Teatro físico: “Corroídas”, cuando la cercanía duele más que la distancia
Este domingo 13, se presenta la compañía Tinku con Corroídas, una propuesta de teatro físico y suspensión capilar que indaga en lo paradójico de los cuerpos que buscan equilibrio cuando están en plena caída. La obra conjuga lenguajes que vienen de la actuación, la danza, las acrobacias y el shibari. En esta nota, conversamos con Camila Ordóñez y Rocío Torres sobre la dramaturgia física, el movimiento como un territorio de cruces y la temática de lo vincular que atraviesa toda la puesta.
Tinku es una compañía de artes escénicas que, desde hace tres años, integra teatro, danza y acrobacia en sus propuestas. La técnica aérea se funde con la dramaturgia física mientras conmueven y transforman la experiencia del espectador. Hacer arte en movimiento es investigar con el cuerpo nuevas formas de contar en escena. En esta oportunidad, presentan Corroídas, la puesta que “a través de una coreografía de tensiones, despojos y el riesgo de la suspensión capilar, expone lo que persiste cuando los vínculos se vuelven herrumbre y los cuerpos eligen no soltarse”, explican desde Tinku.
La obra abre una pregunta: ¿quién sostiene a quién cuando el peso de la historia compartida se vuelve insoportable? Dos cuerpos se sumergen en una atmósfera de espejamientos y tensiones para investigar, con y desde el cuerpo, la fragilidad de la resistencia humana, caerse, romperse, resistir y permanecer. Corroídas es cuerpo.



“Un recorrido físico por las marcas que deja el tiempo, una danza sobre la herrumbre de los vínculos donde la cercanía duele más que la distancia. Porque hay verdades que el tiempo no cura, simplemente las oxida. Una pieza sobre la erosión, el dolor de la proximidad y la persistencia de los restos. Una invitación a explorar cómo funcionan algunos vínculos: el control, la estabilidad, los juegos de poder y esa necesidad tan humana de permanecer junto a la otra persona más allá de todo”, cuentan.
La tinta conversó con Camila Ordóñez y Rocío Torres, creadoras de Corroídas y actrices. La obra presenta un gran desafío para lxs espectadores porque no hay palabras, se trata de una dramaturgia física en la que, para contar la historia, cada gesto, mirada, movimiento y acción están guionados con una intención clara. Corroídas comenzó con la excusa de armar un número de suspensión capilar con lonja, disciplina que la primera impresión que causa tiene que ver con el dolor. Pero cuando el dolor se desarma, puede quedar en segundo plano y hacer surgir otras sensaciones, incluso, el placer. La vulnerabilidad que muestran es total y, como en toda práctica humana, requieren de confianza y comunicación. Tensión, peso, fragilidad son las sensaciones que se desprenden de la escena y también aparecen en el encuentro real con un otrx. “Revisando nuestras primeras notas, algunas de las palabras que aparecieron eran control, dominación, marioneta, mundo ansioso. Luego, aparecen opresor/oprimido, controlador/controlado”, recuerdan las artistas.

El proceso de trabajo fue una indagación desde el cuerpo y los límites. “En ese proceso de investigación física, de ir registrando lo que nos pasaba por el cuerpo con esta práctica, fuimos viendo que teníamos mucho más que un número. Fue creciendo y necesitando cada vez más recursos, elementos e involucrar a más personas para conseguir transmitir eso que habíamos encontrado”. En ese momento, sumaron a Lucía Castaños en la dirección, a Sebastián Tévez en la composición musical y música en vivo, y a Emilia Bravo con el diseño lumínico.
En Corroídas, el movimiento funciona como un territorio de cruces. La puesta conjuga lenguajes que vienen de la actuación, la danza, las acrobacias y el shibari. “Fuimos cruzando técnicas para encontrar una sola, la del teatro físico. En esta exploración, tomamos clases de shibari con Drux para que el uso de cuerdas no solo se viera como imaginábamos, sino que también fuera seguro, cuidado y correcto”, comparten en relación al trabajo de estudio que implicó este proceso creativo. “Desde el inicio, tuvimos la intención de no mostrar una serie de movimientos perfectos donde la destreza fuera lo principal, sino que queríamos decir y expresar con cada apoyo, contracción o desplazamiento. Parte de la narrativa pasó a ser la pérdida de la individualidad, no poder ser la una sin la otra”. Con esa premisa, tuvieron que encontrar una nueva forma de movimiento propia y compartida.



“Nos sostenemos de forma literal, cargamos la una a la otra de todas las formas que encontramos posibles. Sostenemos el vínculo a pesar de todo, no nos dejamos ir, cueste lo que cueste. A pesar de rompernos, de caer, de empaparnos. En este sentido, encontramos recursos que nos resonaban narrativa y visualmente: el óxido como representación del paso del tiempo y las circunstancias modificando estructuras, de ahí el nombre Corroídas”.
La obra pone en escena el desgaste de los vínculos llevando el cuerpo al extremo, abre preguntas y discute en relación a lo vincular. Es una apuesta teatral diferente que genera proximidad y sensaciones de complicidad con lo que ocurre en el escenario, es posible sentir casi en primera persona la tirantez, el dolor, el alivio de un abrazo o el hastío. “Supimos en todo momento que queríamos mostrar un vínculo tortuoso, complejo, tóxico quizás. A veces somos hermanas, otras veces amigas, madre/hija, empleador/empleado, pareja, somos todos los vínculos y ninguno es especial, incluso, la representación de las contradicciones en una misma persona”.
“Buscamos incomodar, tensionar, tal vez interpelar, para invitar a repensar desde dónde construimos lo vincular, cuáles son nuestros límites, qué ponemos en juego en el intercambio con un otro y qué nos revelan de una misma las maneras de vincularnos/trascender con un otro al lado”.



Corroídas, un recorrido físico sobre la herrumbre de los vínculos. Este domingo 13 de septiembre a las 20 h en Sala 12 (Santa Rosa 212, Córdoba capital). Entradas en venta en Antesala.
Ficha técnica
Dirección: Lucía Castaños Manavella. Dramaturgia: Camila Ordóñez – Rocío Aylén Torres.
En escena: Camila Ordóñez y Rocío Aylén Torres. Diseño de escenografía: Camila Ordóñez y Rocío Aylén Torres. Diseño coreográfico: Camila Ordóñez y Rocío Aylén Torres. Diseño y operación de iluminación: Emilia Bravo. Diseño y confección de vestuario: Camila Ordóñez. Composición musical y música en vivo: Sebastián Tévez. Diseño gráfico y redes: Ariana Rodríguez.
*Por Inés Domínguez Cuaglia para La tinta / Imagen de portada: Corroídas.
