La Cañada viva: por qué la ciudad de Córdoba necesita la reserva natural urbana

La Cañada viva: por qué la ciudad de Córdoba necesita la reserva natural urbana
Alicia Córdoba La tinta
14 septiembre, 2026 por Alicia Córdoba

Más allá del cauce de piedra y las tipas del centro, la cuenca del arroyo La Cañada funciona como una trama natural que infiltra agua de lluvia y absorbe calor gracias a los retazos de Espinal que guarda en sus márgenes. El corredor verde alrededor del arroyo es un espacio vital para la ciudad que hoy pide a gritos protección. Crear una Reserva Natural Urbana sobre la cuenca de La Cañada en un contexto de crisis climática y crecimiento urbano acelerado, con la amenaza del Niño que traerá abundantes lluvias, es sumar otro espacio de verde efectivo en la zona sur a la única reserva que tiene esta ciudad de casi un millón y medio de habitantes en la zona norte. Es resguardar una superficie que mitiga inundaciones, mejora la calidad del aire, es hogar de fauna autóctona y baja unos grados de temperatura a la urbe. Vecinos de Preservando el Parque de la Vida presentaron un proyecto de Ordenanza en diciembre de 2025 e hicieron una audiencia pública en el Concejo Deliberante para explicar esta necesidad a los funcionarios de quienes depende esta estratégica decisión para Córdoba.

Un corredor biológico sobre el arroyo La Cañada

Los cordobeses crecimos con la imagen de La Cañada que habita en nuestro inconsciente colectivo, con sus márgenes de piedra recortada y mármol rústico, los puentes arbolados y la sombra tupida de las tipas que se caen sobre su lecho. Alrededor de ella, se tejieron leyendas y muchas historias personales, que hacen que, cuando la volvemos a ver después de una larga ausencia, nos sintamos “en casa”.

Sin embargo, el arroyo no empieza ni termina en el hormigón. Nace mucho antes, en una depresión en Malagueño, que reúne aguas de los faldeos serranos y conforma La Lagunilla. Luego, recorre 28 km atravesando lo que queda del Espinal e ingresa a la ciudad, corre bajo 35 puentes y, finalmente, se encuentra con el río Suquía. En sus márgenes, crece un bosque de algarrobos, espinillos y chañares mezclado con vegetación exótica, pajonales y hierbas, que funciona como “esponja” y “paraguas”, suavizando la intensidad de las lluvias estivales, frenando la escorrentía rápida, absorbiendo agua y amortiguando crecidas dañinas. Para el Dr. Marcelo Cabido, profesor de la UNC e investigador del Conicet, conforma uno de los espacios verdes urbanos que regulan el clima, controlan la erosión, previenen inundaciones, mejoran la calidad del aire y son hábitat de especies de flora y fauna locales.

El pasado 25 de agosto, en el Concejo Deliberante de la ciudad, se realizó una audiencia pública para exponer ante los funcionarios municipales y la ciudadanía dos proyectos de ordenanzas presentados por los vecinos para la protección de este ecosistema:

1) para que la Municipalidad de Córdoba adhiera al Programa Pulmones Verdes de la Provincia (Resolución n.° 68/2024 Ministerio de Ambiente y Economía Circular de la Provincia de Córdoba).

2) para que se declare Reserva Natural Urbana y Patrimonio Ambiental de la ciudad de Córdoba al área integrada el Parque de la Vida, el Parque La Cañada y las barrancas de Bella Vista, más el trazado del canal Maestro Sur, el cauce y riberas del arroyo La Cañada desde la circunvalación hasta su intersección con la calle Elpidio González, totalizando una superficie aproximada de 179 ha. 

Los participantes de la audiencia pública: concejales, representantes de organizaciones ambientalistas, investigadores de la UNC, estudiantes universitarios y vecinos del grupo Preservando el Parque de la Vida colmaron el auditorio para escuchar ponencias de destacados profesionales como el Dr. Marcelo Cabido, Miguel Martiarena, doctor en arquitectura y docente e investigador de la UNC, que profundizaron el marco teórico de las razones para que estos proyectos de ordenanza se discutan y aprueben en el corto plazo.

¿Un arroyo o una ciudad que crece sin control?

El año nuevo del 2024, nos sorprendió con lluvias intensas que dejaron un gran socavón en Av. Vélez Sarsfield, donde se estaba construyendo el complejo habitacional El Pocito, sobre el viejo cauce del arroyo que fuera modificado en los años 40. En esa ocasión, La Cañada desbordó y retomó su cauce original. Estas son algunas de las consecuencias de muchos años de malas decisiones como urbanizaciones habilitadas sobre la cuenca del arroyo La Cañada dentro del ejido municipal de la ciudad de Córdoba, como lo demuestra el informe «No culpes a la lluvia, son decisiones», de la Red Ciudadana Nuestra Córdoba. 

La ciudad no crece naturalmente como un ser vivo, lo hace a través de decisiones de Política Pública Urbana tomadas por funcionarios a través de las diferentes gestiones, facilitadas por la Cláusula de Gobernabilidad, que otorga mayoría automática al oficialismo en el Concejo Deliberante. En la zona sudoeste de la ciudad, se habilitaron urbanizaciones que ocupan toda la cuenca del arroyo La Cañada, mediante concertaciones, acuerdos y convenios urbanísticos que implicaron la potencial impermeabilización de aproximadamente 1170 ha, que eran parte de la cuenca de absorción del arroyo La Cañada. Estas urbanizaciones se habilitaron sin tomar en cuenta la función ecosistémica de absorción y mitigación de los efectos de las lluvias de verano en Córdoba, una ciudad construida en un pozo. 

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Imagen: Preservando el Parque de la Vida.

El fenómeno climático del Niño generará lluvias abundantes en nuestra región y mantiene en alerta a los sistemas hidrometeorológicos y defensas civiles. En la ciudad, se comenzó el mantenimiento de desagües y se están desarrollando algunos ejercicios de simulación de inundaciones. Marcelo García, investigador del Conicet y docente de la UNC, explicó a una radio que “si el suelo cuenta con capacidad para absorber el agua, las precipitaciones adicionales no representan inicialmente una preocupación”. Un suelo capaz de absorber agua no es una superficie pavimentada o construida, sino espacios verdes cubiertos de vegetación. 

Otras consecuencia de las urbanizaciones no planificadas que ya estamos viendo en la ciudad son las olas de calor. La cementación en la ciudad puede elevar las temperaturas entre 3 °C y 7 °C respecto de las áreas rurales. La ciudad de Córdoba triplicó la frecuencia de olas de calor en la última década, con récords históricos y prolongación de temporadas calurosas, registrándose un aumento del 13% en mortalidad general y 17% en adultos mayores. Los datos confirman que el calor extremo se ha convertido en un riesgo climático estructural para la ciudad, según el Plan de Acción ante Olas de Calor, elaborado por la Municipalidad en 2025.

En la ciudad de Córdoba, la Ordenanza 9962/98 reglamenta los espacios verdes. Su primer objetivo es “compatibilizar el diseño y la materialización de los espacios verdes de modo de lograr un desarrollo urbano  armónico, donde se recupere el equilibrio entre ambiente construido y ambiente natural”. Sin embargo, un estudio llevado a cabo por arquitectos de la UNC en 2021 mostró que el 62,5% de los espacios verdes de la ciudad de Córdoba carecen de la vegetación necesaria para proporcionar los servicios ecosistémicos esenciales como la regulación del clima, la calidad del aire y la contención hídrica. Es decir, están lejos de lograr esa armonía.

Patrimonio nativo: cuando conservar también es salud y cohesión social

En un informe elaborado en 2008 por Sandra Díaz, investigadora del Conicet, Premio Nobel de la Paz 2007 y miembro del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático sobre “Adaptación y mitigación del cambio climático global en la ciudad de Córdoba en el siglo XXI”, ya se señala como fundamental la protección, dominio público y no urbanización de las costas y riberas; y la necesidad de mantener, mejorar y ampliar los espacios verdes existentes y garantizar su conectividad en corredores biológicos.

Los espacios verdes favorecen la supervivencia de la biodiversidad nativa dentro de un paisaje en acelerado proceso de artificialización, contribuyendo de ese modo a la salud ecológica y al mejoramiento del capital natural de las sociedades, expresa Sandra Díaz para sustentar que “es necesario conservar, poner en valor y aumentar la superficie de espacios verdes dentro y alrededor de la ciudad”.

Desde la arquitectura y con enfoque social, el Dr. Martiarena señala que “sería muy bueno que se pudiera proteger toda la cuenca del arroyo La Cañada hasta La Lagunilla. El curso de agua es público y, entonces, se debería habilitar el poder recorrer todo el curso de agua de La Cañada”. En la zona sur, se están urbanizando barrios con seguridad que, en algunos aspectos, funcionan como cerrados. “Se debería consensuar con Edisur, que son los mayores propietarios de este sector, que se libere el recorrido de La Cañada, porque es importante que este corredor también pueda ser un corredor para los vecinos de la ciudad. Que pueda convertirse en un espacio de disfrute y de uso de un arroyo urbano”.

Imagen: Subsecretaría de Turismo de Córdoba capital.

En relación a la inseguridad que pueden generar estos espacios de preservación, Martiarena considera que “no es la inseguridad el problema, sino el déficit habitacional y que es importante poder controlar, y ese control se realiza principalmente a través de la vitalidad de los espacios”, que se mantengan como reserva y como espacio recreativo. “Y mientras más vital sea, mientras más gente vaya, creo que es mucho mejor. Porque, de esa forma, se controla su uso como un espacio educativo, de investigación ambiental y todo eso pasaría a conformarse como una reserva”. 


“Hay que dejar de hablar de la ciudad diferente de la naturaleza”, propone Martiarena con un criterio sustentable; cuando sea Reserva Natural Urbana, “debería extenderse a los barrios que la rodean. Incorporarlos a la Reserva promoviendo el uso de techos verdes, construyendo bosques de bolsillo con plantas nativas en plazas, jardines y veredas, incluso si hay escuelas dentro del mismo barrio, que esas escuelas estén dentro de la Reserva”. Y concluye: “Me parece que esa es la única forma de poder pensar en una transición a una ciudad que sea un ecosistema más habitable”.


Treinta hectáreas en peligro: la urgencia de un pulmón verde

Cuando el intendente Daniel Passerini se refiere al Parque de la Vida, habla de 60 hectáreas que lo conforman, tomando en cuenta las ordenanzas municipales 8800 y 8822/92 que destinaron esa superficie a parque urbano. Sin embargo, hay 30 hectáreas que forman parte del mismo, que tienen un bosque nativo en alto grado de conservación con una gran cantidad de árboles añosos y renovales que, en su conjunto, constituyen una excepción y un privilegio para la ciudad, que nunca fueron incorporadas efectivamente al dominio público.

La Ordenanza 9110/94 declara de utilidad pública sujeto a expropiación a estas parcelas, “las que se transferirán al Dominio Público Municipal con destino a Parque Urbano (área verde)”. Al presente, este proceso de expropiación nunca se concretó. En noviembre de 2025, el dueño de estas tierras contrató a Edisur para realizar un “desmalezamiento selectivo”, según palabras del abogado que representa al Sr. Sabag. Esa práctica se concretó en un desmonte no autorizado, ejecutado con dos palas mecánicas que fue interrumpido por el accionar de los vecinos de Preservando el Parque de la Vida y los inspectores del Instituto de Protección Ambiental y Animal (IPAA) que lo detuvieron legalmente. La destrucción provocada, con árboles arrancados y apilados, dejó el suelo expuesto en una pendiente hacia el arroyo La Cañada y expuso a la ciudad a un desastre si esto llegaba a ser arrastrado por lluvias.

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Imagen: Preservando el Parque de la Vida.

Estas 30 hectáreas forman parte del corredor verde sobre el arroyo La Cañada. El bosque nativo que contienen está en peligro de desmonte o incendio intencional. Si esto ocurre, la ciudad perderá un bosque nativo de años que funciona como esponja y paraguas.


Si la Municipalidad adhiere al Programa Pulmones Verdes de la provincia, se podría declarar el primero de más Pulmones Verdes que necesita la ciudad. En la provincia, ya hay 12 Pulmones Verdes. También sería contundente concretar la expropiación y cumplir con la Ordenanza 9110/94 para incorporar esas 30 hectáreas a la salud pública social y que formen parte de la Reserva Natural de la zona sur

La decisión está en manos de las autoridades, pero la urgencia ya habita en el territorio. Entre la memoria del agua que siempre busca su cauce, el respaldo incontestable de la ciencia y la convicción de los vecinos que defienden el Parque de la Vida, Córdoba se encuentra ante un punto de inflexión. Declarar la Reserva Natural Urbana y proteger estas 30 hectáreas no es frenar el desarrollo; es planificarlo con inteligencia socioambiental. Porque, al final del día, una ciudad verdaderamente resiliente no es la que más cemento acumula, sino la que sabe integrar sus cursos de agua y su biodiversidad originaria al tejido urbano.

*Por Alicia Córdoba para La tinta / Imagen de portada: Gonzalo Viramonte.

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Palabras claves: corredor biológico, La Cañada, Reserva Natural Urbana

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