A través de los ojos de Marjane, algunas notas sobre «Persépolis»

A través de los ojos de Marjane, algunas notas sobre «Persépolis»
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6 junio, 2026 por Sasha Hilas

Marjane Satrapi murió a sus 56 años. Conocida en todo el mundo por Persépolis, novela gráfica que adaptó al cine en 2007. A través de esa obra, la autora transformó una vida atravesada por la revolución, la guerra, la pérdida y el exilio en un relato donde la historia aparece narrada desde los afectos, el desarraigo y la búsqueda de un lugar propio.

Nacida en Teherán en 1969, Marjane Satrapi creció en medio de acontecimientos que marcarían profundamente su vida: la caída del sah, la Revolución iraní de 1979 y la consolidación de la República Islámica. Fueron años atravesados por la esperanza política, pero también por la represión, las desapariciones y el miedo. En 1984, en el contexto de la guerra entre Irán e Irak, y el endurecimiento del régimen, sus padres decidieron enviarla a Viena. Tenía apenas catorce años. Allí comenzó una nueva etapa marcada por la experiencia del exilio: la dificultad de pertenecer, los descubrimientos de la adolescencia, la música, los vínculos amorosos y la vida en los márgenes. Sin embargo, Viena tampoco sería su destino definitivo. Tras regresar a Teherán en busca de un lugar propio, volverá a partir años después, esta vez, hacia Francia, donde residió hasta el final de su vida.

Frente a todos estos desplazamientos y rupturas, la respuesta de Marjane Satrapi no fue quebrarse, sino emocionarse.

Esa es, precisamente, la materia prima de Persépolis, una autobiografía gráfica que entrelaza con singular maestría el humor y la tragedia. Lo que allí aparece no son únicamente los grandes acontecimientos políticos, sino la manera en que estos se inscriben en una vida concreta: el miedo a los bombardeos, la fascinación occidental, el entusiasmo militante, la rebeldía adolescente, la culpa del exilio, la soledad o la nostalgia. La historia no se presenta como una sucesión de hechos abstractos, sino como una experiencia vivida. Revolución, guerra y exilio adquieren sentido a través de los sentimientos que suscitan: tristeza, esperanza, deseo, rabia, pérdida o anhelo.

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Marjane Satrapi, autora de Persépolis. Imagen: Lauren Hurley.

A través de los ojos de Marjane, Persépolis no nos muestra Irán “tal y como fue”, sino Irán tal como fue vivido, recordado y reconstruido por Marjane Satrapi. Los hechos aparecen filtrados por la experiencia singular que no pretende ofrecer una historia definitiva del país, sino dar cuenta de cómo esos acontecimientos marcaron una vida.


Esta perspectiva le permite a Persépolis evitar dos riesgos frecuentes. Por un lado, la monumentalización de la historia, donde las personas desaparecen detrás de los grandes acontecimientos. Por otro, la reducción de la experiencia a una esfera puramente privada, desligada de las condiciones históricas que la hacen posible. En la obra de Satrapi, ambas dimensiones permanecen entrelazadas.

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Imagen: Persépolis.

La tristeza del exilio no aparece como un sentimiento individual aislado, sino como consecuencia de procesos políticos concretos. Del mismo modo, la revolución no se presenta como una abstracción geopolítica, sino como una fuerza capaz de transformar familias, amistades, cuerpos y deseos. Satrapi escribe y dibuja desde una posición atravesada por una tensión permanente. Pertenece a Irán y, al mismo tiempo, ha sido separada de él. Persépolis nace justamente de esa fractura, de la necesidad de volver sobre un lugar que sigue siendo propio, aun cuando ya no se puede habitar de la misma manera.

De hecho, la experiencia de la extranjería antecede al exilio. Marjane ya se siente parcialmente fuera de lugar cuando descubre que la historia de su familia no coincide con los relatos promovidos por las instituciones. Hay una primera fisura, una sensación de desacople que atraviesa toda la obra. Con el paso del tiempo, la revolución, la represión y la emigración profundizan esa distancia. Lo que Persépolis narra es, en gran medida, el recorrido de una subjetividad que pierde la posibilidad de sentirse completamente en casa. Extranjera en Europa y extranjera en Irán por haber partido, Marjane habita un espacio intermedio donde la identidad deja de ser una certeza. En esa experiencia de doble extranjería es donde se detiene en esta obra. La obra muestra con gran sensibilidad que el exilio no consiste únicamente en abandonar la tierra natal, sino también en ver alterada la relación con ella. El desarraigo no separa simplemente de un lugar. También modifica la misma forma de la pertenencia.

La experiencia de Marjane adquiere así una dimensión que trasciende su historia particular. Como ocurre con muchxs exiliados y migrantes, la pertenencia deja de ser una certeza y se convierte en un punto problemático. El hogar ya no aparece como un espacio fijo al que simplemente es posible regresar y se vuelve algo fragmentario, reconstruido una y otra vez por la memoria, los afectos y los recuerdos.


Persépolis ocupa un lugar muy singular dentro de la historia del cómic y de la animación. Satrapi consigue mostrar que los grandes acontecimientos solo adquieren verdadero sentido cuando son narrados desde una sensibilidad concreta. Y, paradójicamente, cuanto más específica resulta la experiencia de Marjane, más universal se vuelve. Aunque nunca hayamos vivido una revolución, una guerra o el exilio, reconocemos en su relato emociones profundamente humanas: el miedo, la pérdida, la nostalgia, la vergüenza, el deseo o la sensación de estar fuera de lugar.


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Imagen: Persépolis.

La potencia de Persépolis no reside únicamente en contar la historia de Irán, sino en hacer visible cómo la historia se inscribe en las vidas de quienes la atraviesan. 

Hacia mitad de Persépolis, Satrapi cuenta con humor y crudeza que logró sobrevivir a la Revolución iraní, a la guerra y al exilio, pero estuvo a punto de sucumbir a una desilusión amorosa. La observación parece una broma, aunque contiene una verdad profunda sobre toda su obra: los acontecimientos históricos nunca aparecen separados de los afectos. Las grandes conmociones del mundo y las heridas más íntimas forman parte de una misma trama. Quizás por eso resulta difícil no pensar en la conmovedora coincidencia de que, según sus familiares, la autora de Persépolis murió poco más de un año después que Mattias Ripa, el amor de su vida. Como si la mujer que nos enseñó a mirar la historia a través de los sentimientos hubiera terminado dejando también su última huella bajo ese mismo signo.

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Imagen: Persépolis.

A modo de despedida, vale recordar un breve poema de Abbas Kiarostami, director y poeta iraní:

En el matadero
un día, una abeja
picó la mano
de un carnicero.

Hay algo de esa imagen en la obra de Marjane Satrapi. Con la aparente fragilidad de una memoria personal, Persépolis logró incomodar relatos oficiales, desafiar estereotipos y abrir una grieta en las versiones más simplificadas de la historia. En su persistencia, en su tenacidad y en su capacidad de aguijonear la aparente dureza del poder, todavía puede leerse el nombre de Marjane Satrapi.

*Por Sasha Hilas para La tinta / Imagen de portada: Persépolis.

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Palabras claves: Irán, Libro, Marjane Satrapi, película

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