“Te cuento, otra historia. Tinku de saberes indígenas y académicos”: cinco conversaciones para escuchar la historia que “la Docta” dejó al margen
La serie audiovisual reúne a referentes de comunidades indígenas e investigadores de la UNC ―y forma parte de la intervención artística Un pueblo de indios― en el Centro Cultural de la Universidad Nacional de Córdoba. Los capítulos abordan historia, lengua, territorio e identidad desde el intercambio entre distintos modos de producir conocimiento. “Nuestras identidades no son pobreza, son territorio”, expresó Pamela Barrionuevo, la educadora e integrante de la comunidad familiar Barrionuevo-Bravo del pueblo nación camiare comechingón, durante la apertura.
¿Quién decide qué saberes son legítimos? ¿Qué historias quedan fuera cuando una institución establece qué puede ser considerado conocimiento? Esas preguntas van y vienen por Un pueblo de indios, la intervención inaugurada ayer, jueves 30 de julio, en el Centro Cultural de la Universidad Nacional de Córdoba. Y también atraviesan Te cuento, otra historia. Tinku de saberes indígenas y académicos, la serie audiovisual que reúne a investigadores de la UNC y referentes de comunidades indígenas para conversar sobre historia, lengua, territorio, identidad y memoria, y que propone revisar uno de los relatos más arraigados de la provincia: la construcción de la llamada «Córdoba Docta» y el lugar que históricamente les asignó —o negó— a los pueblos indígenas.
La serie es parte de la obra de la dupla compuesta por el cineasta Federico Robles y el historiador Pablo S. Reyna —integrante del pueblo nación camiare (comechingón)—, obra que, a su vez, funciona como el marco de esos encuentros. Fotografías históricas y contemporáneas de familias indígenas, una proyección audiovisual y el poema «Te cuento», escrito e interpretado por Reyna, dialogan con un edificio que, durante siglos, fue uno de los espacios desde donde se legitimó una determinada idea de ciencia, de historia y de verdad.

En el texto que acompaña la obra, los autores plantean que la academia «ha sido muchas veces el sello burocrático que legitimó ese vaciamiento», en referencia a la construcción histórica que sostuvo la desaparición de los pueblos indígenas de Córdoba. La intervención propone «desacralizar los monumentos del saber», dicen, y volver sobre una pregunta que atraviesa toda la experiencia: «¿Quién tiene autoridad para producir verdad?».
Cinco encuentros para pensar otros modos de producir conocimiento
Los capítulos fueron concebidos como espacios de encuentro entre dos formas de producir conocimiento que, históricamente, transitaron caminos separados. El concepto de tinku —que, en el mundo andino, remite al encuentro, la disputa y el intercambio entre partes diferentes— organiza el espíritu de una propuesta que busca poner en tensión, pero también en diálogo, los saberes académicos y los comunitarios.
Los cinco episodios abordan problemáticas distintas a partir de conversaciones entre especialistas y representantes indígenas:
El idioma y las formas del habla, con la lingüista Beatriz Bixio y Erick Rojas, de la Comunidad La Unión (Pocho).
Identidades indígenas contemporáneas, con el antropólogo José María Bompadre y Gabriel Correa Luna, de la Comunidad Luisa Campos.
Genética, identidad y antropología, con Pierre Luisi, investigador del CONICET, y Gabriela Luján, de la Comunidad Cerro Colorado.
Los que cuentan las historias, con la historiadora Sonia Tell y Jorge Ferrer Acevedo, del Pueblo de La Toma.
El territorio: nociones y apropiaciones, con el geógrafo Lucas Palladino y Mariela Tulián, de la Comunidad Tulián de San Marcos.
Un texto en primera persona
La inauguración también incluyó un momento con las palabras en primera persona de Pamela Barrionuevo, educadora e integrante de la comunidad familiar Barrionuevo-Bravo del pueblo nación camiare comechingón.
A partir de su historia personal y familiar, la autora enlaza memoria, territorio, universidad e identidad para poner en discusión los mecanismos que, durante décadas, invisibilizaron la presencia indígena en Córdoba.
“Nuestras identidades no son pobreza, son territorio. Hackear el relato de la Córdoba Docta”.

“Escribo estas líneas como quien junta las migas de la mesa luego de una reunión familiar: no para tirarlas, sino para dárselas a los pajaritos que rondan el patio, comenzando así un pequeño ciclo nuevo.
Aunque soy muchas cosas —educadora, compañera, madre, mujer indígena—, soy, ante todo, pasado-presente y el camino que construyo junto a mi familia. Mis raíces están hundidas en el norte cordobés: por el lado paterno, en el departamento Minas (Ojo de Agua); por el materno, en Cerro Colorado y Caminiaga. Como tantas otras, mi familia fue forzada a migrar debido al despojo de tierras, buscando en la capital una «oportunidad» que terminó traduciéndose en el hacinamiento de los barrios de las periferias. Nací y crecí en Barrio Renacimiento, un sector que brotó de la toma de viviendas originalmente destinadas a la policía. Allí, la identidad indígena fue rápidamente sepultada bajo la etiqueta de «pobreza».

Crecimos en un barrio popular rodeado de talleres de calzado e indumentaria, donde trabajábamos con mis hermanas desde que tenemos memoria. Yo misma aprendí a hacer trenzas para sandalias a los cinco años, antes de que mis manos conocieran los libros.
Crecimos con la «deuda del despojo» a cuestas: sacando fiado, financiando abogados y viendo a mis viejos trabajar hasta que sus cuerpos dijeron basta. Mi viejo, albañil desde niño, dejó la escuela en segundo grado porque las aulas no eran un lugar para pobres, indios y negros. Él, que construyó tantas escuelas y obras públicas en esta ciudad, tuvo que luchar décadas para que el Estado nos reconociera como dueños de nuestra propia casa del IPV, enfrentando intereses usurarios en una resistencia colectiva junto a más de 200 vecinos; una lucha que, al día de hoy, continúa.

Esta experiencia de vida choca de frente con la Córdoba que se narra a sí misma como «la Docta». Esa ciudad que se pretende blanca, ilustrada y europea, pero que ha edificado un discurso sistemático de extinción sobre los pueblos indígenas. Para «la Docta», no existimos; somos, a lo sumo, un «legajo», un «archivo» o una «creencia folclórica» (tomando prestadas las palabras de Reyna y Robles).
Mi propio tránsito por la Universidad Nacional de Córdoba fue un reflejo de esa exclusión. Mientras trabajaba diez horas diarias en una fábrica de indumentaria, planchando camperas hasta el agotamiento, intentaba cursar en comisiones de cientos de estudiantes donde mi identidad era solo un número de DNI. La universidad, en su concepción winka (blanca), muchas veces nos hace sentir que hablamos distinto, que no entendemos, empujándonos a la deserción al no reconocer nuestros saberes como legítimos. Recién en el Instituto de Culturas Aborígenes (ICA) pude reivindicar mi procedencia y tejer un conocimiento nuevo desde mi propia historia familiar.

Es desde este lugar, desde la periferia que no calla, que quiero invitarles a la instalación artística. Esta obra no es solo arte: es un dispositivo de disputa. La obra propone una fractura dialéctica en los muros centenarios de la universidad. A través de un dispositivo circular con fotografías de familias indígenas y el susurro incómodo de un poema del propio Reyna, la obra busca «hackear» el relato oficial de que, en Córdoba, no hay indios. Es un tinku de saberes: un encuentro y una disputa entre la autoridad académica y el saber ancestral que reside en nuestros relatos transmitidos por generaciones.
Les invito a conocer estas presencias que la historia intentó volver fantasmagóricas. Vengan a interpelar a «La Docta» y a reconocer que la autoridad para producir verdad no está sólo en los ficheros de una biblioteca, sino en las manos curtidas, como las de mi viejo albañil, o en la memoria de las mujeres que, desde la periferia, seguimos diciendo: aquí estamos”.

Ficha
Un pueblo de indios es una producción conjunta de la Universidad Nacional de Córdoba, el Instituto de Culturas Aborígenes y Federico Robles, con el apoyo de la Subsecretaría de Cultura de la UNC, el Centro de Promoción y Producción Audiovisual (CePPA), los Servicios de Radio y Televisión de la UNC (SRT) y la productora audiovisual Ideas por Rosca.
Del 30 de julio al 31 de agosto en el Centro Cultural UNC (Obispo Trejo 314, Córdoba capital), con entrada libre y gratuita.
*Por Soledad Sgarella para La tinta.
