Indio infinito: la obra sigue en la gente
Hace quince días vivimos en un mundo distinto, el Indio se fue (¡de lo lindo que era!). Hoy, inconsolables e insaciables, podemos descargar libros en PDF, participar de una despedida virtual, repasar sus mejores enojos en vivo, escuchar 64 canciones inéditas de Patricio Rey y hacer un test para saber qué disco de Los Redondos sos. Nos encuentra un dolor prolífero que defendemos y replicamos. En esta nota, conversé con Ignacio Minardi y Alejandro Sanjinez, dos de muchas personas que decidieron recopilar, sistematizar y compartir lo que más nos conmueve.
Pasaron dos semanas desde la partida de Carlos Alberto “Indio” Solari de este plano físico y terrenal, donde tanto lo disfrutamos. El dolor sigue acá, el vacío también. Sin embargo, el dolor tiene cierta dulzura y el Indio está en todas partes. Dice mi viejo que ahora escucha las canciones que ya conocía de una forma nueva y le encanta. Mientras tanto, decenas de personas en redes sociales comentan que no pueden dejar de reproducir su discografía. Hace quince días que lloramos y revisitamos su voz, textos, dibujos, entrevistas y bailes sobre el escenario. No quedan dudas de la dimensión colectiva de este duelo: la despedida de un millón de personas en Avellaneda que nos regaló un despliegue de sabiduría poética invaluable. Cuando parecía que no había palabras, ahí estaba la gran familia ricotera ocupando con belleza móviles de televisión, streamings y redes. La cosa sigue.
Volver al pasado y a la juventud fue inevitable. Para alguien que vivió su adolescencia a 54 kbps (kilobits por segundo), sigue siendo sorprendente la cantidad de material a la que podemos acceder con algunos clics. Pero, ahora y antes, ese acceso depende de la voluntad y el trabajo de nuestrxs amigxs anónimxs que destinan horas de su vida a rastrear, sistematizar, editar y compartir los materiales. La magia de internet.
Este es un repaso por algunas de esas recopilaciones y homenajes, una defensa de la multiplicación infinita del Indio y su obra en todas las charlas, por todos los canales, todas las veces que queramos. Porque cada minuto que destinamos a esta pasión que nos reúne, escapamos un rato de la maquinaria y nos reencontramos con nosotrxs. Recuperamos nuestro tiempo entre lágrimas, risas y música, una verdad que está muy lejos del oportunismo carroñero de esos jodidos que retienen la vida un poquito nada más.

¿Con cuántas muertes podemos hacer algo así?
Desde Córdoba para el mundo. Ignacio Minardi recopiló 64 canciones inéditas de Los Redondos y las dejó en una carpeta de Drive para descargar y disfrutar. Cuando le pregunto cómo surgió esta idea, dice que fue una casualidad: “Todo nace a raíz de la triste noticia. Como una persona criada con Los Redondos en su casa, conocía la existencia de estos inéditos, mi viejo era poseedor de algunos casetes que fue perdiendo con los años, pero era hijo de la piratería. Entonces, yo sabía que existían un par, pero nunca les di mucha relevancia en mi adolescencia”. Así, se propuso escuchar esas “10 o 15” canciones en sus antiguos mp3. ¿Qué tan mágico puede ser que una banda que amamos toda la vida nos siga regalando temas nuevos?
Mientras Nacho investigaba los inéditos que se multiplicaban en internet, Alejandro Sanjinez, de 25 años, creaba la web memorial Gracias Indio. “Con la premisa de formar el mural más grande del mundo”, esta página te invita a encender una luz, elegir una canción y dejar un mensaje que queda en la pantalla donde otrxs pueden entrar a leer, como un gran altar virtual. En diálogo con La tinta, cuenta que la noticia lo agarró de golpe: “Terminé pasando la tarde escuchando su discografía, viendo videos en YouTube y ahí empecé a notar algo que se repetía en todos lados: los comentarios. No eran comentarios cualquiera. Eran personas contando qué canción los había acompañado en una pérdida, en una etapa fea, en una alegría, en una ruta, en una amistad, en una separación, en un momento de sus vidas. Y todo era muy fuerte. Porque, para mí, el Indio también era eso: un puente entre realidades muy distintas”.


Desde Mataderos, Buenos Aires, Alejandro retoma lo transversal de su arte, esa posibilidad de llegarle a personas de diferentes lugares, edades y vidas, sin necesidad de explicar demasiado: “Sus letras tenían algo muy particular: no te daban una respuesta cerrada, no bajaban una moraleja simple. Más bien, te dejaban entrar. Cada uno podía agarrar una frase, una imagen, una canción y darle un sentido propio, según lo que estuviera viviendo. Creo que ahí hay una parte enorme de su mensaje. En sus canciones, había dolor, ironía, belleza, crítica, marginalidad, fiesta, desencanto, ternura, bronca. Pero nunca de una forma obvia. Era como si lograra transformar cosas bastante oscuras en algo que uno podía cantar, bailar o compartir con otros. Y eso, para mucha gente, fue una forma de consuelo”.
Los proyectos de Ignacio y Alejandro se cruzaron vía X y se unieron en ineditas.graciasindio.com, una sección del sitio que tuvo más de 5.000 visitas en sus primeras 12 horas, con el listado de canciones que se sigue ampliando: van desde 1978 hasta 2001, cada una con su fecha y locación, desde las clásicas como «Cua Cua Amén», «Roxana Porchelana» y «El regreso de Mao» hasta improvisaciones, variaciones de «Quema el celo» o “una especie de swing de los años 50” (Patricio Rey perderá la forma humana). Un viaje al tiempo que extrañamos, incluso sin haberlo vivido.
Hoy, Gracias Indio está cerca de los 1000 mensajes recopilados, entre despedidas, anécdotas y agradecimientos: “En estos días, voy a seguir agregando canciones y material, y estoy preparando nuevas ideas para reunir fotos específicas de recitales, de entradas viejas, fotos propias, inéditas, cosas/locuras hechas por fans, tengo bastantes ideas y creo que se está formando un lugar muy lindo”, destaca Alejandro.

El fin de semana pasado, también pudimos hacer un test para saber qué disco de Los Redondos somos y deleitarnos con un hilo de @LeSirMiette con afiches originales de recitales recortados del diario, desde Huracán 94 en adelante. “No nos olvidemos de Redonditos de Abajo y Redondos Subtitulados”, dicen algunos tuits que rememoran el fondo negro con letras blancas con noticias, anécdotas, letras de canciones y foros de debate sobre sus significados. Incluso, llegaron a ser canales de comunicación con la banda, mucho antes de que existiera Instagram y de que Virumancia nos sorprendiera con su llegada a Facebook.
“Es inolvidable en mi cabeza la primera vez que vi el post en Taringa que hablaba del mito urbano sobre la historia de ‘Ji Ji Ji’”, recuerda Ignacio. Para él, ese recorrido por los blogs conectando ideas, divagues, amores, enojos y puntos de vista “siempre se dio de una forma muy curiosa por el misticismo de la banda y eso también le daba un plus aventurero a esas épocas”. Podías pasar días metido de lleno en una metáfora, debatiendo el significado de «Canción para naufragios« con una persona quizás lejana, quizás distinta, pero con algo en común.
Nacho relaciona este tipo de acciones con algo presente en la carrera del Indio, desde Los Redondos: “Siempre estuvo ahí esa cultura del disfrute para todos, que nunca fue una colección egoísta, siempre era para compartir”. Cautivados por un proyecto artístico que decidió ser independiente, pudimos ver lo que eso implica: mucho, pero mucho trabajo. Hacerse cargo de todas las partes del proceso, reforzar el entramado de colegas para distribuir el trabajo, sostener con disciplina todos los no que hicieran falta y pagar el costo de la crítica ensañada. A cambio, una producción realmente propia y una relación con la gente por fuera de toda corporación, donde nadie podía meter mano. “Ese espíritu que ellos mantenían en su forma de manejarse se ve reflejado en su público, un público que disfruta lo artesanal”, sostiene Nacho.



Si de hecho a mano se trata, está disponible el catálogo de la muestra «El tesoro de los inocentes. Indio en la Biblioteca», realizada en 2015, donde podemos leer los manuscritos de las canciones, ver algunas frases que quedaron afuera de «Espejismo» o «Juguetes perdidos», y otras mieles de ese proceso creativo donde Solari mezcla letra y música para cocinar una cosa nueva, como detalla @florchus08_. Además, @EbooksParatodes recopiló libros y textos, @juanpilegi compartió una carpeta con más de 95 recitales, demos y videos de los Redondos, desde 1978 a 2001, y @NiatoLeproso desmenuza canciones para escuchar instrumentos por separado.
Si se busca escapar de la solemnidad, @damisanta hizo un hilo con los mejores enojos sobre un escenario y, para dejarse caer en el túnel de referencias y menciones, @JuanePelegrin repasa once libros mencionados en la autobiografía Recuerdos que mienten un poco. Pero en este mundo redondito, no todo es recopilación, ¿o acaso habían visto antes al Indio volando en dragón? Mención especial para la artista @lluviadibuja que nos regala día a día un Indio que vuela, conversa e intercambia corazones con esa criatura roja nacida de su propio árbol.


“Como si la tristeza también necesitara transformarse en algo más”, en palabras de Alejandro, canciones, dibujos, animaciones y covers encuentran en la digitalidad su potencial. Ese mundo que también está en disputa: “La esquina no murió y uno se sigue juntando a tomar birra con los amigos y compartir sus vivencias, sus descubrimientos, sus cosas, pero hoy eso también se ha mudado al área digital. Si bien eso te brinda un cambio de formato, no deja de ser más de lo mismo, el ‘che, los otros días pasaron este tema en la radio y lo grabé con la casetera, lo paso, cópienlo y ténganlo’. Esa animosidad nunca desapareció y que existan estos gestos habla de ese sentido de comunidad”, repasa Ignacio.
Aunque el despliegue repasado esté mediado por pantallas, la obra del Indio no se asienta en el éter virtual, sino en nuestros cuerpos: “Cada persona que interactúa y que forma parte de esa producción está dejando un pedacito de sí en eso y es lo que lo dota tanto de vida”, dice Nacho. A kilómetros de distancia, coincide con Alejandro en la palabra “sensibilidad” para definir a esta familia fanática: “No sé si uno se vuelve más sensible por escucharlo o si uno lo escucha porque ya trae esa sensibilidad encima. Pero es evidente que hay una manera muy hermosa de contar lo que les pasa”, dice un entrevistado en Buenos Aires y otro, desde Córdoba, completa: “Gente que está atravesada, en el sentido de permitirnos maravillar, vivir. No le tenemos miedo a vivir y eso está directamente expresado en esa capacidad de dejarnos conmover”.

“No nos olvidemos de nosotros”, dice el Indio, entre tema y tema, en el disco En Directo, de 1992. En esta charla, también compartimos cómo nos interpelan hoy esas palabras: “Es un recordatorio de que no hay que darnos por sentado a nosotros mismos, como individuos y en el rol que ocupamos en nuestros círculos, porque es muy fácil perdernos en la matriz de la mecanización de la vida y vivir en automático, es muy fácil pasarnos por alto”.
Nacho relaciona esto con la famosa entrevista de los 80 donde el Indio le dice a la señora que cuide su estado de ánimo: las ratas se ríen de nosotros. No deja pasar lo visionario de su mirada ni lo fácil que fue para las grandes empresas mediáticas pegarle y tratarlo de tecno burócrata: “Eso eran ellos. El Indio siempre supo que no tenía que mirar las baldosas que pisaba, sino el final donde terminaba la calle y, por eso, tenía esa capacidad en esa pluma de poder condensar cosas tan complejas. Por eso, nos sentimos tan interpelados por su lente con el que atravesaba la realidad para poder masticarla y digerirla, esa forma a más de uno nos ayudó a encontrar un foco. Nos habló cuando estábamos huérfanos de identificaciones, nos pudo interpelar, nos conmovió, nos escuchó”.
“Quizás su legado sea justamente eso: que la obra no termina en las canciones. Sigue en lo que la gente hace con ellas”, dice Alejandro. No son tanta casualidad, quizás, todas las formas que encontramos de honrar y agradecer a un tipo que decidió no transar nunca y construir un proyecto estético con sus propias reglas, no como una declaración de buenos ideales, sino como una práctica ética. Todo lo que el Indio nos ofreció fue realmente suyo y ahí nos invitó a jugar, sin mediadores, sin cálculos, sin bajar línea y con mucho espacio porque entran todos. La marca de esa relación está en nosotrxs, está en la historia y, por lo tanto, viva y multiplicándose para siempre.
Gracias, Indio. Nadie nos va a cuidar tanto y vamos a pasar la vida cuidando lo que nos dejaste.
*Por Jazmín Iphar para La tinta / Imagen de portada: Eloísa Molina.
