La Quimera cumple: romance y comedia en la pantalla grande del Cineclub Municipal

La Quimera cumple: romance y comedia en la pantalla grande del Cineclub Municipal
17 julio, 2026 por Redacción La tinta

El Cineclub La Quimera festeja a lo grande su 45° aniversario: lo hará con una función especial el viernes 24 de julio a las 20:30 h en la sala mayor del Cineclub Municipal Hugo del Carril. La elegida para esta ocasión es Un diván en Nueva York, una comedia romántica, tierna y delirante, filmada por Chantal Akerman y protagonizada por Juliette Binoche en París y Nueva York. En la función, habrá sorteos para el público y un brindis después de la película. Para conversar sobre esta función aniversario y sobre la programación del mes, dialogamos con algunos de los integrantes del equipo de La Quimera.

La celebración de los 45 años de La Quimera es también una invitación a pensar qué significa sostener un cineclub durante más de cuatro décadas. ¿Por qué elegir una comedia romántica para un aniversario? ¿Qué busca un cineclub cuando programa una película? ¿Y qué prejuicios persisten sobre un género que suele ser menospreciado? De esas preguntas parte esta conversación con Gabi Von e Iván Zgaib, integrantes del equipo de La Quimera.

―¿Qué los hizo elegir Un diván en Nueva York para celebrar este aniversario?

Gabi Von: Queríamos compartir, en esta función tan especial, una película que nos pareciera increíble, pero que también representara algo de la búsqueda de La Quimera como cineclub. Para esto, nos pusimos a recorrer la historia de las películas que hemos pasado y que hemos ido haciendo nuestras. Finalmente, llegamos, con mucho entusiasmo por parte de todos, a Un diván en Nueva York, dirigida por la gran Chantal Akerman, directora belga que nos fascina y de quien hemos pasado muchas películas a lo largo de los años. Su figura, a pesar de ser prestigiosa en los ámbitos más cinéfilos, se hizo más conocida recientemente a partir de que su película Jeanne Dielman quedara en primer lugar en la enorme encuesta de las mejores películas de la historia, realizada por la revista de cine Sight and Sound (posición que durante décadas solo ocuparon El ciudadano Kane de Orson Welles y Vértigo de Alfred Hitchcock). Jeanne Dielman era una propuesta radical, formalista y filmada en el contexto de la segunda ola feminista. Pero la película que decidimos pasar es la que Akerman filmó pensando en, por fin, hacer algo que pudiera gustarle a su mamá. Un diván en Nueva York nos permite posicionarnos en un punto que es propio de La Quimera, el de la conjugación doble entre lo popular y lo experimental, el de poder tener una mirada crítica, por un lado, y amorosa, por otro, que nos permita ver el cine sin esnobismos o prejuicios.

un-divan-en-nueva-york-pelicula-la-quimera-cordoba

―¿De qué va la película?

Gabi: El argumento es un pequeño enredo: un psicólogo intercambia su departamento de Nueva York con una mujer de París por unas semanas, pero, cuando regresa, descubre que ella está atendiendo a sus pacientes a escondidas y él mismo empieza a hacerse tratar, haciéndose pasar por otra persona y conociendo de a poco a esta encantadora “impostora”. Chantal Akerman hace una comedia romántica con una sensibilidad propia que termina dándole forma a una película verdaderamente única. Siendo esta una gran comedia romántica, decidimos insertar la función especial en el contexto de un ciclo más grande que venimos haciendo durante julio: «Los dorados ochenta: comedias románticas para un invierno gris».

―¿Por qué decidieron enfocar la programación del mes en la comedia romántica?

Iván Zgaib: Como cineclubistas, creemos que parte de nuestra tarea consiste en poner el ojo sobre películas que pueden pasar desapercibidas y ofrecerle al público un mapa posible para recorrer el cine. Muchas veces, eso implica programar películas extrañas, de directores que son prácticamente anónimos y desconocidos, o que proponen experimentaciones radicales con los materiales del cine. Recientemente, por ejemplo, hicimos un ciclo de cine indio, cuyos autores tienen poca circulación en Argentina; o un ciclo curado por Nicolás Carrasco sobre cine peruano, un país cuya cinematografía prácticamente parece venir de otro planeta por el desconocimiento que tenemos de ella (incluso nosotros mismos). Quiero decir, en todos esos casos, la tarea es adentrarnos en zonas oscuras del cine. Pero, otras veces, nuestro rol también implica rescatar películas o formas cinematográficas que quizás no son extrañas ni desconocidas, pero que, por distintas razones, se han ignorado. Películas que tienen la apariencia de ser inofensivas o directamente basura, que no parecen lo suficientemente cinematográficas ni profundas como para merecer nuestra atención. Y el ciclo de comedias románticas se inserta un poco en esa línea. Quizás no se trata de una zona oscura del cine, sino una sobre la que ha habido tanta luz que hemos dejado de verla con claridad: quedamos encandilados por ella. Pocas personas podrán decir que no conocen las convenciones de este género o que desconocen a Madonna, Audrey Hepburn y Juliette Binoche (algunas de las actrices en estado de gracia que aparecen en nuestra programación del mes), sin embargo, ¿qué hace que una comedia romántica sea una buena película? ¿Por qué pasar este género en un cineclub?

―¿Cuáles dirían que son los prejuicios más comunes sobre el género?

Iván: Lo fascinante de la comedia romántica es cómo se transformó en un blanco de sospechas desde los lugares más inesperados y diversos. Se dice que es una forma de entretenimiento descartable, hecha en autopiloto apenas para sacarle dinero a la gente. Se dice que son películas de guion, teatrales, de la palabra, que desconocen o no tienen ningún tipo de interés por trabajar con las imágenes y los sonidos; es decir, por trabajar con la materia que hace que el cine sea cine (estos detractores dirían: ¡La comedia romántica no es ni arte ni cine!). Se dice que es un género para chicas tontas que sueñan con el amor, que se distraen con bobadas y desconocen lo que verdaderamente es importante en la vida y en el cine. Se dice que produce un imaginario reaccionario, que sacraliza el amor, que condena a las mujeres a una vida circunscrita a los hombres, que nos aliena a todos por completo. 

Podríamos decir entonces que los enemigos de la comedia romántica reúnen a tipos tan dispares como machirulos, feministas, puristas del cine y del arte. Y es cierto que hay películas del género que son pésimas, que están hechas sin ningún tipo de cuidado, que producen un imaginario paupérrimo y conservador. Pero también es cierto que existen películas del género y autores que trabajaron dentro de sus fronteras que hicieron cosas maravillosas: que fueron maestros y maestras en el trabajo con la emoción, con el ritmo, con el modo misterioso en que el rostro de los enamorados aparecen sobre la pantalla, y adquieren otro matiz, otra dimensión.


Ante los prejuicios, nuestra programación del mes responde por sí sola: estos sí son grandes exponentes del cine (de una zona posible dentro del cine), que son delirantemente divertidas y, al mismo tiempo, producen un pensamiento liberador sobre nuestras vidas, sobre el modo en que nos relacionamos unos con otros e intentamos formar una comunidad. 


―¿Cómo ven ese rasgo en Un diván en Nueva York?

Iván: Hay algo de esta película de Akerman que hace eco de otras de las películas del ciclo y que también me parece interesante para rebatir algunos prejuicios. En parte, el poder de estas comedias románticas es que se presentan como laboratorios de pensamiento sobre el amor y la vida social. En muchas de ellas, como en Un diván en Nueva York, los personajes deben mentir, asumir otras identidades o fingir que se enamoran de alguien, y terminan creyendo en su propia actuación. Después de todo, se enamoran o se convierten en esa otra persona que habían jugado a ser: descubren algo de sí mismos actuando y ya no pueden volver a ser los que eran antes. El amor en estas películas aparece como una ficción y la vida social como un teatro en el que continuamente protagonizamos roles (somos amigos, hijos, hermanos, psicólogos, pacientes). Todos, como los personajes de Akerman, protagonizamos ficciones cotidianas, a veces tan buenas, tan convincentes, que terminamos creyendo en ellas. Olvidamos su naturaleza artificiosa y entendemos algo que no habíamos entendido hasta entonces. ¿No es esa la aspiración de toda ficción? Ser tan efectiva, tan precisa y tan sentida que logra engendrar una verdad. Y Akerman es una visionaria para hacernos sentir y creer en su ficción. 

La función aniversario donde vamos a pasar Un diván en Nueva York se realizará el viernes 24/07 a las 20:30 h en la sala mayor del Cineclub Municipal Hugo del Carril. Entre los premios que vamos a sortear, habrá: dos pósters enmarcados de películas de dos de nuestros directores favoritos, Chantal Akerman y Yasujiro Ozu; el libro Destellos de belleza de Jonas Mekas, otro de los cineastas que más queremos; y un mes de abono de socios en el Cineclub Municipal. Al finalizar la función, haremos un brindis en el hall del Cineclub.

*Por Redacción La tinta / Imagen de portada: Un diván en Nueva York.

Suscribite-a-La-tinta

Palabras claves: Cineclub Municipal Hugo del Carril, La Quimera, película

Compartir: