Brasil concluye que el expresidente Kubitschek que ideó la capital del país fue asesinado por la dictadura militar

Brasil concluye que el expresidente Kubitschek que ideó la capital del país fue asesinado por la dictadura militar
9 junio, 2026 por Redacción La tinta

Juscelino Kubitschek murió hace 50 años en un accidente automovilístico. El 29 de mayo, una comisión oficial concluyó que su muerte fue resultado de una emboscada organizada por militares y posiblemente vinculada a la Operación Cóndor. 

Por Fernanda Swirtes para La tinta

El 22 de agosto de 1976, Juscelino Kubitschek, expresidente de Brasil que gobernó el país entre 1956 y 1961, salió de un hotel-hacienda en Resende, Río de Janeiro, en su Opala negro. Conducido por el chofer Geraldo Ribeiro, siguieron camino por la Vía Dutra, trayecto entre Río de Janeiro y São Paulo. Nunca llegaron a su destino.

El auto se desvió de la pista y chocó con una carreta que venía en sentido opuesto, en el kilómetro 165. Hasta el 29 de mayo de 2026, la versión oficial era que el Opala había intentado sobrepasar un ómnibus de pasajeros, que colisionó con la parte trasera del automóvil, hecho que habría ocasionado el desvío hacia la ruta mortal frente al camión.

Sin embargo, la Comisión Especial sobre Muertos y Desaparecidos Políticos de Brasil (CEMDP) concluyó, casi cincuenta años después, que la muerte del expresidente brasileño Juscelino Kubitschek no fue solamente un trágico ocaso, sino una emboscada organizada por militares vinculados a la dictadura brasileña, que gobernaba el país desde 1964 y continuó por nueve años más después de la muerte de JK, hasta 1985.

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Juscelino Kubitschek, expresidente de Brasil. Imagen: Arquivo Público DF.

Según la historiadora Maria Cecília Adão, una de las relatoras de la CEMDP, el hecho principal es que el ómnibus nunca chocó con el Opala, hecho que el conductor Josias Nunes de Oliveira, hoy jubilado, repitió en todos los interrogatorios. El documento fue aprobado por seis votos frente a una abstención y ahora se realizan los trámites para modificar el certificado de defunción del expresidente.

Más detalles de la investigación aún no fueron difundidos a la prensa. Sin embargo, según la Comisión, por lo menos 37 fraudes fueron identificados en la investigación sobre la muerte del expresidente. Entre ellos:

  • La alteración del horario de la muerte del expresidente en los documentos oficiales.
  • La llegada de los militares a la escena del accidente solamente veinte minutos después.
  • Un proyectil metálico de 2 mm fue encontrado en el cráneo del conductor, que estaba fracturado, pero no fue analizado en las primeras pericias y posteriormente fue clasificado como un “clavo del ataúd”.
  • La difusión de la noticia de la muerte de JK dos semanas antes del accidente.
  • La falta de preservación del área del accidente.
  • La alteración de pruebas y el intento de soborno para que el conductor del ómnibus declarara que la colisión había existido. Él nunca lo aceptó.

La lucha por la verdad

La confirmación del asesinato solo fue posible, en primer lugar, porque Serafim Jardim, el mejor amigo de Juscelino —conocido por muchos como su “secretario personal”—, nunca aceptó la narrativa oficial y, desde 1996, intentó reabrir la investigación sobre la muerte del expresidente.

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Serafim Jardim. Imagen: Fernanda Zwirtes.

Serafim Jardim, que hoy se acerca a los 91 años, fue uno de los muchos personajes que lucharon por escribir la palabra de la verdad en la historia de Brasil. Hoy, pasa sus días en un pequeño despacho en la casa de infancia de Juscelino Kubitschek, ubicada en Diamantina, ciudad histórica del estado de Minas Gerais.

Rodeado de fotografías y recuerdos del expresidente, el minero coordina el pequeño museo desde 1985, que cuenta la historia de la vida de Juscelino antes de la política: el presidente que ideó la construcción de la capital de Brasil, Brasilia, y que fue uno de los gobernantes más involucrados en la industrialización del país.

En las páginas de su libro Onde está a verdade?, Serafim realizó una investigación completa sobre la muerte de su amigo y recuerda exactamente cuándo lo vio por última vez: un día después de que se difundiera, por primera vez, la noticia de su muerte.

“Quince días antes del accidente que lo mató, me llamó un periodista preguntándome si era verdad, si realmente Juscelino estaba muerto”, cuenta. “Había un rumor de que había muerto en un accidente de automóvil”. Serafim, entonces, pidió a su hijo —que vivía cerca de la hacienda de Luziânia, en Brasilia, donde se encontraba Juscelino— que fuera a visitarlo y tratara de hablar con él. “Estaba vivo y bien, me dijo mi hijo”.

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Imagen: Fernanda Zwirtes.

Eso ocurrió el 7 de agosto de 1976. Un día después, por casualidad, Juscelino fue a Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, donde logró encontrarse con Serafim. Él fue a buscar al expresidente al Aeropuerto de Pampulha.


“Yo le dije: ‘Presidente, nos dio un tremendo susto’. Y él soltó una carcajada y me dijo: ‘Están intentando matarme, pero todavía no lo han logrado’”. Era la tercera vez que el expresidente hablaba de eso con su amigo. Catorce días después, estaba muerto.


De hecho, Serafim afirma categóricamente: “Los hombres de 1964 lo mataron”. Con esa expresión, se refiere a los militares que sostenían la dictadura brasileña.

El asesinato de su amigo —que estaba lejos de ser comunista, como gran parte de los objetivos de persecución política de los militares— fue un intento de frenar una oposición política fuerte al régimen dictatorial. Aliado a João Goulart, otro expresidente brasileño, y a Carlos Lacerda, influyente figura política, los tres podrían haber formado un frente amplio contra los hombres de 1964.

“En 272 días, murieron Juscelino, Jango y Lacerda. Los tres líderes del Frente Amplio. Nadie supo exactamente de qué murieron”, explica, en referencia a las circunstancias rápidas y nebulosas en las que los otros dos políticos perdieron la vida. Jango murió exiliado en Argentina, víctima de un infarto agudo, la misma causa que acabó con la vida de Lacerda. En el caso de Jango, se realizó una pericia en 2014 para investigar un posible envenenamiento. El resultado fue inconcluso.

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Imagen: Fernanda Zwirtes.

Para Serafim, la muerte del expresidente Juscelino está vinculada a la Operación Cóndor. En 1998, cuando propuso a la Cámara de Diputados la reapertura de la investigación, muchos legisladores viajaron a Estados Unidos en busca de respuestas. “Y volvieron diciendo: si Juscelino no hubiera muerto, la Operación Cóndor lo habría matado. Incluso, yo suelo decir: fueron ellos quienes manipularon el coche de Juscelino”. Para él, la pérdida de control del Opala negro que ocasionó el accidente fue provocada por una falla mecánica causada por agentes vinculados a la dictadura, lo que coincide con las conclusiones del informe de la CEMDP, que también cita documentos relacionados con la Operación Cóndor.

Cuando le pregunto qué siente después de pasar más de la mitad de su vida intentando demostrar que su amigo fue asesinado y finalmente conseguirlo, Serafim, con su cabello blanquísimo, sonríe.

“Al principio, cuando reabrí el caso, decían que yo quería fama, que estaba loco. Nadie me creía y después comenzaron a creer. Ahora la verdad está ahí y me siento muy feliz por eso. Creo que todo Brasil también, ¿no?”.

*Por Fernanda Swirtes para La tinta / Imagen de portada: Arquivo O Estado.

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Palabras claves: Brasil, Dictadura Militar, Juscelino Kubitschek, Operación Cóndor

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