El sueño americano de la FIFA
En su Mundial, Estados Unidos ganó en todos lados menos en la cancha. El sueño de ser campeón fue imposible. Ni la mayor injerencia política sobre FIFA lo logró. Si Gianni Infantino logra surfear el “caso Balogun”, podrá decir que logró el mayor éxito de la FIFA en Mundiales.
A pocas semanas de comenzar la Copa del Mundo 2026, algunas encuestas advertían que el 70% de los adultos norteamericanos no tenían interés en seguir el torneo. Un relevamiento nacional de Emerson College señaló que el fútbol soccer apenas cuenta con un 2% en la identidad deportiva nacional contra el 56% del fútbol americano.
En medio de tanto desinterés, la U.S. Soccer se animó a publicar en su canal de YouTube una pieza audiovisual digna de Hollywood: ante la mirada de todo un país, Christian Pulisic, capitán de EE. UU., convierte un gol olímpico en el minuto 95 de la final del Mundo y ante Brasil. Así, mientras suena “The impossible dream” de Elvis, EE. UU. se imagina siendo campeón del Mundo. El video se titula: “Do You Believe? Everything Can Happen on Home Soil”. Todo puede pasar en casa.
Desde que entró al poder de FIFA en 2015, EE. UU. consiguió más eventos FIFA que nadie. Sabe que el negocio de la pelota es redondo. Tiene la influencia necesaria, la infraestructura suficiente y hasta una selección competitiva. Incluso la MLS es la liga del continente que más futbolistas aporta a la Copa del Mundo. Sin embargo, el fútbol es altamente impopular. Ganar un mundial podría haber ayudado. Ese fue el sueño (imposible) americano.
Todo puede pasar en casa
El título de este video de la U.S. Soccer es casi una confesión si tomamos los acontecimientos inéditos en esta Copa del Mundo.
La deportación de un árbitro designado por la FIFA. La restricción total o parcial de visas a hinchas de Irán, Haití, Costa de Marfil y Senegal. Las demoras a planteles, las requisas a superestrellas del fútbol y hasta las siete horas de interrogatorio que sufrió el delantero iraquí, Aymen Hussein. El caso Irán: forzado a trasladarse desde México a EE. UU. ida y vuelta en cada partido, sin poder dormir en suelo norteamericano. Los boletos más caros de la historia. El cooling break. Hasta un show de medio tiempo, a lo Super Bowl, en la gran final del fútbol.
Pasó de todo. EE. UU., en su casa y con el fútbol en sus manos. Llegar a esa gran final al estilo NFL podía ocurrir. “Why not?”, habrá pensado Donald Trump mientras un grupo de abogados y asesores presidenciales le explicaban qué es una tarjeta roja y por qué debía llamar a Gianni Infantino para que el goleador de EE. UU., Folarin Balogun, juegue ante Bélgica en los octavos de final.
Balogun, futbolista de padres nigerianos, que vivió en Inglaterra toda su vida, pero nació en Nueva York casi por accidente, nunca imaginó que su nombre quedaría linkeado a uno de los escándalos más burdos de la historia de los Mundiales. La decisión del Comité Disciplinario de FIFA de suspender los efectos de su expulsión ante Bosnia quedará entre las manchas de esta Copa del Mundo.

La decisión fue un escándalo no solo por lo inédito de la medida, sino por la trama de poder que el propio Trump confesó: “Hablé con Infantino. Le pedí una revisión a la FIFA porque no creo que haya sido un foul”, dijo en conferencia de prensa, horas antes de que EE. UU. juegue ante Bélgica. De este modo, nunca antes quedó tan en evidencia la injerencia directa del presidente de un país sobre FIFA. Y menos, un país sede cuestionando la aplicación del reglamento, durante la competencia y en favor de su selección.
Balogun jugó los octavos de final, pero EE. UU. fue aplastada 4 a 1 por Bélgica. El escritorio tiene límites y suele terminar cuando empieza la cancha. Por suerte el fútbol todavía es un juego de 11 contra 11 y algo de lo que pasó pareció inflar el orgullo de un equipo y llenar de dudas al otro.
En casa y desde la Casa Blanca, EE. UU. hizo de todo en este Mundial. Pero no logró el sueño imposible. Ganó en todo y en todos lados, menos en la cancha.

El gigante que sigue creciendo
Si logra surfear los efectos del “caso Balogun” después del Mundial, Gianni Infantino podrá felicitarse a sí mismo. La Copa del Mundo 2026 fue un éxito para la FIFA y para su principal aliado político: Estados Unidos.
Con 96 partidos disputados sobre un total de 104, FIFA salió a presumir sus mejores datos:
- Los estadios se vieron colmados con un 99,7% de ocupación y un récord absoluto de asistentes: más de 6.250.000 espectadores.
- Una participación digital sin precedentes: cosechó más de 20.000 millones de visualizaciones de video en las plataformas oficiales, incluidos momentos virales a nivel mundial como la celebración del «Viking Row», que logró 172 millones de visualizaciones en TikTok.
- Casi 8 millones de personas poblaron los Fan Festivals.

Lo deportivo no puede ser mejor. Lionel Messi y Kylian Mbappé batieron el récord como máximos goleadores de las Copas Mundiales. Dembélé, Harry Kane y hasta Haaland han sido parte de la lista de apellidos que llevó a muchos a hablar de “el Mundial de las estrellas”.
A nivel global, el partido entre Argentina y Egipto superó en espectadores al Super Bowl, alcanzando los 800 millones de views en todo el mundo, por encima de los 600 millones de la última final de la NFL. El dramático final de aquel partido y la expectativa de un posible último baile de Messi impactó en la web: según Nick Fox, vicepresidente de Google Search, el buscador «registró su mayor uso en la historia» durante el encuentro.
En cuanto al éxito televisivo dentro de EE. UU., la selección de Pochettino logró un récord de audiencia contra Bosnia y Herzegovina: 36,2 millones de espectadores. Sin embargo, México-Inglaterra fue el partido de fútbol más visto de la historia de la televisión norteamericana: 44,9 millones de personas.
Más selecciones, más partidos, más ventas. El modelo FIFA ofrece ganar más y repartir más dinero entre las federaciones que participan del Mundial. La selección que se consagre campeona el próximo 19 de julio se llevará 50 millones mientras que la subcampeona recibirá 35 millones de dólares. Al finalizar el torneo, Infantino habrá repartido 871 millones de dólares entre las 48 federaciones, según la participación de su selección y la instancia que haya alcanzado. Desde el último hasta el primero, todos recibirán un premio.
Eso sí, antes del comienzo del Mundial, FIFA proyectó embolsar más de 8.000 millones de dólares entre la venta de derechos de transmisión, publicidad y entradas a los estadios. El modelo Infantino cosecha 100 y reparte 10. La ganancia es tan grande que ya se evalúa si es posible un próximo Mundial con 64 selecciones.
*Por Gonzalo Reyes para La tinta / Imagen de portada: Patrick Smith / Getty Images.
