El TSJ revisó la condena y Paola Ortiz quedó en libertad
El 1 de septiembre, la Sala Penal del Tribunal Superior de Justicia dispuso liberar a Paola Ortiz, después de estar 13 años privada de su libertad con una condena a perpetuidad por una emergencia obstétrica. Después de más de dos años, accedieron al recurso de revisión de la condena que habían elevado las abogadas defensoras acompañadas con una gran red feminista de presión social. No hubo absolución, pero hubo un reconocimiento de que fue juzgada sin perspectiva de género.
El miércoles pasado a la siesta, septiembre ya asomaba con un sol radiante cuando empezó a circular en chats una noticia que anticipó la primavera: el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Córdoba ordenó liberar a Paola Ortiz. Hacía 13 años, 9 meses y 26 días que estaba privada de su libertad en el complejo penitenciario de Bouwer con una condena a perpetuidad por homicidio calificado por el vínculo tras un juicio exprés y sin elementos probatorios concluyentes que indicaran que su bebé nació con vida. Era 2012 y tuvo una emergencia obstétrica, estaba sola en condiciones de muchísima precariedad y con una historia atravesada por años de violencia física, sexual y económica.
En 2015 en primera instancia, la Cámara Correccional y Criminal de Villa María emitió la condena para Paola Ortiz. En 2017, el TSJ emitió la sentencia en segunda instancia. Era una sentencia plagada de estereotipos de mala madre y con una condena desproporcionada, aun si hubieran probado un delito. A la negligencia del proceso judicial se le sumó la falta de perspectiva de género y el estado de emergencia, las vulnerabilidades y la situación traumática de vivir un episodio así.
Rocío García Garro, de la Guardia de Abogadas Feministas de Católicas por el Derecho a Decidir, y Julia Luna, de Fuerza Chuncana, son las abogadas defensoras. Garro destaca que estamos ante un hecho que tiene una importancia que va más allá de la libertad de Paola, que es la consecuencia más concreta y por lo que ellas estaban luchando, y es que este fallo sienta un precedente.
“Que Paola esté libre es resultado de un proceso colectivo de redes feministas que se materializaron no solo en cómo llegamos a conocer su caso, todo el proceso de las organizaciones que asumimos la defensa, que son Católicas por el Derecho a Decidir y Fuerza Chuncana, las 13 presentaciones de amicus curiae de distintas organizaciones. La mesa para la libertad de Paola, que impulsó en la calle y desde donde cobró fuerza el lema de que la libertad para Paola se materialice. Esto un logro colectivo”.

¿Qué dice la sentencia?
La Sala Penal del TSJ de Córdoba mediante los vocales Sebastián Cruz López Peña, Aída Tarditti y María Marta Cáceres de Bollati, dejó sin efecto la prisión perpetua y estableció una condena de 13 años, nueve meses y 26 días, equivalente al tiempo que Paola ya había permanecido privada de su libertad. Por eso, dispuso su liberación inmediata. No la absuelven. Lo que hicieron es dar revisión por el recurso presentado e incorporar elementos que durante estos años pidieron desde su defensa: contemplar las condiciones de precariedad económicas, familiares y habitacionales en las que vivía Paola, las situaciones de violencia y victimización que atravesó y la falta de perspectiva de género en todo el proceso judicial. Atiende a un enfoque interseccional y reconoce la existencia de circunstancias extraordinarias atenuantes.
García Garro, remarca que se reconoció que los estándares de interpretación con perspectiva de género que están vigentes y que surgen de una obligación normativa argentina, por los compromisos internacionales asumidos y por lo que establece la Corte Interamericana en relación a cómo deben abordarse esas situaciones, no fueron aplicados al momento de la sentencia condenatoria de Paola. Es el mismo TSJ el que reconoce que empezaron a aplicar perspectiva de género en fallos posteriores al momento en que Paola fue juzgada.
Para la letrada es destacable que una estructura judicial se muestre un poquito más permeable, siendo que es uno de los poderes más conservadores y el que más lento va en relación a avances y desarrollo en materia de derechos. En este sentido, Julia Luna expresó: «Nos estábamos enfrentando al TSJ, máxima autoridad judicial en la provincia y con una sentencia que era prácticamente irreversible porque era una condena perpetua. Y logramos que hicieran lugar al recurso de revisión y logramos la libertad de Paola».
“Este fallo trae una luz para empezar a analizar desde una perspectiva interseccional y de género en casos similares y fija estándares a la hora de cómo deben abordarse situaciones similares y obliga a los cuerpos inferiores a seguir con ese estándar. No es un fallo perfecto, por la naturaleza de la revisión del recurso, no se pueden reanalizar a la luz de nueva prueba los hechos, que es el fondo de la cuestión. Esto fue lo que sostuvieron dos de los vocales, no así Tarditti, pero como se define por mayoría, no se analizó el fondo de la cuestión”, explicó la abogada.
“La conducta de la imputada se desplegó en un contexto cuyos factores determinantes configuran un cuadro de menor culpabilidad, derivado de una situación de estrechez económica, dependencia económica y habitacional de la familia de su expareja, aislamiento por parte de sus amistades, temor (…) y estrés verificados en la etapa del puerperio”, expresa la sentencia.

Se analizó el contexto y se hizo una valoración de la situación de Paola al momento del hecho y se cuestionó que se hubiera juzgado su comportamiento a partir de determinadas expectativas sobre cómo debía actuar una “buena madre” frente a una emergencia obstétrica. Es una conquista que marque estándares jurídicos porque, como Paola, hay muchas presas más en las cárceles del país, condenadas injustamente por parir. «Que este camino y esta sentencia sirvan para que nunca más una mujer sea criminalizada y condenada injustamente», afirma Luna.
“Ahora queda seguir reclamando por los derechos que le corresponden a Paola. Queda mucho camino por seguir porque los casi 14 años que ella estuvo privada de la libertad no se recuperan. Pero que Paola esté en su casa, que pueda salir a la calle, que pueda volver a ir a un supermercado, a elegir la ropa que quiere usar, la comida que quiere comer, no es poca cosa, es devolverle la vida a una persona, ni más ni menos”.
* Por Verónika Ferrucci para La tinta. Foto de tapa: A/D.
