El mundial es un éxito, cueste lo que nos cueste

El mundial es un éxito, cueste lo que nos cueste
29 junio, 2026 por Gonzalo Reyes

A mitad de torneo, el Mundial 2026 ya es el más concurrido de la historia. También el más vigilado. Mientras el presidente de la FIFA festeja, EE. UU. ya pide ser sede otra vez en 2038. Casi nadie aprueba el “cooling break”, pero nadie apaga los televisores: el fútbol al rescate de la TV. En la tierra de Hollywood, el soccer sigue regalando películas de héroes y villanos, y a la industria del entretenimiento le queda de taquito.

Terminó la fase de grupos del Mundial y, dos días antes de que eso ocurra, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, se dio el gusto de dar un anuncio: el Mundial 2026 ya batió el récord de asistencia en los estadios con más de 3.605.357 asientos ocupados.

Pese al exagerado precio de algunos tickets, que se definen día a día bajo la lógica de la oferta y la demanda —multiplicando por 10 algunos precios respecto a Qatar 2022—, el presidente de la FIFA sacó pecho. El Mundial con gigantismo funciona. El nuevo Frankenstein de tres países, 16 ciudades y 48 equipos camina saludable.

Este récord de asistencia que se alcanzó en 60 partidos será aún mayor cuando se juegue el partido 104 en la final del 19 de julio. Un récord muy pertinente para un Mundial en el que los datos biométricos son la entrada a los estadios.

El sistema de “omnivigilancia” que permitió la FIFA en este evento convierte al Mundial 2026 en un campo de pruebas global para la vigilancia predictiva, la ciberseguridad y la biometría. Tu cara, tu entrada. La cifra récord augura que el experimento será un éxito para las empresas que le venden seguridad y tecnología a los países sedes.

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Un fotógrafo se guarece de la lluvia que obligó a suspender el partido mundialista entre Francia e Irak el lunes 22 de junio de 2026. Imagen: AP Foto/Petr David Josek.

And the winner is…

Pero el país sede que más tiene para celebrar en este primer tiempo del torneo es Estados Unidos. Quizá no entiende mucho de fútbol, pero sí sabe de hacer negocios con el entretenimiento.

Hasta esta edición, el Mundial con más asistencia de la historia había sido justamente EE. UU. 94 con 3.587.538 espectadores. En aquella oportunidad, el soccer norteamericano no tenía ni liga profesional. Tres décadas después, la MLS es la liga del continente americano que más jugadores aportó a la Copa: 44 futbolistas de 17 selecciones clasificadas. La sensación de éxito es tal que EE. UU. ya pidió a la FIFA ser candidata para ser sede del Mundial 2038.


El vínculo entre el gobierno norteamericano y la FIFA es el mejor. Desde la intervención del FBI en el FIFAgate que explotó en 2015 y descabezó a la gestión Blatter, el país del norte fue sede de dos Copas América (2016 y 2024), un Mundial de Clubes (2025) y un Mundial Masculino (2026). También fue elegido como sede de la Copa Mundial Femenina de 2031 junto a México.


Aquel FIFAgate que le abrió las puertas de la presidencia del fútbol mundial a Gianni Infantino fue una reacción norteamericana a la decisión de darle a Qatar el Mundial 2022 que pretendía EE. UU. Y develar la trama de sobornos para elegir sedes, otorgar torneos oficiales o financiar actividades del fútbol fue el ariete yankee para entrar definitivamente a la sala de comandos de la Federación Internacional de Fútbol.

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Lionel Messi celebra tras anotar el tercer gol de Argentina en el partido del Grupo J contra Jordania en el Mundial, el sábado 27 de junio de 2026, en Arlington, Texas. Imagen: AP Foto/Tony Gutiérrez.

El fútbol siempre funciona

También hay récords en lo estrictamente futbolístico: Lionel Messi superó al alemán Miroslav Klose como máximo goleador de los mundiales. Ya marcó 18 goles en seis Copas del Mundo. Como nunca antes, metió su primer hat-trick mundialista y suma seis goles en fase de grupos. Todo esto a los 39 años y en su último Mundial. «Lo viejo funciona», podría ser el título de esta película.

Y si hablamos de cine, el villano de la película de Messi podría ser Kylian Mbappé, el joven goleador francés de 27 años que ya suma 16 goles en competiciones mundialistas y tiene el tiempo a su favor. Y mientras persigue el récord total, ya disputó dos finales, una precisamente ante Messi y la selección argentina.


Lo nuevo también funciona, nos guste o no. Así parece, al menos. Mientras el ya viralizado “cooling break” es silbado en los estadios y repudiado en la mayoría de las conversaciones sociales, las cadenas televisivas con derechos de transmisión lo exprimen al máximo en venta de publicidad.


El rechazo a la idea de un fútbol de cuatro tiempos no se traduce en los números del rating. Por el contrario: el Mundial reactivó el encendido televisivo en Argentina, el mismo que no para de caer año tras año. Los tres partidos de la Selección promediaron picos de 35 puntos de rating en Telefé y 15 puntos en TyC Sports.

Según Ibope, en el partido inaugural entre México y Sudáfrica, Telefé midió 21 puntos un jueves por la tarde, cifra que no logran sumar todos los canales de aire juntos en la misma franja horaria y en un día de semana. Por más raro que nos parezca este Mundial, el torneo es lo más visto, las marcas pagan por estar y la pelota sigue rodando.

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Aficionados toman fotos y videos con sus teléfonos durante el partido por el Grupo J del Mundial entre Argelia y Austria, el sábado 27 de junio de 2026, en Kansas City. Imagen: AP Foto/Charlie Riedel.

Nuestra atención ya aprendió a fragmentarse lo suficiente como para superar una tanda publicitaria de tres minutos a mitad de cada tiempo. La TV y el celular ya conviven hace mucho tiempo, y es habitual pasar del partido televisado desde Kansas al grupo de WhatsApp, de las redes a los sitios de apuestas. Después de todo, en todas esas dimensiones está el Mundial.

El fútbol funciona. Su esencia sigue captando la atención de multitudes, reforzando identidades y ofreciendo relatos cinematográficos entre antagonistas, enemigos históricos, oprimidos contra opresores, rebeldes y obsecuentes, debutantes gloriosos, injusticias intolerables que merecerán revancha en el próximo torneo. El Mundial es el contenido perfecto para el negocio del entretenimiento.

Quizá el fútbol ya no es —ni será— lo que era, pero parece que muchos no se lo quieren perder. Cueste lo que cueste.

*Por Gonzalo Reyes para La tinta / Imagen de portada: AP Foto/Rodrigo Abd.

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