual­mente creo que si no me enamoro pronto voy a perecer, pero no importa. Es una idea románti­ca, no me des bola.

No, explicame…

Pienso que si no me enamorara pronto pere­cería, no sé por qué. Toda la vida estuve enamo­rado de una mujer y luego de otra y de otra. Es la primera vez en mi vida que vivo solo y que no tengo mujer, y me preocupa también. Con el auto de mierda que tengo, sin china y sin flete…

Tenés un Fiesta…

Un Fiesta, pero más que fiesta es un velorio, es una mierda. Es tan feo, pobre. A mí me gus­tan mucho los autos y las mujeres. Las mujeres y los autos, en ese orden, pongámoslo así.

imag1831-3¿Y la música?

Y después viene eso. Es como que el amor es lo más importante, la mujer. Sin flete y sin china no sos nadie, ¿entendés? Como dice Martín Fierro: Sin flete y sin china no vas a ningún lado, en primer lugar. Después, las violas son como la herramien­ta. Obviamente que amo mis guitarras, son como manos mías, mejores que las mías, pero los instru­mentos son para crear la música. Estoy fascina­do con la música, pero fascinado como si fuera por una obsesión de mi existencia.

Una fascinación que lleva toda tu vida.

Ok, pero estamos hablando de los deseos de una manera mucho más pragmática. Es decir, la música es un aprendizaje de toda la vida, y los instrumentos para tocarla son para lograr la música. En cambio, el auto no es un instru­mento para un objetivo. Bueno, para un corre­dor de carrera el auto es la herramienta para ganar. Para mí, el auto representa un objeto de placer. Vino de ser una alfombra mágica y se constituyó en algo más perecedero y ridículo, mucho menos elegante. Creo que manejar es casi menos elegante que caminar y correr. Pero eso no es todo.

¿Qué más?

Sin amor un hombre es un tarado. Igual es una parte medio cholula. Si no se tratara de las historias que yo albergo respecto de mi último amor [Carolina Peleritti] y todo eso, no sería cholulo lo que hablamos, pero tratándose de lo que es y cómo yo lo siento, me resulta algo di­fícil de hablar.  Creo igual que estar enamorado es el clima más perfecto de la naturaleza huma­na. El amor cura todas las heridas de la vida.  No siempre se puede mantener.

¿Qué te pasa cuando escuchás tus canciones?

No me pasa nada. Soy híper-serrucho con mi propio trabajo. Se sufre porque, viste, aveces no canto bien. Yo fumo mucho y tengo la voz re que­mada, igual canto lo mejor que puedo.

¿Hace mucho que fumás?

Sí. Paré un año y medio, otra vez seis meses. Hace como 39 años que fumo.

¿Qué es lo más preciado que te dio la música?

La gente me ama mucho. Es lo más grande que siento. Más que el aplauso y que el “oh, maes­tro”, es el cariño al personaje, la confianza que me tienen por ser como soy y me hago respon­sable oyendo a mi amigo que dice…
[En ese momento cerró los ojos y cantó, en­tonando de tal modo que parecía que iba a des­pegar. Era el verso de Hermano perro, de Al­mendra’] O estaré siempre aquí/ y aquí moriré oyendo a mi amigo/ oyendo a mi amigo/ oyen­do a mi amigo, que dice:/ tira, tira, tira, her­mano perro.

¿Por qué crees que el público se mantuvo fiel?

 Simplemente hay que tener las bolas puestas para decidir cosas que son fundamentales.  Nunca le vendería mi música a Knorr Suiza para hacer una propaganda, ni a Quilmes, ni a nada. Yo no le quiero vender nada a la gente, ni mi música. ¿Encima le voy a vender una Coca-Cola? Yo adoro la Coca-Cola, pero la Co­ca-Cola es para tomar, no para que yo la publicite. No me siento para nada cómodo. ¿Te imaginás a mí, cantando: “Coca-Cola y el Flaco, una pa­sión”? ¡Es horroroso! Es como romperle el espejo a un montón de gente que no le gusta eso de los artistas que adoran. No hay que hacer esas cosas. No hay que usar la música para que te dé guita y olvidarte de realmente para qué la estás haciendo. Porque básicamente lo que te va a dar es guita, nada más. Van a decir: “Mirá, este pe­lotudo también hace propagandas. Es lo único que faltaba: el Flaco hace propagandas, la Ar­gentina está dada vuelta”. Yo no lo haría, otros lo hacen, pues joder.

¿Sabés que sos uno de los músicos más influ­yentes del rock nacional?

Pienso que mi música suena tan bien como la de muchos y no hay ninguna cosa en espe­cial, honestamente.

¿Te peleaste con tu música alguna vez?

Por ahí a veces escucho discos viejos y digo: “Cómo sacaría esto de acá, está ensuciando”. O: “No volvería a cantar esto de esta manera”. Pero ni que me garparan un millón de mangos. Pelearse no, no hay necesidad… Aparte te caga a trompadas.


Por Julieta Aíortati, publicada en Rolling Stone en marzo de 2012. 

 

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28 Septiembre, 2016

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