El bingo: orígenes, evolución y la perdurabilidad cultural
El bingo es un juego de azar con una historia marcada por la constante evolución y los cambios que se producen en función de las diferentes culturas y tradiciones locales. La tecnología y la globalización han propiciado el bingo online, que ha llegado a un número aún mayor de jugadores deseosos de ganar un premio. Sin embargo, además de ser un juego de azar, el bingo también se ha convertido en una herramienta para aprender y para conectar con los demás.
Las raíces históricas del bingo
Se cree que el bingo surgió en la época de los bárbaros y de los poderosos gobernantes que recaudaban impuestos mediante la extracción de bolas numeradas de un recipiente. Estas bolas representaban a distintas villas o aldeas, y los cobros de tributos (en oro, joyas o minerales) se realizaban según los aciertos de la suerte.
Con el paso del tiempo y el desarrollo de nuevas leyes en la sociedad romana, estas dinámicas evolucionaron de mecanismos de recaudación fiscal a actividades de entretenimiento para los viajeros, junto con juegos como los dados y las barajas.
Sin embargo, los historiadores concuerdan en que el antecesor directo del bingo como lo conocemos hoy es “Il Giuoco del Lotto d’Italia”, la lotería nacional italiana creada en 1530. Este juego, que aún se celebra cada sábado en el país, compartía la misma dinámica operativa básica: bolillero, bolas numeradas y cartones.
En 1770, el juego llegó a Francia bajo el nombre de “Le Lotto”. Rápidamente fue adoptado por la aristocracia, que incorporó fichas y la mención de números en voz alta. Para el siglo XIX, el bingo ya se había extendido por el continente europeo. Curiosamente, en Alemania, el juego se convirtió en una herramienta educativa eficaz para enseñar a los niños las tablas de multiplicar, el deletreo y la historia.
Posteriormente, el juego arribó a Norteamérica como una atracción popular en ferias locales llamada “Beano”. En 1929, el comerciante Edwin Lowe, oriundo de Nueva York, presenció la gran popularidad del juego en un carnaval de Atlanta. Se dice que, al crearlo con sus amigos, una jugadora emocionada gritó por error “Bingo” al completar su cartón, acuñando así el nombre definitivo del juego.
Poco después, un sacerdote en Pensilvania utilizó el bingo para recaudar fondos parroquiales, lo que llevó a Lowe a contratar al matemático Carl Leffler para desarrollar más de 6,000 combinaciones únicas de cartones de bingo. Esto impulsó la adopción masiva del juego en iglesias así como en eventos de caridad, lo que promulgó su popularidad alrededor del mundo.
El bingo en la época moderna: salas especializadas, juego online y más
En 1993, el gobierno nacional autorizó las salas de bingo en la Ciudad de Buenos Aires. Cinco de estos establecimientos fueron autorizados: en el centro, microcentro, Congreso, Flores, Caballito y Belgrano. En 1996, cerca de 4 millones de argentinos jugaban al bingo en la Capital y la venta de cartones superó los 325 millones de pesos.
La década de los 90 también dio lugar a otro acontecimiento importante: la creación y popularización de la World Wide Web (www). Gracias a esto, el internet, cuya versión moderna había surgido en 1983, se abrió de forma masiva a los hogares y al público en general.
Pronto, los juegos de azar tradicionales comenzaron a adaptarse al formato digital. Los sitios web de póker, dados y tragamonedas de casino online empezaron a atraer a millones de jugadores en del mundo. El bingo también se convirtió en una parte integral del catálogo de juegos de estas plataformas en línea.
Más allá de las salas de bingo y los casinos en línea, el juego se ha convertido en una herramienta útil para la enseñanza. En el área de idiomas, por ejemplo, los educadores utilizan cartones en los que los números se sustituyen por imágenes y palabras de nivel principiante. También existen programas personalizados para crear cartones de bingo que ahora permiten a profesores y padres crear tarjetas de bingo utilizando su propio contenido.
En contextos sociales, el bingo suele practicarse no con el fin de ganar una recompensa monetaria, sino para conectar con otras personas. El bingo social, por ejemplo, consiste en encontrar a alguien que cumpla los criterios descritos en cada celda del cartón: que hable dos idiomas, que tenga un perro, que toque algún instrumento, etc.
Los tipos de bingo más comunes en la actualidad
Aunque la dinámica general del bingo consiste en marcar los números cantados, existen dos modalidades principales con características distintivas:
- Bingo de 75 bolas: Se utiliza un bombo con 75 bolas. Los cartones cuentan con 24 números distribuidos en 5 columnas bajo las letras B-I-N-G-O (con un espacio libre central). Se puede ganar completando la totalidad del cartón o logrando patrones geométricos o letras predeterminados.
- Bingo de 90 bolas: Es la variante preferida en Europa y la más jugada globalmente. Sus cartones contienen 15 números organizados en 3 filas y 9 columnas, intercalados con espacios en blanco. Ofrece hasta tres formas de ganar: al completar una línea horizontal, al marcar dos líneas o al cantar “bingo” tras tachar los 15 números del cartón.