¿Quién se acuerda de esa casa?

¿Quién se acuerda de esa casa?
11 septiembre, 2026 por Soledad Sgarella

Desde Oncativo, el fotógrafo autodidacta y abogado, Wilson Isaías Bertoloni, construyó Arquitectura Cordobesa, una cuenta que comenzó como un archivo personal de fachadas y terminó convirtiéndose en una comunidad que aporta recuerdos, historias y datos sobre los lugares que forman parte de la identidad de Córdoba. Junto a Jeremías Giotto Camilloni, hoy amplía ese registro hacia la historia oral y recorre edificios, bares, bibliotecas, museos y espacios culturales para recuperar aquello que permanece —y aquello que corre el riesgo de desaparecer— detrás de cada edificio.

¿Cuántas veces pasamos por un lugar y nos quedamos mirando su fachada, tratando de imaginar quién vivió ahí, qué historias habrán quedado entre esas paredes o por qué alguien eligió construirla de esa manera? Cuando hace más de 20 años comenzaron a demoler las casonas de barrio General Paz, yo todavía no tenía celular. Me hubiera gustado guardar en algún registro aquellas casas que acompañaron mi niñez y mi adolescencia, más allá de la propia memoria que, con los años, también puede olvidar. Todavía pienso en la casona de 25 de Mayo y David Luque, y en tantas otras que desaparecieron sin dejar más rastro que alguna foto perdida o el recuerdo de quienes las vieron todos los días. Hoy, un cuarto de siglo después, cuando las redes sociales también pueden convertirse en archivos de una ciudad, hay quienes se dedican a mirar, registrar y reconstruir esas historias antes de que vuelvan a borrarse.

Uno de ellos es Wilson Isaia Bartoloni, fotógrafo autodidacta, oriundo de Oncativo, abogado y apasionado por la historia, el arte y la arquitectura. Desde su cuenta Arquitectura Cordobesa, registra casas, edificios, bares, museos, iglesias y espacios culturales de Córdoba, pero también las historias que sobreviven alrededor de esos lugares.

En diálogo con La tinta, Willy cuenta que el sitio nació durante la pandemia, aunque la idea había empezado bastante antes, en una mesa del Bar Victoria de Oncativo. Allí, tomando un café con su amiga Macarena, Willy le mostraba algunas fotografías que había sacado en Córdoba. “¿Por qué no te hacés una cuenta de Instagram? Hay gente a la que le puede interesar”, le dijo. La sugerencia quedó dando vueltas hasta 2020. Con las calles vacías y la imposibilidad de salir a recorrer, Bartoloni decidió abrir finalmente el perfil y comenzó a publicar las que ya tenía guardadas. Al principio, estaban su familia y sus amigos. Después, llegaron otros seguidores, otros profesionales, personas interesadas en el patrimonio y, sobre todo, habitantes que empezaron a reconocer en esas imágenes algo propio.

La relación de Willy con la arquitectura no empezó con Instagram ni siquiera con la fotografía. La inquietud viene de mucho antes y tiene raíces familiares. Su padre lo llevaba junto a su hermano a museos, iglesias y lugares de interés cultural. Su madre, admiradora de las antigüedades y el arte, alimentó ese interés. Durante la adolescencia, esa curiosidad se convirtió en horas de biblioteca y lecturas sobre historia del arte y, años después, alrededor de una década atrás, comenzó a experimentar con la fotografía. Al principio, eran paisajes y edificios; poco a poco, las fachadas antiguas empezaron a ocupar un lugar central. “Muchas veces hay fotos de un espacio que yo sacaba y, al año, lamentablemente lo demolieron. Entonces, también sirve como un archivo histórico”, cuenta. En 2018, hizo el Diplomado en Desarrollo Local y Economía Territorial en la Universidad Nacional de Villa María. Dos años después, realizó un curso dictado por la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, que le permitió profundizar su mirada sobre el patrimonio arquitectónico argentino. 

Con el crecimiento de la cuenta, los seguidores comenzaron a enviarle lugares para visitar. Le mandan capturas de Google Maps, le recomiendan casas que consideran especiales y aportan información en los comentarios. A veces, una publicación que empieza con una fotografía de un frente termina abriendo una historia que Willy desconocía. “Tal vez yo te puedo saber el estilo, la época, el arquitecto, pero no la historia fina, es decir, quiénes habitaron ese espacio, por ejemplo, su historia”, explica. 

“Siempre sale alguien: ‘Mi papá trabajaba ahí’, ‘allá vivía mi vecina’, y me cuentan toda la historia. Formamos una comunidad en la que juntos vamos haciendo la historia. Eso es lo lindo de todo esto y creo yo que es lo que más disfruto. Además, la gente agradece un montón mostrar este patrimonio cordobés. Últimamente, estuve haciendo en Villa María y la gente está muy agradecida de poder poner en el mapa su ciudad y mostrar lo hermoso que tiene Villa María y ese orgullo que tiene uno por su propia ciudad, ¿no es cierto?”, cuenta. 

Este año, la cuenta sumó un nuevo integrante. Jeremías Giotto Camilloni se incorporó al proyecto y comenzó a trabajar en las recorridas y en la reconstrucción de las historias de los espacios. Su tarea está especialmente vinculada con la historia oral, a partir de las voces de quienes vivieron, trabajaron o transitaron esos lugares. Juntos, hablan de “difundir la arquitectura con historia y los espacios con identidad en la provincia de Córdoba”, para dar a conocer lugares que tienen un valor histórico y cultural, y acercarlos a quienes quizás pasan frente a ellos sin conocer lo que guardan.

Un top five

Cuando le pedimos al abogado que arme sus cinco favoritos, el primer puesto es para el Bar Victoria de Oncativo, acompañado por el Cine Teatro Victoria, que funciona en el edificio contiguo. El Victoria forma parte de sus recuerdos familiares, de los cafés con amigos y de las visitas al cine durante la infancia. “Es mi favorito porque forma parte de mi historia”, dice. También fue uno de los primeros espacios en los que se animó a ir más allá. Durante un tiempo, le daba vergüenza pedir permiso para fotografiar interiores. La gente del Victoria, cuenta, le dio libertad para hacerlo y esa experiencia lo ayudó a animarse a mostrar otros espacios por dentro.

“El Victoria Teatro Bar, inaugurado en 1910, es un verdadero orgullo oncativense y fue construido por don Miguel Aimar, un inmigrante italiano con gran visión de futuro que dejó un enorme legado en su pueblo. Pensar que, en 1910, Oncativo era una pequeña comuna del interior provincial. Su estilo es ecléctico historicista, con predominio del Beaux-Arts francés y matices italianizantes, recordando a los cafés más distinguidos de las capitales europeas durante la Belle Époque. Hoy, además de su legado histórico, ofrece una experiencia única: es uno de los mejores cafés de la zona, ideal para disfrutar de un momento especial y sumergirse en su atmósfera de café de principios de siglo XX. En el mismo edificio y separado por una puerta, nos sorprende encontrarnos con el Cine Teatro que es una verdadera maravilla. Se remonta a 1910 como biógrafo (precursor del cinematógrafo) y fue reinagurado en 1929 como «Cine Teatro Victoria».

En el segundo puesto, aparece Villa Ares, una antigua casona de Alta Gracia que Willy conoce desde chico. Cada vez que iba a la ciudad, se detenía a contemplarla. Este año, volvió a fotografiarla y se puso a investigar su historia: “¿Alguna vez te enamoraste de una casa?: esta es mi casa favorita de las sierras de Córdoba. Esta casona perteneció a ‘Monsieur Ares’ a principios de siglo XX (1915 aproximadamente); en los años 50, abrió como el ‘Hotel Alta Gracia’, de la mano de la familia Morante. Su estilo es Beaux-Arts francés, con un guiño pintoresquista en su torreta-mirador”.

El tercer puesto es para Sorocabana, el café notable que funciona actualmente en el antiguo edificio del Hotel Plaza, frente a plaza San Martín del centro de la ciudad capital. El edificio fue construido en 1912 por el arquitecto e ingeniero Carlos Agote y tiene un estilo Bellas Artes francés. Willy llegó hasta allí a partir de la invitación de sus trabajadores y quedó especialmente marcado por la experiencia de conocer el lugar y conversar con quienes forman parte de su historia. Destaca esa familiaridad que todavía conserva el café y que, según describe, produce una sensación parecida a la de los cafés del interior.

El cuarto puesto es para la Biblioteca Popular Vélez Sarsfield, en barrio General Paz. Willy llegó junto a su amiga Silvana Espinosa y, aunque inicialmente había ido solamente a fotografiar la fachada, los voluntarios los recibieron, les mostraron el lugar y les contaron sobre la tarea que realizan. La experiencia, nos dice, volvió a poner en primer plano algo que atraviesa buena parte del proyecto; detrás de una construcción, hay personas que la mantienen viva y que también forman parte de su historia: “Es la biblioteca popular más antigua de Córdoba. La Biblioteca Popular Vélez Sarsfield, fundada el 11 de mayo de 1909, es la más antigua de la ciudad de Córdoba y un símbolo del trabajo colectivo vecinal, siguiendo el modelo impulsado por Domingo Faustino Sarmiento. Su sede actual desde 1913, en Lima 995 (esquina Félix Frías), es una casona de estilo italianizante de fines del siglo XIX que fuera de la familia Claria, adquirida finalmente en 1921. Es un verdadero referente cultural e histórico de barrio General Paz, declarada Monumento Histórico Provincial. En esta institución, en 1913, se firmó el acta fundacional del Club Atlético Talleres. De 500 libros, pasó a más de 60.000, con unos 500 socios activos y fue destacada por el escritor Juan Filloy. Además de su servicio como biblioteca, actualmente ofrece múltiples talleres culturales que expanden su función comunitaria. Como biblioteca popular, se sostiene gracias a socios y voluntarios vecinales”.

El quinto lugar es para la Catedral de Córdoba, uno de los grandes símbolos arquitectónicos, históricos y culturales de la ciudad: “La Catedral de Córdoba, oficialmente ‘Catedral de Nuestra Señora de la Asunción’, ocupa el mismo solar destinado a la ‘Iglesia Mayor’ desde 1577, convirtiéndose en uno de los edificios más representativos de la historia de la ciudad y una verdadera joya del barroco colonial en Argentina. Su construcción se extendió durante casi 200 años, atravesando derrumbes, reconstrucciones y la participación de arquitectos como José González Merguete, Andrés Blanqui y Fray Vicente Muñoz. El resultado es una obra única donde conviven el barroco colonial americano y el neoclásico, con influencias románicas. Como expresó el arquitecto Jaime Roca, ‘pórtico del Renacimiento clásico, torres y cúpula del Barroco; con elementos del arte indoamericano, mientras que los torreones de la cúpula le dan un carácter románico español’. Su construcción fue impulsada por los jesuitas y con mano de obra nativa proveniente de las estancias; grandes artesanos jornalizados dejaron su huella cultural en los detalles del período barroco indoamericano. Entre sus elementos más destacados, se encuentran la gran cúpula, las torres campanario con los característicos ángeles de rasgos nativos americanos con atuendos originarios у los murales realizados a comienzos del siglo XX bajo la dirección de Emilio Caraffa. Inaugurada en 1758 y consagrada como Catedral en 1784, fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1941. Hoy, continúa siendo uno de los mayores símbolos arquitectónicos, históricos y culturales de Córdoba. Se ubica en pleno casco histórico de la ciudad, frente a plaza San Martín”.

*Por Soledad Sgarella para La tinta / Imágenes: Wilson Isaia Bartoloni – Arquitectura Cordobesa.

asociate-latinta-clubnoatletico

Palabras claves: arquitectura

Compartir: