Más allá del relato de las pruebas Aprender 2025
Los resultados del Operativo Nacional Aprender 2025 son motivo de publicidad provincial. Córdoba logró los mejores desempeños del país en Lengua y Matemática, y quedó por encima de la media nacional. Y el gobernador Llaryora expresó: “Queremos llegar a los mejores estándares mundiales y sabemos que tenemos el equipo para lograrlo”. En esta nota, el autor se pregunta cómo leer estos datos y se pregunta, entre otras cosas, si solo las variables de rendimiento reflejan mejoras significativas en educación, en un contexto marcado por el desfinanciamiento educativo.
Por Jorge Lorenzo* para La tinta
Los organismos nacionales y provinciales que proveen información estadística sobre variables sociodemográficas, educativas o económicas están siendo objeto de escrutinio crítico por parte de otros organismos no gubernamentales por el uso descuidado que se hace de los datos estadísticos. En algunos casos, se habla con el eufemismo de “estadística creativa” o el anglicismo “cherry picking”, y lo que se pretende enfatizar es que, ante la información disponible, se elige solo la que muestra lo que favorece un relato y se esconde cualquier otra interpretación alternativa o discrepante.
La publicación de datos de la economía real, como el índice de precios al consumidor o la tasa de inflación que hace el gobierno nacional, es inmediatamente contestada con otra evidencia que devalúa o contradice la información oficial. Lo paradójico es que la fuente de donde se obtienen esos datos muchas veces es la misma: los reportes del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). Frente a esto, quedamos en un estado de indefensión cuantitativa, sin acceso a las fuentes y, en caso de tenerlo, sin saber cómo interpretar la miríada de datos en los sitios en los que se encuentran disponibles. La economía es un caso particular, dado que las consecuencias se perciben fácilmente en la vida cotidiana, pero ¿qué ocurre con otras estadísticas menos evidentes como el área de salud o la educación? En este último caso, las personas no tienen más remedio que confiar en la autoridad de quienes comunican los resultados a través de los medios.

Así nos enteramos de que los resultados obtenidos por Córdoba en el Operativo Nacional Aprender 2025 pusieron de manifiesto una mejora sostenida en los aprendizajes de Matemática, ubicando a la provincia significativamente por encima de la media nacional. Según el gobierno provincial, esto no puede atribuirse al azar, sino que es producto de las políticas educativas provinciales en formación docente continua, innovación pedagógica y el uso intencional de herramientas tecnológicas para fortalecer la enseñanza en todos los niveles del sistema educativo.
El documento del Gobierno provincial subraya que: “El pilar pedagógico de esta transformación radica en la implementación del Currículum Córdoba y las Progresiones de Aprendizaje para Matemática, que renovaron las propuestas de enseñanza desde el Nivel Inicial hasta la Educación Secundaria”. Y continúa enumerando las razones de este logro, como la política en el desarrollo de capacidades en oralidad, escritura y matemáticas del Compromiso Alfabetizador Córdoba, y las iniciativas del Programa M+M Maestro/a Más Maestros/as. A esto, se suma el fortalecimiento de la carrera docente, las jornadas de capacitación y acompañamiento institucional, y la inclusión de tecnologías digitales como la plataforma educativa gamificada Matific, utilizada por más de 40.000 usuarios activos.
Semejante nivel de logro en un área tan castigada como la educación, donde los presupuestos han ido a la baja, los salarios apenas superan el nivel de subsistencia y el personal docente en su mayoría se sostiene con pluriempleo, aparece como un nuevo milagro cordobés. Pero hay preguntas que aún siguen sin contestarse y, de ser un avance genuino en la educación de Córdoba, seguramente se podrán aclarar sin demasiadas dificultades.
¿Se ha controlado el efecto promedio nacional?
La cuestión es simple, Córdoba es un valor singular en el conjunto de datos compuesto por todas las jurisdicciones, subir en el promedio no necesariamente significa haber mejorado significativamente, basta con una leve mejora en un contexto en el que otras jurisdicciones caen; de ser este el caso, no hay ganancia real, sino un cambio posicional en la serie promediada. Esta pregunta se torna relevante sabiendo que el desfinanciamiento de la educación en Argentina durante 2025 se caracterizó por una reducción histórica de la inversión, consolidando un ajuste que comenzó en 2024.
Según informes del Instituto Marina Vilte de CTERA, la inversión nacional en la función «Educación y Cultura» sufrió una caída real del 47,7% entre 2023 y 2025. En términos de Producto Bruto Interno (PBI), la contribución directa del Estado nacional descendió del 1,43% en 2023 al 0,75% en 2025, alcanzando un piso histórico. Si se considera el financiamiento educativo consolidado (nación y provincias), este se redujo al 4% del PBI, incumpliendo la meta legal del 6% establecida por la Ley de Financiamiento Educativo. El ajuste no fue homogéneo, afectó con mayor severidad a la educación básica y los programas socioeducativos. En educación obligatoria, los programas registraron una reducción real del 76,5%. La inversión en construcción y mantenimiento escolar cayó un 58,5%. Iniciativas emblemáticas como el Plan Conectar Igualdad y el programa de Fortalecimiento Territorial vieron sus presupuestos eliminados o reducidos en más de un 90% en comparación con años anteriores. Las becas estudiantiles y la formación docente también sufrieron recortes superiores al 60%.
El dato que destaca en este contexto es la no ejecución de fondos; a pesar de los recortes iniciales, durante el transcurso del año, quedaron más de 135.000 millones de pesos del presupuesto educativo asignado sin gastar. Organismos gremiales y de control interpretaron esto como una política deliberada de vaciamiento del sistema, donde la reducción del gasto se priorizó incluso por encima de lo permitido por el propio presupuesto aprobado.
Si se descarta el efecto promedio, ¿cómo se verifica el efecto causal entre las políticas provinciales y las mejoras en el rendimiento académico de los/as estudiantes de Córdoba?
Un axioma de la estadística es que la correlación no implica causalidad, dos fenómenos pueden darse al mismo tiempo sin ser uno causa del otro. Atribuir los logros alcanzados a las políticas educativas requiere, al menos, demostrar que efectivamente han sido esas políticas las que han llevado a los resultados observados. Las ciencias de la educación proveen de un arsenal metodológico para evaluar el impacto de una política pública en educación, especialmente en contextos donde no es posible realizar experimentos aleatorios (como en el sistema educativo nacional).
Estos métodos buscan reconstruir un contrafáctico para aislar el efecto causal de la intervención. Organismos como la CEPAL ofrecen manuales de procedimiento estandarizado para obtener resultados explícitos del éxito de una política educativa, observadas en mediciones de impacto. Solo por mencionar algunas de estas metodologías, quizás las más reconocidas: Diferencia en Diferencias (DiD); Emparejamiento por Puntaje de Propensión (PSM); Discontinuidad en la Regresión (RDD), en estos, se definen indicadores cuantitativos en tres dimensiones críticas, alineados con los datos disponibles en Resultados de Aprendizaje, Trayectoria Educativa, Equidad y Brechas Socioeducativas. Estimamos que esos estudios de impacto educativo pronto estarán disponibles para la comunidad de investigadores y los decisores de política educativa, si es que estamos frente a una política educativa exitosa.
¿Solo las variables de rendimiento reflejan mejoras significativas en educación?
El Operativo Aprender 2025 tiene una estructura de evaluación que se organiza en tres cuestionarios de contexto, Estudiantes, Docentes y Directivos, que operacionalizan variables en dimensiones clave, tales como: a) entorno familiar y educativo del alumnado, variables centradas en nivel socioeconómico y recursos del hogar; b) condiciones de enseñanza y aprendizaje, cruza información de los tres cuestionarios y aparecen reflejados los indicadores sobre trayectoria docente, carga horaria, prácticas de enseñanza, clima de aula, infraestructura y recursos institucionales, gestión directiva; c) aspectos socioemocionales, con la inclusión de un cuestionario específico de «habilidades socioemocionales» para estudiantes (y módulos relacionados para docentes y directivos sobre clima escolar). En la base de datos pública, estas dimensiones suelen estar representadas por índices compuestos que resumen múltiples variables individuales, además de las variables de cada pregunta del cuestionario. Es decir, el operativo Aprender cuenta con más de una centena de variables distribuidas en múltiples dimensiones, suficientes para encarar estudios minuciosos sobre el impacto de las políticas educativas.
Celebramos que Córdoba anuncie que el operativo Aprender 2025 haya mostrado mejoras significativas y sostenidas en los aprendizajes de Matemática. Pero enunciar un hecho tan importante como este requiere, al menos, de pruebas basadas en evidencia tan contundentes como el propio anuncio. La comunidad docente investigadora en Ciencias de la Educación lleva mucho tiempo escrutando científicamente el campo de la pedagogía a la espera de mejoras significativas como las proclamadas, pero el contexto actual, donde las estadísticas se vuelven creativas o se selecciona la información estadística conveniente, no confirman una práctica que lleve a mejorar la situación, ni de los docentes ni de los gestores de políticas educativas.
Parafraseando a Gret Biesta, las mediciones comparativas a gran escala del desempeño de los sistemas de educación nacionales pueden soslayar el debate sobre las buenas prácticas de enseñanza, reemplazándolo por preguntas técnicas sobre la producción eficaz de un conjunto particular y delimitado de resultados educacionales. El enfoque técnico y administrativo respecto de cómo se considera la rendición de cuentas en la educación no es suficiente para promover un debate más sofisticado, variado y reflexivo acerca de cuáles podrían ser los parámetros de una buena educación en escuelas, colegios, universidades y en otros entornos e instituciones de educación.
Como científica/os sociales, aguardamos la evidencia que aperture discusiones fructíferas respecto del proyecto educativo cordobés.
*Por Jorge Lorenzo para La tinta / Imagen de portada: A/D.
*Voces en Educación es una columna institucional de la Escuela de Ciencias de la Educación (ECE) de la UNC, un espacio de comunicación pública de la ciencia del campo educativo local.
