El dulce tesoro de los bosques: Melisa y las meliponas

El dulce tesoro de los bosques: Melisa y las meliponas
Daniel Diaz Romero - La tinta
17 julio, 2026 por Daniel Díaz Romero

Mientras la industria apícola se enfoca en la abeja europea, el norte de Córdoba protege a las meliponas, abejas autóctonas sin aguijón que actúan como sensores vitales del ecosistema. En una alianza entre la academia y el conocimiento rural, se busca rescatar a la «abejita de la miel rosada», pieza esencial de la biodiversidad que enfrenta el peligro del desmonte y la desatención del Estado. La bióloga Melisa Geisa recorre desde hace veinte años el noroeste de la provincia, rastreando estas especies en aserraderos y montes para asegurar la vida del bosque maduro. Su labor es un esfuerzo conjunto que combina la ciencia con la tradición campesina, luchando contra el tiempo frente a los incendios, los agrotóxicos, la crisis climática y la falta de leyes protectoras.

La abeja «quella», el termómetro biológico del monte cordobés 

Cuando camine por el monte cordobés o descanse junto a un río, es posible que unas pequeñas abejas negras y sin aguijón revoloteen a su alrededor, atraídas por su transpiración. Si esto sucede, hay dos motivos para alegrarse: primero, la ciencia confirma que buscan minerales en el sudor humano; y segundo ―lo más importante―, su presencia masiva es el indicador biológico más fiable de que el bosque nativo está sano y hay un nido cerca. Es el monte vivo interactuando con usted.


Las abejas meliponas, conocidas como «abejas sin aguijón», son especies autóctonas que cumplen un rol vital en la polinización y conservación de la biodiversidad. Un claro ejemplo en Córdoba es la Plebeia molesta, popularmente llamada «quella» o «abejita de la miel rosada».


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A diferencia de la abeja euroasiática (Apis mellifera), la colmena de quella genera apenas 250 ml de miel por temporada. Sin embargo, aquí la calidad es soberana: no es solo un endulzante, sino una síntesis medicinal del bosque.

Lamentablemente, la deforestación, los incendios forestales y los agroquímicos las tienen bajo seria amenaza. Al anidar exclusivamente en maderas duras o huecos de árboles maduros, la pérdida de hábitat reduce drásticamente su supervivencia y las fuerza a buscar refugios precarios en las urbanizaciones.

La calidad distintiva de la miel nativa está ligada a la diversidad del ecosistema. Las evidencias demuestran que una sola abeja quella puede visitar más de 69 especies de plantas, abarcando desde hierbas hasta árboles y enredaderas. Esta interacción genera un círculo virtuoso: un suelo sano propicia una multiplicidad de fuentes de néctar que dota a la miel de una composición excepcional.

Además de su rol clave como polinizadoras, sus derivados poseen un alto valor terapéutico. Los ungüentos y cremas elaborados con su producción son utilizados en la medicina veterinaria regional para curar quemaduras en animales, demostrando una notable efectividad en la regeneración de tejidos tras los incendios forestales.

Meliponas Plebeias: la identidad del suelo cordobés entre laboratorios y aserraderos

La Dra. Melisa Geisa ha dedicado dos décadas al estudio, rescate y conservación de estas especies en el Laboratorio de Etnobiología y Desarrollo Comunitario (LEyDeC). Su trabajo se divide en dos frentes: la rigurosidad científica del laboratorio y el rescate directo en los aserraderos del noroeste provincial.

Su investigación doctoral y posdoctoral, bajo la dirección de Norma Hilgert, se enfocó en la relación entre las abejas nativas y las comunidades rurales y campesinas del noroeste de Córdoba, como las de Salinas Grandes. «Ellos me compartieron valiosos conocimientos sobre la identificación, cosecha y localización de nidos en el monte», afirma Melisa. Estas mieles, fruto de la coevolución con el entorno, albergan componentes bioactivos y nutricionales superiores a los de la miel común, un hecho validado hoy por la ciencia, pero conocido ancestralmente por los pobladores.


A nivel nacional, Argentina alberga unas 38 especies de abejas nativas sin aguijón (14 de ellas con uso tradicional). Córdoba representa la distribución más austral de todo el continente para este grupo de insectos que migró originalmente desde Centroamérica.


El rescate de colmenas: un milagro entre la leña

«¿Qué hago en mi tiempo libre? Me voy a los aserraderos a buscar nidos de meliponas«, cuenta risueña la científica, cuya trayectoria ha sido reconocida con distinciones como «Mujer Científica Pro Abejas Nativas». El objetivo de Melisa Geisa es rescatar las colmenas que entran en la cadena de la industria maderera antes de que terminen convertidas en carbón o leña.

El viaje de un nido hasta el aserradero es crítico. Tala y transporte: el tronco sufre inclemencias climáticas extremas durante días. En la descarga, los movimientos bruscos al arrojar la madera pueden hacer abortar los discos de cría y ahogar a la colonia. Si el nido sobrevive a estos filtros, Melisa ―con el ojo entrenado gracias a los campesinos― recorre los depósitos en horarios clave, localiza las piqueras y acuerda con los aserraderos la separación del tronco.

En primavera, las colonias rescatadas se transfieren a cajas de madera tecnificadas (diseño del INTA, optimizado por la bióloga con aislamiento térmico). Las abejas no perforan la madera; dependen de las cavidades previas de árboles duros como el algarrobo, el tintitaco o el quebracho blanco. Aunque la pérdida de nidos puede alcanzar el 70% en años climáticos difíciles, Geisa sostiene que el esfuerzo es indispensable.

Este esfuerzo científico ya se replica en el territorio cordobés: en San Carlos Minas, dos jóvenes fundaron la Fundación Quella, dictando talleres escolares sobre traslado seguro de troncos y concientización ambiental. En Despeñaderos, la Secretaría de Ambiente municipal instaló un meliponario público para polinizar jardines locales y concientizar a los vecinos. 

Desafíos presupuestarios y vacíos legales

A pesar de su sólida formación, la realidad para las científicas locales presenta encrucijadas complejas. «La conclusión de mi posdoctorado coincidió con un cambio de gestión nacional y recortes presupuestarios que truncaron mi ingreso a la carrera de investigación del Conicet», relata Melisa Geisa, quien actualmente ejerce la docencia y financia los rescates de forma independiente. Ante la adversidad, proyecta la creación de un Centro de Rescate y Conservación en San Marcos Sierras con habilitación de la Secretaría de Ambiente.

Existe además una paradoja normativa: la legislación de fauna nativa de Córdoba protege formalmente a la abeja como especie autóctona, pero no hay una reglamentación específica para la meliponicultura ni para la comercialización de su miel. El objetivo científico actual, articulado en red con laboratorios del INTA, es incorporar este producto al Código Alimentario Argentino (CAA). Los análisis bioquímicos ya demostraron su inocuidad, la ausencia de patógenos humanos y una altísima concentración de compuestos fenólicos y antioxidantes.

Los principales enemigos de la especie no son los habitantes locales. Aunque históricamente se practicaba el «meleo» (descortezar el árbol destruyendo la colonia para extraer la miel), hoy las comunidades rurales rechazan esa práctica al notar la escasez de nidos. Los peligros reales son estructurales: el desmonte, la crisis climática, los incendios y el uso de agroquímicos.

El latido del monte contra el olvido

El trabajo de campo de la Dra. Melisa Geisa en parajes aislados y de condiciones extremas ―como San Antonio de la Costa, a 20 kilómetros de Quilino― devela la profunda dimensión social de este insecto. En comunidades con escasos servicios básicos y temperaturas estivales que rozan los 47 grados, la extracción científica de muestras se convierte en un ritual comunitario.


«Era conmovedor ver la increíble delicadeza con que esos hombres de campo, de manos grandes y curtidas, me ayudaban a buscar la reina en el panal o manejaban la motosierra con precisión milimétrica para no dañar el nido», recuerda la bióloga. «Al terminar, probaban los restos de la ‘miel de todas las flores del monte’ con un respeto notable. Parecían niños. Yo les decía en broma: ¡Pero ustedes son unos osos meleros!».


En el imaginario colectivo, la palabra «abeja» remite de forma casi exclusiva a la industrializada Apis mellifera. Romper ese sesgo eurocéntrico es un imperativo ambiental: sin el reconocimiento de las meliponas, es imposible dimensionar la fragilidad de los bosques maduros de la provincia. La miel de las abejas nativas sin aguijón, escasa y preciosa, representa el sabor concentrado de la resistencia del monte y una pieza clave de la soberanía ecosistémica de Córdoba.

*Por Daniel Díaz Romero para La tinta / Imagen de portada: A/D.

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Palabras claves: Abejas, conservación, meliponas

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